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jueves, 29 de julio de 2021

Mi hijo no es un Discapacitado. Una nena de su edad

 


Esta conversación me dejó pensativa, pero también liberada, al poder compartir mi secreto con otra madre en mis mismas circunstancias. Ya no me sentía tan sola y ni tan culpable por hacerme follado a mi hijo, y a partir de ahí, sólo empecé a pensar en hacer cada vez más feliz a mi niño. La generosidad sin límites de toda madre que ama a su retoño, me hizo ver que con la sus limitaciones, yo iba a ser su única pareja sexual. Sin embargo con los años me iría haciendo mayor y para él acabaría pareciéndole una vieja, así que pensé en que sería conveniente que pudiera tener sexo con otras mujeres, y de paso dejarme a mí un poco más tranquila… mi esposo también tiene derecho a gozarme, pero ¿Cómo hacerlo?

Los consejos de mi amiga, de proponer a alguna follamiga que se acostara con mi hijo me parecían una locura, también porque no consideraba a ninguna amiga mía lo suficientemente viciosas como para desear una experiencia como esa, o al menos eso me parecía a mí, aunque claro, estas cosas nunca se saben porque se guardan en la intimidad de cada persona.

Pasaron unas semanas, y un día coincidí en la peluquería de mi amiga Rosa con Sebastiana, a la que no veía por el centro de capacitación hacía años, había vuelto a la ciudad tras un largo trance de divorcio. Ella también tenía una niña con una discapacitada psíquica (EFMR), este hecho fue la que hizo que nos conociéramos y nos hiciéramos amigas hace mucho tiempo. Contó que se había divorciado y que lo estaba pasando bastante mal… solo le alegraba la compañía de su hija, ya que al estar sola tenía mucho trabajo en casa y fuera, sin tiempo ni ganas para conocer otros hombres.

Finalmente acabó confesándome que empezaba a echar de menos el sexo…, echar un polvo que le quitase el estrés y no llevara aparejado compromisos ni sorpresas, como la que se llevó con un hombre que invitó a su casa tras conocerlo en el supermercado, y cuando estuve en su casa, le propuso hacer un trío con su hija, lo que ella rechazó de inmediato. Intenté hacerle ver que ahora los hombres eran así, que no tenían ningún pudor en proponer a la mujer cualquier fantasía que tuvieran, jugando con chicas adolescentes… de siempre a los hombres les ha gustado follarse a quinceañeras.

     Lo sé Macarena, pero yo también tengo la fantasía de follarme a algún amigo de mi hija y no voy por ahí proponiéndoselo… a un yogurín nunca se le hace asco.

     Ja, ja, ja claro que sí Sebastiana… esa la tenemos muchas, pero algunas acaban cumpliéndolas, llevándose por delante a chicos jovencitos… incluso menores.

     ¿Qué me dices? Serán descaradas… y putas, por llamarlas de alguna manera.

     Bueno no te escandalices, que con 16 años y de mutuo acuerdo se les puede follar a pajera abierta… y no veas la potencia que tienen en su polla. A algunos le es difícil que se les baje la erección echando dos polvos seguidos.

     Madre mía… quién lo pillara.

     Yo podría facilitarte eso de una forma muy discreta, le añadí. Noté su cara de sorpresa sin darme un mal gesto… creo que comenzaba a entender.

     No entiendo bien lo que me quieres decir Maca…

     Tú sabes el problema que tienen nuestros hijos y cuál es su situación respecto al sexo…les cuesta mucho socializar y mucho más llegar a tener relaciones sexuales.

     Sí claro, qué me vas a contar a mí con Silvia, pobres… y tu hijo con lo majo que es y lo bien servido que debe estar… si no recuerdo mal, estaba muy bien dotado de niño, y con el estirón debe estar desconocido…

     Pues sí está muy desarrolladito que digamos, la verdad que sí…está en una edad en que no sé qué hacer con él en el tema sexual, ya me entiendes… con sus hormonas desbocadas, no para de hacerse pajas poniéndomelo todo perdido con chorretones aquí y allá…, es que se las hace sin pudor alguno.

     Ja, ja, ja, sí amiga, como todos los chavales, andará más salido que un conejo pajeándose todo el día y enseñándote la polla cada tres por dos.

     Sí, ese es el problema. Una piensa que nunca iba a pasar de las simples pajas.

     Ya, claro. Lo entiendo Macarena. Es una lástima que se pongan tan burros machacándose la polla a cada rato. Yo por suerte no es igual con Silvia al ser mujer…, su celo es menos visible, pese a que la veo tocarse mucho el coñito en cualquier sitio, más desde que no está con su padre. Sin duda no es lo mismo una niña salida tocándose la pepita, que un semental esparciendo su semilla por todos lados, hay que educarles en que lo hagan en un solo sitio sin ensuciar tanto, ja, ja.

     Pues eso mismo pensaba yo harta de no parar de poner lavadoras, y decidí ayudarle para que no se sintiera frustrado.

     ¿Ayudarle cómo? ¿Hacerle tú las pajas…?

     Sí, pero eso al final te lleva a algo más.

     ¿Algo más…? Perdona, parezco tonta repitiendo todo lo que me dices, pero me estoy imaginando lo que me quieres decir y me estoy poniendo cachonda. ¡¿Empezaste meneándosela y has acabado follándote a tu hijo?! ¿Es eso Maca…?

     Mira Sebastiana, estoy un poco desconcertada y desesperada con la intransigencia de David ¡De verdad! Desearía proponerte algo sin que saliese de entre las dos…

     ¿Proponerme…? No me lo puedo creer si es lo que me imagino –  ja, ja, – Dímelo de una vez, que ya no puedo más con la intriga.

     Pues mira Sebastiana, había pensado que tú eres la persona más adecuada para que tuvieras sexo con mi hijo… En primer lugar porque le conoces y él te tiene mucha confianza, en segundo lugar comprendes la situación de este tipo de chicos con discapacidad social, y en tercer lugar creo que unos buenos polvos a la semana no te vendrán mal. Te juro que le he propuesto hacerlo con profesionales, pero mi hijo solo desea hacerlo con personas conocidas.

     Sé que todos ellos son así a la hora de realizar actividades con gente de su confianza… pero Maca, ¿Estás segura? Ya te digo que por mí encantada, ¡eh!  Ni en sueños me imaginé que me propondrías nada parecido. Aunque bueno, tú ya lo has disfrutado, por lo que veo.

     Sí mujer yo tampoco me hubiera imaginado hacer eso, y también lo estoy sufriendo… porque no se conforma con un polvo al día. Cierto es que últimamente mi esposo me folla bien poco, pero pasar de un polvo al mes a que me echen dos e incluso tres polvos al día, es demasiado. Vamos, tendría el coño bastante irritado si no fuera por los lubricantes. Aun así puedo decirte que es algo maravilloso. Nunca disfruté con tanto morbo en mi vida…mucho menos de casada.

     Te creo Maca. Pues sabes que te digo amiga mía, que estoy disponible para ayudarte con tu hijo, y deseando probarlo en cuanto me digas que él quiere.

     Si te parece bien puedes venir esta tarde a casa, pero debo decirte antes de nada, por si te quieres echar atrás, ahora estamos a tiempo que a él no le he comentado nada. Otra cuestión delicada es…. Bueno Sebastiana, el caso…es que mi chico solo quiere follar a pelo. Chica, le ha cogido el gusto a correrse dentro del coño y no hay manera de ponerle un condón. Lo he intentado y amenazado con no hacerlo más, y lo pasa mal, muy mal…

     Por supuesto Macarena, no te preocupes por eso… tu hijo se puede correr todo lo que quiera dentro de mí coño. Nada más divorciarme me puse un diú para vivir la vida loca, pero mira por donde aún no he empezado a vivirla en serio y David se va a encargar de estrenar mi nuevo coñito… así que allí estaré ¡¡Qué nervios chica…!!

Antes de llegar mi amiga, le comenté a mi hijo que iba a venir y que podría estar con ella como conmigo, por lo que él se entusiasmó mirándome con incredulidad, pero era cierto que iba a poder estar con otra mujer distinta a mí, y eso se parecía mucho a tener novia reforzando las conexiones sociales, con personas distintas a la familia

 

***************************************

 

Cuando Sebastiana llegó a su cuarto, saludó a mi hijo con una sonrisa nerviosa…

     Hacía tiempo que no te veía, vaya como has crecido. Estás muy guapo.

Mi hijo, algo tímido, le dio las gracias mostrando su nerviosismo sin saber qué hacer mirándola de arriba a abajo, así que para ayudarles y relajar la situación…

     Bueno, Sebastiana, ¿te apetece tomar algo? He preparado unos combinados.

     Sí, estupendo, necesito tomarme algo porque estoy un poco nerviosa.

     No tienes por qué es buen chico y muy cariñoso, quizás en el momento final se pone más brusco en estado de excitación cuando se corre… pero no es nada desagradable…¡Te lo vas a pasar muy bien y vas a hacer muy feliz a mi hijo! – Le dije entregándole el ron cola – Tómate esto que te va a relajar.

Al sentarnos en el sofá, a mi amiga se le subió el vestido ajustado que llevaba, dejando sus muslos a la vista de mi hijo que no les quitaba ojo, pidiéndome que le diera de la misma bebida también…

     Sólo un poco nene, que tú no puedes beber este tipo de bebidas…, pero esta vez haremos una excepción para no hacer feo a nuestra visita.

Estuvimos hablando un poco…, ya conseguían más confianza entre ellos charlado sobre los progresos que hacía en el centro, también hablaron de Silvia. Luego mi amiga empezó a preguntarle alguna cosa íntima a mi hijo, que en otro momento tal vez le avergonzara, sin embargo esa tarde con Sebastiana se encontraba muy animado, además de ayudar un poco la bebida. David le contestaba con todo descaro, lo que nos hacía reír a las dos.

     Me ha dicho tú mamá que ya la tienes muy grande, pero que las chicas de tu edad son tontas y que no la saben aprovechar. Y siempre tienes ganas ¿Verdad?

David se rio complacido por las palabras de Sebastiana, y señalándome a mí le soltó…

     Mamá sí aprovecha cuando tengo ganas… ja, ja.

     ¿No me digas? Mira tú madre, que aplicada es con su hijo…. Pero sabes lo que te digo, que hace muy  bien, yo también lo haría si tuviera un chico tan guapo como tú. También me han dicho que te gusta sacártela en todo momento… ¡Anda! Enséñamela polla que tienes, a ver como es.

La conversación se volvía cada vez más caliente y mi hijo no dudó en bajarse los pantalones y enseñar su polla a mi amiga, que al verla sin empalmar exclamó…

     ¡¡Qué bárbaro, cariño!! Sí que la tienes bien grande. Tú mamá tenía razón.

Sin pedir permiso, Sebastiana alargó la mano y agarró la tranca, pasando su mano por toda la zona de los testículos también, murmurando en voz baja… – ¡“Qué cosa más rica, por Dios! Esto es un monumento a la virilidad y tan mal aprovechado…” Ella me miró, como pidiéndome permiso esta vez, haciéndole yo una seña de que hiciera lo que quisiera con él. Se puso a su lado, se agachó sin pensarlo dos veces, y empezó a chupársela con gestos de satisfacción, notándose que hacía tiempo que no tenía una verga en la boca y la estaba disfrutando de lo lindo. Mi hijo se repantigó dejándose hacer, aprovechando para tocar él también lo que podía, quitándole la ropa a mí amiga. Al poco tiempo de estar mamándosela, intervine…

     Creo que será mejor que os deje solos… aunque estaréis más cómodos en la habitación del chico.

     No por Dios, si a él no le importa, a mí tampoco. – Se encaminaron al otro cuarto.

Nada más entrar en la habitación, se tumbaron en la cama, quitándose la poca ropa que les quedaba, abrazándose y besándose, comportándose la madura como una quinceañera ansiosa, cuando ella debía poner un poco la calma a tanto ímpetu. La comprendí porque se estaba viendo en una situación que nunca hubiera esperado, por otro lado temía que mi hijo se corriera demasiado pronto al verse sobreexcitado con una mujer tan entregada… le estaba masturbando sin parar y tuve que intervenir de nuevo.

     Despacio Sebastiana…, anda, deja que David te coma el coño un poco, verás como lo hace de maravilla… Porque a ese ritmo me lo dejas seco en dos minutos.

Sebastiana se abrió de piernas para que mi hijo metiera la cabeza entre ellas y empezara a chupar ese chocho que se había depilado para la ocasión, lo que le encantó a David, porque sólo había visto el mío con el pubis lleno de vello, sin embargo ese coño depilado a tope parecía el de una niñita de ocho años y lo iba a disfrutar especialmente. Yo seguí en mi papel de dirigir la escena. Mi chico se afanó a comerle con gula la vulva, y el clítoris de mi amiga, le chupó los labios internos de abajo arriba y le folló con la lengua, tal y como yo le había enseñado. Sebastiana no se creía que un chico de su edad y con discapacidad, fuese capaz de darle tal meneo a su coño… lo que no sabía mi amiga es que NO SON DISCAPACITADOS en todas los aspectos y facetas de la vida.



Cuando mi amiga se corrió, David continuaba jalándose su coño, y tuve que indicarle a mi hijo que se la follara ya. Me miró y luego a Sebastiana que con una sonrisa le confirmó que ya estaba preparada para recibirle, su verga la tenía muy tiesa. En un abrir y cerrar de ojos, se puso encima de ella, se la agarró y enfiló al coño buscando con el glande la entrada… no hizo falta mucha maniobra hasta insertar la cabeza, y de ahí la metió cuanto pudo de un solo envión. Empezó a moverse encajándosela más y más entre los gemidos de mi amiga, enloquecida por momentos… percibía como cada vez le abría más y más procurando llegar a su vagina profunda. Llegó a meterle toda. Desde mi posición veía como sus pelotas rebotaban en el culo de Sebastiana… ahora no quedaba un solo centímetro de polla fuera del conducto vaginal. Cada estocada a fondo se correspondía con un gemido de la mujer, y así en la posición del misionero, mi hijo solo soportó unos minutos hasta que llegó al orgasmo, a la vez que mi hijo empezaba a correrse dentro de Sebastiana. David gemía rellenándole el coño, y ella respondía con otro gemido más fuerte abrazándolo y clavándole sus uñas en la espalda y culo de mi chico.

A mí todo eso me tenían excitadísima, sumándome para formar un trío con ellos, los cuales ajenos a mí, continuaban teniendo sexo en múltiples posiciones y variantes, dado que David, sin sacarla, se la estaba follando otra vez. Aquello de compartir a mi hijo con otra mujer, me llenaba de morbo. La pusimos a cuatro patas y desde atrás el chico atacó su coño con prestancia. Yo me puse debajo observando como el ariete entraba y salía de su coño con las pelotas balanceándose. Me atreví a comerle los huevos y nunca estuve tan cerca del coño de una mujer… me excité como una perra al observa como las arremetidas se incrementaron y pronto la clavó a fondo emitiendo un rugido que se fusionó con el gemido de la puta de mi amiga… justo en el momento de que mi hijo se corriese en lo más hondo de su coño. Le comí los huevos al chico mientras eyaculaba, saliendo de sus bolas todo el enorme contingente seminal que suele eyacular directo al útero de ella. Habíamos perdido la noción del tiempo que estuvimos haciendo de todo. Finalmente quedaron agotados sin fuerzas para nada. Después de un breve descanso mi amiga se vistió y se marchó, diciéndome que tenía que volver para repetirlo.

Durante un tiempo, Sebastiana estuvo viniendo a casa, aprovechando la ausencia de mi esposo, que como era natural, seguía sin enterarse de nada sobre mi necesidad sexual y yo creo que ni le interesaba… a mí tampoco, atendida por el semental de mi hijo. Así que seguimos disfrutando de nuestros encuentros juntos. Me sentía contenta de ver que David era feliz, sus acosos se mitigaron echándome solo los polvos razonables para paliar mi hambre sexual. Mi amado hijo había pasado de ser prácticamente virgen a tener más sexo completo con una mujer, que todos sus amigos juntos de instituto y centro de capacitación. Sin embargo todavía tenía la espina clavada de poder follarse a alguna chica de su edad, como bien me comentaba en nuestras confidencias, por lo que pensé en invitar a la hija de Sebastiana, proponiéndoselo a su madre en un próximo encuentro.

Aunque en principio se mostró un poco dubitativa, cierto que se conocían y compartían actividades a menudo, pero no sabía cómo iba a reaccionar la chica ante una propuesta como esa. Al igual que David, solo había tenido relaciones consumadas completas con una sola persona cercana, su propio padre y ahora ex marido de Sebastiana. Ella misma durante tomábamos el café, me reconoció que su hija había estado follando como los conejos hasta la separación, y ahora solo se beneficiaba de su padre en los dos fines de semana al mes que el juez había indicado de convivencia con el progenitor, así que suponía que no la importaría hacerlo con mi hijo… solo era cuestión de tantear el asunto.

No sé cómo se lo montó para convencer a Silvia, pero el caso es que la tarde de un par de días después de que Sebastiana y yo hablásemos, aparecieron en mi casa, viniendo la chica vestida como una auténtica putita… con una minifalda y un top que dejaba a la vista su desarrollado cuerpo. Al verla entrar no pude evitar decirle a su madre…

     Está guapísima tu hija. Menudas tetas tiene ya. Si no fuera porque sabemos que tiene su tara, nadie diría que no es una normal y fabulosa.

     Sí, no se a quien ha salido, porque ya casi me gana a mí en todo…

     Recuerdo cuando era una cría de diez años, y ya le habían salido las tetas y el vello púbico, aún sin tener la regla parecía una adolescente de quince, lo menos.

     Sí, con esa edad ya tuve que comprarle un sujetador de la talla 75B. Como de siempre ha tenido poco pudor con nosotros, su padre no le quitaba la mano de encima desde bien pequeñita estimulándole las tetas… ¡Yo creo que le han crecido así de tanto sobárselas! Y ella tampoco se cortaba, en cualquier lado le invitaba a que se las sobase  ¡¡Le gustan tanto sus tetas, que en casa las enseña todo el día, haciendo topless!!

     Sí, eso me decían a mí de cría, cuando me las querían tocar los mayores. Que era bueno para que crecieran y yo, tonta de mí, me lo creía y les dejaba… ja, ja, ja.

Mientras nosotras hablábamos de cómo de la estimulación mamaria, su esposo pasó a follarse a la niña bajo supervisión de ella y consentimiento de ambas, David comenzaron a charlar tímidamente al principio y algo más confiados a cada minuto que avanzaban en su confidencias. Ambos eran conscientes porque estaban allí, aleccionados por sus madres. De momento era dos chicos que se estaba conociendo sentados en el sofá. Sebastiana y yo continuábamos en la cocina hablando sobre la relación padre e hija…, desde nuestra posición observábamos los avances de los chicos. Me contaba cómo su ex marido tuvo la primera práctica sexual con Silvia en su décimo primer cumpleaños…. Tras años en los que la niña andaba de aquí para allá medio desnuda, con las tetas al aire viéndoselas crecer año tras años. También se metía en la cama terminando abrazada a su padre toda la noche, o como la niña le buscaba acurrucándose en sus brazos en el sofá, mientras le sobaba las tetas y de ahí a la rajita y el culito…

     Desde que supimos de la discapacidad de Silvia nos hicimos cargo de que había que integrarla, en aquella ocasión se trataba de su cumpleaños, deseábamos que fuese muy feliz en ese día en todos los aspectos, nos costaba decirle que no a lo que nos pedía, en especial a su padre. En aquel cumpleaños solo pude estar un rato y luego me marché al trabajo, mi esposo se hizo cargo de todo en la fiesta. A mi vuelta me contó cómo fue… nos teníamos bastante confianza por entonces.

 

***********************************

 

Tras la comilona, los juegos y regalos, las madres que acudieron se fueron retirando con las amigas de Silvia, hasta que nos quedamos solos mi hija y yo…

     ¿Te divertiste en la fiesta? – Le preguntó en cuanto sus amigas se fueron después de haber sido recogidas por sus mamás.

     Sí, aunque… me hubiese gustado que se quedaran a dormir. No me gusta estar sola en mi cumpleaños.

     Anda, si lo habéis pasado muy bien y tus amigas tienen que volver a sus casas… ¡Ve a bañarte! Que has sudado mucho con la yincana.

Silvia se fue a duchar mientras él recogía todo lo que habían hecho las niñas en el cuarto de mi hija, en el salón y el patio. Fregó el piso manchado de pastel y puso los platos desechables en una bolsa de basura. Al barrer, observó que había una mochila en el piso. Le pertenecía a Adriana, una de las amigas de mi hija y la más grande de todas. Era una chica que tenía ya unos trece años y estaba bien formada… me comentó que le excitaba siempre que la veía. Como adulto, trataba de ignorar esos pensamientos, por supuesto. Sólo por curiosidad, abrió el bulto. Lo que encontró en su interior le puso la carne de gallina. Se trataba de una revista pornográfica. Una muy guarra al parecer.

Se sentó en la cama para ojearla, incrédulo al pensar que las niñas estuvieran viendo esto mientras estaban encerradas. Claramente eran fotografías de muchachas chupando grandes pollas o siendo folladas por varios hombres. Tragó saliva mientras las miraba y pensó que ese debía se ser el motivo por el que escuchaba tantas risitas provenir del cuarto. Volvió a meter la revista cuando oyó que Silvia salía del baño. Alarmado, dejó caer la mochila y se levantó en cuanto ella entró. Estaba envuelta en una toalla pequeña que le cubría la mitad de las piernas dejando los hombros desnudos. Se le ajustaba muy bien a su cuerpo pequeño, en otras ocasiones se paseaba totalmente desnuda sin pudor.

     ¿Qué haces? – Preguntó con inocencia, sentándose frente a su tocador con espejo.

Empezó a cepillarse el pelo.

     Bueno, nada. Sólo limpiaba, amor. Te tengo preparado un regalo.

Se acercó a ella y le acarició los suaves hombros. Eran tan diminutos que toda su mano los cubría. Entonces, sacó del bolsillo una gargantilla de plata. Sus ojitos se iluminaron en el reflejo del tocador mientras yo se lo colocaba alrededor de fino cuello surcado de pecas. Sus ojos azules eran tan bonitos como el collar de lapislázuli que pendía del cuello.

     ¡Gracias papi!

     Es hermosa, como tú – le dio un beso en el cuello y la abrazó con mucha fuerza.

Era mi princesa y esperábamos tenerla a su lado por mucho tiempo. Él siempre dice que es idéntica a mí cuando tenía la misma edad…, le dio un besito en la punta de los labios. Era costumbre de ambos. Después de dejarle ese regalo, salió de su habitación y se fue en dirección a su cuarto para… bueno, tocarse pensado en Adriana, según me dijo. Sí. Alguna clase de extraña emoción se había disparado en su mente tras ver esa revista porno e imaginarse a cinco niñas de no más de once años mirando con curiosidad todas esas posiciones sexuales. Mi hija entre ellas. Tras aquella efímera masturbación, bajó para arreglar la cocina y lavar los cacharros. También metió algo de ropa a la lavadora para adelantar la colada. Limpió muebles y ordenó las fotos que estaban en retratos dentro de unas repisas que las niñas había toqueteados curiosas por saber.

“Prométeme que le enseñarás de todo a nuestra hija” Pensó en las palabras que le  había dicho una vez que la niña le solicitaba, rebelde de no querer nada conmigo.

Suspirando, subió al baño para relajarse en la ducha. Unos minutos más tarde, envuelto sólo con una toalla alrededor de la cintura, decidió entrar al cuarto de Silvia para recuperar la revista. No obstante, antes de poder pasar, oyó sus risas al otro lado de la puerta. Al asomarme, la vio ojeándola. Estaba sobre su cama, todavía envuelta con la toalla y mirando con sonrisas de ingenuidad infantil aquellas imágenes poco ortodoxas para su edad. Y de alguna manera, se emocionó verla así… fue cuando empezó a ver a nuestra hija como un coñito con necesidades de adulta. El pelo ralo le caía a los lados de la cabeza, de un color muy negro y lacio. La piel de alabastro que recorría cada centímetro de su candorosa anatomía se recordaba tanto al satén, que le fue imposible no imaginarse recorriéndola a besos, como otras veces le vi hacer.

Entró al cuarto para sorprenderla. Silvia se quedó congelada y su cara de inmediato adquirió la tonalidad de una manzana madura.

     ¿Qué estás leyendo, princesa? – Preguntó, fingiendo que no lo sabía. Ella cubrió la revista con las manos.

     ¡Nada!

     Anda, déjame ver.

     ¡No!

Se sentó a su lado. La revista estaba debajo de ella y le miraba con ojitos de culpa.
Él le sonrió y sacudió la cabeza para que el agua de la ducha le pringara en la cara, ella rio, y aprovechó ese segundo de distracción para meter mano bajo el torso y quitarle la revista.

     ¡Oye! – Exclamó ella.

     ¡Mmm! Silvia ¿Qué haces leyendo estás cosas? – Le dijo con la menor muestra de enojo posible.

El psicólogo nos había dicho, que quitarles a los niños la curiosidad podría ser malo… Mi nena le observó, sonrojada.

     Sólo… Adriana la trajo y… estaba mirando.

     ¿Te gusta lo que aparece aquí? Riendo nerviosa, asintió.

Ojeó la revista como si fuera la primera vez que la vía… ya la había visto antes.

     ¿Sabes lo que están haciendo? – Le preguntó a la nena.

Ella se sentó a su lado. La toalla se le estaba resbalando.

     Sexo – fue su inocente palabra.

Oírla en la voz de una niña de su edad le produjo un escalofrío incorrecto. Tragó saliva.

     Sí. Sexo.

     ¿Te han enseñado algo sobre eso en la escuela?

Asintió, y entonces, con cautela, señaló una de las fotos. Era de una mujer chupando una polla hasta el fondo de su garganta.

     Esto… ¿qué es?

     Se llama felación – aclaró su padre, avergonzado y con su cuerpo cediendo a un impulso que no debería ser nombrado jamás.

Por alguna razón, no pudo dejar de hablar… tal vez por el afán de aclararle lo que veía.

     La mujer siente placer al recibir el pene de un hombre en la boca. El hombre… también lo disfruta.

     Pensé que… bueno… – se pegó más a él, hasta que su hombro tocó mi brazo.

Fue electricidad lo que sintió mi ex… – La señorita Fernández dijo que el sexo sólo es para tener hijos y no debe hacerse con cualquiera para… divertirse.

Suspiró con decepción. La maestra Fernández provenía de una escuela católica, y siempre andaba de aquí para allá. En especial contra Silvia. Usualmente mi hija no atendía a valores sociales pudorosos, lo cual había causado problemas remangándose la faldita que solía llevar, en otra ocasión anterior era porque la llevaba algo más corta de todas las compañeras, por ello le tuve que bajar el dobladillo unos centímetros. 

     Esta maestra… no debe haber tenido nunca un pene en la boca.

La nena rio, y más animada aun, dio vuelta a la página.

     ¿Y eso que es…?

     Es sexo anal.

Se acomodó en la almohada de su cama, ella se amoldó debajo de su brazo. Su contacto, ambos envueltos con sendas toallas y desnudos debajo de estás, le hizo suspirar en más de una ocasión.

     Pensé que el ano era para…

     No – Le interrumpió antes de terminar – Hombres y mujeres disfrutan siendo… penetrados por ahí… es una forma como otra de disfrutar del sexo.

     ¿Duele? ¿Yo lo haré algún día? Una pregunta tras otra.

Sonrió y la besé la mejilla henchido por la inocencia de nuestra hija.

     Claro, mi amor. Si tú lo deseas, serás penetrada un día de estos y verás cómo te gustará… A mamá le gusta.

     ¿Tú la penetras… por aquí? – Señaló la entrada rectal de aquella modelo. Mi esposo asintió… – ¿Le gusta?

     Sí.

     ¿Cuándo podré hacerlo yo…?

    Hey, tranquila cariño – Le acarició un brazo – Todo a su tiempo. Primero tienes que aprender como es el placer y como obtenerlo para ti. Después, encontrar un hombre que te guste y hacerlo todo el día si quieres. En su momento te daré permiso para salir, siempre y cuando lleves condones.

     Condones – reflexionó – La maestra dijo que no eran buenos.

     Eso es porque ella no sabe ni siquiera como ponerlos.

     No nos quiso mostrar ninguno.

Y en ese momento, como si alguna clase de perversión se apoderara de su mente, sintió el imperioso deseo de mostrarle a Silvia algunas cosas que, más adelante, permitirían tener mejor comunicación con ella. Le dijo que esperara. Fue a nuestro cuarto. Agarró una caja de condones y regresó con ella. Volvió a acomodarse debajo de su brazo.

     Anda, ábrelo.

Ella lo abrió con los dientes. Le dijo que no debía hacerlo así o lo dañaría…estaba aprendiendo. En el momento que ella sacó el preservativo y sintió el lubricante, su sonrisa se ensanchó, y la verga de su padre reaccionó haciendo presión contra la toalla hasta levantarse formando una tienda bajo ella, casi se salía. Silvia siguió jugando con el condón, desdoblándolo y luego, probando el lubricante con la lengua.

     Sabe a… naranja papá…

   Es con sabor para darle gusto a la mujer también. Cuando la mujer chupa, siente el pene más rico todavía.

     Esto ¿cubre tu pene por completo…?

     No todo, lo suficiente – y he aquí donde llegó al límite de lo aceptable.

La desdeñosa cumbre que nadie debería de atreverse a romper, donde los más grandes desafíos a la moral se encuentran, mi ex marido se encontró en la encrucijada de parar o seguir con las enseñanzas que tarde o temprano debíamos enseñarle… decidió continuar.

     ¿Quieres aprender a poner uno?

     Sí – respondió, después de unos segundos.

La miró a los ojos. Casi sentía ganas de llorar al oír como la niña no era tan diferente a las demás niñas de su edad. Poseía las misma inquietudes que todas ellas, o más.

     No le puedes decir a nadie ¿de acuerdo? Solo a mamá.

Quedando el trato sellado, se quitó la toalla. Hele ahí, desnudo con su hija. Su polla ganó tamaño incluso por encima del acostumbrado. Puede que la situación ayudara. El glande sobresalió de una forma esporádica, rosado e hinchado. Los ojos de Silvia estaban puestos en él y tenía los labios entreabiertos. Entonces, alargó una mano para acariciarle las piernas. Con la misma mano, desató el nudo de la toalla. Ella la sostuvo para que no se cayera. Le miró. Sonrió como quien sabe que algo va a pasar, y dejó que la manta descubriera su cuerpo infantil.



El pecho seguía siendo tan plano como antes, pero su coñito era muy carnoso ya esa edad. Se apoyó de las rodillas y se desató la coleta que sostenía su cabello largo. Lo acarició su padre, enredando los dedos en sus mechones. Bajó por su espalda y cintura, hasta posar sus manos en las nalgas. Pequeñas y firmes. Redondas y carnosas. Era una sensación más allá de lo indescriptible para un hombre maduro, acostumbrado a mi culo. Ella no pareció prestarle atención. Las areolas de sus diminutos pezones eran rosadas. Sus ojos acariciaron su vientre plano y terminaron en la fina hendidura de una vagina sin vello, un chochito precioso pelón de muñeca. Tragó saliva de nuevo, y la verga convulsionó, dando un latigazo que a la niña divirtió y la hizo sonreír… se volvió a apoyar a gatas.

     ¿Cómo se pone? – Preguntó curiosa llena de iniciativa, sonriendo.

Sus  dedos continuaban sobándole la parte interna de la raja que separa sus nalgas.

     Abre el otro condón, pero no con los dientes, sino con los dedos tirando de la muesca de la funda… así, Perfecto. Ahora, sin desdoblarlo, colócalo sobre el glande, que es la cabeza del pene.

     Pero es muy gordo… ¿no te dolerá, papi?

     No te preocupes que no me dolerá, pero antes las chicas deben lubricar con su saliva la punta del pene… ¡¿Quieres practicar sexo oral?!¡¿Te gustaría chupar la polla de papá antes de ponerme el condón?! – Preguntó, con cada latido de su pecho yéndose en esa palabra – Así aprendes a hacer las dos cosas a la vez…

Silvia tardó un tiempo que le pareció eterno en darle su respuesta. Esos segundos de duda le hicieron sospechar que todo iba mal en la idea de enseñarle una parte importante de la práctica vinculada al sexo… y cuando iba a largarse de allí, ella asintió. Se acomodó entre mis piernas, con el trasero levantado y dando vista hacia la puerta. Separó los muslos para que ella mirara hasta sus testículos calientes. Con una mano, tomó la base de la polla y con la otra le acarició la mejilla. Silvia lamió el glande con timidez. Once años de crecimiento bastaron para que sintiera el sabor de un hombre, de su padre.

Al sentir su saliva, todo su ser se estremeció de gozo. La tomó de ambas mejillas y guio su cabeza hasta su verga erecta como no recordaba. Vio su boca abrirse, sus labios pequeños y jamás besados ni mancillados, acoplarse al tamaño de la virilidad paterna. Entonces, como si supiera qué hacer, cerró los ojos y envolvió unos cinco o seis centímetros de los dieciocho que le mide el tronco.

     Mueve tu lengua como si se tratase de una piruleta. No te quedes quieta y chupa.

Sin despegarse de él, asintió. Su lengua embarrada de saliva empezó a lamer el frenillo y también la cabeza rosada que se le ofrecía. Mientras tanto, guio sus manos para que le realizara una paja con ellas. Una vez dadas las instrucciones, retiró sus manos dejándola a ella que realizara la mamada con paja, también le indicó que le chupara los huevos hasta sentirse agasajado sin dejar de mirarla. La mandíbula infantil se dilataba para dar cabida al grosor del miembro viril, no muy largo, pero si grueso como el tronco de un árbol centenario. El movimiento de succión hundía sus mejillas, le estaba tomando el gusto a chupar polla. Lenta y sabrosamente, la mamada que mi nena se tomaba con tanta naturalidad y apetito, bastó para quitar de todo abismo de culpa sobre la conciencia de mi ex marido, pensando que tarde o temprano lo iba a aprender con cualquiera… y siempre mejor que tuviese la experiencia con alguien de confianza, y esa siempre ha sido mi opinión también comentada con él muchas veces.

     Cambiemos de posición – Le dijo al fin.

Ella, insegura, se acostó sobre la cama. Entonces procedió a poner las rodillas a los costados de su cara y ofrecerle los testículos colganderos llenos de lefa. Silvia, riendo, sacó la lengua y paseó toda aquella superficie mojada, sobre sus huevos. Era como el paraíso corrompido por un sentimiento disforme. Los ensaliva con lamidas largas dejando un reguero de caracol. Bajo indicaciones se metía los huevos a la boca y los chupeteaba uno a uno… ¡Le enloquecía a su padre! Mientras que ella seguía tan entregada al aprendizaje. Al rato, dirigió la punta de la polla a su garganta. Ella tragó, separando su boca y casi rompiendo sus labios por las comisuras. Movió las caderas de afuera hacia adentro, para que centímetro a centímetro de carne fálica, entrara en aquella suave boca de terciopelo.

     Silvia eres una niña muy guapa y cariñosa… ¡Te amo mi amor! Te amo mucho.

Guía una mano hasta su vagina. Frota. Disfruta. Aprende. Ve cómo se toca la pepita… él le mete un dedo en su rajita, y de pronto gime y ríe al escucharle hablar con esa pasión.
Enredó sus largos dedos sobre su pene, y con la otra, cruzando entre las piernas de su padre, las llevó a su sexo. Se le perla la frente de sudor, y su clítoris traicionero logró dominarla. Su boca se movía con más velocidad, llenando la verga de besos y mordidas que prometían un futuro lleno de deleite. Pensamos que los videos porno no son tan malos si mi hija ha aprendido de ellos a manejarse tan bien con una polla de tal calibre.

La miró con algo muy similar al amor que siente un hombre por su amante. Le acarició las mejillas y dejó que su pelo, largo hasta los hombros, se le pegara a la cara al mojarse por el sudor que despedía su propia frente, estando ambos tan anudados por el deseo carnal. Había demasiado calor en ese cuarto. Un hombre de treinta y cinco años, enfrentándose a una niña de once, no era algo muy habitual que le pase a uno macho en la vida. Alguien debería de arrepentirse de la perfidia cometida allí. No obstante ella lo disfrutaba.

Después de mamar un rato, Silvia dijo que estaba cansada de esa posición. Así pues, le enseñó que ella también podría sentir ese placer. La tomó de las piernas y la elevó con sus fuertes brazos. Ella rio a carcajadas en cuanto colocó sus piernas en los hombros y su cabeza casi tocando el techo, en una alarde de malabarismo circense. Se agarró a la cabeza de su padre en simulada sentadilla sobre sus hombros, y su vagina quedó justo a la altura de la boca de él… probó de ella. Apenas había lubricación en el despertar de un sexo siendo invadido por primera vez. Mantuvo el equilibrio pegando a mi hija contra la pared. Ella arriba, con las manos sobre el cráneo y sus piernas cayendo sobre la espalda de su padre apoyadas en los hombros.

Su voz era una amalgama de gemidos y risas. De suspiros y de palabras entrecortadas. Lamió el estrecho agujero sin penetrar. Bebió de sus fluidos casi infantiles y mordió los labios que permanecían cerrados como una flor… se mantuvo así comiéndole el coñito durante un buen rato. Su lengua horadaba la rajita, llegando a su interior, a su entrada vaginal y a un clítoris nada común en una niña de once años. Luego de eso, la llevó de vuelta a la cama. La dejó caer. Riendo todavía.

Silvia dejó que se montara sobre ella… su cuerpecito frente al de su padre, era comparable a una perrita Chihuahua montada por un macho Gran Danés. No era la imagen más cómoda del mundo para mi hija, así que giraron. Ella ahora sobre él. Su vagina mojada por su boca se paseó sobre la verga. Esta convulsionó, y tal movimiento lo percibió mi niña… rieron. Tomándola de la cintura, comenzó a besar a mi pequeña. La chica se sorprendió ante la irrupción de los labios de su padre con los suyos de una manera tan ostentosa, no era el habitual piquito que se daban siempre. Fueron besos inexpertos metiendo la lengua en su boquita, pronto ella le imitó y se la chupó, ella hizo lo mismo con la de su padre en un beso francés.

Mi hija aprendía a marchas forzadas, tomas las formas y los tiempos mucho mejor que ninguna otra chica con la que estuvo enseñando… durante los besos con lengua disfrutando de su saliva, acarició su espalda y sus nalgas. Separó las carnes que escondían su ano y permitió que le introdujera un dedo dentro de ella. La nena no se quejó. Le había gustado la sensación de la incursión anal. Pensó en las veces que la aseó de pequeña y acarició todas esas zonas erógenas con otra finalidad a la sexual. La besó un poco más y una vez tuvo dos falanges dentro, empezó a mover dentro de su anito. Silvia aguantó bien esas primeras sensaciones provocativas. Jadeó y ella sola empezó a mover la cintura, víctima de alguna clase de emoción placentera que destellaba en sus entrañas.

La boca de una niña es especial. Sabe de una forma que nunca podría demostrar ni con el libro más complejo de sexo… es un sabor dulce, tierno, sabroso sin llegar a ser ácido ni muy salado. Sacó el dedo de su ano estrecho y le acarició la espalda, arañándola con suavidad. Ella se frotó más fuerte restregando el clítoris, emulando la escena vista en la revista. Jadeó su padre. Se echó para atrás la niña, y le pareció tremendo sentir sus tetas abultando, cual dos ojivas perfectas y vírgenes. Acarició esos tiernos brotes de sus tetas que formaban los endurecidos pezones erectos de mi niña. Luego sintió su vagina aprisionando la dura polla de mi ex marido… Tomándola de la cintura, hizo que el ritmo aumentara y la fricción terminó por hacerla reír y gemir a la vez que tenía su primer orgasmo. Un orgasmo infantil, si eso existiese. Derribaron la penúltima línea defensiva de toda la moralidad entre padre e hija. Su carita bañada de sudor, enrojeció. Sus manos minúsculas eran como patitas de insecto sobre mis pectorales.

Su padre, como era natural, no había terminado de experimentar todo el placer.

     Lame – le pidió indicando con la vista la polla palpitando de lo dura que se hallaba.

Ella no dijo nada. Acató la orden y se apoderó de su verga. Una mano le pajeaba, la otra, buscaba el ano de su padre para explorarlo con toda la palma sosteniéndome los testículos. Levantó las caderas para dejarle el acceso libre. Ella tosió al atragantarse con el cipote, pero se recuperó y volvió al ataque. Cada vaivén de su cara iba acompañado de una estimulación hacia la próstata.



Ella no lo sabía, solo hizo lo mismo que él realizó a ella por mimetismo a su padre. Tras tanto tiempo soportando tanta estimulación, el orgasmo del semental no se hizo esperar mucho más, y mi niña provocó la deseada eyaculación dentro de ella. Darle de beber su  semen a Silvia casi la asustó. Se mantuvo unos segundos más rellenado la boca de lefa… cuando la liberó, se separó abriendo los ojos y respirando. Abrió la boca, y unos hilos de esperma caliente resbalaron por sus labios. Se dio prisa en recoger esos hilos blancos cayendo a modo de estalactitas, y los volvió a meter dentro de su garganta. El dedo que le exploraba entró más. Rio. Tras tomar aire, se enchufó de nuevo a su polla, y siguió chupando de ella durante un rato más, desesperada al ver que comenzaba a reducir el tamaño fálico. Incluso frunció las cejas, decepcionada o frustrada de sí misma.

     ¿Qué pasó papi…? ¿No lo he hecho bien…? – Preguntó al fin, acomodándose sobre el pecho de su padre un poco preocupada por no haber aprendido correctamente la lección.

     No cariño, al contrario… lo que ha ocurrido es lo que pasa, cuando la mujer hace bien su trabajo, y tú lo has hecho maravillosamente bien.

     ¿Entonces lo hice bien? Grito emocionada.

     De maravilla.

     ¿Y el condón, en qué momento te lo pongo?

Mi ex marido se echó unas risas ante la inocencia de nuestra hija… Le besó las tetas, sus mejillas, su boca. Se la comió de la emoción y alegría de haber compartido algo tan íntimo

     Creo que su uso lo tenemos que dejar para otra ocasión, para seguir aprendiendo…

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