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lunes, 2 de agosto de 2021

Soy Nudista. Capítulo 1

 


Crecí en una familia nudista, y aún sigo sin entender para qué sirve un bañador. Desde la generación de mis abuelos, que fueron hippies, mi familia es naturista… ya os digo que hasta los cinco años, nunca había visto a nadie “meterse con ropa en el agua”. En casa también lo practicábamos de manera asidua, aunque no siempre vamos desnudos como es lógico… pero sí es normal que lo estemos y no se nos hace raro, quizás yo más que nadie sea quien tenga menos pudor en desprenderse de la ropa… Al llegar del colegio me despeloto y almuerzo, luego me meto en mi cuarto a estudiar. Así estoy con el conejito al aire la mayoría de los días hasta la hora de dormir, incluso ceno desnuda con mis padres, que también andan desnudos tras llegar del trabajo y ducharse. Siempre duermo desnuda y sola como imagináis, pero en invierno nos acurrucamos los tres en la misma cama y a veces follan, les miro y papá me observa… mamá me invita a acariciarla mientras se la folla bien.  

Sin embargo las cosas cambiaron desde que comencé a participar en el sexo conyugal de mis padres…se podría decir que se convirtió en sexo familiar, y ya se sabe que una familia unida jamás será convencida. Sé que suena raro y hasta muy mal que folle con mis padres, pero todas las personas necesitamos el sexo cuando entramos en la pubertad… y yo no iba a ser diferente en ello. Desde que nací vi follar a mis padres, en casa lo advertía como algo natural que une a la pareja… ellos follaban bastante, así que nunca pensé en lo antinatural que es para el resto del mundo, si a todos nos engendraron de esa misma manera. Mis padres me lo explicaron bien siendo una nena, y luego viendo los documentales de la televisión se me consolidó la idea de que el macho es quien cuida, protege y debe cubrir las necesidades sexuales de todas las hembras que tiene bajo su cargo, y esa idea encajaba perfectamente en un hogar naturista como el mío… ¡Como ya pueden imaginar, el macho alfa sin lugar a dudas, es mi padre! Por ello, ya con trece años me empezó a montar.

 (Un finde especial con papá)

Era domingo por la mañana, me había levantado cerca de las once, estaba en la casa con mi padre ese primer fin de semana de las dos semanas que mamá no estaría por el viaje de trabajo en Santiago de Chile. Papá y yo estábamos aclarando algunos términos de la nueva situación familiar… uno de los principales términos ya me lo había dejado claro el miércoles pasado, dándome una follada brutal que me dejó el coño derrengado antes de dejarme salir con mi amiga Saray. ¡¡Es curioso que Saray y yo seamos tan amigas pese a ser virgen aún, y yo andar más follada que una mona!! Pero vamos al asunto… mis padres y yo teníamos afianzada una vida de sexo compartido sin cortapisas ni mesuras.

Desayunamos rápido, y fui a mi cuarto, me recosté un rato más, mientras mi padre se duchaba, teníamos la idea de ir a almorzar en nuestro restaurante favorito. Me levanté una hora más tarde, salí de la cama sobresaltada, no quería perderme el almuerzo, amaba ir a comer a ese restaurante. En su cuarto, vi a mi padre sentado en el sillón dormido. Por lo visto, después del baño se sentó a ver la televisión y lo venció el sueño. Había estado trabajando bastante la noche anterior… se quedó a altas horas de la noche. Tengo amigas que el padre suele dejarlas plantada por trabajo o salir con la otra familia. Mi padre, en cambio, siempre se hacía un hueco en su vida laboral para verme o llamarme, siempre he valorado más el tiempo que me dedicaba que cualquier regalo material, por eso lo amaba.

Me dio pena despertarlo, y lo dejé seguir durmiendo. Me quedé observándolo, en realidad miraba su entrepierna, la bata no cubría bien esa parte y podía ver parte del gran cipote de mi padre ¡Me encanta! Es de un tamaño enorme sin ser exagerado, más bien ancho y no excesivamente largo, perfecto para dar placer a un coño. Además está bastante desfigurado por las grandes venas, dándole un aspecto estriado y rugoso… muy varonil, mucho más cuando se le hinchan de sangre bombeando a su glande. No sé si por curiosidad o excitación, que me acerqué para verlo más de cerca…deseaba tocarlo y acariciarlo.

Lo vi fijamente por un buen rato. Pero no me alcanzó. Tuve que correr la bata y ver la verga al completo. Sin querer toqué el tallo relajado y desperté a mi papá. Lo primero que vio, fue a su hija con su polla en la mano. Me puse completamente roja de vergüenza, quise explicar mis intenciones, solo tartamudeé. Mi padre se acomodó en el sillón, y se destapó su entrepierna totalmente.

     No pasa nada, Vale. Sentiste curiosidad como cualquiera.

Me relajó saber que no estaba enojado por propasarme, pero seguía sintiéndome avergonzada al tomar la iniciativa… cierto que veía desnudo a papá desde siempre y también follando con mi madre…también me había desvirgado hacía bien poco y en ese aspecto no estaba tan segura de mí misma. Le conté que Melisa, mi mejor amiga, había tenido relaciones sexuales con su tío, y al verlo semi desnudo tenía curiosidad por volverle a ver. Me encontraba últimamente muy cachonda tras conocer los parabienes de tener una verga dentro del cuñito y que esta se deslechara a placer dentro del útero.

     Entiendo, me dijo pensativamente. Se tomó unos instantes, sin decirme nada. – Quieres verla de cerca…

     ¿Puedo papi…?

     -Sí, claro, no tiene nada de malo. Este finde papá es todo tuyo y esta verga también…

Se corrió la bata y me dejó verle por completo. Lo que ocurría en esa habitación no era lo que suele ocurrir en el nudismo, más bien no tenía nada que ver, son dos desnudos completamente diferentes. Lo miré un buen rato, hipnotizada, con curiosidad…escrudiñando cada porción de sus genitales, la verga aun siendo hermosa no la tenía dura aún… no obstante sus huevos formaban una gran masa donde se podrían distinguir ambas bolas ¡Siempre me ha gustado tocar la suavidad esas pelotas! De modo que mi mano comenzó a acariciarlas, notando la agradable textura de su fabuloso escroto.

Nuestras miradas se cruzaron, preguntándole con la mirada si podía continuar sin vueltas. Mi padre asintió con la cabeza. La agarré con mi otra mano, solo la sujeté, y la tuve en mi mano sin soltarlo no tanto la orografía irregular del tallo… palpitaba en mi mano, sentía cada pulsación de su corazón latir en la gordas venas inflando aquella tranca. Me parecía increíble estar tocando una polla tan hermosa y sobre todo siendo la de mi propio padre. Lo que ocurrió me dejó encantada, como tantas veces… comenzó a crecer dentro de mi mano. Miré a mi padre, buscando la refutación que sabía de ante mano, porque todos los machos se excitan en respuesta automática a la procreación cuando están ante una hembra disponible, y en mí papá veía a una presta a ser fecundada.

     Eso lo has provocado tocándolo, ¡¡cuando los hombres nos excitamos, es lo que pasa!! No podía dejar de apretar su pene, no quería soltarlo. – No dejes de masturbarme con tu mano. Le hacía la paja como siempre… subía y bajaba la mano, corriendo la piel de su polla. – Te lo puedes meter en la boca, ¡¿o prefieres que papi te folle y te lo meto en el coñito…?!

Estaba asombrada, sentía tanta excitación como curiosidad por el sexo…mi padre me estaba dando otra clase bien práctica. Lo empecé a masturbar con mi mano, luego con las dos con delicadeza, si bien estaba bien dura su tranca, me daba la sensación que podía lastimarlo. Mi padre comenzó a gemir, y me pedía que no parase, que siga. Obedecí, y además no quería parar, quería más de mi padre, estaba dispuesta a sacarle toda la lefa de sus orondos huevos.

     Chúpalo Vale, como un helado que se derrite. Me pidió.

Me arrodillé, y pasé la lengua, por el tronco venoso y estriado. Al principio solo daba lengüetadas, por el tronco, por su cabeza. Se la pasé por sus huevos a petición de papá, esa bolsa llena de sus bolas me ponía cachonda perdida… ¡De ahí salí yo! Pensaba. Mi padre, se retorcía en el sillón y gemía, me pedía que no parase un segundo.

     Métete la puntita dentro de la boca.

Abrí la boca bien grande, y me tragué su cabeza, apenas me entraba, sentí el sabor de la verga de papá. Me tomó de la cabeza, y me acarició, mientras tenía más allá de su cabezón en mi boca. Me hacía una leve presión, para hacer entrar su falo más adentro pero no pude, solo pude meter su cabeza y un poquito más sin lograr ni la mitad de los 18 cm de gruesa que es. Con mi lengua, seguí lamiendo su cabeza. Papá estaba muy agitado. De pronto, la sacó de mi boca.

     Casi me corro en la boca, nena… chupas la pollas muy bien. He estado a punto de eyacular, te iba a tirar semen en tu boquita, no te iba a gustar que la primera lechada fuera al estómago, prefiero meterla en tu coñito al principio.

Me dejó intrigada, quería volver probar el semen de todas formas. Mi padre se levantó del sillón, me levantó por debajo de mis brazos y me sentó sobre la cama.  Me desabrochó el short blanco, y me lo bajó, luego el tanguita rosa. Puso su cara entre mis piernas. Sentí algo de cosquillas. Luego su boca comenzó a besar mis labios vaginales,  le dio varios besos, luego su lengua recorrió mis labios rosaditos, y de a poco se iba metiendo en mi rayita. Estaba sintiendo algo, que nunca sentí como antes, me gustaba, me daba placer, pero a la vez me avergonzaba, tener la lengua de papá en mi conejito solo para mí. Pero duró poco, me fui relajando, y mi cuerpo actuaba raro, se estremecía, me contraía, me estiraba, temblaba… joder en menos de un minuto, mi padre me había dado un orgasmo o algo similar, tan rápido no podía ser. Fuese lo que fuese, no quería que acabase. Papá apartó su cara de mi vagina. La escupió varias veces en la raja de mi coño, y con sus dedos, empezó a separarme los labios, sentía un dolor leve, nada muy doloroso, era más una molestia al tenerlo tan cerrado... con más de 15 años, aún tenía el coño muy apretado. Me acomodó al borde de la cama, con mis piernas colgando, me sacó la camiseta azul que tenía, me dejó con mis tetas al desnudo, me recostó nuevamente de la cintura para arriba contra el colchón, boca arriba. Me levantó las piernas, las apoyó contra su pecho.

     Me dices si te duele o molesta ¡¿Vale…?! Prométemelo.

     Si papi, te aviso.

Con su mano derecha sujetó el tronco curvilíneo erecto en forma de asta de toro, y lo puso contra mis labios vaginales forzándolo hacia abajo contra mi pepita dura. Al principio, acariciaba su cabeza contra mis labios, de arriba a abajo, lo hizo repetidas veces. Luego en el punto de mi entrada, empezó a hacer presión contra mi vagina. Puso su mano izquierda sobre mi estómago, a la vez que su estoque se hundía más y más, estuve a punto de decirle a papá que me dolía, pero me aguanté el dolor sabiendo que pronto dilataría suficiente. Sentía como se me estiraba mi coñito por dentro, apreté mis labios y cerré mis ojos. El trabuco de papá estaba más adentro, de repente sentí como que cedió algo dentro de mí y entró un pedazo importante de la verga. Grité de dolor placentero, comencé a lagrimear.

     ¿La  saco mi amor...?

     No, no, no, no, dame un tiempo papi a que se acostumbre a tu anchura.

Quería seguir, aunque doliera un poco en mi estrechez, era una sensación hermosa. Papá asintió, y comenzó a acariciar mis tetas con sus dos manos, a modo de masaje. Mis pezones estaban duro, él los pellizcaba con suavidad. Se sentía agradable la sensación de sus manos.

     ¡¡Estoy lista para que acabes de meterle entera, papá!!

Mi padre preguntó por mi periodo, me hizo un par de preguntas. Quería estar seguro de no dejarme preñada, con esta era la segunda vez que me follaba a pelo en solo unos días, y sus intenciones eran correrse dentro de mí, de otra manera me sentiría poco complacida. Así que sin darme cuenta, su tallo entró unos centímetros más y volvió retirarlo unos centímetros para atrás, lo hacía con mucho cuidado, ya el dolor era una molestia, y sentir su carne dura recorrer mi vagina por dentro me gustaba, era agradable, lo hacía con mucho cuidado. Notaba como sus manos se hacían presa de mi piel, mientras su pollón usaba mi coño una y otra vez… ya lo tenía bien dilatado y se perdía por completo hasta las bolas. A los minutos tomó un poco más de velocidad, y empezó a gemir con más fuerza.

     ¿Duele mi amor… papá te está haciendo daño…?

     No papi, no pares. ¡¡Por favor no pares de follarme…lléname de leche, papi!!

Y no paró, cada embestida lo hacía más rápido, no fueron muchas hasta que dio un gemido de desahogo. Y sentí su lefa tibia recorrerme por dentro a chorros. El primero era potente, pero el segundo lo fue más si cabe. La clavó profunda y se fue desahogando dejando vacíos los huevos de mi semental. El semen de papá estaba dentro de mi vagina. Me excitaba de solo pensarlo. Con la verga dentro, papá siguió acariciándome mis tetas y besando mis labios a modo de compensar haber sido el vertedero de su esperma un vez más. Hasta que perdió la erección, sin embargo no el grosor de su polla ¡¡Me encantaba verla tan hermosa!!

Pasó su dedo índice entre mis labios vaginales y me dio a probar su leche. Lamí la punta de su dedo con su semen. Pensé en la primera vez, entonces me dio asco, papá entonces se rió por mi expresión y me dijo… “Ya te acostumbras, o no, depende de cada mujer”. Me contó. En ese momento pensé que nunca me gustaría, pero al poco tiempo me di cuenta que estaba equivocada… tres lefadas más y le cogí el gusto a beberme su semen. Nos dimos juntos una ducha. Nos cambiamos y fuimos a almorzar. Los dos estábamos felices por lo que había sucedido, papá me hacía sentirme plena siendo su hembra. Sentada en el restaurante pensaba que dentro de mi coño el esperma de ese hombre que tenía frente a mí, estaba conquistando mi útero. Eso me hizo estremecer de emoción, porque podía ser el primer día de mi preñez o cuarto… en tan solo cuatro días ya habíamos follado tres veces con llenado completo de mi depósito uterino. Mi padre era ignorante de lo que ocurría en el vientre de su esposa, mi madre me confesó que estaba preñada y que no le dijese nada a papá porque no le dejaría marcharse a Chile, y ella necesitaba acabar el trabajo antes de guardar reposo. Compartía con mamá ese secreto… ¡MADRE E HIJA PREÑADAS DE NUESTRO MACHO!  Volviendo a mis comienzos….



 (Anatomía del nudismo)

Como ya os comentado antes… Crecí en una familia nudista y a los 16 años, aún sigo sin entender para qué sirve un bañador. Desde la generación de mis abuelos mi familia es nudista… ya os digo que hasta los cinco años, nunca había visto a nadie “meterse con ropa en el agua”. En casa también lo practicábamos, quizás yo más que nadie, sin embargo las cosas habían cambiado mucho desde que comencé a participar en el sexo conyugal de mis padres, haciéndolo familiar…

Cuando yo tenía unos cinco años mi madre me regaló un libro para niños sobre un osito. La trama no tenía mucha miga. Cada página trataba sobre el osito haciendo una cosa diferente. Cuando llegamos como a la mitad del libro el osito iba a un lago a bañarse, nada fuera de lo común. A mí me dio un ataque de risa. Mi madre, la pobre, no entendía nada…

     Hija, ¿de qué te ríes?”

Y yo, con mi risa de niña que sabe algo que tú no, me tapaba la cara… – Nada, nada…. Mi madre ya, con una curiosidad tremenda siguió rascando

     Venga, cuéntamelo, anda.

     Ay, mamá… que el osito es tonto. Se le ha olvidado quitarse los calzoncillos antes de meterse al agua.

Fue en ese momento cuando mi señora madre se dio cuenta de que yo, ya en Primaria, no tenía ni idea de lo que era un bañador. Desde la generación de mis abuelos mi familia es nudista y yo, por aquel entonces, nunca había visto a nadie “meterse con calzoncillos en el agua”. Voy a decir una cosa sin intención de herir a nadie, pero sigo pensando lo mismo que pensaba mi yo de cinco años… los bañadores son la prenda más absurda y antihigiénica que se ha inventado jamás. Ojo, no estoy diciendo que seas idiota por llevar ropa de baño, solo que llevar ropa de baño es en sí una idiotez.

Piénsalo un momento de esta forma. Imagina entrar a la consulta de tu ginecólogo y decirle que has decidido que durante los próximos cuatro meses del año vas a llevar unas bragas mojadas durante varias horas al día pegadas a tu coño. Fiesta de las bacterias, popurrí de hongos vaginales. ¿Qué crees que te diría el doctor? – “Sí, por supuesto, no hay nada mejor para su cueva del amor que mantenerla cerrada con humedad constante”–  Creciendo en una comunidad nudista aprendí desde la infancia que la ropa es necesaria cuando es necesaria, y a 40 grados a la sombra en una playa de Murcia claramente no lo es."Mi padre siempre me dice que yo era la nudista más radical que ha conocido en la vida. Según entraba por la puerta de casa me empezaba a quitar la ropa"

Bueno, cuando digo que lo entendí desde la infancia en verdad miento un poco. Mis padres tenían un pequeño problema a la hora de readaptarme a la vida vestida después de un verano de despelote 24 horas al día y 7 días a la semana. Una de las primeras cosas que tocaba hacer a la vuelta de vacaciones era preparar la vuelta al cole, cosa que mi madre (que odia ir de tiendas) intentaba liquidar en una jornada intensiva eterna en El Corte Inglés. Según me han contado mis padres, como protesta ante esas pilas de ropa que tenía que ponerme me escapaba desnuda de los probadores. Cada vez que me imagino a mi mini-yo corriendo en pelotas por El Corte Inglés con mi madre gritándome que hiciera el favor de meterme pa’dentro me siento más “punki” de lo que en mi vida adulta seré jamás.

Mi padre siempre me dice que yo era la nudista más radical que ha conocido en la vida. Según entraba por la puerta de casa me empezaba a quitar la ropa. Antes de haber cruzado la mitad del pasillo ya estaba con mi uniforme de verano. Lógicamente si yo estaba tan cómoda con mi cuerpo desnudo es porque en mi familia siempre se vivió con toda la naturalidad. De hecho sigue resultándome muy raro hablar con gente y que me diga que ver a sus padres desnudos, o que sus padres les vieran a ellos, les resulta algo incómodo solo de pensarlo… cuando desde que tengo conciencia, no solo he visto a mis padres desnudos por casa, es que disfrutaban del amor ante mí sin ningún problema. ¡Menudas folladas se pegaban ya desde entonces! Por eso me parece turbio que, cuando sale este tema, la rara sea yo. Que conste que no juzgo a nadie por sentir pudor al mostrar o ver el cuerpo desnudo. El pudor se aprende, y es muy difícil de desaprender. Yo me considero una privilegiada por haber crecido en un entorno en el que el desnudo no estaba sexualizado. En el que era perfectamente normal ver a personas de todas las edades sin ropa. Cuando era una niña el cuerpo de una mujer mayor sin ropa no me parecía algo extraño, ni feo, ni desagradable. Eso me lo enseñó la sociedad después, del mismo modo que practicar el amor, sí digo el amor porque nunca vi a nadie de mi entorno follar en el sentido más descalificante hasta que comencé a tener edad para ser yo la que follaba…fue cuando todo cambió en mi familia hacia una actitud más sexual y desinhibida.

Sin embargo estás completamente integrada en este mundo, cuando te crees en un entorno nudista donde no hay cuerpos “buenos” y cuerpos “malos”. Jamás he visto ningún otro lugar en el que se diese menos importancia al aspecto de la gente y en el que las personas se sintiesen más cómodas con su físico. Supongo que al quitarnos la ropa a la entrada del camping todos estábamos rompiendo con las normas sociales de una forma tan drástica que los complejos se quedaban en la puerta. Allí todo el mundo se paseaba más a gusto que en brazos siendo gordo, flaco, alto, bajo, teniendo las tetas en la garganta o en el ombligo o teniendo una barra de pan o un purito entre las piernas. Bueno, no voy a negar que hayan  bromas y tampoco somos inmunes al sexo… y cuando te encentras a un macho con un buen cipote, te quedas embobada soñando como estaría de rico dentro de ti.

Mi padre me ha hablado de “el padre de Paquito”, el papá de un niño con el que yo solía jugar y que al parecer tenía un miembro bastante descomunal, así que todos tenían la coña de que no querían ponerse a su lado en la ducha porque la comparación les dejaba en mal lugar, y es que "Cuando te haces amigo de alguien en un camping nudista no tienes ni idea de qué aspecto tiene esa persona con ropa, si viste del Zara o es el más gótico de su barrio"

Aunque me imagino que esto os resultará raro a la mayoría de vosotros, cuando conoces y te relacionas con gente completamente desnudo, lo que resulta raro y “da vergüenza” es el momento de verse vestido. Desnudos (quitando los tatuajes y poca cosa más) no tenemos un “estilo”. Cuando te haces amigo de alguien en ambiente nudista no tienes ni idea de qué aspecto tiene esa persona con ropa, si viste pijo o es el más gótico de su barrio. Recuerdo que cuando a veces refrescaba por la noche y nos vestíamos todo el mundo me resultaba muy extraño, a nadie le pegaba lo que llevaba puesto. Yo me sentía incómoda, “¿Qué estarán pensando de mi ropa?”. Sé que suena a cosa de locos, pero a mí el pudor me llegaba a la hora de vestirme, no de desvestirme.

Mi amiga Erika, a la que conocí en aquel hotel nudista de Málaga en 2014 también recuerda esa misma sensación. Vestirse tenía también un componente emocionante… os voy a decir una cosa, cuando te pasas el día a coño visto ponerse algo de ropa (aunque sea un pareo de playa) se vuelve mucho más importante que cuando lo haces a diario. De repente cualquier trapo de hace sentir muy vestido. Recuerdo que disfrutábamos de los pareos como si fueran vestidos de gala. Los atábamos de mil formas distintas y nos sentíamos como actrices en la alfombra roja.

Parece mentira que eso lo diga una persona que actualmente tiene mil vestidos más de los que le hacen falta muertos de asco en el armario, muchos con la etiqueta puesta. A veces, me siento ridícula mirando ese arsenal de perchas habiendo sido una niña que era mucho más feliz cuando no tenía que preocuparse de la ropa en absoluto.

Por desgracia para mi salud mental y mi felicidad en general el entorno nudista fue uno de los pilares de mi socialización, pero no el único. Según fueron pasando los años el resto de contextos sociales me enseñaron que sí hay cuerpos buenos y cuerpos malos. Que más me valía ser guapa y delgada si quería valer algo. Que el valor de mi cuerpo se medía en base a lo que la opinión masculina pensara de él. Ya en primaria los chicos hacían listas puntuándonos de la más guapa a la más fea. Yo fui la sexta de aquella lista, justo en la mitad. Y nadie quiere sentirse mediocre, con la salvedad que en casa era muy especial…la niña de mi padre, el hombre más importante de mi vida y quien más me ha llenado en todos los sentido posibles…el corazón, la mente, de amor, caricias y por supuesto de verga y lefa.

Al ir creciendo esa paz que sentía al convivir con gente a la que le daba igual enseñar su cuerpo tal y como era fue desapareciendo. Se la fue comiendo una voz mucho más fuerte que me repetía constantemente que no era lo suficientemente buena. Dejé de comer. Empecé a vomitar. Pruebas, hospitales, psicólogos. Mi cuerpo y yo empezamos una guerra eterna que hoy todavía tengo que luchar para no recaer de lleno en la enfermedad. Y tengo claro que mi infancia y adolescencia nudista juega un gran papel en que pueda analizar la frivolidad con la que se miran nuestros cuerpos y la crueldad con la que nos tratamos frente al espejo."Al ir creciendo esa paz que sentía al convivir con gente a la que le daba igual enseñar su cuerpo tal y como era fue desapareciendo"

Estoy plenamente convencida de que la censura que se ejerce sobre el cuerpo desnudo tiene mucho que ver con los complejos que tenemos. Cuando iba al instituto, que yo ya me creía un poco antropóloga de la vida, solía preguntarle a mis compañeras y amigas a ver si su coño les parecía bonito o feo. No sé a cuántas personas llegué a hacer esta pregunta, pero recuerdo perfectamente que todas respondieron lo mismo y sin dudar…feo.El desnudo está tan hipersexualizado, que los genitales femeninos se ven representados fundamentalmente en el porno, donde hay un modelo predeterminado de coño que se ha convertido en el único válido.

Los únicos cuerpos desnudos con los que podemos compararnos son los de actrices y celebrities a las que, aunque veamos sin ropa, nunca solemos ver al natural… maquillaje, Photoshop y cirugías suelen estar presentes en todas las imágenes de cuerpos desnudos que vemos. Como no tenemos un registro mental de cómo se ve el resto de gente sin ropa, miramos a otras asumiendo que su cuerpo desnudo no tendrá las “imperfecciones” que tiene el nuestro. Nos estamos comparando con una imagen que ni siquiera hemos llegado a ver. Por eso creo que es tan sano plantarse en una playa nudista y ver la diversidad de fisionomías que hay a nuestro alrededor. Necesitamos ver cuerpos desnudos fuera de una puesta en escena sexual para comprender que no hay nada de raro ni de malo en lo que escondemos bajo la ropa.

Recuerdo también a todas las chicas de mi clase haciendo corrillo alrededor de un documental National Geographic en el que aparecía una tribu de algún lugar del mundo. Todos estaban sin ropa y a ellas les estaba estallando la cabeza al ver una polla. Recuerdo no entender por qué tanta risita nerviosa y curiosidad por algo que me parecía tan normal.

La hipersexualización del desnudo me parece algo bastante deprimente, especialmente por la parte que nos toca a las mujeres. Nuestros cuerpos desnudos están bien si es para vender una cerveza o para que los señores puedan pajearse mirándolos, pero si los mostramos por voluntad propia la policía de la moral tarda menos de medio segundo en aparecer a increparnos por putas, feminazis, por desvirtuar la causa feminista y mil cosas más.

"¿Qué pasaría si yo me paseo en tetas por el centro de la ciudad? A parte del acoso al que me vería sometida, no descarto que la policía (la de verdad) viniera a ponerme una multa o algo similar"

Ahora que ha llegado el verano y el calor aprieta en Barcelona no puedo dejar de cabrearme cuando paseo por la calle y veo a tipos paseando sin camiseta sin que nadie les diga ni mu ni ellos se sientan incómodos. ¿Qué pasaría si yo me paseo en tetas por el centro de la ciudad? A parte del acoso al que me vería sometida, no descarto que la policía (la de verdad) viniera a ponerme una multa o algo similar ¿Qué concepción más básica y triste de la sexualidad tiene que tener la gente para que el cuerpo desnudo sea sinónimo de algo sexual? El erotismo y la sensualidad son cosas bastante más bonitas y complejas (por suerte) que llevar o no llevar ropa puesta. Y si no eres capaz de verlo siento decirte, colega, que no has debido disfrutar del sexo en condiciones en tu puñetera vida.

Si crees que el nudismo puede ayudarte a sentirte más libre y más cómodo con tu cuerpo o simplemente te apetece disfrutar de un baño en el mar sin que la tela del bañador pegada al cuerpo, adelante. Pero ve con la cabeza abierta y una actitud de respeto ante la gente que te encuentres allí… no te rías de una persona porque su cuerpo no te gusta, no hagas fotos y vídeos de la gente para compartir con tus amigos y, sobre todo, no seas un puto pajero….  Sinceramente me gustaría que todo el mundo pudiese disfrutar de la paz mental que me ha dado a mí criarme en un entorno nudista, pero entiendo que quitarse la ropa en un espacio público en un momento en el que las mujeres vemos como nuestros desnudos se difunden mediante la misoginia colaborativa en foros como Hispachan no es fácil. Si vas a un espacio nudista con tu modo de machito no estás liberando tu mente sino incomodando a las mujeres de tu entorno. Así que recuerda, chaval… si vas a practicar nudismo que sea aprendiendo antes a no acosar, que no es tan difícil. En esos entornos suele pasar lo mismo que en cualquier otro, solo que sin ropa de por medio…, por el hecho de ir en pelotas, no  quiere decir que no sintamos ganas de follar, porque estamos cansados de vernos… nos apetece follar si nos sentimos atraídos, y follamos bastante… a diferencia de otras personas, follar lo interpretamos como un medio cotidiano, uno más de relacionarnos socialmente. No es que seamos una putas, solo es que el acceso al sexo es más rápido al tener el primer paso dado… no llevar ropa enseñando la mercancía. Esto era lo que pasaba. De las miradas lascivas te empiezas a dar cuenta a cierta edad fuera del entorno nudista…

Yo ya era una niña en esa edad en donde me daba cuenta que los hombres empiezan a fijarse en mí,  y que sin buscarlos ni darnos cuenta, nos hemos visto en una situación, que quizás muchos imaginen, pero pocos habrán hecho realidad…. Mi comienzo en realidad, fue ya en nuestra propia casa, en la que como tantas otras familias en las que los padres tienen a su hija durmiendo en su cama,  y que de pronto, ella de forma instintiva, empieza a echarle mano a la polla de su papá que tanto nos llama la atención y se quedamos fascinadas de ver y sentir como va creciendo en la mano, poniéndose duro de tal forma que no puedo abarcarlo con los dedos. Esta situación, es lógico que excite a los papás y produzca morbo en las mamás, en muchos casos, y vayan produciéndose diversos avances al verse la nena consentida por sus papás… ellos no le dicen nada y que incluso se divierten con ella al ver su atrevimiento, desean que experimente conociendo la anatomía oculta de los machos.

Así sucedió en mi  caso. Mamá en principio observaba como lo hacía, mirándole yo también buscando su aprobación, sabiendo en mi interior que me estaba apoderando de algo íntimo que pertenecía a mamá, por tal motivo necesitaba permiso para hacerlo, encontrándolo de una forma tácita por sus actitudes, dejándome experimentar libremente mi curiosidad.

En esos momentos, creo que aquel pollón se convirtió en un juguete fantástico que eclipsó a mis padres y a mí, porque aparte de manejarlo con mis manos, empecé a advertir unas sensaciones nuevas en mi interior, sintiendo la necesidad de acariciarme y ser acariciada, de tocar mi intimidad y abandonarme al placer que las produce, sorprendiéndome con la llegada del primer orgasmo como culminación de estos juegos.

Esto se produjo cuando ya excitada de tanto mirar, me animé a apoderarme de la virilidad presente bajo las sábanas, al tener que compartir el mismo macho, alentó a participar a mamá en estos juegos, a disfrutar de esa verga tan adorable que teníamos en nuestras manos, a besarlo, a lamerlo, a darle besitos, darnos besos entre nosotras buscando nuestras lenguas, aumentando así nuestro deseo. En este juego, era cuando su mano acariciaba mi empapada vagina, ya me faltaba poco para explotar entre los dedos de mi madre… en el primer orgasmo de mi vida.

Cuando se produce algo así es lógico querer repetir y repetir hasta no poder más, buscando estas nuevas sensaciones que tanto nos agradan y se van produciendo los avances de forma natural, buscando de forma instintiva el contacto de mi coño ardiente con esa polla que tanto adoro desde que comprendí el sentido del sexo, aumentando, más si cabe, mi placer al rozarme íntimamente hasta tal punto, de parecer por momentos, querer entrar dentro de mi coñito ese tremendo trabuco paterno…duro, enorme, de orografía deforme por la hinchazón de sus venas, de cabeza oronda…, en una palabra “bestial” para una preadolescente, buscando camino, entre mi cada vez más abierta vagina, buscando que me haga mujer… su nueva y jovencita mujer, sin renunciar a mi madre “la esposa legal”.

Esa primera penetración es sublime en toda mujer me dijo mamá… “nos sentimos rotas, invadidas en una intimidad que desea ser poseída, un torrente de placer que desborda nuestro cuerpo y nos hace sentir en el cielo entre gemido y  gemido”. Entre ellos estaban muy de acuerdo que yo debía ser desvirgada en casa, antes de cualquier fulano, rompiéndome de malas maneras, porque según decía mamá “Disfrutar como vive ese momento tu hija es lo más maravilloso del mundo”, como bien saben algunas madres que lo han experimentado, sin descartar la sensación única para el padre en su dicha de alcanzar la experiencia tan insuperable y única como es, estrenar el ceñido coñito a una niña.

Al principio fue poco a poco, en esas primeras veces solo fueron eyaculaciones compartidas en la boca de ambas, y esos largos chorros de placer caliente y espeso que inundaba mi recién estrenado coño al sexo… solo roces en mis labios y el clítoris con regadas cuantiosas en la vulva. Era increíble cuanta lefa sacaba la polla de papá, y el olor fuerte de su testosterona que impregnaba mi chochito durante horas antes de enjabonármelo a conciencia. Así fueron pasando los días, con la necesidad de estar los tres juntos, de noches interminables de sexo y placer, de buscarnos mutuamente para satisfacer esa necesidad antes de dormir, de esos encuentros femeninos cuando nuestro hombre de la casa se queda vacío de semen y necesita un descanso, y de nuestros juguetes sexuales que calman esos momentos. Sin embargo mamá no estaba por la labor de prestarme a papá para hacerme definitivamente mujer siendo tan jovencita… ella alegaba que una cosa era el nudismo y dejarme participar en sus folladas, a modo de aprendizaje en el liberalismo sexual, y otra que su esposo se tirase a otra mujer, aunque esta fuese su propia hija. Mi calentón iba creciendo día a día tras participar activamente en el sexo con mis padres… ya no era el aséptico nudismo de casero, ahora era una hembra más como mamá, y ya no me conformaba solo con mamar la polla de mi padre para sacarle la leche o sentirla sobre mí esparcida en mi pubis, barriga o embarrando toda la vulva de mi coño… ¡necesitaba sentir su pedazo de carne dura y de deforme por las venas inflamadas, dentro de mí…que me desvirgara y me llenase!


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