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miércoles, 24 de febrero de 2021

Idolatría a una MADRE. Final

 


CAPÍTULO 10

MI PRIMERA VEZ, NUESTRA PRIMERA VEZ

Al verla llegar, corrí a la cocina para poner a calentar la comida, puse el tiempo necesario, y ya que se trataba de un horno eléctrico no tendría que preocuparme en apagarlo. Escuché abrirse la puerta de la casa, yo la esperaba escondido y veía desde la cocina el momento oportuno para salir a su encuentro.

Sofía entró en la casa, e instintivamente, colgó las llaves en su lugar, depositó sus pertenencias en el sillón más cercano, y se disponía a buscar el otro sillón más grande para sentarse, cuando se paró en seco al ver en la mesa central de la sala el jarrón con las rosas. Se acercó lentamente a verlas, las acariciaba e incluso se apegó para sentir su aroma, buscó si entre ellas había alguna tarjeta, pero no encontró nada. Levantó su mirada para buscarme por ahí, o tal vez para ver que más de novedades podía encontrar, cuando miró a la mesa de la sala.

Puso cara de sorpresa al ver que la mesa estaba muy bien arreglada, repasó los detalles, la posición de los cubiertos, las velas, las copas y hasta el vino en su jarra con hielo, mientras con su mano acomodaba un poco el mantel que yo había escogido para la ocasión, nuevamente giró en mi búsqueda, me encontró de pie en la puerta de la cocina, mirándola…. Hubiese dado lo que fuera por saber que pensaba en ese momento, solo pude ver sonrojarse su rostro mientras no podía ocultar un especial brillo en sus ojos. Yo me acerque a ella despacio, muy despacio, como para que pudiera apreciar cómo estaba vestido para ella.

— Hola, le dije, ¿qué tal te fue?

— Hola cariño, me respondió. – Todo salió muy bien, quedó todo listo para la negociación que te había comentado.

— ¿Te gusta lo que he preparado para ti?, le pregunté

— y, ¿a qué se debe todo esto?, me preguntó

— Pues…, hice una pausa. – Sabes que te quiero tanto y solo quería tener un detalle contigo, me imaginaba que estarías exhausta después del trabajo en fin de semana y sobre todo luego de la fiesta de anoche, así que se me ocurrió prepararte una sorpresa. Sofía solo me miraba y sin decía nada… — Pero dime ¿te gusta?, le pregunté.

— Por supuesto

— ¿Te han gustado las rosas?

— Sabes, las rosas son mi flor favorita.

— Dime si también acerté en esto… mientras encendía el equipo de música con el control remoto, y empezaba un set de música romántica.

— Wow, le veía estremecerse al escuchar la música que empezaba a sonar.

— Tengo preparada una cena especial para ti, ven siéntate, le dije, mientras le ofrecía la silla en la mesa para que tomara asiento.

Ella se acercó a la silla y la acomodé, como quedé a sus espaldas al sentarse ella, le puse mis manos sobre sus hombros, y mientras le hacia una especie de masaje…

— Mmm, parece que estás un poquito estresada, si tú quieres luego te doy un masaje, mientras ella parecía desleírse por lo que estaba haciendo.

Luego me fui a la cocina para servir la comida, lo hice y acomodé lo mejor que pude, quería todo perfecto, en un momento salía de la cocina con los dos platos de comida, y pude ver a Sofía que me miraba desde su puesto, y tenía sus codos apoyados en la mesa, y su quijada sobre sus manos entrelazadas, a modo de pedestal, tenía las piernas cruzadas y se encontraba ligeramente inclinada hacia delante, como disfrutando que la atendiera. Serví los platos y la invité a comer, mientras le servía una copa de vino.

— Celebremos.

— Y ¿Cuál es el motivo?

— Nosotros

— Perfecto, e hizo una seña de aprobación y levantaba su copa.

Chocaron nuestras copas y nos dispusimos a cenar, le encantó la comida, y mientras nos servíamos el alimento conversábamos de las novedades que le habían pasado hoy en la reunión de trabajo, yo le contaba lo que hice durante su ausencia. Brindamos unas veces más y nos reíamos como si fuéramos dos adolescentes enamorados. En ningún momento le mencioné nada de lo ocurrido la noche anterior. Terminamos de cenar y Sofía se estiró desde su silla como desperezándose, y pude ver como su pecho se extendía como si de una invitación a acercarme se tratara.

— Veo que estás cansada ¿te doy el masaje prometido?

— Creo que si lo necesito… pero vamos a arriba para cambiarme de ropa de una vez. Todo estuvo delicioso, y han sido muy bonitos los detalles que has tenido conmigo, sabes, jamás nadie se había portado así conmigo.

Nos dirigimos al piso de arriba, llevaba conmigo la música que había preparado ya que Sofía me lo sugirió. Entramos en su habitación y coloqué la música en un pequeño equipo que Sofía tenía en su cuarto, empezó a sonar una canción un tanto movida, no seque hacia allí esa canción, pero ella empezó como a moverse en un sensual baile, al ritmo de la canción. Me invitó que la acompañara. Bailábamos juntos al ritmo de la música, Sofía se me apegó más y puso mis manos sobre sus hombros y las suyas tomaban mi cintura.

Todo era un sueño para mí. Luego subió sus brazos por entre los míos y puso los suyos alrededor de mi cuello, obligándome a soltar mis brazos de su cuello y que se deslizaran por su espalda hasta su cintura, mientras seguíamos bailando lentamente. Al verla dispuesta a todo, me enamoraba más. Sofía no necesitaba fingir ser sensual, era algo que se le daba naturalmente en ella. Apegamos nuestras frentes, y mantuvimos la postura tomada por un momento.

— Sabes cariño, anoche no estaba totalmente ebria, ni tampoco dormida. Pude darme cuenta de uno de tus movimientos, sentí como me abrazabas de la cintura para que no me cayera y percibí tus dudas mientras me cargabas en brazos y subías por las escaleras, te lo agradecí sinceramente y por eso te di un beso.

Yo la escuchaba en silencio, mientras manteníamos el ritmo del baile.

— Sentí como me depositabas en la cama, y te quedabas mirándome, quería ver si intentabas aprovecharte de la situación, pero me sorprendiste al respetarme en cada momento. Me dejaste como una loca cuando cubriste mi cuerpo con la sábana y el edredón y te fuiste a tu habitación, no intentaste siquiera pasar tu mano por alguna parte de mi cuerpo, me encantó la forma como acariciaste mis pies al sacarme los zapatos.

Me estaba poniendo a prueba, pensé, y por lo visto la había aprobado.

— Así que creo que te has ganado esto…,

Pasó sus manos por mi pecho, acariciándolos de una manera evidentemente sensual. Yo intenté hacer lo mismo, y solté su cuello para bajar mis manos a sus tetas, pero ella sutilmente retiró mis manos, y se separó un poco de mí, bailando sensualmente y mordiéndose los labios. Caminó por un costado mío, moviendo sensualmente sus caderas, mientras empezaba a abrirse cada uno de los botones de la blusa que llevaba puesta. De vez en cuando me regalaba una sonrisa pícara.

Me quedé de pie, mientras la veía atónito seducirme de esa manera. Se puso junto al pie de su cama, y continuaba abriéndose la blusa. Yo solo atinaba mirarla con una cara de deseo única y crucé mis brazos a modo de darme un abrazo yo mismo.

Sofía terminó de abrirse la blusa y pude ver a flote esas firmes y hermosas tetas que tenía, llevaba puesto un sujetador negro muy sexy, sin quitarse completamente la blusa, intentó desabrocharse la falda desde la parte de atrás pero no pudo hacerlo, sería tal vez por el nerviosismo, intentó entonces bajarse la falda, pero no bajaría si no se la desabrochaba primero. Entonces como que se dio por vencida, bajó su mirada mientras cruzaba los costados de su blusa y se tapaba, a la vez que se sentaba en el filo de la cama

— Lo siento, no soy muy buena para esto, con voz desdichada.

Yo me acerqué a ella y me puse de rodillas a sus pies, mientras la cogía por los brazos y mirándola a la cara.

— Lo que más me encanta es mirarte, eso es lo único que importa. Mientras mantenía mi posición y ella colocaba sus manos sobre mi pecho. Bajé mis brazos a su cintura. Sofía puso su mano en mi rostro con una dulzura única… — No te preocupes, es nuestra primera vez y todo lo que hagas será perfecto.

— Es cierto… es nuestra primera vez…

— Yo quiero que sea inolvidable.

— Será inolvidable, afirmó, mientras empezaba a desabrochar mi camisa.

— Te amo, le dije mientras me acercaba a ella y la besaba

Sin dejar de besarnos, nos pusimos de pie, y Sofía terminaba de zafarme los botones de la camisa, y me la iba sacando de a poco, yo hacía lo mismo con su blusa ya abierta, mientras dejaba de besar su boca, para pasar a su cuello.

Pronto estábamos sin camisa y blusa respectivamente, mientras seguíamos besándonos ella acariciaba mi pecho, y mis manos recorrían su espalda en busca del broche de su sujetador. A la vez podía sentir el roce de sus pechos cubiertos por el sujetar en mi pecho, era excitante. Me costó encontrar el broche del sujetador, pero se soltó al fin. Se lo saqué de un tirón y nos quedamos de pechos completamente desnudos muy pegados, mientras seguíamos besándonos apasionadamente, y acariciándonos por todos lados de una forma muy delicada y sensual.

Sentía que su lengua con furia intentaba penetrar mi boca y jugar con mi lengua, a la cual intentaba como levantar, enredar y hacer a un lado. Ese momento habíamos dejado de ser madre e hijo para siempre, y empezábamos a ser un hombre y una mujer que se amaban, empezábamos a dar rienda suelta a nuestra pasión y deseo.

La sentía ronroneando de placer como una gatita, y su cuerpo estremecerse entre mis manos, continuábamos besándonos y acariciándonos, mientras yo bajé mis manos hacia la parte posterior de su falda, la zafé y abrí para que Sofía pudiera bajársela de una manera muy sexy, mientras yo continuaba besándola por todas partes de su cuello y tetas, que volvían a ser míos desde aquella última vez que me dio de lactar cuando bebé. Metía cada uno de sus tetas en mi boca, y por más que la abría no podía abarcar tan deliciosa parte, besaba y acariciaba con mis labios sus pezones, los cuales empezaban a crecer.

Sofía se soltó la falda, la cual cayó por su propio peso al suelo, bajé mis manos y sentí sus caderas casi desnudas, cubiertas por las medias de nylon negro que llevaba, y entre caricias, metí mis manos entre las medias y su cuerpo, y empecé a bajarlas, pude notar que llevaba puesta un tanga negro, que hacían juego con el sujetador que hace rato había zafado. Le ayudé a sacarse sus zapatos y quitarse las medias, mientras acariciaba sus piernas y muslos, a la vez que daba besos por su ombligo y desde la posición en la que estaba subí mis manos a sus tangas, para bajarlas de una vez.

Pude ver su vagina, aquella vagina por la que había salido años atrás, ahora estaba a mi disposición para hacerla mi mujer. La llevaba con sus vellos púbicos cortados, no depilados, pero sí muy cortos y cuidados completamente diáfanos donde su piel resaltaba sobre el fino vello, y para mi sorpresa descubrí su tatuaje que formaban un montón de garabatos que era la descripción de una postura del “Kamasutra” escrito en sánscrito, concretamente, “postura de la caña”, donde el hombre está de rodillas y la mujer acostada bocarriba. La mujer arquea completamente la espalda y cintura, para poder colocar así la vagina en el ángulo perfecto de penetración. El hombre la sujeta por las caderas, y la penetra vigorosamente, al tiempo que observa las reacciones de ella.

En esa postura es como me engendro, y por eso se lo tatuó de por vida. Podía ver como se empezaba a mojarse de placer. Ella me separó solo con la intención de ponerme de pie y desabrochar mi pantalón, hizo lo mismo con mis calzones, finalmente estábamos los dos como Dios nos trajo al mundo de pie, uno frente al otro, la levanté de la cintura mientras la besaba y ella subía sus piernas a mi cintura y me abrazaba con ellas, la tomé de sus caderas y espalda, y la dejé reposar en la cama, mientras yo encima de ella empezaba a acariciar todo su cuerpo, sin dejar de besarla. No había cruce de palabras, no hacían falta.

Ahora podía apreciar de mejor forma su cuerpo, disfrutaba de sus tetas, tan redondos, tan perfectos, podía ver que eran del tamaño exacto para llenar toda mi mano, besaba su areola y su pezón empezaba a crecer cada vez más cuando los besaba y acariciaba, mi miembro estaba a punto de explotar de lo grande que estaba, no dejaba de besarla y acariciar su cabello, mirar su cara toda sonrojada, sus ojos tenían un brillo muy especial, mientras que sus labios se habían tornado de un color rosado totalmente excitantes.

Continué besando un poco más abajo, llegué a su ombligo y mientras lo besaba y metía mi lengua en él, bajaba mis manos por su cuerpo hasta llegar a su vagina, seguí besando un poco más abajo. Pude notar unas estrías alrededor de su cintura, producto de haber estado preñada alguna vez. Estaba llegando con mis besos al lugar que alguna vez me vio nacer, a pesar de que no estaba depilado, y sus vellos cubrían solo el pubis de rincón del mundo prohibido, podía apreciar como de ella empezaban a salir flujos de excitación. Sofía gemía de placer cada vez más, mientras sus manos jugaban con mi pelo.

Tenía su cara colorada de excitación, y como que se preparaba a lo que venía a continuación, le abrí las piernas y comencé a besar el contorno de su vagina, a lamer sus vellos púbicos, y buscar tocar con mi nariz la entrada a su vagina, ella se estremecía ante cada movimiento que yo realizaba, me agarraba del cabello queriendo arrancármelo, en un momento pude ver su rostro y me di cuenta que tenía los ojos cerrados, se mordía los labios y soltando mi cabello de vez en cuando con sus propias manos se acariciaba a la vez el cabello y con la otra tocaba sus senos de forma excitante. Mis manos la agarraban de sus amplias caderas mientras continuaba con mi juego, como si estuviese devorando una sandía muy jugosa.

Esto me excitó mucho más y empecé a subir por su cuerpo en busca de sus labios, Sofía abrió sus ojos y con un brillo que jamás había visto en ellos, me transmitía su vida en cada mirada. Parecía que quería decirme algo, pero no le salían las palabras. Sofía me acercaba hacia ella con sus brazos en mi cuello y me atrapaba con sus piernas por la cintura…. Me coloqué sobre ella, pude sentir como mi verga se ponía sobre su vagina, no en posición de entrar sino de recostarse sobre ella, mientras seguíamos con nuestros besos que poco a poco se volvían más apasionados, mis manos recorrían sus tetas, su cintura y se quedaban en sus caderas.

Sus manos poco a poco iban apretando mi espalda y en momentos me clavaba sus uñas y sentía que era una forma de desahogar lo que estaba sintiendo. Eso me excitaba tanto que yo solo la apretaba más hacia mí. Abrí sus piernas nuevamente, e intenté dirigir mi falo a su vagina, ya se encontraba mojado de líquido pre seminal, y estaba a punto de estallar, quería hacerlo dentro de ella… no aguantaba más, topé la entrada de su coño con mi glande, cuando Sofía me dijo que quería estar arriba sobre mí.

Me recosté a su lado y ella rápidamente se subió encima, parecía una gata excitada, su respiración estaba muy acelerada, la mía igual, continuaba abrazándola y besándola, acariciaba su figura la recorría desde su espalda, bajaba por su cintura, pasaba por sus caderas y acariciaba sus muslos hasta donde el largo de mis brazos me lo permitía, ahora mis manos podían sentir sus anchas caderas en toda sus plenitud, rozaba mi mazo con su vulva hinchada y caliente… ese roce era delicioso, ella acariciaba mi rostro, bajaba sus manos por mi pecho hasta llegar a mi polla, cuando la encontraba, la agarraba a mano llena y empezaba a masturbarme. Repetía esto uno y otra vez.

Que sabroso lo que ella me hacía, jamás hubiera imaginado estar en una situación así, mucho menos con Sofía, no se parecía en nada el placer que sentía en la más loca de mis fantasías... las incontables sesiones de masturbación en su nombre, parecían niñerías y una verdadera pérdida de tiempo frente a esto.

Intenté hacer lo mismo y busqué con mi mano derecha la raja de su coñito, quería darle el mismo placer que ella me daba a mí, su entrada estaba mojada y pude sentir su clítoris grande por la excitación. Logré introducir mi dedo corzón, el cual intentaba excitarla a la vez que trataba de ser lo más dulce y delicado posible, Sofía había empezado a gemir de placer con más fuerza, hasta podía sentir que de vez en cuando lanzaba un grito ahogado y veía como su mirada se perdía a la vez sentía que ya no podía más.

De pronto, se detuvo, se incorporó sobre mí, primero acomodó y luego se sentó sobre mi mástil arrodillada como estaba sobre mí, se levantó un poco para dirigirlo a la entrada de su vagina, yo quería introducírselo de una sola vez, pero pronto comprendí que era ella quien quería llevar el ritmo de las cosas, se lo fue introduciendo poco a poco, se lo sacaba nuevamente y empezaba a introducirlo un poco más. Parecía que al inicio le dolía, pero continuaba, seguramente su vagina estaba estrecha por la cantidad de años que no había tenido sexo, y para mí era como si ella fuera virgen y entraba en ella por primera vez, en cierto modo lo era. La sensibilidad de mi glande percibía cada una de sus rugosidades internas, a la vez que me parecía que su vagina me apretaba e intentaba succionármelo, era delicioso. A mí también me dolía mi cipote, pensaba que ya no podía crecer más de los 18 cm por 5 de ancho… lograba verlo lleno de venas muy gruesas e inflamadas, brillantes del líquido que su vagina emanaba. Sofía muy sensual, se mordía los labios.

Ya cuando logró sentir que todo mi vergazo estaba dentro de ella, por una última vez se lo sacó entero y se lo introdujo completo en un solo sentón…, entonces empezó una serie de movimientos de entrada y salida hasta la mitad de mi miembro, sus gemido aumentaban en fuerza y cantidad, sus manos sobre mi pecho y ella sentada sobre mí, botaba su cabeza hacia atrás y hacia delante, cuando estaba hacia delante sus cabellos cubrían todo su rostro, los combinaba de vez en cuando con movimientos laterales a manera de dibujar una circunferencia con su pelvis mientras mi verga estaba completamente dentro de su útero. En ocasiones subía su mano a su boca, se lamía sus dedos y uno de ellos quedaba colgando de ella, en otras se cogía del cabello como que quería arrancárselo ella misma, no sabía cómo desahogar lo que sentía, ya sé que he usado esta frase muchas veces, pero era lo más delicioso que he sentido en mi vida. Colocaba mis manos en sus tetas y sentada como estaba era una hermosa visión la que tenía frente a mí, yo bajaba mis manos a sus caderas para sentir el ritmo que le ponía en cada movimiento. Me encantaba sentirla toda, acariciar su piel que ahora me parecía aterciopelada, me erizaba el vello solo de sentir su figura en mis yemas dactilares.

En un momento de esos se recostó sobre mí, sin sacar mi polla de ella, estiró sus piernas por mis costados, me abrazó por detrás del cuello y me dijo que la abrazara también, mientras buscaba mi boca y me besaba desaforadamente, para luego colocar su cara junto a la mía y me abrazaba lo más fuerte que podía, sus movimientos pélvicos habían tomado una rapidez y fuerza únicas casi espasmódicas…. Sentía que estábamos a punto de explotar, sentí que los dos nos corríamos a la vez. Dicen que los orgasmos prohibidos son los más inolvidables, estoy seguro que a esto se referían, o que lo dijo alguien en nuestra misma situación actual.

Los dos explotamos como un volcán en erupción, mientras decíamos cuánto nos amábamos. Nuestras bocas se unieron comiéndonos con lujuria, mi lengua dentro de su boca en lucha con su lengua, me mamaba la lengua queriéndolo todo del otro. Mi verga se revelaba queriendo explotar, sentía como me subía la leche y de pronto percibí la salida de un chorro de líquido seminal y la llenaba toda. En su rostro noté que ella también los sintió, un segundo aldabonazo de leche fue a estamparse contra su fondo vaginal y la sonrisa de mamá recibiendo la inseminación de su hijo era un sol brillando de felicidad. Unidos por nuestras bocas y por nuestros genitales, no podía haber mejor acoplamiento entre ambos cuerpos.

La sujetaba de sus caderas para que no se desprendiera de mí, mientras que ella se retorcía y mordía con desesperación mis labios, mi pecho y cuello. Empecé a sentir los fuertes espasmos de mi orgasmo y sentía que su vagina quería absorberme hasta la última gota. Finalmente percibí también que me mojaba completamente con sus líquidos que de ella emanaban mezclados con mi propio semen. Habíamos llegado juntos al clímax más absoluto… lo curioso es que eso solo se consigue rara vez cuando ambos amantes están en completa sintonía física y anímica.

Tras siete u ocho chorros de lefa espesa, mi polla fue perdiendo rigidez, todavía seguía dentro de mi madre, hasta que exhausta se resbaló recostándose junto a mí. Mis genitales se veían completamente mojados, tanto mi polla como mis huevos y, de la raja de su vagina veía chorrear un espeso hilo de mi semen, me había descargado como nunca dentro de ella, ciertamente mis testículos llevaban acumulados más de una semana de esperma. Fue maravilloso, sentía mi cuerpo sudado y exhausto, igual que el de ella. Nuestra respiración era agitada, pero a la vez acompasada, pude observar en su rostro una sonrisa de satisfacción indescriptible, yo estaba igual. Me llamaba la atención unas lágrimas que le caían por los costados, pero eran lágrimas de felicidad.

— Eres fantástica, le dije… – Mucho mejor que cualquier fantasía.

— Tú eres delicioso, me sentía morir cariño, me contestó entrecortadamente.

— Me has hecho el hombre más feliz de este mundo… si a partir de ahora se acabara el mundo no me importaría, porque hoy he alcanzado la gloria amando a un ángel.

— Y tú has despertado en mis sensaciones que creía muertas. Mientras se giraba un poco y me daba un beso sutil pero muy delicioso en la boca. – ¡¡Abrázame!!, dijo finalmente mientras se ponía de lado y me daba la espalda.

Yo me acerqué a ella, y la abracé colocando un brazo por debajo de su cuello y el otro a la altura de su vientre, apegué mi cuerpo al suyo, mi miembro aunque flácido se acomodaba entre sus piernas y su cadera. Besé su cuello… — Te amo

— Y Yo a ti, de millones de maneras que no te podría explicar, solo demostrar, respondió

Nos quedamos así por mucho tiempo, podía acomodar mi brazo sobre ella, acariciaba su cuerpo dejando mi mano sobre una de sus tetas o bajarla y tocar la entrada de su vagina, hasta que finalmente logré acomodarla por su cintura. Era una posición que me permitía brindarle seguridad y cariño, nos daba tanto placer estar así, de hecho nos quedamos dormidos en esa posición hasta el otro día.

Desde ese momento, y de forma definitiva, enterramos en el pasado la relación madre e hijo, y empezábamos, no sé por cuanto tiempo, una relación de amantes, en la cual yo pondría todo lo que estuviera a mi alcance para que fuéramos felices.

 


CAPÍTULO 11

ACLARANDO ALGUNAS COSAS.

Dormir abrazado a la mujer que amas, tras haber hecho el amor, es la sensación más gratificante que uno pueda experimentar, no sé cuánto tiempo estuvimos en esa misma posición, pero llegó un momento en el que el frío de la noche y nuestros cuerpos desnudos hicieran que me despertara. Con toda delicadeza saqué mi brazo debajo de Sofía, procurando no despertarla, ella permanecía dormida, me incorporé y fui a buscar una manta de terciopelo para cubrirnos, ya que no podía utilizar las de la cama, pues habíamos hecho el amor sobre las mismas, y no quería despertarla intentando sacarlas.

Regresé con la manta, y cubrí el cuerpo de Sofía, su rostro reflejaba una sonrisa y satisfacción completa. Por el momento todavía no podía asimilar todo lo que había pasado, esa mujer había sido mía, y no de la manera en que yo me imaginaba, sino de una completamente distinta, con el alma. Fue mi primera vez, y con la mujer más dulce y ardiente que podría haber imaginado. Me recosté junto a ella, y por debajo de la manta acariciaba su hermoso cuerpo, no con lujuria, sino con cariño.

Mis ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad de la noche, me permitía observar a mi amante y contemplarla dormir. Jugué un momento con sus cabellos, mientras acariciaba su rostro, y bajaba mi mano hasta tocar su boca, esa boca que hace poco me había besado incontables ocasiones, la misma que me comía con lujuria. La abracé de nuevo, y ella se acomodó a mí cuerpo. Me quedé dormido otra vez, verdaderamente amaba a esta mujer, como pude tenerla tanto tiempo junto a mí y no disfrutarla como lo hacía ahora, es en lo que pensaba mientras caía dormido a su lado.

Llegó el amanecer, y prácticamente no nos habíamos movido un centímetro de nuestra posición y despertamos abrazados.

— Hola cariño, me dijo dulcemente, ¿cómo has amanecido?, mientras se daba cuenta que ahora estábamos arropados.

— Hola mi vida, salió de mi boca, mientras la abrazaba más fuerte, y sentía estremecer su cuerpo.

Como todas las mañanas, y a todos los hombres nos pasa, pero sobre todo al sentir ese cuerpo escultural desnudo junto a mí, mi miembro empezó a ponerse de pie. Sofía se dio cuenta ya que todavía estaba pegado a ella y mi verga comenzó a ponerse dura como piedra entre sus piernas.

— Veo que tu amiguito también se ha despertado, me dijo con voz pícara, mientras se soltaba de mis brazos y se daba vuelta para quedar frente a mí.

— Es que ha sentido la presencia de su dueña, y quiere saludarla.

En eso Sofía bajo su mano derecha y tomó mi rabo con su mano y empezó a darle ánimos para que despierte completamente. Mientras que su boca buscaba la mía y empezábamos una sesión de besos dulces que poco a poco fueron convirtiéndose en apasionados, húmedos y lascivos. Mis manos acariciaban su cuerpo y una de ellas empezaba a buscar la vulva de preciosa vagina para hacerla disfrutar también…mi objetivo era su clítoris. Estuvimos un momento jugando así, hasta que yo ya me veía correrme nuevamente de continuar por el camino de la masturbación.

— Quiero hacerte mía otra vez.

— Ya soy tuya, cariño, me dijo muy sensual y sosegada, yo diría que sumisa. – No tienes que pedir permiso para tenerme, seré tuya cuando quieras, donde quieras y cuanto quieras, mientras seguía besándome.

Esto me excitó mucho más y la puse en posición boca arriba, mientras le decía…

— Ahora me toca arriba amor.

— Como tú quieras cariño, me contestó. – Así es como te engendré… lo describo aquí en mi pubis en sanscrito. ¡¡Preñarme de ti ha sido lo mejor que me han hecho en mi vida!!

Me quedé alucinando. Así que subido no completamente sobre ella, la seguía besando y acariciaba su cuerpo, desde sus pies subía mi mano, apreciando cada una de sus curvas hasta llegar a su cuello, mientras la besaba de maneras que no había imaginado siquiera. En un momento dado, y debido a mi calentura, abrí sus piernas y me coloqué encima de mamá, solo quería penetrarla, pero faltaría lubricación, pensaba, y regresé a ver su vagina, la cual estaba muy mojada de excitación, estaba lista, pensé.

Dirigí mi miembro a la abertura de su vagina, y ella como si de unos labios se trataran, me recibió como con un beso, mi ariete encabezado por el glande hinchado y descapullado se abría paso gracias a los movimientos de cadera que empezaba a hacer. Ya había aprendido que no se puede ingresar de una sola vez, que debo hacerlo despacio, poco a poco, meter y sacar, meter y sacar, expandiendo la grieta enjuta de mi amor

En poco tiempo ya estaba dentro de ella completamente, podía sentir como mis testículos tocaban su inflamada vulva. El bombeo no se detenía, trataba de imponer un ritmo pausado, para disfrutar más. Las caricias eran por todo nuestro cuerpo, y los besos no paraban de lado y lado, Sofía empezaba a gemir tal y como lo hizo anoche, pero esta vez, yo la acompañaba, no sabía que yo también podía gemir así. Estábamos haciendo el amor por segunda ocasión, y esta vez era un mañanero. Muy delicioso, duró lo que debía durar, disfrutábamos juntos de lo que hacíamos, nada era forzado. Pronto sentía que ya no podía aguantar más…

— No aguanto más mamá, ¡¡Voy a explotar!! Siento no poder aguantarlo por más tiempo.

Ante eso, Sofía, solo me abrazó muy fuerte, y con sus piernas trató de abrazarme y sujetarme las piernas, como para que no me saliera, yo por mi lado trataba de mantenerme lo  más dentro de ella, y… – No te preocupes por eso, me halagas con tu premura ¡Eso significa que te excito mucho! ¡Te gusta follarme y me enorgulleces amor! Explotamos, nuevamente juntos, maravilloso… – A mí también me pones a mil… ¡Ummm!

Comencé a eyacular y ella a convulsionar casi a la par, era imposible que aquello volviese a ocurrir, pero estaba sucediendo corriéndonos a la vez. Bien dentro de ella eyaculaba todo el resto de semen que pudiera quedar en mis huevos, ella me apretaba con sus paredes vaginales succionando todo mi cipote. Nos quedamos abrazados, yo todavía dentro de ella, mi polla no desfallecía completamente.

— Eres perfecto cariño, te amo. No sé qué es lo que me haces pero me vuelves loca.

— Yo te amo más y más loco por una mujer, no hay ningún hombre en el planeta.

— Ha sido delicioso, pero por favor sal despacio, no estoy acostumbrada a estas batallas sexuales, y mucho menos tan seguidas, y que decir que tengo que adaptarme a tu miembro, a su forma, grosor y envergadura, mientras me daba muchos besos en la boca. – Tienes una verga preciosa y saber muy bien cómo usarla dentro de tu madre.

Obedecí, y salí de ella despacio, lentamente, veía como mi estoque salía completamente mojado, su vagina se parecía a unos labios que chupaban un helado mientras se lo sacaba lentamente, al salir por completo se quedaron unidos por hilos de semen y fluidos vaginales. Ambos observamos la operación tan excitante como morbosa… el coño de una madre recién llenado por la verga de su hijo.

Permanecía recostado de lado junto a ella, mientras que de vez en cuando le daba besos y seguía acariciándola, estábamos muy agitados por lo que acababa de ocurrir. Poco a poco fuimos calmando nuestros ánimos y ya era hora de levantarnos. Nos duchamos por separado, y nos cambiamos de ropa, yo me puse algo un poco más informal, más bien deportivo, Sofía por su parte hacía lo mismo, un calentador y una camiseta blanca que marcaba sus tetas.

Preparamos juntos el desayuno, entre besos y toqueteos cómplices. De vez en cuando la abrazaba por la espalda y me quedaba así por un momento, sintiendo su aroma, besándole el cuello y diciéndole cuanto la amaba. Desayunamos entre risas, y conversaciones banales. No podía creer que nuestro comportamiento fuera tan parecido o igual a cualquier mañana de desayuno de los últimos años, con la diferencia que ambos habíamos follado juntos y que ella en su útero albergaba mi esperma de manera tan natural cual si fuésemos esposos. Luego fuimos a la sala, yo me senté en  el sillón grande y ella se sentó junto a mí, era momento de conversar de cosas serias.

Yo la tomé de un brazo y la atraje hacia mí, como para que se recostara de espaldas sobre mi pecho y así abrazarla, le pasé mi brazo izquierdo por su cuello y pecho ubicando mi mano sobre su hombro contrario, mientras que con mi otro brazo acariciaba su cabello.

— Y ahora ¿qué pasará con nosotros? Pregunté casi desconsolado por la incertidumbre.

— ¿A qué te refieres cariño?

— Quiero saber cómo será nuestra relación, cómo debo tratarte, hasta dónde llegará esta aventura en la que hemos entrado juntos.

— Pues…, hizo una pausa, mientras acariciaba mi brazo que le rodeaba el cuello.  Déjame decirte algo…

Es verdad que en todos estos años desde que tu padre nos abandonó, yo asumí el papel de padre y madre, para hacerlos crecer a ti y a tu hermana. Hemos pasado por muchas dificultades, algunas financieras y otras personales, pero debes haberte dado cuenta que siempre he querido lo mejor para vosotros, y la verdad no me arrepiento de nada que he hecho. Pero eso ha obligado a que descuide mi vida personal, a pesar que no me he negado a encontrar una persona especial en mi vida, nunca encontré a nadie que no me viera como una mujer fácil por ser madre soltera. Otros me veían como un trofeo a alcanzar, y lo único que buscaban era acostarse conmigo. Por eso con el tiempo preferí dedicarme a mi casa, mis hijos y mi trabajo.

Pero jamás pudo pasar por mi mente que esa persona que tanto buscaba, estaba tan cerca de mí. No sé en qué momento empecé a verte como hombre y a enamorarme de ti. Seguramente, en cuanto te fuiste haciendo adolescente y yo sin querer iba formando en ti los principios e ideales que tenía de mi persona idónea en mi vida. Te vi convertirte en hombre y fuiste muchas veces mi apoyo en muchas dificultades, como cuando tu hermana nos abandonó.

Sentía celos cuando una mujer en la calle te quedaba viendo, o cuando alguna de tus compañeras te llamaba por teléfono, ahí me di cuenta quien era el hombre de mi vida. Y porque no decirlo, te has vuelto un hombre muy atractivo, me encanta tu cuerpo, esa barba que llevas me excita demasiado que me pone muy, pero que muy cachonda… es obvio que a mí como mujer me atraes mucho, me atrevería a decir que como hembra.

Siempre supe que tenías algunos gustos y actitudes sexuales fuertes hacia mí, pues podía encontrar entre mis prendas íntimas rastros de tus descargas de semen. En principio no sabía en quien pensabas cuando las hacías, pero no había que ser muy lista para ver en tus gestos la atracción que ejercía yo hacia ti. Y es que lo mismo encontraba tus “regalos” en mi vestido de dormir y una que otra prenda íntima, sobre todo en la parte que cubre mi coño por la parte interior. Me mojaba solo de pensar como te corrías, y estaba dispuesta a aclarar estas cosas contigo en su momento, pero no sabía cómo hacerlo. Hasta que una noche que tú estabas enfermo y con fiebre, yo te cuidaba, y tú entre delirios llevaste tú mano a mis tetas diciendo… “te deseo tanto Sofía”.

Desde ese momento comencé a entender lo que hacías y sentías por mí, muchas veces me hacía la dormida, para ver cómo tú me observabas y prácticamente me desnudabas con la mirada. Empezó a gustarme todas tus actitudes, y travesuras. Pero cuando hace un mes atrás te atreviste a besarme y decirme que te gustaba, fue cuando todo explotó dentro de mí. Si me enojé, en realidad no fue contigo, sino conmigo misma, puesto que tu beso me encantó, y eso no debería haber sido así, pues iba en contra de todos mis principios y creencias. Pero más tarde al ver las actitudes que ibas teniendo conmigo, la forma como me respetaste mientras estaba ebria, me hizo pensar y decidir en darnos esta oportunidad que en este momento estamos disfrutando. La cuál durará hasta que nosotros lo queramos… ¡Si tú quieres haremos como que no pasó absolutamente nada y regresaremos a nuestra relación madre e hijo!

Yo había escuchado con atención todo lo que Sofía me contaba, y a la vez iba entendiendo muchas cosas y me enteraba de muchas más. Mientras seguía acariciando su cabello, le di un beso en su cabeza.

— Creo que he hablado demasiado, ¿qué dices tú?

— Pero por supuesto que quiero continuar con esta nueva experiencia, te amo tanto que quiero que seas mía, solo mía, y de la misma manera yo seré solamente tuyo. Que te puedo decir que ya no sepas, me conoces más que yo mismo, y además conocías muchas de las cosas que yo creía eran mi vergonzoso gran secreto.

Solo puedo agregar que me encantas toda, eres la mujer perfecta para mí, y si tú me lo permites trataré de hacerte lo más feliz que pueda. Pero tengo dudas sobre cómo nos comportaremos ante los ojos de los demás, si nuestra relación solo será dentro de estas cuatro paredes, si mientras estemos fuera seguiremos siendo madre e hijo.

— Me alegra mucho lo que me dices, y pues no creas que no lo he pensado, y opino que lo que debemos hacer es lo siguiente, pero si tú no estás de acuerdo me lo dices y llegaremos a un acuerdo.

La gente no comprenderá nuestros sentimientos, mucho menos la familia y qué decir de tu hermana. En mi trabajo posiblemente me despidan por esto, ya sabes que son del Opus Dei, y por tanto es imposible que nos apoyen. Así que lo mejor que debemos hacer es llevar nuestra relación en secreto, para los ojos del mundo seremos una madre e hijo que se llevan muy bien, eso será fácil porque nos han visto durante años de la forma más cariñosa del mundo entre una madre y su hijo, así que podemos seguir con nuestra rutina como siempre pero eso sí, teniendo mucho cuidado de no tener actitudes que delaten nuestro amor, evitaremos toqueteos inadecuados, coquetos o besos en la boca por la calle que denoten nuestra pasión, así evitaremos incluso lo picos por si acaso se nos va la mano o mejor dicho la boca. Sin embargo, dentro de casa, o donde nadie nos vea podremos dar rienda suelta a nuestros deseos, follar como conejos y mostrarnos lujuriosos sin pudor alguno… podremos cumplir nuestras fantasías más pudorosas.

— Estoy completamente de acuerdo contigo preciosa, tenía miedo de que no quisieras continuar, pero algo dentro de mí me decía que encontraríamos la manera de estar juntos por siempre… al fin y al cabo seremos familia hasta el final de nuestros días y mucho más

Y una vez tomada la decisión, solo nos quedaba continuar con lo pactado. Y como estábamos en casa, pues continuamos besándonos y acariciándonos como dos recién casados.



CAPÍTULO 12

DANDO RIENDA SUELTA A NUESTROS DESEOS

Era verano, y me sentía un poco triste ya que mis amigos empezaban a tener novia formal y al contrario yo había terminado con Araceli y me encontraba un tanto desplazado del grupo con todos emparejados… Ese verano apenas salía de casa ya que mis amigos tenían sus planes con sus novias, y lo cierto es que yo me debía plantear como sobre llevar esas vacaciones. Había terminado el tercer curso de carrera con las prácticas y ya solo me quedaba preparar el proyecto para obtener el título.

Una mañana me levanté muy excitado, tenía la polla bien gorda y dura, y no se bajaba fácilmente, así que estando solo en casa dado que mi madre estaba en el trabajo, aproveché para ir al salón y ponerme una película porno en el canal digital. Había muchas películas donde escoger, pero me llamó especialmente la atención una de “incesto simulado” entre una madre y su hijo. Así que nada, la seleccioné y me puse en pelotas frente al televisor. Lo cierto es que me puso muy caliente lo que estaba viendo concentrado…, cogí un poco de aceite de masajes para hacerme una soberana paja y poder frotarme el badajo de 18 cm, el aceite me ayudaba ya que el prepucio se queda a cinco centímetros del glande y suele molestar cuando llevas mucho roce, la chicas depositan periódicamente su saliva pero yo no hacia eso teniendo el lubricante hidratador de piel que usa mi madre… también me sobaba los huevos lentamente mirando la peli.

Ya llevaba un rato haciéndolo cuando escuché detrás de la puerta del salón como caía algo al suelo, y al girarme vi a mi madre observándome, no había oído su presencia de lo concentrado en mi pajote, en ese momento sentí mucha vergüenza enorme, me hubiera gustado que la tierra me tragase allí mismo, en su contra me tapé la entrepierna con el primer cojín que pillé a mano, y en ese momento mi madre entró en el salón y se sentó a mi lado como si tal cosa, como si estuviera vestido, para charlar conmigo….

Cariño ¿sueles hacer esto muy a menudo? ¡No es sano que solo tengas sexo de esta manera…! Mucho menos teniéndome a mí dispuesta a que me penetres.

A mí me lo iba a decir, me puse sofocado resaltando el rojo de mi cara, aún en esas circunstancia tuve la osadía de confesarme…

Mamá, ocurre que todos mis amigos se han marchado con sus novias, salen en pareja y yo sin novia me he sentido desplazado… así que me he quedado en casa y una cosa me ha llevado a la otra sin pensar en ti, la verdad. Mi madre puso cara de estupefacta al oírlo, pero no queriendo que se confundiera conmigo continué diciendo. – De sobra sabes que prefiero hacerlo contigo, pero no sabía a qué hora volverías y el apretaban tanto las ganas, que pensado en el  recurso casero más a mano…

En ese momento mi madre me contestó… – ¡Lo entiendo muy bien cariño! Admito que el porno es una buena salida para tus necesidades, pero lo que me choca mucho es que estés viendo una película porno entre lo que parece “una madre y su hijo”

En ese momento le contesté… – Perdona mamá, son situaciones simuladas.

Ya me imagino Sandro… ¡¿Te gusta esa situación…?!

– La verdad es que me excita mucho… no he podido evitar empezar a masturbarme.

Entonces para mi sorpresa, mamá me quitó el cojín de entre las piernas y se quedó mirando fijamente mi polla bien armada y pude ver en sus ojos las ganas de asirla con ansias entre sus manos, y me confesó algo….

Cariño, debo decirte que desde que tu padre nos abandonó me siento muy sola. Las veces que te ha insinuado querer poseerme e incluso intentado hacerlo, me ha costado mucho rechazarte… eres mi hijo y eso marca mucho en una relación de este tipo, pero eso no ha quitado que me guste mirarte cuando te cambias de ropa, o saborear el aroma a macho de tu ropa íntima… he sentido muchas veces deseos de tenerte dentro de mí.

En ese momento me quedé mirándola fijamente, no hizo falta hablar mucho más para saber que había mucha conexión entre ambos, una unión desde el mismo día que nací y eso era irremediable… mamá me tumbó hacia atrás diciéndome una sola cosa…

Disfruta mi vida, nadie te dará sexo mejor que tu madre.

En ese momento se puso aceite lubricante en las manos y empezó a frotarme muy lentamente la polla y los huevos hasta que vio que la tenía tremendamente recia y dura, un verga de 18 cm venosa con la venas hinchadas y el prepucio remangado se plantaba ante esa mujer necesitada de ser follada desde hacía demasiado tiempo. Tal vez por eso, sin previo aviso agachó la cabeza y con la punta de la lengua empezó a lamente el glande en círculos mientras mis gemidos iban cada vez en aumento. Mi madre observaba que aquello me enloquecía, me gustaba a raudales, entonces se introdujo toda la polla que le cupo en la boca y empezó a chuparla de arriba abajo muy despacito para que no me corriera en un momento.

Una vez distinguió que si no paraba iba a salirme la leche a borbotones, dejo de chupar para decirme…. – No te muevas mi vida, mamá va a enseñarte lo que es introducir el exceso pollón que gastas, en la vagina de una mujer.

Entonces vi como mi madre se quitó las bragas, donde se podía apreciar que se hallaban completamente mojadas del calentón que tenía. Una vez con la ropa fuera se puso en cuclillas sobre el sofá, colocando cada pierna a cada costado mío y su coño a la altura de mi mástil…, fue bajando procurando enfilar su raja entreabierta con mi orondo capullo a punto de reventar. Se encontró la boca de su coño con mi glande arropado por sus extensos labios vaginales internos, y poco a poco se introdujo todo el rabo en la acogedora vagina materna… y empezó a moverse de arriba abajo mientras gemía, me besaba y me abrazaba.

¡Qué rico mi niño, no solo tienes una polla bien gorda y dura, si no que contigo noto mayor placer que cuando me follaba tu padre!

Eso me puso tremendamente burro, así que empecé a lamerle las tetas, succionar sus pezones y mordisquearlos con lujuria, al tiempo que no paraba de bombearla desenfrenadamente. Los gemidos y movimientos de mamá eran cada vez más fuertes, con sentones tremendos que me aplastaban los huevos, así que mis penetraciones también eran más duras y profundas llegando sin dificultad hasta golpear con mi capullo su cérvix una y otra vez sin parar de sudar, a la par que mis huevos se agitaban como bolas locas arriba y abajo cual pelotas de pin pon.

Pasados unos minutos sentí que me iba a correr irremediablemente, no lo podría retrasar… la excitación previa con la película, mamada y ahora la tremenda follada con mi madre no me hicieron un favor para soportarlo como era debido y ella se merecía, así que se lo tuve que decir, y ella me contestó severamente ordenándome que…

– ¡Ni se te ocurra sacar la polla de dentro de mí o te inflo a tortazos! ¡Con tu madre no tienes de qué preocuparte si me vas a dejar preñada o no! Yo no soy una de tus novias.

Dicho y hecho, en ese momento mi polla estalló y empecé a llenar a mi madre de leche… mi polla era un surtidor de la que no paraba de salir lefa espesa y candente. Llenándola chorro a chorro de esperma recién ordeñado de mis huevos.

¡Así mi cielo, entiérramela entera… que no quede nada fuera de mi coño! ¡Hasta los mismos huevos la quiero dentro de mí! ¡¡Vamos nene, Llénale el útero de rica leche a mamá y PRÉÑALA! ¡Aaaggg. Ummm, sí así mi amor! ¡Vacíate los huevos en mi coño!

Sofía me lamía el cuello, la boca, y no dejaba de gritar semejante a una poseída al tiempo que me exigía le vaciara mis testículos en su útero. Tantos años en el dique seco, ahora se desfogaba a placer con su semental, e instantes después dio un fuerte grito de gozo, convulsionando ostentosamente sobre mi falo, en el momento que percibí como se retorcía con fuertes esténtores orgásmicos al tiempo de salir un chorro de su coño que me empapó toda la polla y los huevos, llegando a las sábanas.

Nos quedamos así como un par de minutos, abrazados y extasiados comiéndonos la boca con lascivia entregándonos todo el amor que teníamos para con el otro, hasta que por fin se levantó de encima de mí y me lamió la polla de nuevo para asegurarse que no me quedaba una gota de leche.

Y finalmente cuando acabó me dijo…– ¡¡Ha sido increíble cariño!! Ahora sé porque  no quiero otro hombre teniéndote a ti. De ahora en adelante, más te vale que no te vea con ninguna otra chica porque sabrás lo mala que puede llegar a ser tu madre. Aquí hay hembra para satisfacerte noche y día todos los días… mamá te dará todo el placer que necesites de mil formas para que nunca te aburras de follarme.

 


CAPÍTULO 13

LA LLEGADA DE SU HIJA PRODUCE UNA REVOLUCIÓN

Sofía tenía diecinueve cuando tuvo a su hijo Sandro, lo crío sola desde los cinco años y a su hermana Zoe con menos de un año cuando los abandonó su padre, la niña es como si no hubiera tenido padre nunca. Lo hizo lo mejor que pudo, trabajando y siendo sostén de la casa y no pidiendo nada a nadie, hasta que no pudo más y la niña se marchó a casa de los abuelos. Así lo había hecho lo mejor que supo. Ahora más relajada con unos años más encima, tenía otras preocupaciones. Nunca se emparejó, pese a que pretendientes no le faltaron. Tenía un cuerpo espectacular. Siempre lo había conservado. Porque además siempre buscaba tiempo para cuidarse en el gimnasio y practicar natación. No era una obsesión, pero siempre había tratado de mantener su cuerpo en forma. Los compañeros en secundaria se mofaban con Sandro, porque ella lo iba a buscar a la salida del instituto…, le decían cosas como… “Oye San tu madre esta buena a rabiar…” “No te pongas celoso pero le daría polla todo el día” y cosas por el estilo.

El chico no les hacía caso. No le molestaba las soez e insultos vanos, tal vez porque sus ojos también veían a una mujer muy sensual y de formas espectaculares. Sandro fue creciendo, sin embargo su madre se mantenía igual de atractiva y sensual, o más si cabe. Vio desfilar muchos hombres por la puerta de su casa, con lo que no llegaba durar más unas semanas y, jamás los invitó dentro…, por ello él nunca le reprochó nada a su madre. Sofía siempre tuvo por prioridad sobre sus hijos, poniéndolos por delante de todas sus relaciones. No obstante aquellos primero años se flirteos se acabaron y desde hacía muchos meses, me atrevería a decir años, no le conocían ninguna relación meramente seudo formal con ningún hombre, aunque seguro que de uvas a peras una cana al aire debía tener, no lo aparentaba y no era fácil de detectar en Sofía.

La confianza entre ambos era evidentemente de total complicidad, se podría decir que mucho más si fueran esposos, quizás por eso esa tarde tirados en el sofá, comiendo helado y mirando una película, el chico le preguntó a su madre si alguna vez pensó, en formalizar con alguno de los hombres que la trajeron en coche a la puerta…, ella le contestó que en realidad no, solo eran meros copuladores de uso, ninguno valió la pena de ahí que los tuviera que reciclar constantemente hasta que se cansó de tanto fantasma. Y si hubiese sido uno de ellos padre de él y Zoe…. La madre contestó que ni siquiera con el padre se hubiera quedado, de hecho eran hijos del mismo padre, el cual los abandonó.

Estaba muy bien sola con sus hijos, su trabajo y sus orgasmos solitarios con sus dos juguetes preferidos. Esa misma tarde ella se levantó del sofá para tomar el sol en la terraza, por primera vez ese verano vio a la mujer en todo su esplendor tomando el sol… el bikini azul del año anterior quedaba un poco más ajustado, pero resaltaba sus formas. Las líneas de su cuerpo…sus tetas hermosas y paradas, un culo terso y la abultada vulva partida por una gran raja que absorbía la tela descaradamente, las amplias cadera de ensueño. Con un leve color tostado en su piel estaba hermosísima y sin querer su verga se levantó. Tuvo temor que su madre le recriminara lo salido que estaba y ese pensamiento le incomodó. Pero qué locura es esa, se dijo, reprochándose.

La imagino desnuda y apretó sus mandíbulas con ganas de follársela, pero se dijo así mismo que debía ser comedido con ella, cariños y formal. Busco en la película, la distracción. Ella volvió para tumbarse rozando su cuerpo trémulo y caliente. Lo miro y le sonrió. El chico no pudo retrotraer la mirada de las tetas abultadas de la mujer que era su madre. Ella se rio picara sabiendo la atracción de Sandro por su anatomía, tal vez provocando más aún la situación. Él quiso retomar la conversación, pero no sabía dónde habían quedado. Ella le limpio el labio chorreado de crema helada, sintió el aliento entre cálido y fresco de la boca amplia de la mujer, sus dientes blancos, los dedos finos. El mundo le daba vueltas como una peonza, todo comenzó a girar.

¿Qué sucede Sandro?

– Nada mamá, ¿por…?

– Por nada debo admitir que me mirabas las tetas…. El chico enrojeció y mudo trago saliva.

¿Qué pasa cariño?, tienes vergüenza con mamá ¡¿o qué…?!

– No mamá, no, es solo que…

– ¿Qué?

– ¡Que sí, que te miraba las tetas, están muy buenas…!

Ella lanzó una carcajada histérica… – ¡Has visto tonto! ¡Tanto te costaba decirlo!

– Perece que te gusta que te digan lo buenas que estas y que te admiren.

– ¡Deja! No seas tonto, pues claro que me gusta nene, y más si viene de ti. 

¡Entonces lo ves bien!

– Claro Sandro. Me gusta que me mires las tetas. Me calienta. Además son tuyas y puedes hacer con ellas lo que te apetezca… mirarlas, tocarlas, chuparlas y mamarlas. Ella le miró el bulto de su entrepierna. – Tu cuerpo habla por ti mismo…, acarició la pierna del chico que se tensó. – ¡Shhhh!, tranquilo, cariño no tengas miedo. No hay nada escrito…. shhhh, déjame…, la mano pasaba por sobre encima de la verga totalmente dura de Sandro.

Ella le gimió al oído. Le lamió la oreja. Sandro se tensó un poco más. Los dedos de la madre acariciaban la piel ardiente. Sofía mordió el cuello del chico que se sacudió al sentir la descarga eléctrica. Había soñado durante mucho tiempo con situaciones como esa.  Sofía busco los labios de Sandro. Lo besó suave notándole conmovido por ello como un trémulo pajarillo asustado. La mujer apretó con sus dientes la boca del chico huidizo y caliente… ella soltó su top haciendo aparecer las tetas jóvenes y duras de una madre madura… unas ubres casi perfectas de pezones duros y erectos con areola hinchada. La lengua de ella se abrió paso por fin.

Él sintió que su boca se llenaba con la lengua de Sofía que ya buceaba dentro de él, profundamente cuando lo atravesó con su molusco. Mientras se besaban enloquecidos, ella agarró las manos del muchacho y las llevó a sus radiantes tetas blancas, las apretó, las sintió gordas y poderosas con ansia ancestral de ser devoradas. Se acomodaron en las manos torpes aún de aquel chico. La madre gemía, pasaba la lengua por los labios finos del chaval más envalentonado ya, y con todo ello le fue desprendiendo el pantalón corto. El cipote saltó del envoltorio como resorte, duro como piedra.

Ella lo tanteó cuando lo pudo contactar, lo apretó firmemente meneándolo de arriba abajo bajo su glande con todo el prepucio remangado. La piel y los sentidos le ardían a Sofía, que se hallaba muy caliente con lo que ocurría… no podía detenerse. Con sus dedos tocó los testículos colganderos y enormes de Sandro, así como tantas veces lo había hecho, pero nunca como estas últimas veces. Los sintió enormes duros y muy llenos rebosantes de leche. No aguantó más la pobre mujer y se bajó al pilón desde allí de forma rauda y veloz se tragó el sable.

Sandro gruñía enloquecido mientras acariciaba el cabello de Sofía, salvaje y libre, tal como era ella ahora. Esa mujer tan recatada hasta entonces le realizaba la felatio de su vida, con su polla en todo lo alto se la estaba mamando a placer sin comedimiento alguno, le comía su gran verga de su hijo, la cual tragaba sin vergüenza alguna. Sandro miraba a la mujer entre sus piernas. Veía desde su ubicación el hermoso culo de Sofía, un trasero bien respingón y firme, aún con la bikini puesto. La lengua de Sofía llegó a las bolas que lamía a lengüetazos para luego tragarse una a una como si de caramelos se tratase y de nuevo volvía a mamar su glande con fuertes succiones, pasando la punta de la lengua por el orificio uretral sin dejar de pajear el recio tronco de su hijo.

Cuando dejaba bien ensalivado el tronco lo lamía desde la raíz al capullo sobando los huevazos del chico y vuelta a empezar. Así le mamó la verga durante diez minutos hasta que Sandro empezó a convulsionar totalmente estremecido y tenso. Aferrándose al pelo de Sofía empezó a largar leche como un surtidor. Sofía ya estaba acostumbrada a las copiosas corridas de su chico, el cual se corrió en sus labios, lengua y paladar, dado que ella abría la boca alrededor de la lluvia de semen. Mucho del engrudo se coló en su paladar que junto rebañando sus labios y cara para tragarse de dos veces.

Después le limpió el sable del muchacho que no daba crédito a lo que ocurría con su madre tan desaforada. No sabía si aquello era un sueño o era realidad. Sofía se colocó al lado del chico mirando la verga que no alcanzaba a caer…

¡Estás muy cachondo cariño! No se te baja la dureza…, diciendo así comió la boca del chico. Sus lenguas se cruzaron.

¡¡Dime mamá que esto no es un sueño!! ¡Que no es algo pasajero o caprichoso!

– ¡Claro que no! ¿Te parece que mi sabor es irreal? ¡Tengo tu sabor en mi boca, me la has llenado con tu semen!! ¿No te ha gustado acaso?

– ¡Oh sí claro mamá, claro que me ha gustado!!! Tanto que no me lo creo…

Con voz calmada, esa que ponía cuando le daba una recomendación o consejo  que chocaban son sus principio hasta ahora… – ¡Olvídate de los preceptos de familia y esas tonterías tabú en las que nadie aquí cree… ¿Quién puede hacerte gozar más que tu propia mami? Decía Sofía muy risueña.

El muchacho se recostó sobre las ubres voluptuosas de la madre. Los olfateó, ella sonreía muy ardiente… – ¡¡Chúpalas, chúpamelas anda! ¡Mámamelas como cuando eras niño!

El chico abrió la boca y se metió un pezón rosado hinchado. Lo mordisqueó. Sofía largó un gemido acariciando el pelo de su chico. El hombre se amamantaba frugalmente. Casi desesperado. La saliva iba cayendo sobre aquellas fenomenales tetas. Sofía atrapó el mástil que volvía a estar en todo lo alto, lo acarició, lo masturbó, oyendo los gruñidos del muchacho que se ahogaban con las enormes chupadas que le daba a esas tetas firmes y hermosas que una vez le dieron de comer durante tantos meses, y después tanto tiempo había deseado. La madre meneaba la verga para un lado y para otro lado como quien sostiene un cetro apretando severamente desde la raíz al glande.

Sofía, la madre de Sandro, tomó suavemente una de las manos del chico, la llevó a su entrepierna donde encontró la gran rajita depilada de su madre…, Suave, Húmeda y Caliente. Ella dio un breve suspiro al notar los dedos de su retoño.

¡Ahhh, así nene, acaricia a tu mami, ohhh, ahhh!!

Lanzaba la gata desquiciada de placer con los dedos de su Sandro masajeando el botón eléctrico. La pepita de Sofía era enorme cuando se erguía, un clítoris endurecido parecido a la falange de dedos meñique, blanco y exaltado descubierto de su capuchón, pero impregnado de los  fluidos salían sin descanso de su angosta vagina… esta se abría como una flor en Alzada. La lengua del chico lamía y recorría sin descanso los pezones erectos de mamá, los succionaba y hasta los mordía con desesperación al borde el dolor.

¡Ohh si hunde tus dedos dentro, así, ahh, mi vida por Dios Santo que gusto, ahhh!!! Ronroneaba la mujer ardiente.

Los dedos del chico habían penetrado el conducto vaginal materno, iban y venían dentro de Sofía que tenía un orgasmo seguido de otro. Sandro notaba sus paredes vaginales muy calientes y anegadas, al tiempo que ambos cuerpos se chocaban… las manos, las bocas y los gemidos eran todo uno. Ella se levanta y lentamente se coloca a horcajadas sobre el muchacho, el cual la recibe con su estaca firme mirando al cielo

Una tranca rocosa en Alzada, gigante, gruesa y firme esperaba a la madura madre. De pronto se produce el contacto en la boca vaginal de la madre y del misil a modo de ariete entrar en ella ajando su intimidad. Ella arquea la espalda percibiendo al invasor profundizar en su interior, conquistando centímetro a centímetro su coño tan necesitado de macho. Su culo se echa hacia atrás haciéndolo aún más bello el acoplamiento madre e hijo, y tal como un anillo en su dedo encajan perfectamente. El canal de la progenitora se abre dando espacio a la tranca que penetra hasta el fondo uterino, y una vez alojada allí esperan unos segundo a que los músculos vaginales se acomoden al tamaño de recio rabo filial. Entonces es cuando ella cabalga insertándose todo el tronco hasta la raíz una y otra vez. Se aferra al cuello de Sandro que gime y resopla, sube y baja, Sube y baja.

La vara tiesa se baña de jugos maternos blanquecinos de lo excitada de la madre. Ahora los dedos del chico acarician el fabuloso clítoris de mamá y Sofía se abre aún más facilitándole el acceso al botón de su placer. Recibe esas caricias y explota una vez más. Las corrientes eléctrica erizan su piel, casi la arrastran a las lágrimas. Tiembla todo su cuerpo. Besa a Sandro. Mete su lengua codiciosa y rolliza hasta el fondo de la garganta del chico, incluso les chorrea la saliva por la comisura de los labios de la ferocidad del acto comiéndose como fieras…

Ohh!!¡Ahhh! ¡No pares hasta que te vacíes dentro, por favor, no pares de follarme… no lo hagas!!! ¡¡ahhh, ah, ahhhh! ¡Te amo tanto mi rey!

La cabalgada se hacía un poco más vertiginosa. El muchacho se tensaba a cada segundo un poco más. Se prendía a las tetas de la madre que las mamaba con lujuria insostenible… estaban rojas de tantas chupadas que le había dado y marcadas por sus dientes. De pronto un dedo entró en el culo de Sofía. Ella aceleraba un poco más. La cabalgada se hacía insostenible. Sandro acabaría de un momento a otro al notar como se le endurecía la polla y el redoble de sus acometidas… entonces YA, se comenzó a vaciar con un primer y segundo chorro de lefa enormes que acabaron en la misma cérvix del útero de su madre, seguidos de otros dos más y sin dejar que terminase de eyacular, la señora se desacopló veloz, saltando en frente de su chico.

Se arrodillo. Tomo con las manos el vergazo endurecido y lo hundió en su boca. Lo asió por debajo de su glande con unas contundentes movidas y bebiendo de su glande, el chico terminó de aligerar la leche en torrentes más livianos directos al paladar y lengua de su madre. Los gritos de Sandro aturden a Sofía mientras los chorros pegajosos de lefa son tragados por la madre perversa y salvaje… ella come lo que puede y se lo traga directo al estómago. Besa la vara del chico que suspira deshecho, en tanto Sofía le limpia el sable concienzudamente, no deja gota sin lamer. La tranca brilla salobre y magnifica, en tanto busca la caída doblándose sin remedio. La madre apoya la cabeza en los muslos del muchacho, este le acaricia los cabellos enredados, sueltos y largos. Hay un silencio desde el placer, esa calma de cuando todo ha pasado como un torbellino y llegan los dulces momentos de sosiego en calma total.

Instantes después Sofía se incorpora. Besa en los labios a Sandro, su hijo… – ¡Buen chico! ¡¿Preparo algo de comer?!

– Si estoy famélico mamá…

– ¡Has estado increíble! ¡Me has hecho sentir mujer otra vez…!

Dicho esto se alejó a la cocina bamboleando su humanidad… su hermoso trasero, caminando sin apuro a sabiendas que su semental lo oteaba desde su posición durante todo el tiempo. Los días fueron pasando. No se habían vuelto a ver por las distintas ocupaciones que llevaban a cabo ambos. Madre e hijo. Uno preparaba materias y la otra tenía que trabajar. De vez en cuando se tomaba algún día libre. Pero no podían ir a ninguna parte. Por eso es que estaban en la quinta por ese mes de Julio caluroso, feroz y tremendamente sexual.

Era ya tarde cuando sonó el timbre de la puerta principal. Sofía estaba al lado de la piscina azul cuando escuchó el timbrazo, esperó y volvió a sonar. Se acercó hasta el teléfono que tenían para preguntar quién era.

¡Sí, soy Zoe!

– Zoe, ¡¿Es que no tienes llave de casa?! Preguntó Sofía, curiosa.

– No se me olvidó en casa de la abuela, dijo con su voz juvenil y fresca.

Sofía se sonrió para ella. Encontró a la su hija apoyada en la pared, rubia, alta de ojos verdes… una Preciosidad con carita de niña. Sofía la hizo pasar. Caminaron hasta llegar junto a la piscina y la invitó a tomar asiento y a que se pusiera cómoda. La chica entró a su cuarto se quitó la ropa y quedó en bikini para volver al lado de su madre. La niña tenía ya un cuerpo de infarto.

¿Te sirvo un trago?

– ¡Sí lo que tomabas tú mamá!

– Estás muy guapa, has echado un cuerpo fenomenal… se nota que la abuela te cuida muy bien.

Si claro, no me falta de nada…, pero tú también estas muy bien mamá…

– ¿Cuando dices de nada, también te refieres a novio…?

– También, voy cambiando de poco, aunque desde hace unos meses solo mantengo relaciones con uno…

– Vaya, vaya, veo que no pierdes el tiempo…y dime quien es el chico…

La conversación se había ido por derroteros que Zoe no controlaba, se le estaba yendo de las manos todo aquello, por lo incisivo de su madre y por las ganas que ella tenía de confesarle su relación con Sandro… su hermano.

Me gustaría contártelo pero tal vez te enfades… que no lo entiendas. Yo quería decírtelo hace tiempo, pero temía a tu reacción.

– ¿Yo? ¿Y por qué me voy a enfadar? Ya eres mayor de edad. Tienes  que empezar a encontrar tu sitio en la vida, y ello incluye a una persona que te ame… Hay muchos chicos que estarían locos por estar contigo…

– Lo sé, pero no es algo que yo pueda controlar, ya sabes lo del corazón no es fácil de gestionar como a una le apetece, surge y no vemos otra cosa porque se nos nubla la vista. Ocurre en el momento más inesperado y con la persona que nunca imaginabas.

– Bueno me tienes intrigada, me vas a decir quién es tu novio, el que te tiene loca…

– Bueno mamá, tarde o temprano lo averiguarías, así que mejor te lo digo yo… digamos que Sandro y yo últimamente somos mucho más amigos… nos contamos cosa íntimas. Su madre se puso un poco tensa. – Tal vez sepas que él no quiere compromisos con otras chicas y una cosa nos llevó a la otra y terminamos enrollados no sé cómo surgió pero le amo, no como a hermano sino como hombre, le quiero…

¡Aha, ya veo, veo…, me quieres decir que ahora sois algo más que hermanos…! Su madre no se presentaba ofendida, ni contravenida, sino todo lo contrario, lo cual la animó a continuar diciendo…

¡Sí mamá, tenemos sexo! Lo tenemos desde hace unos meses… y ambos nos somos fieles…

– Sí claro, por supuesto…¡¡Vaya niña, eres muy clara, sin vuelta de página!!

– Porque debería, la vida es corta y bueno, tú dices que hay que disfrutar y probar todo… pero lo que tenido no me gustado tanto como lo que me da Sandro.

– Ya veo que has salido a tu madre… ¡Muy bien, eres de las mías! Me gustó eso de probar todo…, las mujeres rieron cómplices. – Y al final te has quedado con lo mejor.

Entonces no te preocupa que tus hijos follen juntos.

– No hija, no me preocupa lo más mínimo… ¡¿Y sabes por qué?!

– No, dime… ¿Por qué?

– Porque tu hermano yo hace más de un año que dormimos en la misma cama.

– No me jodas… ¡¿El muy cabrón nos está follando a las dos?!

– Así es chiquita, compartimos al hombre y los mismos gustos….Se relajaron tras la confesión…

¿Puedo hacer topless? Preguntó la chica.

¡Claro Zoe! La chica se quitó el sujetado y unas tetitas turgentes y preciosas aparecieron a la vista de Sofía.

¡Guau, que belleza! Comentó la madre.

¿Te gustan?

– ¡Son bellísimas!

– ¡Tú no te quedas atrás mamá!

– ¿Te parece?

– A través de la ropa se ven preciosas, además tienes un cuerpo muy hermoso.

Diciendo así la chica se acercó a Sofía y paso un dedo por sobre el sujetador, la mujer sonrió y la miro sin un poco de sorpresa.

Vaya te gustaría probarlas…

– ¡Eres de ir al grano nena…! ¿Quieres que te muestre mis tetas?

– ¡Quiero probarla, pero quiero mucho más!

Dijo pícara Sofía  que se puso de pie y le hizo una seña para que la siguiera. Zoe la siguió por detrás con su vaso de ron con cola en la mano. Hicieron una recorrido por la casa y se detuvieron en el vano de la puerta. Sofía apoyo a su chica y Zoe levantó la cara cuando de pronto Sofía beso sus labios y acarició las tetas de la chica.


¡Aquí estaremos bien!

Tomó la mano de Zoe y apareció ante ellas una enorme cama, su hija se sentó en ella de manera divertida en tanto Sofía se quitaba el bikini.

¡Guau que cuerpazo, madre! ¡Hace tiempo que no pruebo un coño!

Exclamó la chica rubia que empezaba a no ser su propia hija, comenzaba a tener las mismas sensaciones que con Sandro, pudiendo disociar a la hija de la amante…

– Pues a mí siempre me ha apetecido probarlo, ¡Ven! ¡Démonos una ducha primero!

Zoe se levantó.  Entraron a un baño vidriado. La lluvia se abrió. Las mujeres se abrazaron y empezaron a comerse a besos, las manos iban y venían entre la espuma. El agua caía por las tetas, muslos y culos de las hermosas mujeres contoneándose, tocándose y penetrándose la vulva con sus dedos.

Salieron de la ducha para hallarse tiradas en la cama. En eso Sofía le come el coñito a Zoe que se retuerce de placer y gime sin remedio. La lengua de Sofía se mete en los pliegues finos y juveniles del coñito de su hija, hurgando en los recovecos de tan ceñida rajita, en las profundidades salobres de la chica rubia. Los fluidos corrían por Las piernas de Zoe que se abrían. Sofía se tocaba su clítoris encendido, en tanto seguía chupando el clítoris que lamía y torturaba sin recato alguno. Ella pasaba la lengua por la rajita rosada de la nena y de vez en cuando rozaba el anillo que buscaba abrirse y así se contorsionaba un poco más. En un momento quiso ir más allá levantando sus muslos redondos, ahora sí, la lengua de  Sofía se clavaba sin pudor en el ano de la chica que gritaba de placer a esta altura.

La saliva bañaba las sábanas rosas de bonitos estampados, los espasmos orgásmicos de las mujeres sacudían la habitación como un terremoto, percibiendo como la punta de la lengua se hundía en el culo y coño de su nena. Viboreaba en el túnel de Zoe que vociferaba palabrotas e insultos acompasados de más gemidos y gruñidos calentando el cuerpo de la madre de Sandro y Zoe. Ahora Sofía clavaba un dedo y la nena se abría aún más. El ojete de la chica dilatado con dos dedos y la boca de Sofía hundida en la vagina babosa de la rubia joven.

¡Pero! ¡Mamá, Zoe! ¿Qué estáis haciendo…?

Conmovido por lo que veía Sandro mirando desde la puerta, se quedó parado sin poder creer lo que advertía.

¡Disfrutando Sandro, solo eso! ¡Ven aquí y deja de hablar y mete la boca entre las piernas de esta preciosidad!

Diciendo esto la madre, Sandro no se lo piensa mucho teniendo a sus dos amantes llevándose también, Sofía besa a su rubia hija, le aprieta las tetas.

No te preocupes, Ya me ha contado Zoe que folláis juntos desde hace meses… eres un truhan follándonos a las dos y nosotras como tontas sin saberlo.

El chico se acerca asombrado por la revelación, duda un momento. Se arrodilla y se acerca a la vagina dulce de la niña. La huele y toca con su lengua en una lamida superficial con toda la extensión del músculo. Luego se va hundiendo poco a poco hasta perder la noción del mundo. Sandro ve como su madre se abre de piernas sobre la cara de Zoe, dejando su culo accesible por la gran raja de su gran trasero. La lengua de la chica entra en las cavidades de la mujer que se retuerce de placer. La verga de Sandro crece y se choca con la ropa… se la va quitando sin dejar de respirar y comer ese coñito altamente lubricado y mojado a más no poder. Los gemidos se han triplicado, y Sofía amasa las tetas de la nena.

La lengua de Zoe acaricia, muerde, besa el clítoris de su madre que de tan espigado no puede resistirse a comérselo. Entra por los recovecos escondidos, la abre… ella sabe cómo hacerlo yendo a los puntos. Los recorre con pasión y lujuria. Sandro desnudo con una excitación del copón, enfila su ariete en la estrecha rajita de su hermana y sin más hunde su pollón en el coñito de su hermana Zoe, que de lo mojada que está su coño entra hasta el fondo. La taladra como un martillo pilón al tiempo que Sofía gimotea y tiene un orgasmo tras otro con la lengua audaz de su hija.

El pistón del chico va y viene dentro de la rubia hermana que tiene un coñito depilado a fondo, sin nada de vello, todo un chochito infantil en una chica adolescente. Sandro se ha pegado a las tetas  firmes y erguidas de su hermana, las muerde suavemente y juega con ellas y sus inflamados pezones. En tanto las insertadas no paran de producirse cada vez más profundas hasta que la pelotas del chico golpean en la entrada del chochito de Zoe… la lujuria los invade a los tres, pero el macho se siente más a gusto cada vez y acelera las embestidas… se detienen para no alcanzar rápidamente el orgasmo, sabe cómo controlar sus instintos y aguantar más de media hora horadando el coño de su madre o hermanita sin eyacular dándole el máximo placer a ambas. Vuelve a empezar notando que su verga se infla de calentura una vez más.

Sofía se desplaza del sitio y también atrapa con sus labios las tetas de la chica que gime roncamente ya casi sin voz ni aliento gozando como nunca. Las embestidas no se detienen enterrándole todo el badajo hasta la raíz sin la mínima compasión, al tiempo que le perfora su coño, los cojones colgante aporrean el culo de la niña cual bolas de derribo una vez tras otra. La madre besa a Zoe compensando tanto placer en su coño y Sandro se acerca para unirse a un morreo a tres… se besan juntando los labios de las tres bocas en plena unión familiar sellando su amor eterno. Los cuerpos se tensan, en especial el del chico que lleva quince minutos ajado el coñito de su hermanita… siente que va a terminar, acelera y su madre se amorra a su boca en el mismo instante que la clava a tope en su útero y comienza a eyacular en lo profundo de la vagina de su hermana. Grita más fuerte como un verraco inseminando a su cerda… y en tanto va soltando sus lechazos copiosos dentro del coñito de Zoe su madre se lo come cruzando sus lenguas.

La estrechez del coño de Zoe siempre le produce una eyaculación voluminosa, su madre lo aprecia y le acaricia su pecho y brazos animándolo a que descargue toda su leche en el útero de la niña. Tras la última convulsión sale de Zoe y aún le queda un poco de lefa que su madre se encarga de sacar ayudando a vaciar el pollón largo de Sandro rociando el vientre y los pechos de la nena que gime. La madre termina de ordeñarlo con la severa paja, hasta que finalmente Sofía lame los restos que quedaron sobre la chica y le mama la polla su hijo limpiándole el ariete de toda muestra de esperma y flujo vaginal de su hija.

Quedan recostados por un rato sin apenas rozarse. La madre sigue lamiendo las tetas de Zoe, se besan. Sandro mira entre consentido y excitado, tanto que su cipote no ha caído del todo, manteniendo una rigidez propia de un gran semental. Sofía sabe que de un momento a otro estará nuevamente erguido al completo para ella. Ya ha tenido esa experiencia con su hijo infinidad de veces ¡Bendita juventud!

¡Eres una maestra! Dice divertida Zoe.

¿Te ha gustado? Pregunta Sofía.

¡Claro, me encanta el sexo y el sexo libre sin ataduras y prejuicios, aún más!

Sofía se sonríe. Se acerca y abriendo la boca se encuentra con la boca de la chica. Sus lenguas se cruzan húmedas, chorreando. Sandro las observa mientras se va calentando…, las mujeres se le acercan y le dan sus bocas intercalando sus lenguas, uniéndose al fin los tres en un juego divertido que sobrepasa lo familiar. Sofía besa las tetillas del chico y luego es Zoe quien lo hace, se lamen las tetas mutuamente, sus pezones al tiempo que los dedos inquietos empiezan a meterse en orificios de las féminas y rozan los testículos, los Clítoris metiendo los dedos en las raja acuosas. Sofía dirige la orquesta como si lo hiciera con una la batuta. Lleva a los chicos a lugares placenteros y nunca imaginados por aquellos adolescentes explosivos. De pronto ella se pone de pie…

– ¡Chicos, tengo una sugerencia! Los jóvenes la escuchan. – ¡Tú, Sandro ven aquí detrás y tú Zoe por delante, darme con vuestras lenguas a fondo! Los chicos se dan a la tarea.

La lengua del chico se hunde en el agujerito oscuro de la madre que se va abriendo despacio. Sofía se contorsiona de pie y recibe en lo profundo la lengua de Zoe. Ella le recorre el botoncito caliente y la hace sacudir de adelante hacia atrás, Sofía gruñe sin parar. Su coño chorrea y tiene un orgasmo tras otro.

Zoe en tanto se acaricia su propio clítoris un poco más pequeño que el de su madre, pero igual o más atrevido y necesitado… hunde sus dedos dentro de su vagina mojada. Sandro animado y más suelto ya con el cuerpo de su madre, entra sus dedos de a uno en el ano que se va dilatando y formateando. Ya son dos dedos los que recorren el túnel abierto de Sofía. – ¡Ohh nene, lo haces tan bien! ¡Zoe ahh, Zoe sii, sí, sí chiquita, siiiii!!!

Explota la mujer una y otra vez envuelta en deseos. Su calentura revuelve su interior. Se contorsiona. Parece una marioneta atrapada por sus dos hijos sacudiendo su espectacular cuerpo. Las lenguas siguen perforando sus orificios de belleza divina. Salvajes criaturas dándose y pidiendo placer en humana Lujuria…. Ya la verga de Sandro está completamente alzada con ligeras convulsiones de las ganas que tiene de volver a entrar dentro de una mujer… la menea de vez en cuando porque quiere penetrar a su madre, le desea inocular de placer acabado de secar sus huevos de esperma.

Ya mismo… – ¡Ven cariño… hazlo ya! Te voy a dar mi coño…ven ¡¿Lo deseas verdad?!

La mujer se coloca sobre la cama. El culo bien respingón donde Zoe le acaricia las nalgas redondas y contundentes de su madre. Le da las últimas lamidas para abrir finalmente la flor de su coño por donde ambos chicos salieron y ahora solo pretenden entrar una y otra vez. La cabeza del pistón se apoya en la entrada de tan sugerente bocana de su conejo entreabierto y hambriento. Ella se relaja y el macho empuja. Zoe acaricia la espalda del chico, luego va a la espalda de Sofía que sonríe al sentir el falo energizado, duro y venoso resbalando hacia su interior…. Nota como va conquistando cada centímetro de su coño sintiendo electrizar las terminaciones nerviosas de sus paredes vaginales.

Toma aire, percibiendo que le está llegando a la cérvix… ya está entrando a fondo. Sandro resopla y hace esfuerzos para no terminar ya del gusto de follarse a su diosa madre…. Piensa en otra cosa. El agujero es apretado como si de una virgen se tratase, y es que Sofía trabaja sus músculos vaginales sobre el portentoso rabo de su hijo absorbiéndolo en el angosto coño, al tiempo de demostrar lo tragón que puede ser comiéndose toda la verga de Sandro sin dejar nada fuera, excepto los huevazos del chico. Se va moviendo dentro con parsimonia a fin de aguatar lo que su madre se merece.

Sin embargo para la madona no es suficiente y le espeta… ¡¡¡Dámelo, nene, dame tu polla entera…Clávamela, ahhhhh!!! La mujer se mueve rítmicamente.

Zoe aprieta las tetas de la madre amasándoselas, mamándoselas y chupando de sus orondos pezones que le dieron de comer de bebé. Busca la boca de su madre y se besan impúdicamente, en tanto Sandro perfora, se hunde, penetra y taladra sin mesura alguna el hermoso coño de la madre desde la parte trasera gozando del inmenso culo materno que se retuerce como animal irracional. Enculada como ella quería… casi sodomizada con el dedo pulgar metido hasta el nudillo. Sometida por ambos agujeros a la vez, por ambos hijos a un tiempo gime al sentir una y otra vez la espada en el fondo de su canal y las bolas del chico chocar con sus nalgas aun firmes aporreándola sin compasión.

El chico se aferra a los hombros de la madre con la única misión de encontrar la mayor sincronía, profundidad y fortaleza de las acometidas… la sacude contundente a su madre hincando rabiosamente la polla inhiesta y abigarrada. Se mece unos minutos más acelerando los encajamientos a modo conejo, hasta que llega el instante del clímax sugestionando todo su cuerpo desde la polla a su cabeza largando un grueso chorro de su semilla blanca. Chorretazo a Chorretazo va llenando el cubículo del  hospitalario útero materno, del mismo modo que hizo con el de su hermanita… Sandro se dobla gritando de gusto en la culminación de su orgasmo y cae sobre el cuerpo de la madre, que se extiende sobre la cama rendida sumisamente al macho semental que la ha sometido y aún la tiene ensartada.

Sandro nunca ha sentido mejor sensación de deleite en nada, que supere al momento de llegar al orgasmo eyaculando en el útero de su madre. Es un placer que le sublima sobrepasando lo carnal, convertido en pura sugestión anímica que solo se cumple con el incesto, implementado por el morbo de saber que está preñando a su propia madre. No se mueven ninguno de los dos exhaustos…. Siente que su cipote late al ritmo de su corazón sintiéndola muy inflamada. Zoe en su extremo cariño a la madre, acaricia la cara de Sofía besándola, compensando la dura agresión varonil del semental. Los besa alternativamente, sellando un pacto de amor indeleble entre el trío de amantes.

Después de besarlos a ambos en sus bocas, se sacia con su hermano lamiéndolo hasta logra a besar el culo del chico que está en pompa con toda la polla enterrada en la madre. Lo mordisquea mientras ambos fornicadores siguen acoplados, porque el rabo del muchacho no decae… la madre lo siente duro y pertinaz en sus entrañas, tras haber desovado toda la lefa de sus cojones por segunda vez. Las caricias de la chica siguen aún más provocativas, le abre las nalgas y llega al anillo cerradito del chico con su lengua, su estilete se mete allí y lo lame haciendo sentir a Sandro un hormigueo impagable en tal situación. Ella, Zoe le besa las bolas, las lame con ganas y se traga cada huevo alternativamente, lo realiza con suavidad sabiendo que estos testículos están en una fase delicada tras un trabajo enormemente enérgico de fornicación.

Vuelve al  ano ensalivándolo por completo irracionalmente, mientras el chico se sacude a la vez levemente…sigue follándose el coño profundo de la madre. La vara sigue estoica, Gruesa y Granítica. La lengua de la hermana perfora su culo haciéndolo sentir un tanto perturbado, pero le gusta lo que registra su cuerpo. Se lo está abriendo en un continuo dilatado y él bufa de gusto elevándose facilitando a su vez que Sofía se ponga despacio en posición de perrito, sin que la herramienta salga del estuche.

Sandro se prende a sus caderas, y de nuevo serrucha con velocidad el coño de mamá, sin que la lengua de Zoe deje de estar clavada en su agujero postrero. No dura más de tres minutos follando a todo trapo el anegado coño de la madre cuando empieza a largar leche licuada, casi sin presión, dejando completamente secos los huevos del chico y llena la hermosa vagina de la madre que grita desesperada de puro gozo.

Zoe aprovecha y mete un dedo en el ano de Sandro que se lo clava aún más en dos o tres movimientos, a la par que le soba frenéticamente las pelotas agotadas, produciendo el estallando final y el vaciándose por completo. Saca su verga desinflada ahora sí y cae en la cama. Las mujeres a su lado también. Se ríen. Han gozado. El coño de Sofía chorrea líquido hasta las sábanas en un reguero inmenso. Se abrazan los tres cruzando sus los cuerpos. Toman aire exhalando cada pizca de aroma que desprenden los tres cuerpos esperando un nuevo comienzo.

 


CAPÍTULO 14

DANDO RIENDA SUELTA A NUESTROS DESEOS Y UN TRISTE FINAL

Los días pasaban, y entre nosotros íbamos teniendo experiencias que permitían irnos conociendo cada vez más. No crean que todo se convirtió en sesiones de sexo desaforado, decidimos formar una relación de pareja donde el sexo era solo una parte muy importante de ella.

Nuestras actitudes seguían tal y como habíamos quedado antes, en la casa dábamos rienda suelta a todo lo que queríamos, pero procurábamos que el sexo no fuera el centro de todo. Nos ayudábamos en nuestras tareas, arreglábamos juntos la casa, cocinábamos juntos, todo lo hacíamos juntos. Me encantaba ver la nueva Sofía, más alegre y divertida, con ese brillo sin igual en su mirada, yo vivía alegre y esperaba desesperado la hora de volver a verla. En ocasiones salíamos a bailar, en otras a cenar, y muchas otras nos quedábamos en casa, para ver abrazados una película, o simplemente conversar de la vida. Íbamos formando una relación de pareja perfecta.

Con el tiempo, yo me gradué de la universidad y por suerte encontré trabajo pronto, lo cual me permitía poder invitar a Sofía a nuevos, elegantes y divertidos lugares, y en ocasiones hasta hacerle regalos de todo tipo, de pronto joyas, y otras muchas veces lencería provocativa.

En casa, éramos una pareja perfecta, y dormíamos en su cama todas las noches, no llevé mis cosas a su cuarto, por si alguien alguna vez nos visitaba, podría llegar a sospechar algo, no siempre teníamos relaciones, pero cuando las teníamos tratábamos de hacerlas inolvidables. El tiempo pasaba y Sofía obviamente iba presentando los efectos de su edad en su cuerpo, aunque ahora tenía la felicidad y alegría de una jovencita, no podíamos negar el paso del tiempo.

Había engordado un poco, y no porque no se cuidara, así nos pasa a todos, sus tetas ya no eran tan firmes como antes, será por la edad o porque a mí me encantaba besarlos y chuparlos hasta desfallecer. Ahora presentaba michelines en su cintura. Notaba algunas arrugas en su rostro, especialmente alrededor de sus ojos, pero que ella hábilmente escondía con maquillaje. Sus caderas seguían siendo hermosas, tal vez presentaban más celulitis que cuando empezamos a tener relaciones, pero para mí seguían siendo perfectas.

De todas maneras nunca perdía su sensualidad y su buen gusto al vestir. Me encantaba verla de uniforme, me excitaba como pocas cosas en la vida. Como por ejemplo aquella ocasión en la que Sofía tenía que presentar un informe, y repasaba en casa, para no omitir detalle y estar lista, pues de eso dependía un posible asenso en el trabajo. Así que me pidió le ayudara fingiendo ser uno de los accionistas y que de vez en cuando le hiciera preguntas y cosas así.

Estábamos en el cuarto se estudió y ella exponía su presentación, yo no entendía casi nada de lo que me decía, no porque no era mi línea de trabajo, sino porque estaba embobado por Sofía, ella vestía su uniforme de trabajo, pues no se lo había quitado al llegar, yo estaba sentado en una silla cerca del escritorio, ella recorría la habitación mientras daba detalles de su trabajo, con unas hojas en la mano y pasando sus presentaciones en el ordenador.

Yo la veía caminar de esa manera sensual característica de ella, y clavaba mis ojos en sus contorneadas caderas, de sus tetas no podía ver mucho, ya que la blusa blanca que llevaba estaba cubierta por la chaqueta del uniforme que tampoco se había quitado.

En un momento, se detuvo cerca de mí y continuaba hablando, y yo no pude resistir las ganas de acariciar su pierna por debajo de la rodilla, sentir esas medias de nylon que tanto me gustaban. Pasé mi mano por su pierna, la subí suavemente hasta tocar su muslo, ella sonrió con malicia  y complicidad, mientras apartaba mi mano de ahí de un sopapo… – “Quieto tocón” y continuaba su presentación.

Me puse de pie y en forma ofendida, como cuando a un niño le quitan su juguete que tanto le gusta, y me puse de pie a sus espaldas, Sofía hizo un ademán de saber que su presentación y repaso terminarían en ese instante, mientras sonreía con complicidad, la abracé por la cintura y pude oler el aroma de su cabello. Ella se dejó besar el cuello, mientras sentía que su cuerpo temblaba entre mis manos. Rápidamente la giré y la puse de frente a mí, y la arrinconé contra el escritorio.

Le decía cuanto me gustaba y como me excitaba verla pasearse frente a mí, su seducción conmigo debía de ser igual o similar con el resto de hombres que la trataban. Ella soltaba sus hojas al suelo, mientras yo me disponía a besarla, cada beso era dulcemente correspondido. Mi mano derecha sujetaba su cintura, mientras la izquierda bajaba hasta su rodilla derecha y empezaba a subir hacia su muslo, acariciando su piel, le subía un poco la falda. Ella puso su falda en su sitio…

— Hey chico, que pretendes, con esa carita de que preguntas algo sabiendo la respuesta.

— ¡¿Tú qué crees?!

La besaba apasionadamente, mientras ella ponía sus manos sobre mi cuello, yo bajé mis manos y subí su falda hasta más arriba de su cintura, ella se dejaba y más bien me ayudaba a hacerlo mientras apoyaba sus manos en el escritorio, yo acariciaba sus caderas y de un rápido movimiento la senté en el escritorio, no dejaba de besarla. Ya una vez sentada y sin dejar de besarla, prácticamente le quité sus medias nylon junto con sus interiores, ella me ayudaba y colaboraba como si todos los movimientos hubiesen sido planeados y repasados.

Seguíamos besándonos y no fue necesario pronunciar ninguna palabra mientras seguíamos nuestro juego. Bajó sus manos y comenzó a zafarme el pantalón, mientras seguíamos con los besos cada vez más apasionados, dejó caer mi pantalón el cual en complicidad nuestra cayó hasta mis pies, cogió mis calzones y los fue bajando hasta donde alcanzaban sus brazos, la intención era dejar mi verga al aire disponible para el apareamiento animalesco, nos comandaba la sin razón de la lujuria.

Mi polla automáticamente buscaba su vagina, acerqué a Sofía al filo del escritorio, al encontrarse nuestros sexos, casi de forma instintiva y como que tuvieran pensamientos y movimientos propios, empezaron a juntarse. Nuestra calentura era tanta, que Sofía estaba ya cerca del clímax al igual que yo, con mis manos la sujeté de las caderas y la apegaba lo más que podía hacia mí, mientras el cipote encarado entraba de una vez en su boca vaginal. Pude sentir como nuestras pelvis chocaban, y empezamos una serie de entradas y salidas que terminaron en uno de los orgasmos más deliciosos del mundo.

Así pasaban nuestros días, éramos cómplices amantes. En ocasiones no podíamos controlar nuestros impulsos y a veces hacíamos cosas en lugares que no debíamos hacerlo, como aquella vez que la saqué del trabajo a medio día para ir a comprar un coche avalando por mi nuevo empleo de mayor sueldo, pues era un gusto que ya nos merecíamos. Juntos fuimos al concesionario y escogimos el color del vehículo que más nos gustaba a los dos, yo quería uno de tipo deportivo, pero ella insistía en un SUV más grande, más familiar… – Donde quepan tres adultos y muchos niños, le soltó al vendedor.

Encontramos un modelo que tenía un poco de las dos cosas, el Mercedes GLC cupé. Hicimos el papeleo y nos lo entregaron enseguida al no importarnos el color. Dejé que Sofía manejara el coche, ella muy feliz lo conducía por las calles de la ciudad, por las que dábamos vueltas como luciendo nuestro juguete nuevo, y sacando pecho por ello. Igual íbamos felices escuchando lo bien que sonaba el equipo del nuevo auto, así como comprobaba que ella no había perdido su pericia al volante. Veía como su falda que de por sí era sobre la rodilla, al estar en esa posición, se le subía mucho más, dejándome ver sus apetitosos muslos.

Me percaté que por motivos de alcanzar los pedales del embrague y acelerador a la vez, tenía las piernas un tanto abiertas, lo cual me excitó mucho. Sin reparo, puse mi mano izquierda sobre su rodilla derecha, a lo que Sofía regresó a ver lo que estaba haciendo sin perder la vista en el camino, al ver que le gustaba, subí un poco más la mano, sentí un estremecimiento que le recorría por la pierna, entonces decidí subir mucho más hasta donde su falda me dejaba, y me puse a acariciar la parte interna de su muslo.

– ¿Te he dicho alguna vez que me pone muy cachondo las mujeres que conducen…?

Este fue el detonante de una acción que realizaría Sofía, en la primera oportunidad que tuvo, giró el volante y nos llevó a un lugar apartado de las miradas curiosas, entró a un parking de cuatro plantas. En un lugar en penumbra, ni bien detuvo el coche, se soltó el cinturón de seguridad, mientras yo hacía lo mismo y se subía encima de mí, por suerte el “Mercedes GLC cupé” era lo suficientemente amplio para permitir esta maniobra.

Ya subida encima de mí, me besaba apasionadamente, yo hacía lo mismo mientras trataba de zafar su blusa, ella mismo se subió la falda por sobre sus caderas. Entre los movimientos que teníamos me zafaba mi camisa y aflojaba mi pantalón hasta dejar al aire mi miembro, que desde hace rato quería respirar con libertad.

– Hace siglos que no me poseen en un coche, y este es perfecto para que me folles.

Yo en mi desesperación, arranqué las bragas dejándole las medias de nylon negras, ya libres los dos de ataduras, se sentó sobre mi cipote y empezamos a tener la follada de la semana dentro del coche recién estrenado, digamos que lo estábamos desvirgando.. ¡Qué forma de estrenarlo! El cual desde ese día sería testigo de varias situaciones similares con mamá. Sofía era como si le hubiese drogado para que se excite tanto, pues tenía un grado tan alto de excitación que no le importaba nada, yo estaba igual, ella subía y bajaba arrodillada sobre mi miembro, permitiéndole entrar y salir con locura.

Yo acariciaba sus tetas tras soltar su sujetador, ella hacía lo mismo a mi torso desnudo. Cuanto tiempo estuvimos así, no tengo idea, pero cuando explotamos, lo hicimos en tal cantidad como pocas veces. Llenar el coño de mamá con todo mi arsenal de espermatozoides, ya era una costumbre muy cotidiana. Tras terminar y relajarnos, ponernos nuestra ropa en el sitio, nos tocó pasar por una tienda a comprar ropa íntima  para Sofía… un par de medias de nylon para que pudiera regresar al trabajo y nadie se diera cuenta de lo que venía haciendo. El sexo desaforado que tuvimos juntos fue nuestro almuerzo de ese día. Una serie de situaciones similares y de variadas formas se repetirían durante años. Pero lo más sorprendente es lo que me contó mi madre al final…



Descubrir que estaba preñada mientras me preparaba para hacer un tratamiento de fertilidad a espaldas de ti, porque deseaba darte tu primer hijo, pero lo que ocurrió en el ginecólogo me dejó totalmente en shock. Desde que tenemos relaciones pensé que la forma de no perderte era dándote un hijo… lo imaginé una y otra vez

¿Cómo te lo tomarías cuando me enteraras de la noticia? ¿Cómo se lo diríamos a mi familia? ¿Cómo se lo diría a Zoe y cómo se lo tomaría? ¿Cómo posiblemente me iba a sentir a mi edad estando preñada de mi hijo? Dado, que una condición para iniciar el tratamiento es que llegue ese bendito día del mes de toda mujer, yo estaba casi una semana esperando y nada. Mi doctor muy sabio me dice… “ve a hacerte una prueba de embarazo”…..y yo me reí diciéndole ¿Para qué?… él respondió que para descartar.

Y así el sábado 6 de Diciembre del 2012, fui al laboratorio a cumplir con la recomendación. La escena de enterarme de la noticia me cogió hablando por videoconferencia con Zoe, y vi que llegó un mail del laboratorio, (estaba sola físicamente). Inmediatamente mi corazón empezó a latir más fuerte y mi respiración se agitó. Le comenté a tu hermana… “tengo miedo de abrirlo” mi escepticismo confiaba en que no podía haber novedad alguna.

Al abrir el mail y ver la respuesta “POSITIVO”, fue como si abrieran las compuertas de una presa de agua, una de esas bien grandes y fuertes que ya no se esforzaba por contener miedos, desesperanza y dolores antiguos. Lloré incontinuamente más de 10 minutos. Hacía tantos años que deseaba una noticia como ésta. Mi mente no podía creerlo. Me tomó más de una semana reconocer que me enfrentaba a un nuevo camino en mi vida contigo y el bebé, ese que tanto estuve esperando y que llegó en un contexto y forma totalmente impredecible. Tarde en confiar que este regalo era real, era cierto. Atrás quedaron todas las fantasías del proceso convencional de descubrir una noticia como ésta. Atrás quedaron las historias de espera y frustración.

“Pocas cosas en nuestras vidas suceden como esperábamos, por lo que es mejor entrenarnos en aprender a aceptar la vida tal como se nos presenta”

La semana pasada celebramos el primer año de nuestro hijo Santiago. Pasamos un día en familia (sólo para los tres), en pleno agradecimiento de tenerlo y además en un lugar hermoso como es la sierra de Madrid. Ser una mamá a mi edad es casi como ser primeriza, enfocada como todas en darle lo mejor a tu hijo trae consigo momentos con toda gama de intensidades, colores y sabores. Si bien cada día agradezco y siento como una enorme bendición el tenerlo… “es un trabajo exigente”.

Por lo general todos te dicen “disfrútalo el tiempo pasa muy rápido”, y yo dentro de mí siempre digo… “el tiempo pasa tal como es, ni rápido, ni lento” Bueno sí, a veces lo sentía pasar lento lo confieso. Familiarizarte con la lactancia, entender lo que necesitan, cuidarlos sin sobreproteger, nutrirlos sanamente, hablarles, cantarles, dormir mucho menos, y en definitiva estar 200% disponible para alguien más, cuando has vivido tus primeros 40 años para ti, sin duda es un viaje de grandes alegrías y desafíos.

Ser madre a los 40 es la mejor bendición que pude recibir en la vida, ser madre de un hijo de mi hijo mucho más, después de serias dudas si volver a concebir otro bebé. Si bien me identifico y entiendo a las mujeres cuyos proyectos de vida no incluyen la maternidad por elección, o por dificultades, los niveles de sensibilidad, vulnerabilidad, paranoia y hasta enloquecimiento que una mamá primeriza puede experimentar son incomparables con otras experiencias. El apoyo de Sandro y Zoe me ha enseñado a confiar en una manera nueva para mí y redescubrir la frase “Soy líder de mi vida”.

Cuando todo parece nublado (y sé que suena a cliché) la existencia de esa pequeña criatura concebida del amor entre una madre y su hijo, me recuerda la magia de lo posible. Ser madre sin duda te coloca en un viaje de interiorización profunda (a quienes escuchan la llamada), y es una excelente oportunidad para aprender sobre tus propios límites, tu intuición, pedir ayuda, ser flexible cuando hay que serlo, vivir en el presente día a día y ser líder de tu propio aprendizaje. El 24 de Agosto del 2013 celebré mi segundo cumpleaños. No hay un solo día que no agradezca la experiencia de ser mamá, y el cáncer me daba la oportunidad de disfrutar un día más de mi pequeño.

Esa fecha fue mi segundo cumpleaños porque con él nació una nueva identidad en mi, una nueva “Sofía”. Experimentar un cambio drástico en tu vida, por lo general te invitará a preguntarte ¿Quién Soy?, y hay numerosas situaciones que pueden provocarlo (no sólo la maternidad sino también en la enfermedad incurable).



Nada más nacer Santiago, los doctores detectaron algo no estaba bien en el útero de mamá. Es evidente que paso del tiempo hizo mella en nosotros, más en Sofía  a quien le detectaron un cáncer de útero. Yo siempre estuve a su lado más que como un hijo, como su pareja, apoyándola y cuidándola. Se tuvo que operar y le sacaron el útero, la operación salió bien, pero ella jamás volvió a ser la misma, aunque lo intentaba, pero seguíamos juntos, la vi reponerse físicamente, inclusive con el tiempo volvimos a tener relaciones, ya no de la misma manera, siempre con cuidado, pues yo no quería lastimarla.

Esto fue por un lapso de 7 años más, hasta cuando de la noche a la mañana, la maldita enfermedad reapareció en Sofía, esta vez en su estómago, y regresó con tal fuerza que se expandió por todo su cuerpo, los médicos nos dieron una esperanza de vida de tres meses, pero por su fuerza de voluntad o tal vez por mis cuidados y cariño, me acompañó durante  seis meses, en los cuales intenté hacerla lo más feliz que pude. Cuando me dejó el pasado 7 de diciembre, se fue con una sonrisa en sus labios, una sonrisa que me decía que había disfrutado su vida a plenitud, de hecho unas horas antes, me decía que no se arrepentía de nada y que me agradecía por todo lo que habíamos vivido juntos.

Yo con el tiempo me repondría poco a poco, pero por ahora me quedaba solo su recuerdo, su aroma, su nombre…. Sofía y nuestro hijo. El dolor se pudo mitigar más fácilmente con la presencia de Zoe, que pese a habernos alejado hacía mucho por su actual marido, nunca se olvidó de nosotros y de vez en cuando me visita ella sola y nos montábamos nuestras fiestas particulares… su marido no la preñaba y sabiendo que en su hermano hay un semental homologado en úteros difíciles de preñar. Se hormonó y le han confirmado que está de mellizos con 16 semanas ¡La vida continúa y nuestra misión como sementales es fecundar a las hembras que pueden procrear!

FIN

Si te ha gustado el relato, siempre agradezco un comentario al respecto.... TROVO DÉCIMO

Siempre la recordaré tan maravillosa en su día a día

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