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lunes, 12 de julio de 2021

Selecto Club del Incesto. 25ª Entrega y última

 25º Capítulo. Dos madres cachondas para diez cipotes jóvenes 

En el capítulo anterior la fiesta de cumpleaños del amigo de Enrique había continuado tras el striptease de nuestras madres y la calentura general había hecho que las dos jamonas nos acabaran chupando la polla a todos los chicos, incluidos sus respectivos hijos, por supuesto. Tras esa primera mamada de Celia a Enrique mi madre había sugerido que era el momento de que los chicos folláramos con ellas. La abierta invitación de mi madre y Celia a follar propició un nuevo griterío enardecido por parte de los chicos y tuvo también el efecto de levantar de inmediato las pocas pollas que estaban en estado morcillón tras las recientes corridas en las bocas de las dos maduras golfas.

El número estrella de la jodienda se inició después de que mi madre oficiara de nuevo de organizadora y propusiera una primera tanda, similar a la de las mamadas, en la que cada chico se pusiera en una fila en función de la hembra que quisiera tirarse en primer lugar. Para que la cosa fuera más cómoda, en lugar de seguir en el salón del chalet, mi madre sugirió que nos fuéramos a alguna habitación con camas. El amigo de Enrique que cumplía la edad para ser mayor de edad y, en cuyo honor era la fiesta, era también el propietario del chalet, bueno, hijo de los dueños del chalet para ser más exactos. Fue éste el que nos dirigió al piso de arriba, que era donde estaban los dormitorios…

Podéis estar cada una en una habitación si os parece. Le dijo el chico a mi madre.

– Mejor todos juntos, –intervine yo antes de que mi madre contestara–  En estas situaciones, tan divertido es tirarse a estas golfas como ver cómo lo hacen los demás con cada una de ellas ¿no?

– Sí, es verdad. Me apoyaron varios chicos.

¡A ti lo que te mueve es el morbo de ver como se follan a estas conocidas…!

A estas alturas creo que es bien evidente el morbo que Concha y Juliana me producen por ser conocidas mías y amigas de mi madre…, pero si queda alguna duda te diré, amigo mío, que no sólo no me importaría que fuesen mi madres, sino que me encanta ver a estas putas ser folladas y bien ensartadas en unas polla duras y gozando como perras sabiendo lo decentes que eran.

– Bien, bien.  –Me contestó el chico– De hecho te preguntaba eso imaginándome la respuesta, y es que te diré que una de mis mayores fantasías es precisamente ver a mi madre follando con uno o incluso con varios tíos a la vez y hecha una buena zorra. ¡Uf, qué suerte tienen los hijos de estas dos zorras, qué suerte!

Entonces intervino de nuevo el chico objeto de la despedida diciendo… – Pues entonces lo mejor será que vayamos todos a la habitación de mis padres. Hay solo una cama pero es muy grande y seguro que caben muy bien nuestras maravillosas invitadas.

– Muchas gracias por el piropo, cariño.



Le dijo mi madre al joven para darle a continuación un beso en toda regla metiéndole la lengua hasta la garganta mientras se pegaba a él apretando sus tetas contra el pecho del joven y restregando su impúber chochazo contra su empinadísimo cimbel.

Si supiera mi madre lo que vamos a hacer en su cama… Nunca se imaginaría que su dormitorio vaya a ser el escenario de una orgía monumental. Decía el joven según entrábamos los siete chicos y las dos mujeres en la habitación.

Bueno, eso depende de lo golfa que sea. Ya ves que hay madres que son unas verdaderas zorras cachondas, ja, ja, ja. Le dije yo.

– ¡Uy, ojalá fuera mi madre como estas golfas! –Decía el joven– Pero puedo asegurarte que es más puritana que una monja de clausura.

– Eso nunca se sabe… Y si quieres te cuento yo las sorpresas que me he llevado con maduritas de misa diaria, procesión y catequista… pero en la cama Puta como ella sola. Apostilló Enrique haciendo que todos riéramos.

– Igual ella ha soñado más de una vez con ser la protagonista de una orgía en esta cama y no ha tenido oportunidad…Remató Celia– Cariño, toda mujer llevamos una PUTA dentro de ella.

La habitación de matrimonio de aquel chalet era verdaderamente grande y a pesar de que nosotros éramos doce con las zorras de nuestras madres, entramos cómodamente. Tanto mi madre como Celia enseguida se adueñaron de la cama tumbándose la primera a la izquierda de la cama y la otra en la derecha, pudiéndose mirar a las caras. Enseguida se formaron las dos filas por parte de los amigos de Enrique. Aprecié que éste no sabía muy bien cómo actuar y le veía un tanto nervioso y hasta azorado. Pensé que aunque sin duda lo debía estar deseando quizá le parecía en exceso violento y exponerse ante sus amigos, al desear follar a Juliana, su madre, y se descubriera el pastel. Por otro lado, a pesar de la reciente mamada que Celia le había hecho, quizá Enrique tuviera dudas sobre si su madre estaba dispuesta a follar con él. Para quitarle esa presión yo me situé en la cola de los que se iba a joder a Celia…

Venga, Enrique, fóllate a Concha, goza con ella y dale placer como a una buena puta ¿eh?

Lo mismo te digo, dale gusto a Juliana que lo está esperando.

Me respondió él con la boca seca pero con un cierto alivio, según creí notar. A continuación los chicos nos fuimos follando a las dos macizas jamonas poco a poco, gozando con ellas y sobre todo haciéndolas gozar a base de bien. Mi madre llegó a experimentar innumerables orgasmos en aquella ronda y recibió la leche de uno de los amigos de Enrique, el que la folló en primer lugar en la tripa. El que la jodió a continuación, después de proporcionarle a mi madre un estupendo orgasmo, quiso correrse en su boca y ella, lógicamente accedió, mamándosela hasta la eyaculación del chico. El tercero, que era Enrique, también hizo que se corriera dos veces y acabó experimentando un tercer orgasmo, cuando él eyaculó con toda su potencia dentro del vicioso coño de mi madre.

El cuarto joven que la penetró también la llevó a un fabuloso orgasmo y acabó echándole su lefa en la espalda y nalgas de mi madre pues éste la jodió a cuatro patas, al igual que el quinto. Por su parte Celia experimentó tres tremendos orgasmos. Uno con el segundo que la jodió, que acabó corriéndose en sus tetas…, otro conmigo que fui el tercero que la penetró y el primero que acabé echándole la leche en lo profundo de su coño, en la misma entrada de su útero, y aún quedó poco que cayó entre los labios vaginales, y un tercer y brutal orgasmo con el chico que la folló en quinto lugar justo cuando él se corría en su tremendo chochazo con gran placer para ambos.

Después de esta múltiple follada todos estábamos ya tan cansados y era tan tarde que tras un breve rato de charla y descanso decidimos dar por finalizada aquella extraordinaria fiesta. Como en el chalet no cabíamos la docena de personas para pasar la noche cómodamente Enrique y yo habíamos decidido ir con nuestras madres al hotel de la localidad en el que habíamos reservado unas habitaciones. La despedida fue un continuo ir y venir de felicitaciones tanto a nosotros como a ellas por parte de los amigos de Enrique y una tanda interminable de besos y magreos entre ellas y los ochos chicos amigos de Enrique, que en ningún momento de las tres horas que duró la orgía sospecharon quien eran en realidad, jamás procuraron obtener la verdadera identidad de las mujeres en respeto a su ofrecimiento de darles el espectáculo gratis, que jamás olvidarían.

En un momento dado, y estando mi madre a medio vestirse, tres de los jóvenes empezaron a alabar el culazo de mi madre y a tocárselo mientras le pedían que como despedida les dejara acariciarlo, tocarlo y besárselo.

¡Uy, pues claro que os dejo, hijos! ¿Cómo no os voy a dejar que me beséis en el culo si tanto os gusta? ¡A mí me encantada que me chupen el culo!

Mi madre entonces se colocó con el culo en pompa y apoyada con las manos en sus propias rodillas mientras los tres jóvenes le empezaban a dar besos en las nalgas. Los besos pronto se convirtieron en lengüetazos y alguno, sin duda más vicioso que sus compañeros, no se limitó sólo a las nalgas de mi madre sino que deslizó su lengua por la raja del culo de ella y a buen seguro hasta por el ojete a juzgar por los gemidos y expresiones que empezó a proferir mi madre.

– ¡Pero qué guarros sois, cabroncetes, tan jóvenes y tan marranos! Pero seguid, seguid, lamedme bien el culo, que me encanta ¡ahh! ¡Ummm! Así, así, con la lengua ahí, ahí, en todo el agujerito ¡ummm…! ¡Meterla bien dentro del ojete y follármelo con la lengua!

Entonces los otros dos amigos de Enrique se acercaron hasta mi madre por delante y como ésta tenía la blusa completamente abierta y dada la postura de ella sus tetas colgaban de forma harto lasciva, se las empezaron a chupar provocándole aún más placer a la muy golfa. Desde cierta distancia Enrique, su madre y yo contemplábamos la caliente escena y entonces yo le dije a la madre de Enrique…

Juliana, –la llamé por su supuesto nombre para no levantar sospechas– tú también tienes un culazo como para comértelo ¿eh, maciza?

– Bueno, bueno…, –contestó ella con coquetería y moviendo un poco las caderas para menear su culazo– Gordo sí que lo tengo, sí.

– ¿Tú qué dices, Enrique? –Le pregunté yo con intención a su hijo– Pues qué voy a decir, que claro que lo tiene como para darse un banquete…así que, venga, sóbale bien el culo a esta señora, que me encanta ver cómo disfrutas del culazo de una madura….  Venga, Juliana, levántate esa falda otra vez y déjanos ver si lo tienes apetitoso como para comértelo o no, anda.

– ¡Uy, estos chicos! ¿Pero no habéis tenido ya bastante qué queréis verme el culo otra vez?

– Venga Juliana, enséñanos ese pandero… que seguro que te lo devoramos. Es que es para no hartarse….

– Eso, levántate la falda y enseña el pompis que me estoy poniendo cachondo viendo cómo se lo comen a Concha y pensando en lo bueno que está el tuyo y me apetece un montón ver cómo te lo comen a ti, cachondona.

Celia entonces, riendo con picardía, se remangó la falda hasta dejarla en su cintura mostrándonos de nuevo su enorme culazo ahora cubierto, si se puede decir así, por la estrecha tira de un tanga negro. Yo entonces me agaché detrás de ella y le empecé a acariciarle los muslos y a darle besos en las gordísimas nalgas mientras animaba a Enrique a que me acompañara en la tarea. El chico sin duda estaba muy excitado con el culo de su madre, pues no se hizo de rogar, ni trató de buscar ninguna justificación ni tampoco le pidió permiso alguno a su madre…, simplemente se puso a mi lado y empezó también a darle besos en las nalgas y a acariciarle a su madre aquellas dos blancas esferas de carne. En un momento dado yo le bajé el tanga a Celia hasta los tobillos y le pasé la lengua por la raja. Luego abrí sus enormes nalgas hasta descubrir su agujerito ceñido de su ano, le di un par de breves lengüetazos. La cachonda mujer suspiró fuertemente de gusto y entonces yo le dije a Enrique…

Sigue tú con el culo de Juliana, que yo voy a mamarle un poco las tetas, que me apetece mucho comérselas mientras las tiene ahí colgando así según está inclinada hacia delante.

Y así lo hicimos. Pronto, a juzgar por los gemidos de Celia, me di cuenta de que Enrique le estaba lamiendo el ojete y entonces me incorporé para verlo por mí mismo. En efecto así era…, Enrique le estaba chupando el culo a su madre que se derretía de gusto…

¡Qué gusto, hijo, qué gusto me da eso que me haces en el culo! Y todavía me da más gusto que seas tú, el que te estás portando como un cerdo con la guarra de esta puta comiéndole todo el culo. Ummmm, qué rico, mi amor, sigue, sigue. Chúpale el culito a la mamá cachonda, que me gusta mucho, mucho. Ay, pero que cerdo eres. Enrique, eres todo un marrano y no veas cómo me gusta que seas así de guarro. Ummm. Esto es tremendo, mi amor.

Yo también estaba completamente excitado pues además de la acción de Enrique con su madre, me estaba poniendo muy caliente ver que mi madre, después de haberse dejado chupar el culo durante un buen rato y también las tetas por los amigos de Enrique, ahora era ella la que les estaba chupando el culo a los chicos, que se habían situado delante de ella y sacando el culo para que mi madre les pudiera pasar la lengua por sus ojetes en un tremendo y quíntuple beso negro. Verla chupándoles el culo a los chicos me excito mucho puesto que era una práctica que hasta el momento ni siquiera había hecho conmigo y me calienta mucho ver a mi madre haciendo guarradas con otros hombres, especialmente si son de ese calibre y se trata de cosas que yo no he probado con ella.

El calentamiento general era tal que a pesar de que en principio la fiesta ya había terminado la cosa, lógicamente no podía quedar ahí, así que enseguida los cinco jóvenes cuyos culos había estado lamiendo mi madre empezaron a joderla a turnos provocándole de nuevo un enorme placer a mi cachonda madre. A su vez yo también quise joderme a Celia y así lo hice follándola al estilo perro después de que su hijo dejara de chuparle el culo. Mi madre tuvo algún tremendo orgasmo mientras la jodían los amigos de Enrique. Tres de ellos se corrieron en su culo, los otros dos se corrieron en la boca y cara tras haber recibido las atenciones bucales de mi madre. 

Por su parte Celia tuvo un orgasmo verdaderamente monumental antes de que yo me corriera echándole toda mi caliente leche en su esquilmado útero, dejándome hasta la última gota de esperma espesos…. Luego supe que no tenía aún la menopausia y era posible preñarla si no se cuidada. Después de este polvazo a modo de epílogo, y de que los otro cuatro la rociaran de lefa, dimos por finalizada la fiesta. Tras una última ronda de besos de despedida, montamos en el coche y nos dirigiríamos al hotel mientras los amigos de Enrique se iban a descansar de tan ajetreada noche durmiendo en aquel chalet. En el coche íbamos lógicamente los cuatro… nosotros sentados delante y las madres atrás quitándose la peluca y el antifaz adhesivo.

Nada más arrancar Enrique… – Joder, menuda manera de acabar la fiesta… ¡¡Vaya orgía que nos hemos montado!! Cuando ya parecía que habíamos acabado. Buena os habéis montado, porque yo buena calentura sí llevo después de todo esto pero los cojones a reventar también… que yo en esta última tanda no me he corrido…

– Pues eso no puede ser, cariñito… que tus amigos se han ido todos con los huevos secos para una semana…, le dijo su madre mimosa desde atrás acariciándole el pecho.

– Vamos a tener que ir a un picadero de por aquí para que te desahogues….dije riendo.

Pues venga, vamos,  –intervino mi madre–. Que la verdad es que es muy divertido estar los cuatro en el coche juntos y bueno… haciendo cositas ¿eh? El otro día a mí me encantó lo que hicimos en el coche…

– Pero no me digas, mamá, que todavía tienes ganas de más… Le dije riendo.

Hombre, la verdad es que se puede decir que estoy satisfecha pero… si hubiera algo más tampoco iba a desperdiciarlo, ja, ja, ja. Yo ya tengo muy claro que a mi edad no dejo pasar ni una sola oportunidad de darle gusto al chocho. Así que si fuéramos a un picadero no os penséis que me iba a estar quietecita, ja, ja, ja.

– Bueno, mamá. Mejor que en un picadero estaremos en la habitación del hotel ¿no? Hemos alquilado dos habitaciones pero bien podemos pasar un rato los cuatro en una hasta que Enrique se… ¿cómo diría…? Se sienta más tranquilo ¿no os parece? Los cuatro reímos con ganas y nos dirigimos al hotel.

Por el camino Enrique iba diciendo… – Tiene cojones que siga tan caliente después de todo lo que hemos follado, y las veces que nos hemos corrido ¿eh? Pero es que hay que ver cómo me ponen estas putonas…

 Lo que tiene cojones, hijo, –dijo Celia– Es que nosotras seamos tan zorras como para seguir tan o más calientes que tú después de habernos follado diez potentes chavales, los cuales nos has jodido varias veces cada uno y nos han llenado de leche a rebosar… ¡eso sí que es cojonudo!

– Bueno, –intervine yo– A diez no, porque lo que tiene cojones de verdad es que teniendo a nuestra disposición los dos chochos más viciosos que conocemos, este palurdo sólo se haya follado a uno ¿eh, Enrique?

Eso también es verdad, y no es que con el de tu madre no baste pero…

– ¿Te ha puesto bien cachondo chuparle antes el culo a tu madre, eh? ¡Como el sabor de una madre no hay otra cosa! Y lo más asombroso de la fiesta es que no han reconocido a Celia los chicos que la conocían… esos tatuajes, la peluca y el antifaz adhesivo han hecho su buen papel.

Le dijo la mía mientras le acariciaba el paquete al joven desde los asientos de atrás del coche.

Bueno, pues no voy a decir que no. La verdad es que he estado caliente con ella toda la noche, la verdad, aunque sea mi madre. ¡Para empezar menuda exhibición, hay que ver cómo os movíais las dos en el escenario…! Y luego… menuda orgía. Mamá, me ha encantado verte hacer todo lo que has hecho. Eres una mujer fantástica.



Ellas reían complacidas y entonces yo lancé la andanada definitiva para que Enrique tuviera más fácil llevar a cabo lo que sin duda estaba deseando. Su obsesión era acabar la faena de esa noche follándose a su madre y llenarla… de igual manera que yo me había corrido en su coño.

– Pues yo creo que esto no puede acabar así. Resulta que tenemos a nuestro lado a las dos zorras más calentorras que nos vamos a encontrar en toda nuestra vida ¿y nos vamos a follar sólo a una? ¿Tú qué dices, Enrique?

– Yo… no sé… Respondió el joven un tanto cohibido ante aquella sugerencia tácita que implicaba que cada uno nos folláramos a nuestra propia madre.

Pues si tú no lo sabes yo sí. –Afirmé yo con decisión– Lo que vamos a hacer ahora en cuanto lleguemos al hotel y en la intimidad de la habitación es follarnos cada uno a nuestra respectiva madre, a no ser que ellas no quieran, claro, y acabar reventándolas a pollazos hasta que nos duelan las pollas de tanto meterla en sus coño y los huevos pidan tiempo muerto.

No estaría mal, no… Dijo Enrique como tratando de ver o de provocar alguna reacción al respecto en su madre.

El joven entonces miró a su madre tras mi expresa propuesta incestuosa… Cariño, ¿a ti de verdad te gustaría joder con tu madre?

– Mamá, espero que no te parezca mal lo que voy a decirte pero lo cierto es que he estado pensando en follarte como a una perra durante toda la noche. Y bueno, tampoco es que ese pensamiento lo haya tenido hoy por primera vez. Después de todo lo que ha pasado supongo que no te molestará demasiado que haya pensado eso…

– ¡¡No le parece mal a la guarra de tu madre, no!! Respondió mi madre rauda riendo a carcajadas.

– Claro que no, hijo, –corroboró Celia también riéndose e incorporándose para darle un morreo a su hijo desde los asientos de atrás– Me parece estupendo, lo mejor y lo más excitante que me han dicho esta noche…, ya estoy deseando poner mi coño a tu disposición para que me jodas como a una puta, como a una buena perra que es lo que soy, mi amor. – Volvió a meter la lengua en la boca de su hijo durante un largo minuto– Debes saber hijo, que tu madre antes es mujer y hembra, y ahora hago desprecio a ninguna verga dura que me desee follar… a fin de cuentas una polla es una polla y un coño es un coño ¡Sea de quien sea, solo sirven para dar placer mutuo!

– ¿De verdad, mamá? Dijo Enrique con el brillo de la lujuria en sus ojos.

¡Ay, que ilusión me hace que me quieras follar, hijo mío! –Exclamó Celia por respuesta– Hoy he follado mucho, y me lo he pasado como nunca en la vida. Nunca pensé que me fuera a ocurrir algo así, que yo fuera a tomar parte en una juerga como la que hemos vivido. Me parece completamente increíble, pero tengo la impresión de que lo mejor todavía está por llegar.  

– ¿Lo dices en serio, mamá? ¿Te gustaría… no te parecería mal que yo… que tú y yo…?

– ¡Pues claro que me gustaría, hijo, me entusiasma la idea desde hace mucho tiempo atrás! Si antes mientras me chupabas el ojete, que por cierto me ha puesto a mil, no hacía más que pensar "si le gusta chuparme el culo no tiene que ser tan difícil que acabe jodiéndome". ¡Ay, qué bueno, que excitante saber que me quieras hacer tuya por primera vez!

– Oye, –dijo entonces Enrique dirigiéndose a mi madre– ¿A ti, Nata, con lo liberal y animada que eres no te parecerá mal eso de que… bueno, ya sabes, eso que hemos dicho de que vayamos a follaros, cada uno con su madre respectiva, no? ¿Eh, Nata, a ti también te apetece…?

Entonces mi madre y Celia estallaron en una tremenda carcajada… Enrique empezaba a entender todo. Su madre no pudo esperar más aquello que hacía días quería decir a su hijo, pero que por prudencia y esperando este momento, se mordió la lengua más de una vez.

– Hijo mío, este par de pervertidos llevan follando juntos ya una buena temporada, y seguro que si hubieran recogido toda la lefa que su hijo le ha echado en boca y coño a Nata, habría para llenar unas cuantas botellas de litro con esa lechada….

Sobre todo por lo cuantiosas que son las corridas de mi hijo ¡Qué menudos chorretones de esperma me suelta de esos orondos huevazos el muy cabrón! ¡¡No sé como produce tanta lefa!!

Dijo mi madre alegre quitándole hierro a la situación. Todos reímos con satisfacción, llegando al hotel nos dirigíamos. Una vez allí subimos a las habitaciones como si mi madre y Celia fueran a dormir juntas y Enrique y yo juntos también pero una vez en el piso nos metimos los cuatro en la misma habitación. Una vez en la habitación fueron ellas las que tomaron la iniciativa. Celia enseguida se abrazó a su hijo y mi madre hizo lo propio conmigo…, empezamos las dos parejas a morrearnos. Ellas se frotaban contra nosotros con verdadero vicio y a pesar de la cantidad de orgasmos experimentados aquella noche la excitación no tardó en apoderarse de nosotros como si lleváramos varias semanas sin follar.

– ¡Si vuestros padres supieran el par de putas que son sus esposas y lo que hacen con sus hijos!

Nuestras madres empezaron a desnudarnos rápidamente y nosotros hicimos lo mismo con ellas hasta dejarlas completamente en pelotas. Estaban preciosas, con sus rechonchos cuerpazos y sus carnes abundantes completamente exhibidas para nosotros. Pronto las dos cachondas maduras estaban arrodilladas frente a nosotros y nos estaban haciendo una soberana mamada mientras nos tocaban los culos y los huevos como unas veteranas en el arte de la  felación…, nosotros las sobábamos a conciencia.

La calentura era tal que sin demasiados preámbulos yo enseguida le propuse a mi madre que se situara como más le apeteciera para poder penetrarla. Ella se puso a cuatro patas sobre la cama ofreciéndome el trasero y así, tras darle una nueva tanda de lengüetazos en su ojete y también en el conejazo, se la clavé en el chocho desde atrás empezando a joderla con ganas. Enrique mi miraba con ojos de verdadera lujuria mientras su madre le seguía chupando el rabo…

Chico, debe ser lo mejor del mundo joderse a tu propia madre, especialmente si se trata de unas cachondas como estas ¿eh? Dijo Enrique

 Pues a qué esperas. Anda, dile a tu madre que se ponga a cuatro patas y dale polla por el coño y goza con la furcia de tu madre, que como tú dices, es un placer realmente sublime.

– Venga zorrona, –le decía mi madre a su amiga– Ábrele ese coñazo que tienes de par en par a tu hijo, que lo estás deseando so puta. ¡Con lo cargado que está el pobre y las ganas que te tiene…! ¡Te va hacer la panza más grande que hayas imaginado!

– Pero si yo apenas tengo regla regular… y mi útero está seco ¡Ya no vale para que lo preñen…!

– ¡¡Pues prepárate mamá, porque te pienso PREÑAR!! ¡No pararé de follarte hasta conseguirlo!

– Ahí lo tienes, –Dijo mi madre– Eso es un hijo que ama a su madre sobre todas las cosas.

Enrique y Celia no tardaron en hacernos caso y enseguida estaba ella a cuatro patas y el detrás, agarrando las inmensas nalgas de su madre. Enrique le acercó el glande cubierto de prepucio al chocho de su madre y ahí mismo ella ya emitió un suspiro de genuino placer incestuoso.

Mamá, te voy a joder, te voy a follar como a una putona y créeme que lo voy a disfrutar brutalmente como nunca lo he hecho. Le decía Enrique a su madre.

Sí, cariño, jódeme, méteme todo ese pollón en el chocho y fóllame como a una golfa, que es lo que es tu madre. ¡Hazme disfrutar lo que tu padre no ha sabido en estos 25 años!

Enrique entonces apoyó la polla con fuerza en el chocho de su cachonda madre metiéndosela por primera vez en aquel carnoso y cálido coñazo. Enrique emitió un gemido de placer indescriptible, acompañado de un gesto facial que daba a conocer lo mucho que siempre lo había deseado.

¡Aaaaah, así, mi amor, así, jódeme, fóllame hijo, jódete a tu puta madre, que es una completa furcia deseosa de polla, de tu polla! ¡Necesito que me folles así todos los días! ¡No te imaginas lo necesitada que está mamá de verga, de orgasmos y placer sexual de mi joven y potente hijo!

Decía Celia completamente excitada y fuera de sí al sentirse penetrada por su hijo. El placer y la excitación de todos sin duda eran enormes y eso se percibía en los jadeos, en los suspiros y en las frases que de vez en cuando decíamos alguno de los cuatro.

Eso es Hijos de Puta, cabronazos, joderos a vuestras PUTAS madres salidas, –decía mi madre calentorra perdida– Así, así, dadnos polla…, no hay nada como una polla joven y dura dispuesta las 24 horas del día… y si es de nuestros propios hijos dándonos gusto en la almeja, es el no va más del vicio ¿eh, Celia? Este es el mejor final para esta noche de lujuria y perversión.

Ya lo creo, chica. Esto es lo máximo…, me siento la más golfa y puta de todas las mujeres. ¡¡Pero qué cojones, no hay nada como ser la puta de tu propio hijo!! Esto sí que es vicio y esto sí que da gustazo del bueno.

– Eso es, mamá…, esta noche eres mi puta, la guarra que más gusto me da con su chochazo y la zorra que más me gusta follar. Decía Enrique mientras fuera de sí arremetía a pollazo limpio en el conejo de su cachonda madre.

Sigue, Enrique, hijo, sigue, dame verga bien dura…, dale pollón a tu puta madre en todo el conejo ¡Llénalo de carne endurecida! Métemela del todo, cabrón…, hasta los huevos Así, así. ¡Ahhh! ¡Aahhh! Quiero que esas pelotas me aporreen hasta hacerme un buen moratón en el coño.

El orgasmo de Celia fue atronador, la zorra estaba aún gritando su placer cuando se le unió también con un sonoro grito de su propio hijo soltándole toda la leche en el coño a su madre.

– Ahí te va, guarra, ahí te va todo mi placer con mi leche, puta golfa. Toma, toma mi rabo, mamá. ¡Aaaaaahhh! Este es el mejor polvo que he echado en mi vida…, y ha sido con la zorra de mi madre, que es la mejor puta del mundo.



En ese preciso instante también mi madre llegaba al orgasmo y acto seguido yo me vaciaba en su caldoso conejazo que tanto y con tantas pollas diferentes había gozado esa noche, sin embargo solo tres tuvimos el honor de llenarlo. Tras este fenomenal polvazo los cuatro nos sentamos satisfechos sobre la cama y charlamos un poco sobre la experiencia incestuosa que acabábamos de vivir. Nosotros le confesamos a Enrique que el plan de acabar follando con su madre, no había sido algo que surgiera fortuitamente aquella noche de tremendo despendole sino que en cierta manera había sido gestado con la decidida participación de su propia madre, que deseaba follar con él desde hacía tiempo.

Pues me lo podíais haber dicho sin ambages desde el primer momento, –decía divertido– Porque ya os digo que para mí tampoco ha sido hoy precisamente la primera vez que he pensado en follarme a esta golfa, sólo que… claro, por muy zorra que veas que es tu madre y por mucha confianza que haya follar con tu propia madre es follar con tu propia madre…

– Pero qué gusto da ¿eh? Le dije yo guiñándole un ojo.

– El mayor placer del mundo, y mira, creo que todavía más si se le echa el casquete a la propia madre acompañada de otra madre bien puta follando con su hijo, ja, ja, ja.

Después de este rato de charla, decidimos darnos una ducha. Los cuatro estábamos sudados y sucios de tanto ajetreo sexual, sobre todo nuestras madres, que tenían restos de semen por prácticamente todo su cuerpo. Nos duchamos juntos y en el baño hubo lugar para nuevas bromas y toqueteos mientras nos duchábamos y nos secábamos. Comentamos entre risas lo que nos gustaban las tetas de nuestras madres o sus culos, y ellas hacían bromas sobre nuestros atributos aunque ya no hubo más penetraciones ni mamadas. Creo que todos teníamos bastante por aquel día. Luego Enrique y Celia se fueron a dormir a la otra habitación mientras mi madre y yo compartíamos cama en aquella habitación.

Fue maravilloso dormir con mi madre, los dos completamente desnudos, aunque ya no hiciéramos nada más aquella noche. No sé si Enrique y Celia follarían aún una vez más antes de dormirse. Lo que sí es seguro es que las dos parejas lo primero que hicimos al día siguiente fue echar un buen polvo incestuoso nada más levantarnos pues los cuatro lo estuvimos comentando entre risas mientras desayunábamos en el restaurante del hotel. Y es que a la mañana siguiente, con las fuerzas repuestas tras unas cuantas horas de sueño reparador, era difícil resistirse a la atracción que sobre nosotros ejercían los macizos cuerpos desnudos de nuestras jamonas madres. Y más si para despertarnos ellas decidieron utilizar nada menos que sus lenguas.

A mí, mi madre me despertó chupándome el culo y los huevos…, a Enrique su madre le hizo una mamada en toda regla como saludo de buenos días. Tras ese polvo mañanero, como decía, bajamos los cuatro a desayunar y marchar a casa. En el viajen comentamos lo sucedido, quedando para una nueva sesión de sexo incestuoso entre las dos parejas aunque aún no sabíamos cuándo disponer de una de las casas para poder gozar de estas golfísimas madres en una cómoda cama. Esa orgía a cuatro no tardó en llegar y de hecho dos días después nos reuníamos en nuestra casa. Follábamos a placer jodiéndonos los dos a las dos calientes y viciosas madres que tenemos la fortuna de poseer.

A partir de aquí la vida sexual de Celia ha seguido una tremenda espiral de vicio que en algún momento comentaré aunque mi madre y yo, tras una temporada de frecuentes encuentros con ellos, hace ya algún tiempo que tenemos un contacto más bien esporádico con esta viciosa pareja incestuosa. Y con las otras parejas ocurre lo mismo el motivo es que de aquella orgía sin paragón mi madre recibió una cantidad ingente de esperma de prácticamente todos los individuos de la fiesta, mucho más de mí que fue toda a parar a su útero.

Como se puedo constatar una parte de esa leche fue a parar el estómago de ella, otra a su culo, pero una buena parte de toda esa fértil y potente lefa con una cantidad colosal de lefa cargada de potentes espermatozoides prestos a preñar a la más pintada, por muy madura que fuese e irregular de su menstruación, como es el caso de Celia y así ocurrió… de aquella aventura salió bien preñada. Por otro lado, la señora Natalia olvidaba con frecuencia tomarse la pastilla anticonceptiva, dado que en la pequeñas orgías que hacíamos nos siempre acabábamos con la lechada dentro de sus coños, pero en esta fiesta sí, y mucha…, lo derivo a que resultase preñada con aquel maremágnum de semen candente atorando su útero.  Como es de imaginar resultó una sorpresa para todos, en especial para su esposo… tanto que quedase preñada a sus 46 años, como que quisiese dar a luz a ese hijo fruto de la lujuria depravada sin control, así como que no es fácil comprobar a priori quien es el autor de dicha barriga, solo sería posible con un análisis de ADN que mi madre no querrá hacerse nunca dejando que el padre de dicha criatura sea el cornudo de su marido… lo mayor probabilidad me la llevaba yo, al haberla inseminado en cuatro ocasiones a lo largo de la aventura… dos en la orgía y otras dos en el hotel.

En aquella orgía cayeron mi madre y Celia preñadas, pero eso no le quitó las ganas a las señoras de seguir follando con sus hijos…, el que suscribe, aun estando preñada le daba lo suyo semanalmente…, una cosa es estar fuera del círculo y otra dejar de ser incestuosa. Dado que esto último no lo perdió, ni perderá, nos dábamos tres o cuatro homenajes a la semana en nuestras horas de asueto, encontrando un nuevo morbo… FOLLARME A UNA MACIZA MADURA PREÑADA. Lo mismo ocurría con Enrique, que también le daba a su madre panzona.



Si las sorpresas creíamos que habían acabado ahí, estábamos muy confundidos, porque tanto Purificación, la beata de misa semanal, como mi tía Flora también fueron objetivo certero de los bichitos de sus hijos, que como era costumbre tras los encuentros ocasionales del “Selecto Club del incesto”, cada hijo follaba en casa con su respectiva madre hasta quedar secos, exhaustos y derrengados de fornicar sin mesura. Con lo cual las cinco hembras, estos momentos las teníamos engendrando, sí… Elena nos dejó pronto, porque Juan, su hijo la preñó a las dos semanas de comenzar a follar y por estas fechas ya llevaba cerca de 34 semanas engendrando. Las otras cuatro, en contra se llevan pocas semanas de diferencia entre ellas con 22 a 26 semanas fecundadas… Parirán para Agosto, según las cuentas de Puri, su hija nacerá para el día de la Virgen de la Asunción.



Si te ha gustado, puedes dejar tu impresión sobre el relato en un comentario...  TROVO DÉCIMO

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