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sábado, 27 de febrero de 2021

ESTEFANÍA


Casi pateando la puerta, Estefanía sale de su casa. Está furiosa y no quiere que nadie se le cruce por delante. En el trayecto hasta el almacén no para de regañar y apenas toma en cuenta los piropos que lanzan algunos sujetos al pasar. Estefanía está realmente enojada ya que sus padres le recortaron la paga por sus notas…, para la pelirroja es inaceptable algo así, pese a que muy en el fondo admite que tienen razón, pero ella jamás lo va a reconocer, simplemente es demasiado orgullosa. Cruzando la calle unos chicos que juegan futbol le dicen algunos piropos, Estefanía se enfurece aún más y patea con fuerza el balón lanzándolo lejos con tan mala fortuna que golpea a un viejo que iba caminando por la acera de enfrente. Los chicos de inmediato salen corriendo y Estefanía, para evitarse más problemas, decide dar la cara.

– Realmente lo siento

Se excusa la pelirroja ante el hombre que recoge su sombrero.

No salía a la calle en días y vaya recepción que recibo. – Estefanía lo mira a los ojos que son de un intenso color azul, – Así que fuiste tú chiquilla, no sabía que jugabas fútbol también.

– No juego, solo que de rabia lo pateé tan fuerte como pude.

Sí… noté que estabas enojada, lo que decías me llamo la atención, – Estefanía se avergüenza aún más – Decías algo de tu paga en medio de tus regaños, – ella se encoje de hombros.

Pues sí, me recortaron, o mejor dicho me cortaron la paga por mis notas.

– Oh ya veo, gran problema para ti. – El viejo comienza a caminar alejándose de Estefanía, se detiene y la mira, ella lo estaba siguiendo con la mirada – Si deseas ganarte unos dineros yo te puedo ayudar… – le dice mientras camina, ella se pone suspicaz y lo sigue.

¿Y qué debo hacer? – le pregunta con cierto sarcasmo.

No mucho, solo visitarme – le dice él, Estefanía lo mira extrañada, – Es en serio, solo visitarme y hacerle compañía a este pobre viejo, nada más…, obviamente si así lo quieres. Te pagaré por tu compañía… suele ser algo muy preciado que no se tiene en cuenta hoy en día – le dice girándose para mirar sus hermosos ojos verdes.

Lo pensaré – responde la pelirroja.

Muy bien, me parece justo, – y se pone a caminar otra vez, – Puedes encontrarme en la casa señorial al fondo del pasaje – le dice y Estefanía retoma su camino aún pensativa acerca de tan extraño encuentro, siente miedo que sea un pervertido que se quiera aprovechar de ella…, pero cuando se refería a “tu compañía” no ha notado nada sexual en sus palabras.

Pasan unos días y Estefanía ya había olvidado el asunto cuando se da cuenta que realmente tiene problemas de dinero. Sus hermanos ya no están dispuestos a prestarle más y en el colegio les debe a algunos de sus amigos los cuales tratan de aprovecharse de ello pidiéndole algunos favores a cambio, situación que asquea a Estefanía sintiendo que la están tratando de puta y no como una amiga. Regresando a casa va cruzando la calle cuando mira a su izquierda y ve la mansión al final del pasaje, imponente y con cierto aire tenebroso. Estefanía recuerda la conversación con el viejo y decide dar un vistazo aunque con algunas dudas. Se impresiona al ver el lugar de cerca, siendo niña siempre le tuvo miedo y aún recuerda las historias que se contaban de él, sobre niños que desaparecían si entraban. Golpea a la puerta y el eco que se siente la asusta un poco. Con un crujido, el portón de madera se abre y una empleada la recibe.

Disculpe, el otro día hable con un caballero…

– ¡Ah sí! Con don Fernando, claro pasa no hay problema. – Estefanía entra insegura de si está haciendo lo correcto al venir aquí… parece que la estuvieran esperando – Ven sígueme.

La empleada la conduce al amplio salón de la mansión donde la pelirroja se maravilla de la decoración, la cual pese a los años, aun luce opulencia y esplendor, nada imaginado desde fuera.

Vaya pero qué sorpresa mi niña, me imagino que la crisis económica debe ser fuerte – le dice don Fernando con una sonrisa y se sienta en su sillón favorito, – Vamos toma asiento – Estefanía se sienta en un sofá cruzando sus piernas, algo que no pasa inadvertido a la mirada del viejo.

Si quiere mi compañía solo para mirarme las piernas se equivoca de chica…

Bah, no seas aguafiestas, – replica don Fernando. Ella se queda fija estoicamente en el sofá.

¿Y bien, aquí estoy…. ahora qué?

Pues empecemos por contarme algo de ti – le dice él.

¿Qué le cuente de mí?

Pues claro. Estoy seguro que una chiquilla tan guapa como tú debe tener mucho que contar.

Estefanía sonríe, – veo que usted es bastante campechano, mucho más de lo que aparenta.

– No que va, soy curioso, créeme, soy de confianza, todo lo que me digas te prometo que me lo llevaré a la tumba, y eso será pronto – le dice levantando una mano en forma de juramento.

Sorprendida, Estefanía le cuenta algunas cosas de su familia, donde vive y del colegio al cual asiste… sus dificultades económicas por la situación de crisis permanente familiar.

¿Eres buena alumna?, Estefanía se sonroja.

Si pretende avergonzarme con esa pregunta lo está consiguiendo – le responde.

Oh ya veo, no era mi intención, ¿tienes novio?

¿Eso es importante?

– Pues para mí sí. – Contesta don Fernando mirando, con una sonrisa picaresca, a Estefanía.

No, no tengo.

Me lo imaginaba – agrega él.

¿Por qué se lo imaginaba?

Pues porque los compromisos no son lo tuyo.

– Soy irresponsable entonces.

– No, pero eres un espíritu libre que trata de disfrutar la vida, eres coqueta y te gusta lucir tu belleza, por algo realzas tu cabellera pelirroja, tus ojos verdes, tus labios carnosos y tu hermosa figura sabiendo que eso te hace diferente a las demás. Se ve que tienes carácter, lo noté el otro día y también se ve que eres decidida a la hora de hacer las cosas ¡Ah! Y también no tienes pelos en la lengua a la hora de hablar… eres muy decidida y lo que tienes que hacer lo haces y punto. Inteligente, perspicaz y otras muchas cosas que descubriré pronto.

Estefanía guarda silencio, no sabe que responderle pues él la describió de una manera en la que ella misma jamás se había podido describir, coincidente en su análisis en casi todo… o todo.

No te sorprendas de lo que te digo ni tomes a mal mis palabras, tú y yo tenemos mucho en común, guardando las proporciones.

– ¿Cómo es eso? – Pregunta Estefanía con interés.

Pues cuando era joven era así como tú, atrevido, orgulloso, algo arrogante y quería conocer de todo, hacer de todo y vivir al máximo, también fui muy popular con las mujeres – Agrega sonriendo. – Follé con muchas, cambiaba cada poco y a veces tenía dos amantes a la vez.

Ambos conversan largo rato, sobre las continuas disputas con su madre, o el cumpleaños de una tía que tiene una tira de hijos de padres diferentes y no entiende cómo puede soportarlo… ella se volvería loca con tanto niño pululando por casa. De sus amigas y lo divertida que fue la fiesta en la piscina de una amiga el día de carnaval. Estefanía se siente extrañamente a gusto con él, se desparrama en detalles íntimos como si lo conociera de toda la vida… por primera vez tiene a alguien con quien conversar sin que sea por interés y sin el miedo de que salga contándole al resto, algo que ya le pasó en una ocasión. Su gran ilusión es poder viajar y sentirse libre, le dice.

Mira la hora que es, mejor te vas antes que sea muy tarde y tengas problemas en casa.

Estefanía no se había percatado de la hora, realmente el tiempo se le pasó volando y don Fernando le entrega una generosa suma de dinero, al punto que Estefanía lo mira desconcertada. Es mucho más que la paga mensual, de cuando tenía una.

¿Seguro de esto? – le pregunta al ver los billetes.

Seguro, ya tengo todo arreglado y adonde iré, arriba o abajo, no lo voy a necesitar, – Estefanía se ríe, – Nos vemos mi niña… siempre tendrás unos oídos que escuchan y una paga.

– ¿Y qué le hace pensar que voy a volver, ahora que tengo dinero?

Don Fernando la mira a los ojos, – volverás, porque tu forma de ser me lo sugiere. Tu espíritu aventurero nunca hace nada por dinero. La paga es sustancial, pero no será lo que traiga a mí.

Sin decir una sola palabra Estefanía se retira pensando en lo de hoy. De nuevo pasan unos días, se hace fuerte deseando contrariar al viejo… pero Estefanía sucumbe y decide hacerle una visita. Como él bien dijo, no por dinero…lo hace simplemente por el deseo conversar con alguien. Pese a la tremenda diferencia de edad entre ambos, Estefanía se siente cómoda con él, siente que es alguien de confianza y por ello recoge su chaqueta y sale de su casa caminando tranquilamente rumbo a la mansión de don Fernando que nuevamente la recibe con los brazos abiertos.

Estaba aburrida es todo – responde Estefanía ante la pregunta del motivo de su visita.

Ambos conversan cuando se oyen otras voces acercándose y Estefanía nota de inmediato que la expresión en el rostro de don Fernando cambia rápidamente pasándose de su aspecto amable a otro de enojo, que Estefanía jamás le había visto y ciertamente la intimida. Cuatro personas que nunca había visto entran al salón, y a juzgar por el rostro de don Fernando se le hace claro que no es gente bienvenida. La empleada del hogar aparece detrás tratando de explicar, pero don Fernando simplemente levanta la mano, cual general parando las tropas en plena carga hacia el enemigo. Quedo perpleja de la autoridad de mi confidente.

Ven, vamos a conversar a otro lugar – le dice a Estefanía que lo sigue.

Vaya tío veo que tiene buen gusto para la compañía, aunque parece muy joven para usted ¿No cree? – dice en voz alta alguien.

Estefanía reacciona de inmediato y le lanza una dura mirada que le quita la estúpida sonrisa del rostro, lo único que la detiene de no hacer o decir algo más es que esta en una casa ajena. Luego de una tensa pausa Estefanía sigue a don Fernando que la lleva a su estudio, el cual mantiene bajo siete llaves, muy literalmente.

– Que sujeto más idiota – comenta la pelirroja con rabia y don Fernando la mira, – lo siento.

No te disculpes, es un consuelo saber que yo no soy el único que piensa lo mismo.

Hay un momento de silencio entre ambos, – ¿todos ellos son parientes suyos? – pregunta de manera tentativa.

Por desgracia si, sobrinos todos, pero desafortunadamente no son los únicos. Todos son unos zánganos, verdaderos buitres que solo desean verme en el cajón para quedarse con mis cosas nada más, han intentado de todo para tratar de sacarme de aquí y llevarme a un asilo de ancianos o a un hospital, pero no les daré semejante gusto, el día que salga de aquí para no volver será cuando salga difunto con los pies por delante.

Estefanía siente curiosidad por las cosas de las que habla, pero decide no presionar. La empleada aparece trayendo café y algo de comer para ambos, afuera se ven a los mismos sujetos, pero no se atreven a poner un pie dentro.

Bueno mi niña – dice don Fernando volviendo a su anterior y alegre carácter, – el otro día te vi bajarte de un coche a unas calles de tu casa... ¡¿Eran amigos tuyos?!

Estefanía de inmediato se ruboriza. – Nada de su incumbencia – responde mientras se acomoda en la amplia silla que ocupa y que parece un trono.

Ya veo, ¡Deben ser amigos y muy especiales, entonces! – insiste.

No es asunto suyo – responde Estefanía tratando de hacerse la enojada aunque con poco convencimiento de sí misma, – Muy, muy especiales – agrega él moviendo la cabeza sin sacar la vista de la pelirroja que acomoda su trasero en la silla como si este le picara.

– Son unos ex vecinos que se ofrecieron a dejarme cerca de la casa, nada más… – responde tratando de dar por terminado el tema, en una explosión de carácter.

Entiendo, o sea te dejaron cerca como a ocho calles de tu casa. ¡¿Y si son solo vecinos para que te sulfuras tanto?! Tu cabello se puso más rojo aun.

Estefanía de inmediato se percata que se dio un tiro en el pie, y cada vez que mira a don Fernando se topa con sus ojos intensamente azules clavados en ella, siente como si le hiciera rayos X con el azul del cielo auscultándola en lo más íntimo de su cerebro.

Realmente detesto cuando hace eso – replica la pelirroja en referencia al hecho que él es capaz de leerla por completo, de arriba abajo.

¿Y bien?, debe ser algo muy importante lo que quieres decir pero no te atreves.

Nuevamente Estefanía se incomoda ya que él dice la verdad. La pelirroja suspira profundamente y sus pechos se levantan de forma notoria bajo la blusa, la chaqueta la tiene colgada en el respaldo de la silla y se sienta cruzando sus piernas bien marcadas en los jeans que viste. Ella bebe un poco de café y la taza la desliza por sus carnosos labios con lentitud. En ningún momento mira a don Fernando. Deja la taza sobre el escritorio y levanta la mirada como si estuviera lista para hablar…, don Fernando entrecruza los dedos de sus manos y la mira fijamente.

No puedo creer que le vaya a contar esto – dice en voz baja. – Ellos vivían al lado de mi casa hacia el patio trasero. Son una pareja, Esther y Ricardo, ambos hacían o mejor dicho hacen una buena pareja. Siempre eran motivo de comentario en el vecindario, se veían siempre felices juntos y compartían mucho, eran la pareja perfecta y Esther siempre comentaba que tenían una vida sexual muy activa lo que era la envidia entre las mujeres del barrio – dice Estefanía aun ruborizada. – Ocasionalmente los veía y los saludaba, él me parecía sumamente atractivo sin ser especialmente guapo… yo trataba de imitar un poco a su esposa en su forma de vestir, era muy inmadura aun, no ingenua, pero si inmadura deseando aprender de los demás.

Estefanía guarda silencio, – ¿eras, virgen? – pregunta don Fernando de forma tentativa y Estefanía se sonroja de forma notable, pero sin enojarse ni nada ante semejante pregunta, es como si ella la hubiera estado esperando


Sí, en ese tiempo lo era, pero el sexo no era algo extraño y no lo veía como algo morboso o prohibido – responde ella con seguridad, sin demostrar timidez en sus palabras.

– Una noche salí al patio de mi casa a fumar un cigarro, si antes fumaba… comencé a los 13 años, lo hacía por idiota creía que me veía mayor solo por fumar y lo dejé a los 16. Me escondía cerca de un cobertizo en el fondo del patio y estaba con mi cigarro cuando empecé a escuchar voces que venían del otro lado del muro, al principio no preste mucha atención, pero cuando empecé a escuchar cosas como “¡Dame más duro! o ¡Métesela hasta el fondo!” quedé atónita.

Al comienzo de su historia Estefanía se mostró un poco tímida, sin embargo a medida que habla y pese a la pregunta de don Fernando se muestra más segura y con más confianza a cada momento. La adolescente emocionada mira a su confidente con los ojos vidriosos de emoción.

Como pude trepé al techo de su cobertizo, era muy tarde esa noche, y cuando miré por entre los árboles que habían ahí puede ver lo que sucedida. La escena era increíble por decir algo. Ricardo estaba recostado en una de esas sillas de playa o algo así – dice Estefanía sin mostrar la vergüenza de otras chicas de su edad al describir una escena así, – lo más impresionante era ver a Esther que estaba en el suelo, recostada sobre una toalla follando con dos sujetos a la vez que le daban con todo y por ambos lados – dice la pelirroja con asombro. – Yo quedé casi en shock cuando los vi, con su marido mirando plácidamente a dos tipos que se follaban a su esposa y él empalmado con su verga en la mano subiendo y bajando el prepucio haciéndose una paja…

Al decir esto se nota un brillo en sus ojos, don Fernando permanece impasible sin mover un musculo, pero muy atento a las palabras de Estefanía, que describe muy bien la escena.

Como nunca, sentí mi cuerpo arder. Debo decir que a esas alturas yo ya me tocaba… conocía el placer de frotar mi clítoris y correrme metiéndome los dedos y cosas así, pero esto era único. Quedé escondida mirando toda la escena… las pollas de esos hombres eran tremendas y se la metía con dureza hasta el fondo. Desde mi posición a veces veía como le entraba el cipote hasta los huevos, y como estos se balanceaban golpeando su coño..., al mismo tiempo tenía a otro mamándole la verga. Todo eso alternándose los dos machos sobre la esposa, hasta que terminaron con ella. El caso es que ni que decirle que los tres se corrieron dentro de su coño o boca… la follaron a pelo, eso lo vi… me sorprendió porque era joven y la podían preñar. Acabaron y se vistieron. Ricardo les despidió agradecido, en momento miró hacia el techo del cobertizo y me agazapé… creía que no me había visto, luego supe que estaba equivocada. Al volver a mi cama me empecé a tocar como no lo había hecho nunca y me corrí por lo menos dos veces con el mango del cepillo del pelo, que es suave sin aristas en la punta, pero con relieve que le da una textura semejante al tronco de un cipote.

¿Y esto volvió a suceder? – pregunta él.

Sí, varias veces no con los mismos dos hombres, con mujeres, parejas y gente así.

– ¿Y tú fantaseabas con ser parte de algo así?

Estefanía demora en responder pero lo hace, – Sí.

– Una tarde llegué del colegio cuando vi que Esther estaba conversando con mi madre, ella dijo que quería pedirme un favor… “que cuidara el perro y de la casa esa noche, ya que ambos iban a ir a una fiesta”. De inmediato me imaginé que fiesta sería, así que les dije que sí. Como a las nueve me fui a su casa. Ambos estaban arreglados bien formales como para ir a un cóctel, él con traje y corbata y ella con un vestido largo, bien ajustado a su cuerpo y abierto a un lado mostrando las bellas piernas que tiene, se veía increíble… estilizada y muy elegante.

En cuanto se fueron me puse a recorrer la casa, el perro dormitaba sobre la alfombra del salón. El dormitorio fue lo primero que vi y el solo imaginarme lo que ahí sucedía me puso a mil, me tiré en la cama y de inmediato metí una mano entre mis piernas, ese día usaba un chándal deportivo bien holgado. Recuerdo que revisé un mueble y había varios juguetes, quedé sorprendida de la vida sexual que ambos llevaban… solo por el equipamiento debía de ser muy intensa.

Estefanía hace una pausa y bebe algo, el brillo en sus ojos demuestra lo excitada que esta por lo que le cuenta a don Fernando que está atento a las palabras de la pelirroja.

– Me fui al salón a ver tele, para variar tenían todos los canales porno disponibles, así que vi una entre varias películas. Era pasada la medianoche cuando llegaron, me sorprendió un poco ya que pensé que la fiesta sería más larga. Les pregunté cómo les fue y Esther me dijo que la fiesta era de la oficina y muy aburrida. Yo me fui a recoger una cazadora para volver a mi casa cuando Ricardo me tomó de las caderas y me pegó a su cuerpo… ¡Quedé desconcertada!

¿Cómo reaccionaste?

–  Pues quedé estupefacta, no sabía si era en serio o me estaba jugando una broma, pero pronto me di cuenta que era en serio cuando puso sus manos en mis tetas y comenzó a besarme el cuello, nadie me había manoseado así antes, con tanta delicadeza, se notaba de inmediato que sabía lo que hacía muy seguro de sí mismo… su esposa podía llegar en cualquier momento.

Estefanía juega un momento con su cabello y después sigue hablando.

– Él seguía adelante con sus caricias, tomaba mis tetas, que ya eran grandes en ese tiempo pese a tener solo 14 años, llenaba más volumen que mujeres de 40. Las estrujaba por encima de mi ropa. Seguía besándome en el cuello. Yo no sabía bien que hacer, por un lado me derretía con sus caricias y besos, pero me preocupaba lo que ella iba a hacer si nos veía Esther.

¿Ella no estaba ahí?

– No, había ido a buscar mi paga. Yo forcejeaba un poco, pero mis fuerzas me fueron abandonando rápidamente ante semejante manoseo…, en especial metió fácil una mano bajo mis pantalones deportivos, y acarició mi coño ipso facto al saltarse el elástico de una mis bragas.

– ¿El primero que lo hacía?

–  ¡¿Eh?! No, ya había tenido algunos encuentros con un novio que tuve antes, pero era muy bruto, a Ricardo se le notaba la experiencia. – La chica esbozó una sonrisa de complacencia.

– En ese momento apareció Esther en la habitación, yo me quedé helada, pero ella me sonrió, se me acercó y me dio un tremendo beso en la boca, con fuerza y presionando sus labios sobre los míos y con sus manos me fue subiendo mi camiseta buscando mis pezones…. “¡Nada mal!”  Me dijo y después me besó nuevamente, ahora metiendo su lengua en mi boca. Yo estaba atrapada entre ambos, me besaban y manoseaban como querían, yo me puse tan excitada que simplemente no oponía resistencia. Ahí me dijeron que se vinieron antes para tener una fiesta más privada conmigo… los vi muy dispuestos a follarme. Visualicé cómo se la follaron a ella.

Un sonido tras la puerta los interrumpe un momento, don Fernando se pone de pie y cruza unas palabras regresa a su sillón. Ya en la intimidad de nuestra conversación prosigo…

– Comenzaron a desvestirme y a desvestirse ellos, pronto me vi con mis tetas al descubierto y entre ambos me los acariciaban y besaban, nunca me había besado las tetas antes y entre los dos me hacían gemir… ya no podía controlarme. Esther descubrió las suyas y frotaba sus pezones con los míos. Ricardo me besaba y sobaba el culo, poco a poco me fueron despojando de mis ropas y entre los dos me recostaron sobre la alfombra. Ellos se desnudaron también y me besaron de arriba abajo. Ricardo me tomó de las manos y las extendió, Esther se metió entre mis piernas y comenzó a darme sexo oral, era algo indescriptible como me comía el coño. Ya imagina que era la primera vez que me lo hacían y era una mujer mayor quien me comía el coñito. Sentía su lengua deslizándose en mis partes íntimas… entre los finos pliegues de mis labios vaginales, pasaba entre mis muslos, me retorcía y gemía desesperada, ¡Vaya! Se sentía bien.

Relata Estefanía con lujo de detalles disfrutando la morbosidad de su historia y a quien se la está contando también. Don Fernando es un veterano pero nunca se termina de aprender todo.

– Esther se montó sobre mí, frotaba todo su cuerpo con el mío, sus tetazas y su vientre lo presionaba sobre mi pubis, se movía como si me estuviera follando. A esas alturas ya me había dejado llevar por todo y le seguía el ritmo, o al menos intentaba hacerlo. En ese momento Ricardo acercó a nosotras, su verga bien erecta y dura. Esther fue la primera en probarlo y le comenzó a hacer una mamada justo frente a mi rostro, yo aún estaba bajo ella. Lo chupaba y saboreaba mostrando lo bien que sabía hacerlo. Desde la perspectiva inferior, se veían unos huevos grandes balanceándose al compás de la incursión en la boca de su esposa, y la tranca entrar y salir deslizándose hasta la garganta, en donde se le notaba en ella, por el abultamiento del cuello.

¿También algo nuevo para ti?

– No – Contesta Estefanía con seguridad, – en una ocasión le había hecho una mamada a un chico, pero fue una tontería, nada en serio… se corrió muy rápido y me hizo tragar toda su leche el muy cabrón. Me sujetó fuerte de la cabeza justo antes de eyacular y no me dejó otra opción… luego no lo he hecho más, lo de tragarme la leche, me dijeron que no era bueno y ya no lo hago.

Estefanía continuó su relato…

– Ricardo acercó su polla y la puso en mi boca, con timidez comencé a pasar mi lengua sobre la misma, a lo largo del tronco en donde percibía la orografía irregular de su piel, luego llegué a su roja cabeza, era gorda y bastante redonda…muy hinchada y dura… brillante. Esther me miraba y sonreía, ocasionalmente me hacía algún comentario acerca de cómo hacerlo mejor y yo le obedecía, ella sabe mucho de estas cosas…, además conocía bien los gustos de su esposo.

Agrega Estefanía con una sonrisa llena de coquetería, lujuria y algo de vergüenza.

– Pronto le tomé el ritmo y ya lo ponía entero entre mis labios, lo frotaba con mis manos y con mi boca, realmente lo disfrutaba haciéndole la mamada, la primera en serio que le hacía a un hombre…sabía muy bien, un olor y sabor fuerte a macho pero para nada desagradable. Esther al verme ya por mi cuenta se puso a jugar con mi cuerpo, besaba mis tetas y pronto se metió entre mis piernas para seguir con la comida en mi coño. Me ruboricé al notar su lengua en él.

No sé cuánto rato estuvimos así, pero entre los dos me hicieron gozar como nunca hasta ese momento, yo también los hacía disfrutar como podía. Ricardo me mostró como debía comerle el coño a una mujer, eso lo pude hacer más fácil que la mamada… porque me ahogaba con arcadas frecuentes, de lo honda que la metía. Nunca logró enterrarla entera en mi garganta como hizo con Esther, eso me libró de un mal peor. También me puso los huevazos en la cara y la boca, se los chupé y jugué con sus bolas, le gustó mucho como se lo hice y a mí sentirlas moverse dentro del escroto. Me pareció fascinante, sabiendo que flotaban en la leche que estaban produciendo.

Los tres estaban ahí, tirados sobre la alfombra dándose sexo oral… y Estefanía siendo el jamón del sándwich. La chica sigue su historia dando los detalles de todo, ella se muestra sin pelos en la lengua y contesta todas las preguntas sin inmutarse o sonrojarse en exceso, algo raro en una chica de su edad. Habla con seguridad y sin titubeos, como si siempre hubiese querido contarle esto a alguien, y en don Fernando encontró a la persona adecuada de su confianza.

– Ambos me mostraron como follar, Ricardo tomo a su esposa y ella se puso a cuatro patas como si fuera una perra en celo. Sin mucha espera, se la metió por la raja sin mesura, dándole bien duro. ¡¡Vaya cómo follan con todo, esos dos!! Él es rudo y duro cuando jode con su esposa porque a ella le gusta y se lo reclamaba. Simplemente los miraba y disfrutaba metiendo una mano entre mis piernas ¡¡ Son verdaderos profesionales!! Era un deleite ver aquel falo entrando en el coño y desapareciendo por completo, así una y otra vez oyendo los chasquidos del acople.

La chica se notaba azorada reviviendo aquellos primeros momentos de algo tan excitante.

– Cuando Ricardo se la extrajo, se tumbó de espaldas, Esther me hizo un gesto y entre ambas le hicimos una mamada, vaya dúo fue ese con besos y todo entre nosotras… luego también participó él metiéndonos la lengua ¡Nos portábamos como dos zorras! Incluso le atrapé su pollón entre mis tetas y le hice una paja cubana con ellos. Algo que siempre había querido hacer por lo grandes que tenía mis tetas, pero nunca encontré una polla suficientemente larga para hacerlo bien…, aunque ahora ya lo hago mucho mejor, entonces no me salió nada mal – señala con orgullo aduciendo a que sus tetas son más grandes que muchas mujeres adultas.

Fue en ese instante en que decidí que era mi turno. Sentí una revelación o necesidad vital de pasar de niña a mujer. Esther me dijo que yo me montara encima, que haría la penetración más cómoda ya que podría sentirla mejor y controlar la fuerza de la misma…, la primera vez a veces es algo incomoda. Con expectación y temor me puse sobre él, Ricardo tomó mis tetas y me las masajeo delicadamente a modo de masaje acomodaticio. Yo me puse tensa y nerviosa aún, pero Esther me dijo que me relajara con su esposo, añadiendo que era ya un veterano desvirgando coñitos. Ella se ubicó detrás tomó mis caderas, me dio unos besos relajantes.

Ya no estaba tensa como hacía un rato antes. Me dio un gran beso y con una mano cogió el la tranca de su esposo guiándola hasta la entrada de mi chochito, yo casi di un brinco al sentir su cabezón rozando mis labios por primera vez, era algo increíble en ese instante, sentir una gran verga de esa manera. Esther me abría los labios vaginales para que no quedaran forzados.

Abierta de piernas en cuclillas, el juego duró un rato hasta que lentamente me fui dejando caer. Ella me hablaba con voz relajada… me decía “Lo vas a gozar” y cosas así. Poco a poco lo fui sintiendo como se hundía en mi cuerpo, Ricardo me guiaba sujeta de las caderas, hasta que entró lo suficiente y lo dejó alojado un instante. Mi ceñida vagina se amoldaba al intruso. Al cabo de un rato, percibí un poco de presión y dolor…. de repente entró aún más, sintiendo una sensación rara… supe que se producía un desgarro suave expandiéndome por dentro con el recio grosor de su cipote… ¡¡Ahí dejé de ser virgen!! El himen se dividió para dar paso al tronco de su endurecida verga…. Me desfloró desvirgándome el coñito… me partieron el Himen que por lo visto aun no lo había roto del todo con el mango del cepillo del pelo, quizás por ser fino.

Entre ambos fueron muy delicados conmigo, me ayudaron y Ricardo en especial me trató bien sin ser rudo ni nada por estilo, querían hacerme gozar, no llorar. Esther ayudaba indicando que me moviera despacio, a fin de habituarme a sentir un miembro viril en mi sexo, su polla no era pequeña. Al principio me dolió un poco, pero tomando el ritmo y le empecé a cabalgar despacio… la lubricación ayudaba. Y vaya si notaba diferencia con el grosor del mango del cepillo…

En sus ojos se nota lo excitada que estaba… sus bellos ojos verdes brillaban como esmeraldas mientras relata el día en que se convirtió en mujer según sus palabras, don Fernando la escucha atentamente, ya sin hacerle más preguntas, simplemente atendía como un psicólogo a su paciente, tomando notas mentales del inolvidable acontecimiento de Estefanía.

– Una vez que me habitué comencé a hacerlo con más fuerza, entre ambos me hacían disfrutar, Ricardo tomaba mis tetas y Esther me llenaba de besos por mi cara y cuello mientras frotaba su pubis contra mi trasero, yo me sentía extasiada y gemía como loca, era increíble lo que sentía en ese instante. Tras un rato cambiamos de lugar, yo me recosté de espaldas y Ricardo me tomó de los muslos para follarme sumisa a ese macho… ahora su penetración fue mucho más fluida.

Esther se montó sobre mí para que le diera sexo oral y así lo hice, puso su coño en mi cara, me centré mamando su coño, pero también oteé su ano, al tiempo que era empalada por mi  chochito recién estrenado gozando por ambos extremos… ¡¡Un par de maduros enseñándome a follar formando un tándem!! ¡¡Hasta ese momento era lo más loco que había hecho!!

Fue una noche intensa, aunque después las he tenido aún más duras, pero disfruté perder mi virginidad pese a la molestia inicial… ¡¡Hasta ese día nunca había meditado cuan pesa el virgo!! Esther me dijo, ya para hacerle acabar al semental, que nos cruzáramos de piernas atrapando su verga entre nosotras. Así lo hicimos, de tal modo que la polla quedó apresaba entre ambos coños. Nos frotábamos las vulvas y clítoris contra el duro cipote, incluso nuestros chochos se llegaban a rozar… hasta que finalmente me corrí ¡Fue una explosión de placer alucinante! Convulsioné cortocircuitando todo mi cuerpo… ¡Una sensación difícil de describir!

No era mi primer orgasmo, pero sí el más intenso hasta el momento por lo morboso y especial. Esther me hizo un gesto para que me la metiese en el coño otra vez, me volví a clavar el mástil en tanto ella y yo unimos nuestras bocas. Había apreciado que su esposo estaba por acabar. Empotrada de nuevo, Ricardo me folló a saco, su mujer me besaba y masajeaba mi pepita con fruición, me encontraba en otra dimensión… cuando de pronto su esposo reventó en una explosión enorme de semen… continué ordeñándole hasta extraerle la última gota de leche de sus ciclópeos huevos. El segundo chorro de leche fue más intenso… y un sexto chorro que se vació dentro de mí. Luego nos pusimos ambas a limpiar la tranca de Ricardo, su sabor era intenso, pero no me produjo asco ni cosas así. Me sentía orgullosa, feliz y halagada de haber conseguido que un hombre se corriese de esa manera en mi coño… ¡Descargó mucho esperma!

– En esa primera ocasión te llenó de esperma ¿Y no tuviste miedo de quedar preñada…?

– No era muy consciente llevada por la excitación y el deseo de percibir lo que su esposa sentía… de ser como Esther…, no pensaba, solo actuaba por instinto. Ya más tranquila, me costó un buen rato recuperarme. Después noté algo de dolor, pero me dijeron que era normal. Mientras conversábamos me decían que desde que me vieron por primera vez se les clavó la idea de hacer un trío conmigo y estaban sorprendidos de saber que yo era virgen… y cambiaron de idea.

¿Y seguiste viéndolos después?  – Estefanía se ríe – ¡Y además parece complacida…!

– ¡Oh vaya que sí! – Responde de forma picaresca, – Varias veces, aunque en algunas ocasiones era solo con Esther, otras solo con Ricardo. De hecho en una ocasión me encontré con él cuando venía de regreso a casa y bueno, fue divertido follar en su vehículo… tiene una camioneta Pickup enorme, con la que trabaja en su negocio de construcción. Tras ir a su casa y zanjar el trabajo que se traía entre manos, nos fuimos fuera del pueblo, nos desviamos bajo una pinada… solo hizo falta quitarme las bragas y él se bajarse el pantalón… echamos un polvo muy intenso. – Estefanía miró a don Fernando sabiendo que podía recriminarle, pero lo soltó sin más… – Al igual que siempre que follábamos me llenó con toda su lefa.


Hay un momento de silencio entre ambos, Estefanía sonríe de forma maliciosa y coqueta. En su camiseta se notan los pezones erectos. En su rostro, que está sorprendida de sí misma por contar semejante historia tan íntima a alguien que apenas conoce.

– Caminaba por la orilla de la carretera, se detiene a mi lado… subo en el coche y me dejo llevar. Me toca mientras conduce, la pierna, la rodilla. Le beso en los semáforos y le saco la polla del pantalón. Desabrocho el cinturón, el botón, la cremallera… los asientos están demasiado separados…. no voy a poder mamársela mientras conduce. Pero se la voy meneando, despacio…, con la otra mano le saco los huevos posándolos fuera del pantalón… ¡¡Mmmmm eran dignos de lamerlos!! Son un par de buenos huevones… ¡¡Demasiados estímulos!! Va con el navegador indicándole el camino, hay tráfico, llega tarde y conversa con uno operario de la obra…. Se le pone morcillona mientras discute, pero no del todo, con mis mimos se endurece de nuevo. Llegamos demasiado rápido, a su casa. Entra en el cobertizo que era donde iba, el mismo desde que los vi subida en el tejado. Me quedo en la furgoneta.

Tiene que salir varias veces a la furgoneta y en todas se acerca a besarme. ¡¡Ufff… como me gustan esos pequeños detalles!! Parecen tonterías, pero para mí no lo son. Son formas de mostrar ganas e interés y eso se lo noto a Ricardo. Me gusta mucho más, cada rato que pasa.

Tengo la regla. Llevo un tampón. Bueno, la verdad es que tengo un invento que probé… Es una esponja que se introduce en la vagina y es como si no pasara nada, como si no tuvieras la menstruación. Nadie se entera de nada si tú no quieres. En el intervalo de ir y venir de Ricardo hice uso de ella…. Lo hago con rapidez al amparo de los cristales tintados de la furgoneta, la edad me hace ser rauda. Me sale bien, aunque lo hubiera hecho mejor si hubiera sabido… ese día realmente no esperaba encontrarme con él… y después íbamos nada más que a tomarnos una caña, pero se nos calentó el encuentro… Terminó lo que tenía que hacer y yo también…

Decidió que después no iba a realizar ningún trabajo más…bueno, sí, iba a dedicarse al más importante del día… a mí. Bien, pues me llevó por un camino pedregoso a un rincón escondido en un pinar que llaman “el picadero”, por el que detrás de nosotros pasan coches continuamente de la autovía. Una vez detenido el vehículo, se quitó el chaleco y nos empezamos a besar con mucha pasión. Su mano se fue a una de mis tetas… y me dice que gracias a nuestros encuentros, sabía que me podía correr solamente masajeando mis pezones y, parece que le gustó, ¡¡porque lo intentó y, lo consiguió!! Cada beso sube la temperatura dentro del coche, mi respiración se vuelve agitada, la suya parece que también.

Me moría de ganas de que su mano, su boca, su polla…algo….tocara mi coño pero yo no iba a ser la que lo dijera, por las circunstancias él siempre llevaba la riendas del acto, claro. Así que me dediqué a su polla. Tenía muchas ganas de meterla en mi boca. Me acerqué, inclinándome sobre el asiento. Él se había encargado de bajarse los pantalones y los calzoncillos. La cogí con mi mano, la acaricié, la miré y salivando, la introduje en mi boca succionándola, intentando darle todo el placer que se merecía. Sus exclamaciones me hacían presentir que le molaba como se la estaba chupando… me recreé en la gran bola del glande, luego también los huevos.

Cuando de una de las veces, la metí toda en la boca, haciendo que tocara mi garganta. Él se volvió loco y me dijo que vaya puta era y que me comiera su polla hasta las bolas. Sí, sí… lo estaba haciendo y con un gusto brutal. Mi coño chorreaba en abundancia. Lo hacía desde que le vi, y ahora muchísimo más. Levanté la cabeza para mirarle y me acerqué a besarlo. Cogió mi cara entre sus manos. Alternábamos besos profundos con otros más ligeros pero muy sabrosos. De repente me sorprendió que me dijera con una amplia sonrisa que si no le iba a mandar unas fotos a Esther para su envidia. ¡Mmmm, que buena idea!! Y me presto al juego… este hombre es maravilloso pensé, ambos lo son en realidad. Así que, hizo las fotos comiéndole la polla y se las mandó… me avivó diciéndome… “¡¡Eso es, puta, ponla bien caliente!!” “¡¡Quiero que se ponga cachonda!! Cuando llegue a casa, la quiero predispuesta para follarla como a una perra”

Deje que acercara su boca a mi pezón y mi coño se activó de manera prodigiosa para alcanzar otro orgasmo. ¡¡Qué forma de manejar sus labios y su lengua en mi teta!! Maravilloso orgasmo clitoriano me hizo. Seguramente desde fuera se intuía lo que pasaba dentro, hice que la furgoneta se moviera sospechosamente. Mi pelvis se movió de adelante hacia atrás como si una polla estuviera follándome en ese momento, restregando mi vulva contra el asiento con mis bragas y mi pantalón todavía puesto. Eso no era justo. Me lo voy a bajar, tengo que dejar acceso libre a mi coño, le dije. Así que elevo mi culo del asiento y bajo mi pantalón, dejándome las bragas puestas…. no quiero que se manche el asiento con el fluido que chorrea de mi raja.

Ricardo vio vía libre y lanzó su mano a mi coño húmedo y caliente. Mientras lo tocaba me decía el buen coño que tenía… “para quedarse ahí a vivir”, dijo. El clítoris agradeció su masaje enseguida y abriendo mis piernas todo lo que el pantalón y el hueco del asiento me permitían, volví a tener otro magnífico subidón de adrenalina… era un orgasmo jadeante con deseo. Siguió en mi coño, fuerte, metió sus dedos y empujó haciéndome algo de daño. Tuve que sujetarle la mano para que no apretara más o me mataría de dolor y placer… tengo un coñito muy estrecho. Pero me gustaba mucho lo que hacía, así que no le costó nada volverme a correr.

Pienso en su polla desatendida y quiero echármela de nuevo a la boca. La escupo, la humedezco le doy unas cuantas pasadas con la mano, y de golpe la meto hasta el fondo del galillo. Me empuja desde la nuca para abajo, desea que se la coma mucho más, entrando todo lo que dé mi garganta. Mi posición no es muy buena desde el otro asiento pero logro mamarla bastante bien. Cuando estemos en otro sitio más accesible va a ser toda mía, pensaba ¡¡¡Que rica estaba!!!

Uno de sus puntos erógenos son sus pezones, más el derecho que el izquierdo y lo descubrió para mí. Levanto su camiseta mientras se pajeaba y se lo chupé muy despacio, dándole placer. Le gusta mucho. ¡¡Yo, no podía más!! El día anterior me había preguntado que si me gustaba que me llenase y, claro, le dije que me encantaba. Así que, ni corta ni perezosa le dije… “¡¡Fóllame el coño y llénamelo… igual que se lo llenan esos tipos a Esther!!” Me miró picarón, nada sorprendido de que yo supiera esa información, porque él me vio sobre el tejado del cobertizo…Titubeo un poco, solo quería aguijonearle con una rajada de cuernos. “Sí, en la furgoneta es imposible”, me dijo. Ya verás como no, le contesté con una gran sonrisa bajándome las bragas, y poniéndome con el culo en pompa, lo más que podía hacia él.

Se preparó para hacer lo que le estaba pidiendo. Se quitó el pantalón y los calzoncillos y noté como se acercaba. Humedeció su punta y yo mi raja la punteé con mis dedos chasqueándolos… lo tenía muy bien humedecido, casi chorreante… Ricardo apuntó en la entrada, solo con tenerla ahí mi coño palpitaba de gusto. Va a entrar y me va a volver loca. Y así fue. Despacio, poco a poco fui notando la inserción centímetro a centímetro, al igual que lo había hecho en mi boca minutos antes. Notaba las paredes expandiéndose ante el invasor ¡Ummm! Cuando estaba dentro comenzó a bombear y me llamaba puta… señalaba que me estaba dando su polla. Yo jadeaba, gemía y le decía lo cabrón que era y lo bien que me follaba el coño… que le diese más.

Me agarraba al asa de la puerta para hacer fuerza y mantenerme con el culo así, hacia su polla y que pudiera entrar entera en mi raja… me tenía partida en dos hasta el útero. No quería que por nada del mundo se pudiera salir. Y, de repente, paró y me dijo que me estuviera quieta. Creía que nos habían pillado pero no….me dijo…“para, para que me tienes muy caliente” Mi culo se movía en círculos con su polla dentro del coño. No podía dejar de moverme. ¡¡Quería correrme!! Cuando le miré no tuve compasión de él… como él no lo había tenido conmigo, y seguí moviendo mi culo, follándomelo. Entonces supo que no había más salida que la de huir hacia delante…, supo que debía seguir bombeando y correrse, porque yo lo permitía deseándolo más que nada.

Así que me apuntó que me iba a echar toda la leche dentro. ¡¡Uffff… excitación máxima!! Me folló duro, muy duro metiéndola hasta el fondo, sus huevones me aporreaban salvajes como un mangual. Yo aprisionaba su polla con mis músculos vaginales, y en tres embestidas más mientras mi mano acariciaba con dureza el clítoris, nos corrimos los dos a la vez. ¡¡Brutal! La clavó a fondo y largó el primer gran chorro de leche, percibí la potencia del lechazo seguido de un segundo adornado con sus gemidos roncos. Sumisa a la inseminación me centraba en mi placer implementado con el de estar siendo llenada por semejante semental… mis convulsiones pélvicas estimulaban a Ricardo, al apretar su polla en mis contracciones ¡Todo un estímulo!

¿De qué te ríes? Preguntó. Realmente no me reía de nada, era pura satisfacción, placer puro reflejado en una cara feliz. ¿De qué me reía? De la situación, de lo bien que me lo había pasado, de lo extraña que es la vida, a veces… estando solo conmigo se había corrido bastante antes que cuando lo compartimos su esposa y yo. Primero follo con él y su esposa, después nos conocemos, nos encantamos y ahí estábamos solos provocando a su mujer con fotos de una mamada. Solo una semana después de haber sido desvirgada por él, volviendo a follar en su furgoneta en el picadero donde van los que no tienen donde echar un polvo, como dos jovenzuelos.

Me encanta este hombre y creo que yo le encanto a él y a su esposa. En uno de los mensajes que me mandaron decía que necesitamos una cama y tiempo. Según están las vidas, lo de la cama es relativamente fácil….lo del tiempo… seguro que vendrá. Apuntamos unas cuantas cosas para hacer juntos y con más gente. Con los chicos que estaban días antes con Esther, con otra chica conocida… no sé qué más que guardan por ahí. ¡¡Que morbazo!! Y ya conozco alguna de sus fantasías, que veo viable poderle ayudar a conseguirlas. Esta pareja ha sido una pieza fundamental para mi Frankenstein sexual, mi despertar y aprendizaje en el sexo.

Ya es tarde mi niña, es hora de irse preciosa. Sentenció Don Fernando

– Tiene razón.

Tras mirar la hora, Estefanía recoge una chaqueta, él le ofrece dinero y Estefanía le recoge solo una parte, antes de irse la pelirroja se le acerca a darle un beso en la mejilla y mostrando de paso, un poco de escote coqueta a la par que vanidosa.

Nos vemos y quién sabe, a lo mejor le cuento alguna que otra historia – agrega sonriendo.

Estefanía sale rumbo a su casa moviendo la cabeza y sintiéndose bien, como si hubiera encontrado a alguien que ha buscado durante mucho tiempo… un confesor que no es un cura, un padre que escucha, atiende y valora tener tiempo para su hija… es mil cosas y ninguna. Es un hombre paciente y muy culto que le puede aportar valor a su vida

Las visitas de Estefanía a la casa de don Fernando se habían vuelto algo muy habitual, casi todos los días. En un comienzo sus padres no estaban muy de acuerdo. No les parecía una buena idea que su hija fuese a visitar a un extraño en una casa que no conocen por muy señorial que fuera, sin embargo pronto lo vieron con buenos ojos…. Con sus años y el ambiente en el que siempre había vivido desde niño, sabía que el arma más eficaz contra el negacionismo era  la diplomacia. Don Fernando es una persona bastante culta con dos carreras… Derecho e Ingeniería Aeronáutica. Si bien disfruta de la compañía de Estefanía y su juvenil belleza, también le ayuda con sus estudios dándole clases de matemáticas y ciencias asignaturas donde Estefanía siempre ha tenido problemas, o los mayores problemas.

¿Sabes que debes usar gafas cierto? – le dice don Fernando a Estefanía al notar que se queja un poco por la vista cansada. Ha observado que se acerca mucho a lo que escribe o lee.

– Lo sé, lo sé, es solo que no me siento cómoda – responde.

O mejor dicho no te quieres ver muy, como dicen los jóvenes, friqui.

Estefanía lo mira fijamente y mueve la cabeza. Hay bastante confianza entre ambos y la pelirroja comparte con él sus problemas y preocupaciones. Don Fernando le corresponde dándole algunos consejos, que su edad y experiencia le permiten dar aunque en ocasiones se asombra de las historias que cuenta la voluble pelirroja que siempre añade algo de coquetería en ellas. Estefanía disfruta el morbo de contarle cosas sumamente personales… íntimas y lascivas…, se entiende como un intercambio justo de experiencias. Las que cada uno tiene, las aporta.

Ahora se ve mucho más animado – le dice una empleada a Estefanía mientras le sirve algo de comer. – Don Fernando siempre ha sido buena persona, pero se le había visto muy deprimido y solitario últimamente… le ocurre en los meses de otoño que fue cuando ocurrió la tragedia, entonces se escuda en sus libros y no quiere recibir a nadie, – agrega.

¿Y su familia… no tiene? – Pregunta Estefanía mientras se sirve un café.

No tiene, perder a su hijo y esposa no se cura fácilmente… ni con el tiempo. Desde entonces ha estado solo en su vida y nunca tuvo más hijos. Con sus sobrinos se lleva pésimo, son unos sujetos ingratos, ya viste algo el otro día, – Estefanía recuerda muy bien aquel momento desagradable, – hasta hace unos años ni siquiera se veían por aquí, pero basto que se supiera que estaba mostrando problemas por la edad y aparecieron todos.

– ¿Y a qué se debe ese amor tan repentino? – Pregunta Estefanía con sarcasmo.

Pues, don Fernando tiene algunas cosas muy valiosas por ahí además de una fortuna en los bancos, hay una habitación a la cual solo tiene él acceso… – Esto despierta la curiosidad de Estefanía, siempre imaginaba en esa casona, una habitación secreta llena de tesoros.

¿Tan temprano por aquí mi niña? – Dice don Fernando al notar que Estefanía aparece mucho antes de lo habitual. Llega con una bata de cuadros príncipe de Gales, tallada al cuerpo. Pese a ser una bata, se nota que don Fernando es un hombre que se cuida guardando una buena línea. Nunca deja de sorpréndele como un hombre mayor le puede ser tan atractivo.

Es que salimos temprano hoy – responde ella, aunque la observa con cara de sospecha escudriñándola, – además – agrega la pelirroja, – debo hacer un trabajo sobre Grecia y Roma antiguas, y como usted es la persona más antigua que conozco pensé que algo podría saber de la materia – le dice con una sonrisa en su rostro. – En bachiller son muy duros con las materias.

La empleada que está ahí sonríe también, – vaya, veo que estas de buen humor hoy, pues veamos qué podemos hacer, cabecita de cobre – responde él y Estefanía se pone seria, detesta que le digan así, aunque le han dicho cosas peores como “Cabeza oxidada” o “Marciana” por ser un planeta rojo. De manera bastante animada Estefanía hace su trabajo, habla de todo y se le nota de muy buen humor, don Fernando sabe que ella esconde algo. Estefanía aborrece los lunes…hoy es lunes. Además la nota algo melancólica, y en ocasiones evita la mirada del viejo, definitivamente algo esconde la pelirroja que expresa como un libro abierto para el viejo.

¿Por qué te escapaste de clase? – Pregunta de manera directa y mirándola fijamente. Estefanía se queda en silencio mientras escribe, pero al cabo de un momento se detiene, – Sabes bien que no debes hacer eso, puedes meterte en un serio problema – agrega.

Ya lo sé, y en todo caso ya estoy metida en un lio por eso, pero hoy realmente debía hacerlo.

¿Y por qué precisamente hoy?

– Porque, debía despedirme de ella, – responde Estefanía con cierta pena en sus ojos.

Don Fernando se reclina en su sillón favorito, Estefanía sabe que debe dar comienzo a su historia. Su confesor está dispuesto a dar oídos a cada detalle.

Nos conocimos una tarde en la que también me había escapado de clase. Estaba harta y hastiada de todo y de todos, así que simplemente me escapé y me fui al cine…, ahí me cruzó a un chico y tras coquetearle un poco me dejó pasar… – explica con una sonrisa. 

Me instalé en la parte de atrás del cine, fuera de la vista de los pocos espectadores que había a esa hora, la película no era muy buena… una ciencia ficción titulada sobre marcianos que nos invaden... “Mars Attack” se titula. Era mala, pero peor era para mí seguir en clase, fue entonces que la conocí por accidente, ella tropezó conmigo al pasar y entonces nos pusimos a charlar.

Fue una conversación de lo más espontanea, fue algo que, no sé cómo explicártelo realmente. – Estefanía mueve su cabeza y su cabello se agita vigorosamente. – La película paso por completo a segundo plano, conversamos de todo y ella me contó que también se había saltado las clases… ella estudiaba Turismo en la Universidad. Nos dimos cuenta que teníamos mucho en común… delgadas, sexys y guapas, además de estar donde no debíamos.

¿Cómo es ella? – Pregunta don Fernando.

– Se llama Rebeca es de rostro más redondeado, ojos negros, pero grandes, cabello negro corto, boca pequeña de labios bien marcados, físicamente es esbelta y delgada, de tetas pequeñas en contraste con las mías. Le encanta el rock y lleva tatuada la lengua de los Stones en el hombro.

Mientras la describe se puede notar que para Estefanía es muy especial, en sus gestos, sus palabras y en su rostro se nota que es alguien realmente especial para ella.

– Tras salir del cine fuimos a comer algo y seguimos juntas toda la tarde hasta que nos dimos cuenta de la hora, entonces ella me dejó un número de teléfono y se fue diciéndome que la llamara. Pasaron unos días y no sabía si llamarla o no, hasta que al final me armé de valor y la llamé una noche y nos pusimos de acuerdo para salir un fin de semana. Esa fue la primera de varias citas que tuvimos.

¿Sentías ya algo por ella? – Estefanía lo piensa un momento antes de responder.

Sí. Algo diferente a lo que sientes cuando piensas en un hombre, más suave y despótico.

– ¿Y creías que ella sentía algo por ti?

– Hasta ese momento no lo sabía, pero cuando nos juntamos a mitad de semana en ese cine de nuevo, ahí me quedó muy en claro que sí.

La empleada los interrumpe y les deja algo de beber, don Fernando le entrega un sobre con dinero y la doncella se despide hasta mañana. Tras comer algo Estefanía retoma su historia.

– Estaba en clases cuando sentí el timbre de mi móvil, el profe me llamó la atención de inmediato y al salir al recreo revisé la llamada, era ella así que recogí mis cosas y chao, me escabullí por el gimnasio y salí  corriendo a juntarme con Rebeca. Tras charlar un rato fuimos al cine y nos sentamos de nuevo bien atrás, en eso que la película empezó.

Estábamos bien juntas. Rebeca apoyo su cabeza en mi hombro, hasta ahí nada raro, pero al cabo de un instante apoyo una mano en mi falda, yo me quedé quieta sin hacer ni decir mientras Rebeca me la empezó a subir, le dije que se detuviera y ella se rio, – relata la pelirroja con una coqueta sonrisa. – Mientras estábamos ahí, pese a pedirle que se detuviera, seguía jugando con mis piernas, y no me desagradaba el tacto de sus dedos en mi piel.

¿Y tú querías que se detuviera? – Exclama Fernando mirando a Estefanía fijamente a los ojos,

– No, ya me estaba excitando y Rebeca se dio cuenta de inmediato.

Se me acerco al oído y empezó a susurrarme cosas, me decía que yo la excitaba vestida así de colegiala y desde que me vio quedo prendada conmigo… que no dejaba de pensar en todo el día en mí… pensaba solo en follarme. Me sonrojé bastante y no sabía qué hacer, nunca alguien me había hablado así, de esa manera tan intensa y apasionada sin caer en la vulgaridad.

Estefanía se queda pensativa y sonríe maliciosamente mientras relata lo que sucedió después.

– Rebeca siguió adelante, me empezó a subir la falda y se me fue acercando buscando mis labios, yo me quedé quieta y comenzó a besarme, despacio al principio, y después con más fuerza e intensidad. Al cabo de un rato ya estaba totalmente entregada a sus caricias, nos habíamos olvidado de dónde estábamos y nos besamos con todo, ella se puso encima y comenzó a meterme mano por todos lados sin pudor alguno. Ella usaba un short y cuando se montó sobre mí, presionaba con su rodilla entre mis piernas además de masajear mis tetas y estrujarlas delicadamente, yo trataba de evitarlo pero unos gemidos se escaparon de mis labios mientras nos metíamos mano entre nosotras… se dio cuenta que no debía parar.

Le subí su camiseta y ella me empezó a abrir la blusa, acariciaba mis tetas de una manera increíble y soltó mi sostén sin problema alguno, no como otros que casi me lo rompían. Me derretí por completo cuando con su boca atrapo mis pezones y me los empezó a chupar y lamer con fuerza, una mano la metió bajo mi falda y frotaba mi coñito que lo tenía más mojado que nunca, era lo más increíble que había experimentado.

El brillo en los ojos de Estefanía y la forma en que describe todo le dan la razón, ella no escatima en detalles para describir semejante experiencia mientras don Fernando la escucha con la atención e inexpresividad de siempre, pero en el fondo se deleita y excita con el relato.

¿Alguien se dio cuenta de lo que ocurría?

Estefanía se ríe, – pues sí, de pronto miré a mi alrededor y habían varios que se dieron cuenta, una pareja estaba empezando lo suyo y otra ya se la estaba mamando a un chico, otro tipo se hacía una paja mientras nos miraba y un sujeto quiso meterse, pero Rebeca le dejó claro que era solo entre nosotras.

En la butaca separé bien mis piernas y Estefanía mamaba mi chocho con toda su boca y lengua, presionaba un dedo sobre mi ropa interior hundiéndolo justo en mi coño, me tenía en ascuas, me moría de ganas que hundiera su lengua en mi coñito, que jugara con mi clítoris, que usara sus dedos… ¡Lo quería todo y ya!, ella lo sabía por eso me torturaba así. Apenas su boca rozó mis bragas, casi me corrí de inmediato y dejé escapar un fuerte gemido, ella besaba mi mollete sobre la fina tela de las bragas. Rebeca seguía jugando conmigo y eso le encantaba, pero poco a poco fue descubriendo mi coño y empecé a sentir la húmeda lengua piel con piel en mis partes íntimas. 

Yo no podía controlarme, me retorcía y gemía como loca, hasta ese momento lo había hecho con chicas en un par de ocasiones, pero fueron besos y caricias nada más, con Rebeca era totalmente diferente, me hacía gozar como nunca. Yo me acaricia mis tetas y presionaba mi coño contra su cara, su lengua se movía hábilmente y usaba sus dedos metiéndolos bien adentro de mi raja, me daba bien duro. Después se puso sobre mí, besándome y frotando sus tetas más pequeñas, con las mías. Ella se quitó su short. Entrelazando las piernas… ambos coños besaron.

Formando una tijera perfecta…, presionaba su pubis contra mi coño, ambas gemíamos como locas frotándonos las vulvas y los clítoris. Alrededor nuestro las dos parejas ya se lo estaban montando. El tipo que se hallaba más cerca se hacía una paja mirándonos pegado a nosotras… ella indicó que se la mamara, me sorprendí, pero así lo hice. Se la agarré y empecé a chupar… el tipo se agitaba follándome la boca, en tanto ella se masturbaba viéndome, para después follarme el coño con los dedos. Aquel tipo duró bien poco, en un par de minutos me sujetó de la coronilla, y sin dejar escaparme vació sus huevos en mi garganta… hizo que me tragarse toda la lechada. No supe quien rayos seria ese sujeto, pero vaya gusto que se dio, dejándose los huevos secos. Con mi boca atiborrada de semen, no tuve más salida que tragármelo todo.

Debió ser el mejor momento de su vida – comenta don Fernando.

Estefanía sonríe pícaramente y mira de reojo a don Fernando que esta, como de costumbre, impasible en su sillón de psicólogo argentino, por cuyos oídos han pasado todo tipo de historias.

– Cuando salimos todos nos miraban y sonreían, el chico que me dejaba entrar gratis me dijo que viniera cuando quisiera, yo sentía una mezcla de vergüenza y excitación, era lo más loco que había hecho, al menos hasta ese momento.

– ¿Y volvisteis después?

Estefanía se ríe. – Sí, y vaya que lo pasamos bien.

La pelirroja relata una serie de encuentros que tuvo con Rebeca, dejando en claro que había mucho más sexo consentido entre ambas. Se notaba muy a gusto con el sexo lésbico.

– Un fin de semana fui a su apartamento e hicimos de todo. Tenía unos juguetes que usó conmigo, le encantaba ponerse una polla a la cintura y follarme el coño salvajemente. Yo me montaba sobre ella y le cabalgaba firme para después pasarlo entre mis tetas. Fue sexo como no lo había tenido nunca. Incluso una vez conocí a dos de sus amigas también lesbianas, y les dijo a ellas que podían follarme. Yo me quede helada y entre ambas comenzaron a desvestirme y a manosearme en medio de besos. Rebeca se recostó en un sillón y comenzó a masturbarse mientras me jodían, eso me puso a mil. Entre las dos me empezaron a dar con todo y usaron varios juguetes conmigo, mientras Rebeca nos miraba con aire de voyerista.

Hay un momento de silencio y Estefanía mira por la ventana hacia la calle, es un día algo nublado.

¿Por qué debiste despedirte?

– Porque ella completó sus estudios aquí, viene de otra ciudad y ahora debe volver – responde Estefanía con evidente pena.

¿Crees que volverás a verla?

– Eso espero – responde Estefanía, – en todo caso por teléfono aún podemos mantenernos en contacto – agrega la pelirroja, – quien sabe, cuando venga de visita, podría traerla para presentársela – dice después con una coqueta sonrisa en su rostro.

– Sería interesante escuchar sus historias…


Estefanía está en su habitación escuchando música cuando nota varias llamadas perdidas en su móvil. De inmediato reconoce el número y realiza la rellamada. Tras charlar un par de minutos se le ve muy preocupada. Recoge su chaqueta y sale rauda de la casa sin dar mayores explicaciones. Toma un taxi y cruza la ciudad hasta llegar al hospital. La pelirroja mira hacia el edificio con algo de temor y respira hondo antes de entrar. Ahí se acerca a la recepción y hace algunas preguntas, pero solo obtiene evasivas de parte del encargado, lo cual le parece sumamente raro. Estefanía se las arregla para hablar con una enfermera que al final le indica donde debe ir. A medida que camina por los pasillos Estefanía se ve sumamente ansiosa y nerviosa, incluso cuando usa el ascensor sus manos le tiemblan al presionar el botón. Ella hace un gran esfuerzo por controlarse hasta que finalmente llega a la habitación que le dijeron.

Sobre una camilla esta don Fernando recostado con algunos instrumentos, – le digo que estoy bien, fue solo algo pasajero – dice él, pero la enfermera parece no creerle mucho.

Ve, le dije que ya no estaba en edad de ver esa clase de películas subidas de tono – dice Estefanía sonriendo, aliviada de verlo bien.

Él sonríe y la enfermera también aunque se muestra sorprendida de ver a Estefanía, – es mi nieta – miente rápidamente, lo que le da halo de veracidad.

O a lo mejor vio a alguna chica guapa por la ventana en minifalda, y entonces lo que le pasa es por mirón – agrega la pelirroja y la enfermera mueve la cabeza evitando soltar una carcajada.

Bueno que quieres que haga, a mi edad ya no tengo muchas distracciones – responde tomándose con humor las palabras de Estefanía.

Termina el chequeo y le dicen que lo mantendrá en observación un tiempo y se retira la sanitaria.

Vaya que me costó dar con usted, pregunté en recepción y no me dijeron nada.

– Es raro, mi empleada llamó a mi médico cuando me sentí mal y después me trajeron aquí. Estoy desde ayer por la tarde y aún no he recibido un diagnóstico… Solo fue un simple malestar, me sentí algo mareado y nada más – agrega el viejo, la hipertensión siempre acarrea achaques que debe controlar.

Estefanía lo acompaña un instante hasta que don Fernando le pide que lo saque afuera un momento, el ambiente es enrarecido por el olor a hospital que nunca ha llevado bien.

¿Seguro de ello?

– Muy seguro, necesito tomar algo de aire fuera de este lugar, me tiene hastiado.

Estefanía se las arregla para desconectar los equipos y lo pone en una silla de ruedas cubriéndolo con una manta de cintura para abajo.

Usted no puede salir de aquí – le dice la enfermera que lo sorprende, y lo conmina a volver a la cama.

Si alguien pregunta algo, cúlpeme a mí – responde Estefanía que lo saca de todos modos ignorando a la enfermera.

En el trayecto don Fernando la nota nerviosa e incómoda. Estefanía trata de disimular lo más posible, pero no puede y se muestra aliviada al salir al patio del hospital.

Vaya, necesitaba aire fresco – comenta cuando Estefanía lo deja debajo de un arbusto.

Es un día agradable con una leve brisa y no hace calor. Un día perfecto para salir a caminar. Estefanía se sienta en el césped y mira de reojo hacia el hospital aun visiblemente incomoda.

A estas alturas te conozco lo suficiente para saber que algo te sucede….

Detesto este lugar, realmente lo aborrezco responde Estefanía. 

¿Algún familiar tuyo estuvo aquí, algo grave sucedió?

Pregunta mostrándose sorprendido por las palabras de Estefanía. La pelirroja respira hondo y con una voz quebrada, algo que nunca había escuchado en ella.

Yo estuve internada aquí tres meses.

Cuando levanta su mirada se aprecian sus hermosos ojos verdes llenos de lágrimas que rápidamente seca dejándolos solamente vidriosos.

Hace dos años yo era muy diferente – cuenta Estefanía con su cabeza baja y su voz temblorosa, – era una completa idiota, me creía superior a los demás ya que me veía mayor por mi cuerpo y cuando estaba en otro colegio me hice amiga de un grupo bastante exclusivo. Comencé a salir con ellos a fiestas cada vez más salvajes y desmedidas, donde empezó a pasar de todo. Pero lo más grave es que yo empecé a beber y a fumar ahí, primero una cerveza y después licores y tragos mucho más fuertes, y no solo una copa, varias, en realidad muchas… siempre terminaba absolutamente ebria. También empecé a fumar, primero un cigarro, después ya fue marihuana y luego probaba drogas de todo tipo….

Relata ella sin su sonrisa, ni picardía habitual en sus palabras.

¿Por qué lo hacías? – Pregunta don Fernando que como nunca luce preocupado.

– Por idiota ya le he dicho… por estúpida, arrogante, inmadura, imbécil que se yo, simplemente me creí el cuento que era mayor por el solo hecho que me veía mayor nada más.

De inmediato le llama la atención los duros calificativos con que se refiere a sí misma.

– Si no quieres hablar, no lo hagas – le dice él – Pero si crees que contar esto te ayuda…

Estefanía se limpia las lágrimas con una mano y lo mira, – Prefiero hablarlo contigo… – responde y don Fernando se reclina y la escucha – Eres el único que me aguanta la chapa sin más.

– Al cabo de un tiempo me drogaba con regularidad, iba a fiestas en las que sucedía de todo, fumaba, bebía y terminaba teniendo sexo con cuanto sujeto había ahí. Aún no me explico cómo no terminé preñada por algún imbécil a los 15 años, o con alguna enfermedad venérea… follaba con todos varias veces durante toda la fiesta. En cada uno de esos saraos, acababa rellena de semen por todos mis agujeros, mi piel y cabello cubiertos… drogada y desquiciada con música “Reguetón”. Ya sabes, música muy sensual que te invita a gozar de todo lo que te ponen delante.

En mi casa nadie lo notaba, me habían enseñado a disimular los efectos, pero mi hermano mayor sospechaba algo, aunque jamás llegó a preocuparse por cuan grave era mi problema. Obviamente yo no creía que tuviera un problema, según yo esto lo podía dejar de la noche a la mañana, así de arrogante y estúpida era, pero al final me seguí hundiendo hasta que toqué fondo, y vaya fondo. Con apenas siendo quinceañera ya había visto más que muchos en toda su vida.

Estefanía pausa un momento, saca un pañuelo y respira hondo tratando de controlarse, obviamente es algo muy penoso lo que está saliendo a la superficie. El desahogo de la adolescente con don Fernando es lo que la lleva a depender de él… de verlo y tocarle cada día,.

– En ese tiempo yo estaba, obsesionada con mi tío y padrino, hermano de mi madre… era mi tótem. Mis amigas lo encontraban muy guapo y atractivo, eso me enojaba… les decía que era solo mío… mi padrino y eso era como ser mi segundo padre. Claro ellas se reían pensaban que lo decía en broma, pero yo lo decía muy en serio. Vivía con nosotros después de haberse divorciado y no tener donde caerse muerto. A veces me paseaba ligera de ropa en la casa cuando estábamos solos, como mostrándole que yo no era una niña y mi adicción a las drogas hacia todo más real o no sé cómo explicarlo, quería  mostrarle que yo era una mujer y no una niña… que podía estar con él, que podía llevarme a la cama y follarme como más le apeteciera porque ya lo había probado de todas la maneras en mi cuerpo. Las drogas me tenían completamente fuera de este mundo, simplemente no caía en la cuenta de la estupidez que estaba cometiendo, queriendo seducir a mi tío, del que sabía que era un depredador sexual nato… su hija me contó pero no le hice caso, no la creí o no la quise creer por estar enamorada de él.

Una noche llegue temprano de una fiesta, había sido más breve debido a una redada de la policía, me escabullí por la ventana de los aseos al patio de atrás y de ahí al callejón de los gatos. Yo estaba drogaba, pero no muy drogada, lo suficiente para estar en el punto en el que te acuerdas de todo, haces de todo sin pudor, te entra todo sin miramiento alguno.

Y Estefanía dice esto, lamentando que aún recuerda lo sucedido como si hubiera pasado ayer.

– Mi  tío estaba ahí y como hacía un calor insoportable esa noche, con un pantalón ligero y una camiseta…, se le  veía muy guapo y entonces se me ocurrió.  Él veía la televisión y le ofrecí un destornillador, como aceptó fui a la cocina y preparé un zumo de naranja, luego le puse un tercio de vodka y además añadí un poco del polvo mágico bien mezclado. Al Tribulus le llaman el polvo del amor, es un vigorizante sexual que tomaban los chicos con los cuales salía. Era una verdadera bomba ese coctel, pero él lo bebió sin sospechar nada hasta que empezó a sentirse mareado y desorientado… lo tenía en una nube presto al fornicio, como yo quería.

Nuevamente la voz de Estefanía se hace entrecortada y ella hace una pausa para poder recuperar su voz, se le veía afectada, sin embargo necesitaba sacar ese acontecimiento que la marcó, como muy pocas cosas le había afectado en su corta vida.

– Regrese a mi habitación y me cambié de ropa, me puse un conjunto de ropa interior negro, me maquillé bien pintándome los labios, me puse gafas y una peluca rubia de carnal que se había quedado en la casa de alguna fiesta. Espere un momento y cuando baje él estaba completamente bajo los efectos del alucinógeno reforzado por la bebida energética…. Cuando me vio no me reconoció, que era lo que buscaba y trataba de enfocar la mirada, entonces empecé mi show. Su excitación se produjo casi de inmediato… el bulto en sus shorts así lo decía.

Comencé a moverme frente a él, haciéndole un baile erótico moviendo mis caderas al tiempo que empecé a quitarme la ropa, honestamente no sabía bien lo que hacía, solo pensaba en excitarlo, en excitarme. Me senté sobre él restregando mi trasero sobre su bulto que estaba más duro que nunca sospeché, y después se lo empecé sobar. Él, drogado y todo, me tomó de la cabeza empujándome sobre su verga, yo accedí de inmediato… me arreglé la peluca para que no se me cayera. No tardé ni diez segundos en bajarle los pantalones junto con los calzoncillos, para mi sorpresa saltó ante mí su cipote como un resorte, que casi me sacude en la cara.

No lo pensé un segundo…. En ese momento cumplí el sueño de mi vida, le estaba haciendo una mamada a mi padrino, jugaba con su verga y se la chupaba como una zorra. Enredaba con mi boca la bola de su glande, recorriendo la corona del gordo capullo con la punta de la lengua, al rematar el borde, acabé en su agujerito uretral por donde le salía la lefa que llenó a tantas putas como se folló. Luego le hice un reguero de saliva por todo el tronco duro y venoso hasta sus colmados testículos…. Se lo lamí, chupé y comí tragándomelos uno a uno… jugué con sus par de bolas. Luego volví a mamársela como solo saben hacerlo las putas. Y así un buen rato.

Tras ello, decidí que era el momento de empalarme el gran cetro en mi coño… lo dejé sentado, y abriéndome de piernas haciéndole la postura de la rana, le así la verga a mi tío embocándola a mi raja. De un tirón quedó toda embutida en mi coño. Una vez sobre él, deseé que estuviera normal para que viera a quien se estaba follando y lo que podíamos hacer juntos, padrino y ahijada. Él tomaba mis tetas y me los chupaba mientras jodíamos como bestias en el día del fin del mundo. Él creía que estaba en un sueño o algo así, lo cual precisamente yo esperaba que creyera, mis contorsiones con subidas y bajadas clamorosas, provocaron la salida de su polla, de nuevo enfilé su capullo en mi raja y me dejé enterrar toda la verga hasta los mismos huevos una y otra vez… no tenía una herramienta muy grande pero la tenía inmensamente dura… noté el calor de sus pelotas en mi culito por cada tragada. Apoyado en sus hombros o su pecho con mis manos, subía y bajaba insertándome todo el tronco endurecido de mi tío. Notaba dentro de mi ser cosas extrañas… amor, locura, pasión o haber conseguido un imposible.

Estuvimos así un buen rato follándomelo, ambos drogados. Gracias a ese vigorizante que le di, el semental aguantó bastante antes de correrse dentro de mí, en realidad follamos de tal manera que me debí correr varias veces con apenas diez minutos de intervalo entre corridas. Sentía su verga de buen tamaño y dura como algo excepcional. Me electrificaba todo el cuerpo abriéndome la vagina hasta el fondo, notaba sus huevos contra mi coño y el glande bien profundo. Me follaba duro tirando su cadera hacia arriba en cada uno de mis sentones. Estábamos muy bien sincronizados. Le besaba en la boca, nos comíamos ¡No sé si me reconocía!

El ritmo era frenético, mi tío aguantaba como ninguno de mis amantes, 15, 20, 30 minutos, no tenía ni idea del tiempo que estábamos fornicando y él no daba visos de querer acabar corriéndose ¡Me mataba a pollazos y me ardía el coño! Me corría, pero cada vez estaba más excitada… se la notaba más dura. Sus huevos formaban una pelota golpeándome el culo, yo le besaba y él me respondía metiéndome la lengua hasta el galillo. Vivía en un sueño hecho realidad… aquel hombre con quien tantas veces soñé estar, que tantos orgasmos me había regalado tocándome en soledad en mi cuarto, ahora me follaba como a una perra en celo haciéndome estremecer.

Cuando lo noté en el tramo final, aceleré. Él me acompañó en las arremetidas y finalmente me la clavó a fondo eyaculando como un toro. Percibí cada chorro de leche disparándose contra las paredes de mi profunda vagina… sentía como me rellenaba de esperma…  esa lefa ahora estaba dispuesta a preñarme. Rugía como un león soltando toda la testosterona de sus huevos…. Al final quedó exhausto en el sillón y yo comencé a alejarme, gustosa por lo que había hecho y planeando como volver a repetirlo, pero algo salió mal. Estuvimos abrazados unos minutos…

En el momento en que le di la espalda, él avanzo sobre mí con fuerza y me puso de cara contra el sillón, lo miré a los ojos… lo sentí fuera de sí, como si hubiera dado rienda suelta a sus instintos. Y empezó a follarme de nuevo, o mejor dicho a violarme… a aquel macho aun le quedaba mucha fortaleza en su verga y sus cojones no habían soltado toda la testosterona por lo visto.

Estefanía cierra los ojos, es evidente el tremendo dolor que esto le produce y don Fernando se ve incapaz de encontrar algo que decirle, pero Estefanía saca fuerzas de la nada y sigue adelante con el relato, aún quedaba no más duro de revelar.

– Fue algo muy rápido, no tuve ni tiempo de reaccionar cuando sentí como me penetraba con toda su fuerza, fue algo doloroso, me dolió mucho. Me clavaba su polla con fuerza, la tenía muy dura y no tiene un tamaño despreciable, si bien una polla de ese tamaño y tiesa duele cuando te rajan el coño, mucho más cuando te perforan el culo. Sin embargo lo que más me dolía era que no apreciara ser su sobrina y ahijada. En su ímpetu me penetraba muy adentro, comencé a decirle que parara que no fuera brusco, pero pareció tener el efecto contrario, se puso más violento con una serie de fuertes nalgadas, y aun había más. ¡¡Me estaba desgarrando el ano!!

Yo no tenía fuerza para poder defenderme y alejarlo, entonces me puso contra el respaldo del sillón y con una mano me tomó ambas. Usaba su cuerpo para inmovilizarme, yo le pedía que me dejara pero nada, no me oía. Entonces empezó a meter sus dedos en mi boca… supe lo que me estaba haciendo, entonces empecé a llorar a decirle que me dejara que no siguiera, pero él me respondió que yo solo decía esto porque lo deseaba y que me iba a terminar de romper el culo, que fue exactamente lo que hizo, que mis provocaciones tenía este efecto y consecuencias.

Antes que me diera cuenta me follaba duro penetrando mi trasero, era la primera vez que tenía sexo anal pese a mis desfases sexuales… y su verga era muy grande para mi anillo. No me tuvo compasión y pese a mis gritos y que le pedía que se detuviera, no me oyó. Me la hundió toda de una vez hasta que sentí sus testículos en mis nalgas y comenzó a follarme con absolutamente toda la fuerza animal que tenía. Yo gritaba de dolor, era lo más espantoso que me había pasado. Yo gritaba, pataleaba, suplicaba y gritaba para que me dejara, que me dolía pero según él yo lo deseaba. Me estaba destrozando y no se detenía, incluso cuando le empecé a gritar que era su Estefanía y me quite la peluca, pero nada, no se detuvo. ¡Supe en ese momento que cuando los machos se ofuscan follando a una hembra no atiende a razones! ¡Me violaba sin razón alguna!

Fueron unos instantes que me parecieron una eternidad, rogaba que algo pasara, que se cansara o incluso que llegara alguien. Me daba con todo y me seguía dando nalgadas mientras yo gritaba de dolor y de vergüenza y de no sé qué más. Al final se corrió en mi culo también. Aguantó una eternidad, la irritación de mi ano era sustancial. Manoseaba mis tetas, me daba nalgadas y la clavaba con fiereza hasta la raíz. Los 16 centímetros de verga me abrieron el culo destrozándomelo, pero ya no sentía tanto dolor cuando al cabo de un buen rato comenzó a correrse en mi interior… pero si eso no fuera suficiente…

Después me giró hundiendo su pollón en mi boca casi ahogándome. Me obligó a comerle la polla. Esta vez fue rápido, con apenas cinco minutos se corrió en mí llenándome la garganta de semen. Solo entonces cuando sí se calmó y cayó sentado en el sofá agotado y exhausto. Me costó unos minutos calmarme y entonces limpie todo y me aproveché que se había quedado dormido para dejar todo en orden, fui al baño me di una ducha y me encerré en mi cuarto.

Estefanía respira hondo varias veces para calmarse, sus lágrimas aun caen por su rostro después de haber relatado semejante historia, pero ciertamente aún hay más veneno que ella desea extraer. Se sentía culpable de todo, por haber provocado sexualmente a su tío, y por drogarlo engañándolo con vestimentas, y creyera que era otra mujer diferente a su sobrina.

– En un comienzo traté de convencerme que no había sido nada grave, que nada malo ocurrió y que al final me salí con la mía, típica arrogancia de mi parte. Que él se olvidaría de todo y nada más, simple y sencillo. Sin embargo me seguía sintiendo como escoria y aborrecía cada vez que él me miraba… no sabía cómo decirle a mi familia que me había violado… la primera vez había sido consentida, pero la enculada no. Cuando mi padre me mimaba como su hija favorita e inocente al lado de mi tío, me sentía podrida por dentro y esto se ponía peor cada día hasta que en un asado con amigos, mientras se bebían unas cervezas en casa…, mi tío muy fanfarrón  contó un entretenido sueño que tuvo… “De cómo una zorra se le apareció para tener sexo y después la ultrajó violándola y rompiéndole el culo, vaya zorra esa mujer”, dijo entre carcajadas con sus amigos. Mientras lo contaba, me miraba dándome a entender que era consciente de lo que me hizo. Yo me di media vuelta y fui al baño, me sentí asqueada conmigo misma. Al ver mi rostro en el espejo vomité y después me fui a mi habitación encerrándome por completo y me puse a llorar, si antes me sentía mal en ese momento me sentía como la peor basura del mundo.

¿Qué hiciste? – pregunta don Fernando

– Me quedé en mi dormitorio y seguí drogándome, al menos me hacía olvidar un poco todo lo que había pasado, pero al cabo de un tiempo ya no servía, me sentía en un hoyo sin salida, así que decidí, una tarde sola en casa, aliviar mis problemas.

Estefanía se levanta las mangas de su chaqueta y le muestra las muñecas sin las pulseras que normalmente usa, dos cicatrices se ven ahí, ambas bastante claras…

– Traté de suicidarme, me quité la ropa, bajé a la cocina, tomé un cuchillo y me corté las venas, después sangrando subí al baño y me encerré ahí tirada en la bañera.

Don Fernando se muestra totalmente impactado por lo que Estefanía cuenta, y por primera vez su actitud impasible se rompe.

– Fueron mis hermanos quienes me salvaron, recién habían salido de casa, pero por suerte para mí, se olvidaron unos libros cuando regresaron vieron la sangre y siguieron las huellas, a patadas tumbaron la puerta del baño y como pudieron vendaron mis heridas y llamaron una ambulancia. Cuando desperté estaba en el hospital, un médico hablaba con mis padres y ellos lloraban, cuando vi a mi tío me puse histérica y debieron sedarme. Me tuvieron sedada varios días hasta que hablé con una psicóloga y le conté lo sucedido, aunque obviamente no todo. Lo que ocurrió esa noche con mi tío jamás se lo había contado a alguien, hasta ahora.

Estuve meses semanas en el hospital, primero aquí y después en la otra ala, donde hacen los tratamientos de rehabilitación a alcohólicos y drogadictos, ahí expié todo lo malo que había hecho, pagué mis culpas y al final pude rehabilitarme, aunque lo más difícil fue volver a mirar a mis padres a los ojos y no llorar, aun así todavía me siento terriblemente avergonzada por todo ello y aún me duele cuando mi padre habla bien de mí… lo buena hija que soy, entonces mi tío dibuja una sonrisa a modo de mueca como solo hacen los pérfidos violadores de niñas.

Estefanía se seca sus lágrimas y don Fernando la toma del rostro dándole una amable sonrisa. Estefanía trata de sonreír pero no puede, aun.

– Por eso detesto este lugar, me trae todos estos recuerdos del porque llegue aquí y cosas que desearía olvidar que ocurrían cuando estaba internada aquí.

– ¿A qué te refieres?

Estefanía mueve la cabeza, – en los primeros días aquí debían amarrarme en la cama para poder controlarme, la ansiedad por la falta de drogas es horrible, así que unos sanitarios venían a visitarme ocasionalmente mientras tenía el mono, y eso me sirvió de recordatorio del porque estaba aquí y también para pagar deudas por lo que hice, – don Fernando no comparte esto

– ¡¿Ser abusada es pagar tus deudas?! Debiste hablar y denunciarlos – le dice con firmeza.

– Lo pensé, pero tuve miedo que si me empezaban a interrogar, podrían terminar sabiendo lo que hice aquella noche con mi tío, por eso guarde silencio… me imaginaba ser una paria dentro de mi familia… alcohólica, drogadicta, suicida y PUTA, cometiendo incesto… la suerte es que no me dejó preñada, eso sí que hubiera sido mi perdición en la vida.

Al ver la hora, don Fernando le pide a Estefanía que lo regrese a su habitación, pero la deja hasta que recupera su compostura. En el camino él pagó un soborno para que la enfermera guardara silencio, él nunca salió y Estefanía nunca estuvo aquí, aunque aún se pregunta quien lo mando a este lugar y porque no lo dan de alta. Estefanía decide ir a buscar a la doctora que lo estaba viendo, cuando recorriendo los pasillos por un momento cree ver a alguien conocido. De inmediato se oculta y se asoma tras una esquina… se encuentra con la visión de los sobrinos de don Fernando hablando con la doctora, se ven muy amigables…

– Solo manténgalo aquí el mayor tiempo posible, no lo den de alta por ningún motivo, – dice uno de ellos y le entrega un sobre bien grueso que ella revisa discretamente.

– ¡¡Vaya perra!!  – murmura Estefanía que la observa dejar la carpeta con los antecedentes de don Fernando en una mesita y luego se aleja con ellos.

De inmediato la pelirroja se acerca a la mesita y saca la carpeta. Ahí se percata que pidieron una serie de exámenes innecesarios solo para demorarlo, cuando en verdad solo habría sido una simple insolación y agotamiento, dado que él estuvo en el jardín ese día mucho tiempo. Así que Estefanía va con él a contarle lo sucediendo. Camina rápidamente por los pasillos poniendo atención por si los ve, pero en lugar de ellos se encuentra con dos tipos que ciertamente la ponen nerviosa. Son los sanitarios que la visitaban en las noches cuando estuvo en rehabilitación.

Estefanía se desconcierta y pierde el paso, pero al final decide seguir adelante y enfrentar la situación. Lo hecho, hecho está piensa ella. Los sujetos la reconocen de inmediato y Estefanía los mira a los ojos, controlando sus nervios… los ignora por completo y pasa a su lado. Aun así escucha unos comentarios desagradables e incluso uno de ellos llega al punto de ofrecerle recordar los viejos tiempos. Estefanía no los mira y sigue hasta que se encuentra con la enfermera y le muestra la carpeta, pidiéndole que lo den de alta.

– Yo no puedo hacer eso sin que me despidan, no importa lo que esté pasando, solo un doctor puede firmar el alta de un paciente.

 Estefanía se queda frustrada, conversa con el otro doctor de turno, pero este se rehúsa también.

– No es mi paciente – responde,

Al final Estefanía tiene una idea, aunque demandara un sacrificio de su parte, pero tras pensarlo es lo menos que puede hacer por alguien que la ha escuchado, aconsejado y apoyado. En una oficina en el ala de rehabilitación, ambos sujetos conversan cuando Estefanía aparece parada en la puerta con una fría mirada en su rostro.

– Vaya, si es la zorrita drogadicta – le dice uno. Estefanía se muerde la lengua, – ¿Vienes a recordar viejos tiempos? – añade el otro.

– Tal vez, – responde ella con dureza – Todo depende si me sirven de algo, – agrega.  Ambos se miran sorprendidos y Estefanía les deja la carpeta en el escritorio, – Quiero que lo den de alta. Ambos se sorprenden y revisan los antecedentes.

Se ve todo normal, ¿pero por qué lo quieres de alta?

– Eso no os interesa, quiero saber si es posible… y lo necesito Ya.

– ¿Y si así lo fuera, por que deberíamos ayudarte? – le responden.

– ¿Acaso no queréis recordar viejos tiempos conmigo…?

Hay un momento de silencio, pero Estefanía se mantiene firme. Esta dispuesta a llegar bien lejos en esto y no se va a retractar ahora. De un cajón uno de ellos saca un papel y llena los datos y lo pone en la carpeta que Estefanía les pasó. Ella lo revisa y se muestra satisfecha, es el certificado de alta que necesita…  está firmado por el enfermero y el doctor de planta.

– Muy bien, donde queréis hacerlo – Pregunta.

Los tres salen de la oficina y se dirigen a una habitación aparte, muy similar a la que Estefanía ocupo cuando estuvo aquí. Apenas se cierra la puerta le ponen las manos encima. Su chaqueta es lo primero que le quitan y la tiran al suelo mientras las manos de ambos recorren el cuerpo de Estefanía, notando que los tres años que han pasado en ella han aumentado las curvas de su juvenil cuerpo de manera notable. Estefanía viste una camiseta de tirantes blanca y con botones, así como ajustados jeans que marcan sus piernas y su trasero. Ella se entrega a ambos mientras le soban el culo y sus tetas además de tolerar sus besos algo bruscos. El que está detrás presiona sus dedos entre sus nalgas y Estefanía va dejándose llevar por el momento.

Su camiseta se la abren descubriendo sus magníficas tetas desafiantes a la gravedad, grandes y sedosas, ella no usa sostén… sus grandes tetas son muy firmes aún. Entre los dos se las chupan y estrujan mientras le meten mano. Estefanía se besa con uno y otro. Comienza a sobar sus bultos y estos se abren las braguetas y se bajan los pantalones mostrando sus vergas empalmadas. Estefanía los pajea a ambos a la vez y después se inclina para mamarlas poniéndoselas bien duras y erectas, solo que ahora ella lo hace porque quiere… no por un chute de morfina extra. La mamada que les hace es tan intensa que por poco los hace correrse, pero se detiene a tiempo y mientras uno se sienta en la camilla para que ella continúe con la felación, el otro le baja los jeans a la pelirroja, y hunde su rostro entre sus nalgas apartándole su ropa y lamiéndole su coño y culo de abajo arriba y viceversa.

Estefanía se pasa el falo entre sus mamas, las cuales han crecido bastante desde la última vez que estuvo ahí. Ella continúa mamando aquella tranca, mientras una lengua y dedos ansiosos se deslizan en sus partes íntimas… un decir, dada la cantidad de hombres y mujeres que ya han pasado por su coño. El otro sujeto se la folla con los dedos metiéndoselos en la raja y en su culo también usando ambas manos. Estefanía mueve sus caderas al ritmo de estas acometidas y sus gemidos se ven ahogados por la verga en su boca. El sujeto detrás restriega su estoque inhiesto sobre las nalgas de la imprudente joven, pasándolo de arriba abajo. Emboca el glande en la entrada vaginal con intención de penetrarla, los labios se abren y el capullo se cuela. Al notar la calidez del coño, empujando de una vez, le hunde la polla hasta el fondo de su conducto vaginal. La toma de las manos hacia atrás y la bombea rápidamente, en tanto el que está en la camilla le guía la cabeza follándole la boca.

Estefanía no ofrece ninguna resistencia y se deja follar apretando con sus labios el tallo inhiesto. Rápidamente le quitan los jeans y la recuestan en la camilla donde ambos se hincan a su lado poniendo sus vergas en su bello rostro. Estefanía de nuevo juega con ambas y las degusta a placer, lamiéndolas y chupándolas ansiosamente. Uno de ellos se monta encima y desliza su polla entre los montículos mamarios de la pelirroja, los presiona contra su verga y se pajea con ellos mientras el otro se la hunde en la boca. Estefanía aún se acuerda de cómo le hacían esto cuando estuvo internada. Tomándola de sus piernas las apoya sobre sus hombros y de una acometida la empala de un solo envión, presionando con fuerza. Estefanía se ve con sus rodillas en su pecho mientras la follan, es una pose algo incomoda pero siente mejor la penetración y es mucho más profunda, no le importa lo honda que la clave, solo piensa en que acabe pronto y eso solo se conseguirá cuando el cabrón se corra. Con la mano le toma la verga al otro y se la frota casi estrujándola, desea que la sienta potente disparando la excitación del tipo. Sus tetas se agitan vigorosamente y Estefanía siente la polla persistentemente dura y venosa recorriéndola por dentro, acariciando todo su coño, eso la excita enormemente… ella lo disfruta igual o más.  

No le va a dar muestras que lo goza…. La pelirroja toma el control y hace que uno de ellos se ponga delante. Estefanía se instala a cuatro patas sobre la camilla, nuevamente su boca acoge una verga vigorosa, pero esta vez el otro se adentra en su culo haciendo que ella libere un profundo gemido… le viene el recuerdo de su tío mancillándola, pero esta vez ella es la puta ama…, en su mente no deja de retumbar… “Soy… the mother fucker of the universe”

– ¡Cómo me encanta este trasero! – Dice el tipo que la folla analmente.

Estefanía siente como sus nalgas se abren y su apretado culito se va dilatando. Ella cierra los ojos y gime sin parar mientras se la follan por ahí. Estefanía los mira a ambos y atrapa con su boca la verga del que esta frente a sus ojos, solo así sus ardientes gemidos se ven ahogados, pero el otro también le quiere dar por el culo, someterla y ultrajarla analmente.

El cuerpo de Estefanía está sudado por tanto sexo, su camiseta se pega al mismo y ella se monta sobre un gran cipote que parece un verdadero mástil de carne, el tipo se ha sentado en uno de los sillones de la habitación. Nuevamente su trasero es el objetivo y ella se va dejando caer lentamente hasta enterársela por completo. Estefanía sube y baja por aquella verga separando ampliamente sus piernas lo que permite ver como el pollón entra y sale de su espléndido trasero enjuto y acogedor. El otro sanitario no se queda mirando por mucho rato y Estefanía observa cómo lleva su verga hasta su raja vaginal…, donde se lo mete por completo haciendo golpear sus huevos en la vulva, ahora los tiene a los dos dentro. Ambos follan a Estefanía a la vez, ella reparte besos y lamidas con ellos al tiempo que sus pollones entran y salen de su juvenil cuerpo…

– ¡¡Esto es lo mejor!! – Dice uno en medio de los gemidos y jadeos de la pelirroja que se ve inmovilizada entre ambos que le dan con todo lo que tienen. Llevaba varias semanas sin sexo y mira por donde ese día iba a matar dos pájaros de un tiro, nunca mejor dicho.

Ella abraza al que tiene debajo, y este la penetra aún más adentro llenado por completo su coño, le hacer percibir el cabezón en el mismo útero. Los espasmos recorren los cuerpos de los tres y Estefanía siente que ya no da más de sí…. percibe que muy pronto se va a correr el que está detrás encima de ella follándola por el culo. Cosa que sucede sin compasión en un instante… El semental empieza a soltar aldabonazos de leche a presión, sin darle tiempo a sacarla. En mitad de la eyaculación, el doctor que esta frente a ella saca su verga y esparce su contenido seminal brotando a chorros, llenando la vulva y el culo de la pelirroja mientras el otro le deja el esfínter bien lleno. Estefanía coge la verga que se corrió fuera de su coño, y le hace una mamada para asegurarse dejarle bien secos los huevos, el otro ya se estaba aseando en el baño.

– Muy bien, fue divertido y espero que lo hayáis gozado, – dice la pelirroja que con toda naturalidad mientras se pone las bragas nota toda la lechada, y se arregla calzándose los jeans.

– Admítelo, ¡Tú también has disfrutado, golfilla! – Dice uno de ellos

Pero Estefanía no se inmuta, es posible… – Tal vez par de Hijos de Puta… ¡¡Eso no significa que me podrán follar de nuevo!! ¡Adiós! ¡Ojalá se os pudra la polla…!

Cuando Estefanía aparece en la habitación de don Fernando este se sorprende al verla algo desaliñada y sudada. Su agitación le sorprende al viejo…

– Después le cuento, ahora nos vamos.

Le muestra los papeles a la enfermera que se muestra recelosa, sin embargo todo está en orden y lo deja partir. Estefanía ya había llamado un taxi que los está esperando afuera y salen raudos del hospital antes que alguien se dé cuenta. En el trayecto la pelirroja le cuenta lo sucedido y a quienes vio en el hospital.

– Vaya, no son tan estúpidos como parecen, tendré que ser más cuidadoso – Dice don Fernando.

Al llegar a la casa se escuchan algunas voces dentro, don Fernando entra acompañado de Estefanía. La empleada y otras dos personas que trabajan con don Fernando discuten acaloradamente con los sobrinos… parece que están dispuestos a despedirlos, y hacerse los amos de la casa mientras que el propietario está incapacitado en el hospital….

– Los únicos que se van de aquí son ustedes, – dice él sacando una voz inusitadamente fuerte y clara. Todos brincan del susto y sus sobrinos se preguntan como hizo para salir del hospital tras el soborno a la doctora… – Solo fue una falsa alarma, nada grave, así lo dijeron los médicos – responde don Fernando y Estefanía sonríe maliciosamente. – Una leve insolación…

Todos se retiran de inmediato, su personal le da la bienvenida a su hogar.

– Vaya quedé exhausta, – dice Estefanía que se deja caer en un sofá y toma un vaso de zumo que le ofrecen. Tras el paso de la adrenalina comienza a notar la sensación de ensanche que le han producido en su culo…, en contra su coño no está para nada resentido… no eran pollas tan grandes, las había tenido más gordas. Cuando salen los empleados don Fernando la interroga…

¿Y bien, como lo hiciste para sacarme de ahí?

– Ah, pues, nada de otro mundo, solo algo de persuasión con la gente correcta, además de recordar un poco los viejos tiempos en ese inhóspito lugar, – responde ella sonriendo, y entonces comienza a relatar con lujo de detalles todo lo que sucedió.


Las cosas entre don Fernando y la pelirroja comienzan a ser mucho más cómplices de lo que jamás pudieran haber imaginado ninguno de los dos. El viejo se había recuperado muy bien del incidente, no haber tenido que trabajar duro físicamente, y habiendo hecho deporte durante toda su vida, el cuerpo lo agradecía recuperándose rápidamente de la jornada de trabajo duro en el amplio jardín bajo un sol de justicia. Se puede decir que don Fernando era un tipo muy bien conservado y atractivo… para Estefanía eso no pasaba desapercibido, era también otro de los motivos que le atraía hacia él, no solo lo visitaba por su educación y nivel cultural.

Ese día la chica estaba desconsolada porque no sabía cómo dar salida a una situación económica complicada en casa, se había agravado cada vez más desde hacía dos años. Ya había empezado antes de llegar su tío en casa, con él las cosas se había enraizado un poco más…su hermana lo defendía y lo defendería ante cualquier persona que tuviese algo contra él. Estefanía sabía que no tenía opciones de éxito denunciándolo, su madre nunca la apoyaría… lo que le llevó a la adolescente de trazar un plan sibilino contra el abusador. La pelirroja se hizo la promesa a sí misma de que le haría la vida imposible a ese malnacido en ese hogar. Fue cuando planeó el “suicidio”, tras él seguro que todo cambiaría a mejor y su familia tendría un poco de alivió ante la situación de carencia… aunque no lo suficiente.

La mañana del entierro, se realizó la incineración sin la presencia de los familiares. La chica se paró en el quiosco de la esquina de su barrio, en el periódico se podía leer la esquela referida a la muerte de su tío, la cual rezaba en la parte inferior derecha…

“Se suicida un hombre por la crisis del coronavirus”

“Un hombre de 45 años de edad se arrojó al vacío en la mañana del sábado en medio de una profunda depresión, a raíz de la crisis producto de la pandemia de coronavirus. El comerciante, identificado como Roberto Espín Verón, se tiró desde el séptimo piso de una de las torres ubicada en la calle Juan XXIII… su cuerpo cayó tendido muy cerca del estacionamiento de taxi en dicha calle. Su hermana, con la que vivía junto a su familia contó que tenía problemas económicos, se había divorciado y entró en depresión, al tiempo que sobre el hecho dijo que cuando ella ingresó al baño, el hombre abrió la ventana del balcón, y luego constató que se había arrojado al vacío…  El hecho está siendo investigado por la policía judicial…”

Sin embargo lo escrito oficialmente era algo que se alejaba bastante de la realidad, Estefanía consiguió de sus antiguos proveedores de estupefacientes, una droga que solo probó una vez… “La Ketamina” que disuelta en el café de la mañana, era imperceptible. A los pocos minutos de su ingesta, observó como a través de sus pupilas dilatadas, percibía un entorno extraño, temible y fascinante. Sentía la impresión de que ya no estaba en el mundo, sino en otra realidad. O, más bien, tenía esa impresión. Cuando quiso abrazar a la stripper contorneándose, se abalanzó hacia ella sin temor…. Desde su posición, Estefanía observaba el pesado cuerpo de su tío balancearse acercándose al balcón, y luego precipitándose al vacío de la calle.

Aquel era un día más que dormía en la mansión… sus padres no ponían objeción a la pelirroja a que hiciera más vida en la casa aristocrática, en definitiva era una boca menos que alimentar y además solía traer algún dinero. Sus padres nunca preguntaron cómo lo conseguía… “¡Ojos que no ven y oídos que no oyen, corazón que no sufre!”.  No obstante para aliviar cualquier recelo de los padres, don Fernando sabía muy bien cómo lograr difuminarlo… la mejor de las formas era la diplomacia y por tal se entendía, una buena comida con una larga sobremesa, en los que se expusieran los parabienes de tener a la chica más cerca de los libros de su biblioteca, que de las bandas callejeras de las plazas. El viejo les convenció rotundamente. En pocos días Estefanía se instaló en una de las habitaciones de la mansión. Los padres tendrían el acceso permitido al palacete, sin aviso previo…, y la chiquilla libre elección de estar o marcharse. Aun así la preocupación de Estefanía por su familia no dejaba de ser su principal foco de atención.

– Tranquila todo tiene solución, veamos juntos una película para que te distraigas un poco.

Se puso un pijama para descansar, don Fernando se quedó a su lado. Lo descocado de su camiseta de tirantes dejaba muy poco a la imaginación… el viejo se quedó ojeando sus tetas en más de una ocasión… ella sólo estaba cubierta por un gran mantita que le llevaba a la barriga. Observaban una película titulada “Adele”, en un principio no parecía más que una peli de problemática adolescente con tintes eróticos, pero las escenas de sexo explícito no pasaron desapercibidas para ninguno de los dos… terminó tarde. Cuando le iba a decir que ya era hora de retirarse a su cuarto a dormir, descubrió que se hallaba profundamente dormido, pensó que al veterano no le importaría compartir la amplia cama, y se quedó allí vencida por el sueño. A los pocos minutos, siente que el señor de la casa se le abrazó poniendo su mano cerca de sus tetas, ella estaba de espaldas a él, don Fernando se amoldó a la adolescente haciéndole la cucharita.

Ella atisbó enseguida que en verdad se hacía el dormido, dado que su polla se encontraba bastante despierta. Ya hacía mucho del afer con los sanitarios calientes, y ella también se veía muy necesitaba de atención varonil. Nunca se pasó por la cabeza que el refinado don Fernando pudiera despertar algo en ella de esa índole, pero su bulto seguía presionándole las nalgas, un bonito y apetecible trasero bastante bueno para hacer las mil y una delicias de un varón. Estefanía pudo percibir como se le mojaban sus escasas braguitas de dormir al notar el cipote de su anfitrión presionándole el trasero. Se sorprende del descubrimiento… ese ser adorable, no es solo pródigo con ella y sabe escuchar, sino que es un hombre con todo lo que conlleva la masculinidad… incluido el sexo. Empapada por sus jugos, el conejito respondía a las peticiones que exigía aquella verga endureciéndose entre sus nalgas ¡Le comenzó a arder profusamente!

– Fernando, esto puede que esté mal, ¿Cómo cree que se sentiría su familia si se entera…?

Se elevó mirándole a la cara seriamente a la chica, que estuviera empalmado no era motivo de pudor o de actuar diferente con respecto a su digna elocuencia y gesto condescendiente

– Sé cómo resolver vuestro problema financiero familiar – Estefanía quedó  un poco estupefacta, pero para nada acongojada – Soy un hombre mayor, pero no tan viejo como para no engendrar de nuevo. Nunca me lo había planteado, pero últimamente contigo sí. Necesito un heredero para que los buitres de mis sobrinos no se queden con todo, si me das un hijo, tu vida, la del bebé y eso también incluye a tu familia, se verá aliviada del peso económico para siempre… os puedo dejar una buena herencia si cuidas de mí y permites que te deje preñada.

Eso la confundió, era casi una niña y ser preñada era un sacrificio para sus ínfulas de adolescente rebelde, ser madre nunca había sido su pensamiento inmediato, ni lejanos siquiera…

– No Fernando, usted cree que está bien pero no… con usted yo no ¡Por favor no me pida eso!

– Mi princesa…, creo que has contestado muy rápido. Debes pensártelo más detenidamente…

– La verdad no quiero un bebé siendo tan joven… siendo miedo de quedar preñada y tener que parir. Mi cuerpo se verá deforme y no se recuperará. No he terminado el bachiller todavía.

– Mi querida Estefanía, solo te suplico que lo pienses durante unos días… nunca tendremos una oportunidad como esta en nuestra vida… y antes que des cuenta habrás acabado los estudios.

– Yo a usted le quiero como a un abuelo… aunque tengo que reconocer que no está mal…se cuida y tiene buen porte. – Estefanía tiene un flash y mira el soberano bulto que porta el anfitrión.

– Si solo me ves como un viejo… ¿entonces por qué tu coñito está chorreando…? – La chica no sabía dónde meterse, le había pillado infraganti. Los deseos por ese hombre eran fuertes, pero luchaba por que fuese solo su confidente y no su amante. No quería perder a la persona que aliviaba su alma a cambio de la que le aliviase su cuerpo. – Además ¡El bebé nunca saldrá feo querida! Herede los genes de uno u otro y además será inteligente. El hijo que engendremos será un ser exitoso sea como sea. – Hubo un calculado silencio – Cariño yo también soy un hombre y pese a mantenerme firme, siempre he deseado ser el protagonista de sus relatos…

– Pero no quiero perder al hombre que me escucha y me ampara en mis desmanes. Nadie me ha comprendido y tolerado como usted… no me juzga nunca. Todo eso NO lo quiero perder.

– Lo tienes garantizado de por vida, la mía claro que será más corta.

La reticencia a acabar panzona y parir un hijo de don Fernando, pronto quedó relegado al hecho de vivir en la miseria el resto de su vida. Su cabeza barrunto la decisión, haciendo cálculos… con solo una décima parte del patrimonio del viejo, bien gestionado, podrían vivir los hijos que le hiciera y ayudar a sus padres a salir del bache, y además sentía un gran cariño por él.

– No me diga eso, le quedan muchos años que vivir… – Estefanía se giró y se acercó un poco más a él, tanto que sitió el calor que emanaba de su fuerte cuerpo. – De acuerdo… No quiero que se muera nunca, le necesito en mi vida y su oferta no parece tan mala – Dijo al fin – Pero con una condición… ¡Esto será nuestro secreto hasta que pueda explicárselo a mis padres…!

– No te preocupes, cuando se sepa solo me pondrán a parir a mí, pero para entonces ya habrá un acta notarial en el que quedará cubierta la educación y manutención del bebé. Para ti aun sobrará para lo que desees sin tener que trabajar de por vida…

– ¿Tendré suficiente para sacar de la miseria a mi familia…?

– No hay problema. Con lo que te corresponderá poniéndole mis apellidos al bebé, jamás tendrás más dedicación que a la cría a mis hijos…. Tampoco te daré mucha guerra. Lo bueno de ser rico es que tú solo te dedicarás a calentarme la cama y engendrar, en tanto lo desagradable lo harán las empleadas domésticas. Y tú y toda tu toda tu familia se beneficiará de la decisión.

– Entonces cariño, creo que estamos hablando de más… y para que vea que soy buena con usted, le daré un anticipo ahora mismo… le voy a dar una sabrosa mamada y luego… luego ¡Quiero que me folle y acabe bien dentro de mi coño! ¡Lléneme el útero con su gentil esperma y préñeme! ¡¡Fólleme mucho y préñeme bien mi pancita!!

Él se puso contento, nada más quitarse la escasa ropa, su bóxer ejerció de tienda de campaña para el animado animal que se retorcía por salir de dentro. Estefanía tan expectante como ansiosa, tiró de sus calzoncillos haciendo aparecer una increíble verga firme de capullo babeante. Su grosor superaba a cualquiera otra polla vista por la chica antes, sus venas eran enormes, hinchadas por el bombeo al cabezón que formaba en la punta una grandiosa bola. Todo ese cipote jalonado de protuberancias se parecía a algún consolador que tuvo con Esther y Ricardo. No era un falo de extensión memorable, los había visto más largos… ¡Pero nunca tan recios! Sus dedos no daban de sí para circundar el gordo tallo del semental.

– Don Fernando, joder… ¿Eso qué es? – Espetó la chica dilatando sus ojos de asombro.

– Es extraño que te asombres pequeña… ¡¿Jamás habías visto nada parecido?! Con las historias que me has contado, daba por sentado que lo mío no tendría nada de especial para ti.

Estefanía se hallaba tremendamente caliente al verlo tan excitado, su tranca marcaba una curva ascendente de media luna con un grosor increíble, semejante a una viga empotrada.

– ¡¡Nunca tan gorda!! Su polla me va a ensanchar como si fuera a parir antes de que me preñe…

– No te preocupes que las vaginas dilatan mucho más de lo que te crees. ¡¡Verás que buena función hace dentro de tu coñito…!! Todas han coincidido en que es justo lo que buscaban, les han dado placer a sus chochitos apretados sin llegar tan hondo como para romperles el útero.

Estefanía no quedó convencida del todo, porque los 18 cm podrían llegar bien hondo… sin embargo se moría por probarla sobre todas las cosas, así que para iniciar el cortejo, se empezó con rico 69. Ella se quejaba de lo imposible de meterse la gran bola de su glande, diciendo que se iba a correr sin que el viejo llegase a sentir casi nada por el dolor de mandíbula y el desgarro de comisuras labiales que le producía a la chica mamar semejante tronco, duro y recio… era la primera vez que Estefanía se notaba rara al mamar una verga que la dejaría a la mitad de su orgasmo, mientras que ella ya se había corrido. El señor dejó de comerle el coño para decirle…

– ¡Vas a hacerlo bien o me busco a otra…!

Se tranquilizó, y ella se centró en repasar con sus labios la dura tranca de arriba abajo lengüeteando el cabezón y atorándose la garganta con él… no le entraba más de la mitad. Siguieron un rato más comiéndose mutuamente… el fluido vaginal se pertrechaba en tal cantidad por la lubricación, que emanaba de la rajita sin mesura, don Fernando se lo tragaba al mismo tiempo que era producido, hasta que la chica dejó al semental listo para la fecundación. Su pollón se encontraba en todo lo alto, estaba rígido y duro como la piedra de pedernal. Sin importarle si había tomado Viagra o no para estar así de potente, el astuto viejo se las había ingeniado para que la adolescente cayera en su viejo truco de indagar, descubrir y disfrutar de lo prohibido, conociendo los puntos débiles que Estefanía fue revelándole a lo largo de las sesiones.

Estefanía mostró su experiencia cuando don Fernando la esperó, recibiéndola recostado de espaldas sobre el colchón, mostrando la flamante verga a modo de mástil… gorda, rígida y esbelta, la adolescente no lo dudó un solo segundo… necesitaba empotrarse ese vástago. Se abrió de piernas formando un arco con ellas sobre el cuerpo de su amante, se posicionó sobre el ariete jalonado de protuberancias surgidas de la deformación que le producían las venas inflamadas, y los años de uso… se dejó caer apartándose los labios para que cupiese el buque venéreo y no los arrastrara hacia dentro debido a la inmensa anchura fálica. Enfilado en la bocana, se lo va tragando poco a poco, observan cómo se pierde en el interior de la raja de Estefanía, esta comienza a notar como su canal vaginal se ensancha, el viejo descubre cuan apretado está la vaginita de su pupila, le estimula tanto como a ella… es una nueva sensación de comparte. Le recuerda como fue desvirgada por Ricardo, es algo tan parecido que tiene las mismas sacudidas en su bajo vientre… la pepita le arde, el corazón lo tiene a mil y se traga un tramo más de polla hasta que finalmente la aloja por completo en su coño. Dejan que se amolde unos segundos, la respiración de la damisela está alterada con jadeos perceptibles.

Al rato comienza a subir y bajar mostrándole a su amante lo bien que entra y sale de su coño aquel fabuloso falo… le gusta exponer su pelado coñito insertado por una barra de carne tan dura como la de don Fernando ¡Sigue impresionada… no esperaba algo así de ese hombre! Continua dejando a la chica que se empale a su gusto, y solo con las primera idas y venidas tragándose el rabo rollizo, le llevó a correrse de gusto al notarse tan llena de polla… estaba a punto, cuando le da la vuelta intercambiando posiciones, mientras Estefanía le suplicaba… “¡Hazme a tu bebé!”“¡Engendra a tu bebé dentro de mi útero!”“¡Estoy deseosa que me siembres!”

El viejo tomó su posición de misionero sobre aquella divinidad del olimpo, la arropo con todo su cuerpo y ella se dejó envolver por la hombría del semental, ella elevó su culo sobre el colchón y ambos sexos se alinearon para lograr el acoplamiento perfecto. De un solo envión sin necesidad de guiar, el veterano ariete encontró la entrada y se deslizó en las entrañas de la adolescente. De nuevo quedó unos segundos amoldando la flexible vagina al invasor y luego comenzó el vaivén sin dejar de ahondar en aquella estrecha gruta. El veterano no recordaba haberse follado un coñito tan estrecho y ceñido como el de aquella adolescente en muchas décadas. 


Estefanía percibía las deformidades de la verga producidas por las hinchazones de sus venas, como si de un consolador de calidad se tratara…, acariciaba las paredes encrespando las terminaciones nerviosas de cada pliegue, y eso le hizo tener un orgasmo antes de que los espermatozoides del viejo fueran lanzados a la carga en la batalla… esa deformidad frotando su atiborra vagina de dura carne de semental, les hacían disfrutar a ambos por igual… las venas henchidas se sentían muy bien, en tanto sus dedos en la vulva, apartaban los labios, mejorando la entrada a puerto del submarino, cada vez más adentro… Y de pronto sintió las orondas pelotas de don Fernando llamando para entrar dentro de ella. Ahora sí estaba segura que todo el inmenso falo lo tenía alojado en su coño, se asomó para ver como se la follaba, y observó su vientre abultarse en cada enterrada de verga hasta la raíz. El grueso cipote se hacía notar en la delgadez de su cintura. El ritmo de cadera era prodigioso tensando y relajando los glúteos, embestía con contundencia extrayendo a la chica gemidos a cada metida… eso le gustaba al viejo, siempre le ha avivado si saca un fuerte gemido a su hembra.

Cada tres metidas, la cuarta se la alojaba muy cerca del mismo útero, y ella gemía con más fuerza una y otra vez. Estefanía trepaba a los labios de su benefactor, se comían la boca y la lengua, entrelazaba sus brazos alrededor del cuerpo maduro que la hacía vibrar en cada empujón contundente dentro de su dilatada vagina… mueve sus caderas en círculos...dándole todo el paso que puede.

– ¡Aaahhh...! Soy totalmente tuya papi...me gusta mucho lo que haces... Mi papi me adora y me ama como yo a él…no pares y lléname amor.

Con sus dedos separa los labios y se toca el clítoris…

– ¡Papi...métela toda hasta el fondo…Hazme muy feliz…Házmela sentir en mis entrañas!

De vez en cuando le ofrecía sus tetas para ser mamadas sin dejar de ser perforada por una barrena semejante a un martillo pilón. Don Fernando incrementó la batida, signo inequívoco que la corrida del veterano estaba a punto de cumplirse, entonces fue cuando tras un gruñido animalesco, la fémina notó el potente chorro de semen entrando a raudales dentro de ella. Se la clavó duro en el segundo lance, aun fue un chorro de leche más grueso, y un tercero largo y copioso acabó por ordeñar casi todo lo que en ese polvo se podía eyacular.

La estaba inseminando de manera eficiente con cantidades de leche que jamás pensó que pudiera contener los huevos de un hombre, pero ese macho no era un semental cualquiera, de siempre había eyaculado cuantías semejantes a la de un equino…, su enorme próstata se compaginaba con unos testículos acordes que ofrecía seria competencia a un caballo.

La chiquilla, no solo se encontraba gozosa de haber sido follada por tal masculinidad, sino que además la trató como a una buena hembra mientras notaba su coño expandido, pero relajado… era como un fuerte masaje vaginal interno, sin llegar a topar en el fondo, algo que con quien ocurría no era de su gusto, recriminándole que lo hiciera por el dolor innecesario que conlleva machacar la pared vaginal… la polla de don Fernando le pareció al final perfecta, comprendiendo que siendo ancha lo había gozado más, y que gracias a una longitud admisible para su conducto, no se condolía en su vientre, con los dolores que le producían pollas demasiado largas para ser disfrutadas por una mujer. Para Estefanía, tanto sentir esas cosas, como saber que la estaba preñando del heredero de todo aquello, le provocaron otro orgasmo, mucho mejor que los condones con gotitas que le daban aspereza suave. La siesta continuó con ambos amantes satisfechos y rendidos físicamente, pero avivados por el proyecto en común.

Solían pasar un par de días entre inseminaciones, pensando en la maduración de los bichitos que formarían el buen batallón de asalto. Su relación no era tener sexo por tenerlo, tenía más que ver con la metafísica y la concepción en el vientre de la joven…. En aquella ocasión ya estaban bastante tiempo follando, lo cual gustó a Estefanía y refrendó lo que se decía que los maduros aguantan más y dan un placer prolongado. La chica ya no sufría con la perforación del martillo pilón de don Fernando, gozaba al notarlo dentro de ella recreándose en sus tetas y pezones, en su boca en tanto eyaculaba… se había esfumando el estrés de esos primeros días. 

La adolescente cuando se hallaba en sus días más fértiles, solo le recordaba y animaba a su anfitrión a que la llenase… “¡Vamos mi amor…LLÉNAME!” Él continuaba eyaculando, y ella podía percibir en la sensibilidad vaginal, cada chorro de semen macerado en los testículos de tan admirable personaje. Ahora se le sumaba el de imponderable semental. De esta manera quedó llena del señor de la casa, don Fernando, y sin más quedaron dormimos en la misma cama de la “suite nupcial”, uno adherido al otro con ella en el regazo paternal. La chica notaba las pelotas del viejo en su muslo, las mismas que produjeron todo el vertido protegido dentro de su coño, y el de tanto otros que acaban derramados por las sábanas o por sus braguitas.

Por la mañana, cuando Estefanía despertó, pensó que todo estaba siendo un sueño. Miró a su lado a don Fernando… ambos estaban pegados como perros, y con el coño pegajoso del rezume espermático que destiló su vagina, imposible albergar tanta lefa que nunca cabe dentro de ella. Se despegó de él, y al levantase, notó el reguero de semen en uno de sus muslos. Él despertó con la verga en erección mañanera. Al notarla bien dura, no perdió la oportunidad de ser acariciada por parte de la adolescente, masajeo la tranca tirando y aflojando del prepucio…

– Creo que usted nunca acabará de follarme… es hora de seguir haciéndome el hijo prometido…

Saltó de la cama con una descarga de pura adrenalina, parecía alarmado, pero tan pronto como supo que buscaba la chica, le sonrió acercándose a sus increíbles tetas. Llevó su pezón izquierdo a la boca y chupó como había querido desde que la vio por primera vez. Luego movió los dedos hacia su boca cuando ella los abrió y los chupó como si fuera la gran polla del viejo. Cuando quitó los dedos de su boca, ambos sabían a dónde iban. Siguió mordiendo su pezón erecto mientras los dedos del veterano se movían por el cuerpo de la damisela. Puso su mano en la raja y comenzó a frotarle el clítoris. Ella volvió a tomar su polla, y en un gesto raudo se la mamó sintiendo… poco a poco notó como crecía más y se le ponía dura dentro de su boca. Luego empujó ambos dedos profundamente dentro de ella.

– ¡¡Oh, papi!! – fueron las siguientes primeras palabras.

– ¿Te gusta eso, princesa? – Preguntó don Fernando viendo la respuesta en su carita.

Ella gimió cuando se dedicó al coño joven y húmedo. No sentía nada más que emoción por lo que sucedería después. Luego puso sus dedos nuevamente en la boca de Estefanía, para que ella probara su propio jugo, a lo que ella gimió de pura felicidad. Tras posicionarse en la cama, la empujó sobre su espalda y se sentó a horcajadas sobre la cara de la chica, dejándole caer los estirados testículos sobe su boca. Ella puso su lengua directamente bajo los duros huevones colganderos. Esta fue la mejor sensación que tuvo el señor de la casa en muchos años. Le estaba volviendo loco mientras la nena le daba buen uso a la lengua y boca en las bolas… ambas secretoras se pusieron a producir leche a marchas forzadas, ante el estímulo de la chica. Al rato se cambiaron los papeles, y fue ella la que le dio a comer el coño a don Fernando. Rauda se había dado media la vuelta para colocar su vulva en la boca del veterano semental.


Ella continuó comiéndole el rabo al tiempo que le horadaban la raja de su coñito. El ruido del chasquido de su lengua deslizándose sobre los labios del chochito, y la caricia de su húmeda lengua, la hizo enloquecer. Puso la cabeza entre sus piernas y le lamió el clítoris con vehemencia, también lleva a horadar su anito con la punta de la traviesa lengua. Sus gritos apagados fueron fruto de un buen orgasmo… todas aquellas perseverancias del viejo, hicieron que se corriese encima del maduro. Cuando Estefanía lo creyó conveniente, se dio media vuelta, poniéndose en cuclillas a modo de salto de rana sobre él. Asió la verga y la enfiló en su lubricado coñito… se la clavo de una y de inmediato se puso a cabalgarlo. Tenía ganas de sentir todo el cipote dentro hasta las bolas. La chica se hallaba tan ardiente que no le dio más importancia a su placer, solo era pertinente hacer feliz al semental, y lograr que se corriese rápido, ya que en poco tiempo llegaría el servicio y los pillaría en plena faena.

Él empezó a acariciarle las tetas con una mano y con la otra se fue directamente a su coño, empezó a darle con un dedo en pepita lo que la puso loca sin dejar de clavársela entera, después era  mete y saca despacio para luego incrementar el ritmo como buena amazona, él le magreaba las tetas sintiendo como obtenía un gran orgasmo en esa posición…. Aprovechó la excitación que le proporcionaba cada convulsión para metérsela de un solo golpe… y de ahí un mete y saca fuertísimo. Estefanía chillaba como una cerda en el matadero. Del gusto de muerte que le recorría el cuerpo por lo que estaba recibiendo, aflojaba el ritmo y luego él empezaba como los conejos, con un bamboleo tremendo de los huevos que en la agitación aporrean fuertemente el culo de la chica. El viejo se esmeraba bien en abastecer de verga el enjuto coñito con fuertes pollazos.

Tomaba las sábanas en sus manos mientras gemía suavemente… – ¡Uuhgg… papi!.. mmm... ¿te encanta demasiado? – El coñito se abría mucho y jadeaba…– ¡Así papi no dejes de meterla!

– ¡¿Vas a ser la putita de papá hoy...?! Papi te quiere follar duro… que sepas cómo se siente teniéndome dentro de tu más profundo coñito… ¡Papi va a llegar a tu útero!

Los dedos del viejo no dejaban de horadar la rajita cada vez más lubricada... logró excitar su clítoris, lo notaba duro y muy espigado. Eso le emociona.

– ¿Quieres probar la carne de papá? hoy me la  has puesto muy dura...

La chica gemía suave y asentía mientras movía su cadera buscando los dedos de su amante.

– ...siii.. uhgg.. Eso deseo papi… mmmm...tu verga llenándome… ¡¡Que rico!!... mmmm

Don Fernando se posiciona tras de ella enfilando su glande en la rajita ceñida, abre los labios con el capullo endurecido recorriéndolos de arriba abajo, luego se centra en su clítoris y lo frota unos segundos, Estefanía gime y muerde la almohada con temblores eletrificantes.

– Me encanta tu pepita mi niña...

Emboca el cabezón en el agujerito y lo va hundiendo poco a poco... nota abrirse las paredes del chochito,  como una flor en la mañana. Ella se queda muy quieta mientras siente como entra.

– ¡...uuhggg...v..ve despacio papi! ...la tienes muy grande...mmmm...

Mantiene sus mis piernas bien abiertas para que el semental pueda acceder fácil a tope al útero.

–  No te preocupes mi vida... papá nunca te hará daño. Verás cómo da de si tu coñito, solo te puede doler si te rompo... Ummm que apretado lo tienes pequeña tus apretadas paredes. Tu coñito me arropa divinamente, te siento presionando el glande de lo que me cuesta romperte.

La chica esconde su cara en la almohada mientras gime y trata de aguantar el dolor.

– ¡...uhggg...me duele papi! ¡...tienes la verga muy grande...! ¡Me estás llenando muchísimo! …mmmmm – jadeaba suavemente – ¡¡... papi… tócame la pepita!

El maduro se pone al asunto, desliza la mano por su vientre y llega al corazón del coñito de su damisela, la nota agitada, le encanta que esté agitada…aprieta un poco más cediendo las paredes con su ariete. Da marcha atrás y la sujeta de las caderas firmemente, sabe que esto hay que remediarlo por la vía dura… la estrechez se invade con la dureza.

– ¡Te la voy a clavar duro mi amor! ¡Voy a hacer que sientas como te abro el canal del coño!

Con un juego de cadera la envía al fondo del conejito, y es como si le rasgaran la virginidad…

 ¡Aaag mi vida ya no eres ni serás nunca más de nadie! Ahora vas a ser la nena de papá.

Muerde su labio y libera un grito ahogado mientras algunas lágrimas se escapan.

– ...A...aahgg!!!..papi!!!...aahhh...me haces tan feliz...la verga de mi papi me abrió el coñito...uhgggg me lo has abierto tanto que voy a para parir cómoda a todos tus hijos…

La adolescente sentía el coñito palpitar con fuerza envolviendo la verga en suaves caricias.

–  ...solo la verga de mi papi me hará feliz, – Gritaba desbocada la niña vilmente empotrada.

La sujeta de las tetas, a la vez que las acaricia con sus gruesas manos viriles, le encanta el tacto de sus pezones duros.

–  ¡¿Te gusta lo que te hace papi?! Eres la nena más buena del mundo. Nunca dejaré de hacerte regalos ¡Vas a ser la princesa de papá! Ummm como me tienes de caliente amor

Poco a poco ha ganando centímetros dentro de su vagina, quiere llegar a su útero. La cadera de la chica se mueve en círculos...dándole todo el paso que puede y albergar tamaña tranca.

–  ...aahhh...soy totalmente tuya papi...me gusta mucho lo que haces. Mi papi me adora y me ama como yo a él… Te deseo tanto… ¡¿Cómo he podido ser tan tonta y esperar tanto?!

Sus manos separan sus labios… – ¡¡Papi...métela toda hasta el fondo...hazme muy feliz!!

Cada vez queda más enterrada la polla en el coñito. – ¡Te estás tragando toda la verga de papá! ¡¡Vas a ser una gran hembra tragándote a diario todo este viejo pollón!!

Va sometiendo el conejito a estocadas cada vez más fuertes, más profundas... no quiere ser duro pero el cuerpo de la niña le excita tanto que es imposible no caer en sus garras.

– Así mi niña muévete en círculos, me encanta tu culo ¿La notas dura dentro de ti?

Sonríe un poco y sigue moviéndose en círculos tragando toda tu verga hasta los huevos.

– ..uhggg..me partes todita papi! ..la tienes demasiado dura ..aahhh...me vas a hacer correr...me tienes toda clavada..uhgg!!! – Sentía el clítoris hinchado de placer en el límite del abismo.

Estefanía le da la boca, cuando se ponen frente a frente... ahora quiere hacerle el amor mirándola a los ojos verdes turquesa como los del mar caribe más resplandeciente.

– Eres divina mi amor... ¡Cómo he podido dejarte pasar todo este tiempo...! ¡¡Te mereces tanto!!

Don Fernando nota como sus bolas llaman a las puertas de la vulva, le gusta ese golpeteo al llegar a fondo… le chupa los pezones y los succiona con delirio.

– No me esperaba que tuvieras una vaginita tan profunda mi amor.

Le rodea su cuello con sus brazos adolescente, mientras juega con la lengua de su beneficiario.

–  ...aahgg... papi… tus besos... Son los mejores... ¡Nada como tu boca!

Vuelve a alzar las piernas todo lo que puede dándole más abertura a su coñito, se siente llena.

– ¿...papi..mmm...me llenaras? ..aahhh...quiero que me des toda tu leche...mmmm...la lefa de todo un macho...mmmm... – Frotaba sus tetas en su pecho – ¡¿Te gusta papi?! ..mmmm...

–  Me encantas mi peque... y papá te va a dar toda la lefa que necesite tu conejito. Lo vas a tener muy bien alimentado con leche entera recién ordeñada.

La veterana lengua de don Fernando se pierde dentro de la boca de su niña. Los chasquidos de mi pelvis contra el conejito le es desquiciante... para volverse loco. Tiene las piernas muy abiertas y le entra más fácil a fondo de un solo envión, la lubricación ayuda mucho.

– Para ser tan jovencita, te sabes manejar muy bien mi amor... ummm aaaghh me tienes a mil.

Sus ricos pezones son presa de los labios del semental, los muerde mientras no ceja de clavarle a fondo... hasta los mismos nuevos. Ella se arqueaba mucho ofreciéndole las tetas.

– Asii..asiii..papi me corro.. ya no aguanto!! ..mmmm... – Sentía el coñito arder y atiborrado.

–  ¡¡Vamos mi amor córrete para papá!!

Estefanía se abraza fuerte a su hombre, y se corre empapando la verga mientras gemía.

– ¡...aahhh...papi!! ...dame tu leche...mmmm... qué rico se siente estar llena de ti!!

Él nota como se le escurre la corrida de su niña, se hace más deslizante el mete saca en su rajita... se asombra lo bien que se ha adaptado al grueso tronco.

– Eso es mi amor, córrete para papá... joder que gusto me estás dando cabrona ¡Como siendo tan golfa aún no me has dejado que te folle…!

Sonríe y le besa jugando con su lengua y chupándola… él le corresponde llenándole la boca.

– ...esperaba a que mi papi tomase la iniciativa y me tomara...quería que me la clavaras hasta el fondo papi.... ¡tú verga se siente de maravilla...me llenaste el chochito entero con tu dureza!

– Lo tienes tan apretado... es tan estrecho que no sé cuánto voy a soportarlo más.

Don Fernando, nota como me le va macerando toda la leche en sus cojones, quieren aventar de una vez y la subida de testosterona va en aumento... arrecia las batidas dentro del ensanchado chochito de la adolescente que está completamente entregada

– ¿Quieres la lefa de papá...? Tengo un buen montón para llenarte... ¡Quiero atiborrar tu útero de esperma! ¡¿Lo quieres?!

Ella cierra los ojos y gime fuerte… – ¡¡Asiii!!... dámela... aahh… lléname papi!! ¡¡PRÉÑAME BIEN!! Siempre serás tú mi donante de semen… mi benefactor… mi preñador y único semental.

Ahora él ahonda con fortaleza, siente como le sube la leche y va recorriendo el conducto de su erecta y más dura verga. Se le ha hinchado la polla y las venas las tiene a reventar, eso hace que le leche avance más rápido y con mayor potencia.

– ¡Ahí va mi amor...! TE VOY A LLENAR ¡¡Ummm sí! ¡Aaaaggg

Con un rugido hace que exhale todo el aire de sus pulmones y sienta a la vez como el agujero uretral del glande se abra para lazar un gran chorro de lefa espesa. Ella sonríe y se queda quieta recibiendo el premio a la mejor hembra… mientras gime muy puta.

– ¡Ay! ¡Aaahhh! ¡¡Sigue, cabrón sigue!! ¡Échame tu leche Fer! Ahí más, massss Sí asiiii ya ¡¡Suéltala!! Hoy quiero desayunar la leche del mejor macho que me ha follado nunca...

–  Ya me llega, joder como está saliendo de fuerte… la leche me presiona mucho la polla…

– ...uhggg!!! ..papi!! ..que caliente..aahhhh!!! – Percibe su útero llenarse.

El viejo soltó un berrido tan fuerte que se oyó en toda la mansión… la clavó hasta el fondo y empezó a soltarle esperma espeso en la boca del útero, te tal manera que parecía una fuente aventando lefa sin cesar en largos y gruesos chorros… lo hacía en las profundidades de la intimidad de la niña, y no se la sacaba. Los chorros de leche se concatenan uno tras otro… ya es imposible frenarlos cobrando vida por sí solos.

– Te estoy llenando mi amor... lo mismo sales de esta bien preñadita de papá ¡¡¿Te gustaría que papi te hiciera una bebé, preciosa?!!

La polla de ese maduro no para de soltar aldabonazos de lefa, no los cuentan pero son muchos y se está quedando seco. Al cabo de casi medio minuto lanzando aldabonazos de blanco satén, don Fernando terminó de correrse y la damisela quedó rellenada… pero su virilidad continuaba intacta… no se le aflojo nada y siguió con su mete saca, con una chiquilla sorprendida con la corrida de los dos, porque se corrieron juntos.

– Vas a dejar sin leche mis huevos... completamente secos solo para ti.

Su cabeza se obnubila con el sopor de la dopamina... he descargado todo su esperma cálido y espeso dentro de la niña. Se queda rendida y exhausta sobre su amante aún con la polla metida en el coñito…, se abrazan quedándose adormilados tras el polvo. Ambos están cansados.

– Te quiero mi amor, a partir de hoy nos vamos a querer mucho más.

La besa y ella le toma con tus labios en un morreo apasionado. Ella queda quieta dándole suaves besos… le embriaga el olor a macho que emite su cuerpo sudoroso, es fuerte y varonil…

– ...mmmm... me lo has hecho tan rico… mmmm...se ha sentido tan bien cuando eyaculabas en mi útero...siento la pancita llena de tu amor y espero que empiece a hacerse grande y hermosa con tu hija dentro, será de ojos azules y labios carnosos como los míos.

– Te he sembrado muy gustoso, solo queda esperar ver si te he fecundado debidamente. Sin embargo no lo vamos a dejar a la espera porque enseguida quiero volver a probarte, deseo  follarte y que me permitas hacerlo a pelo para llenarte de nuevo otra vez.

El chocho de la adolescente chorreaba la lefa que le inoculó mezclada con la corrida de ella pero el señor del a casa no paraba… siguió follándosela, sin dejar de atorar la matriz que le daría su heredero. Estefanía se volvió a correr antes de que le acabase de echar el segundo polvo sin sacársela. Cinco minutos antes que llevase la empleada doméstica, su coño desayunó un buen tazón de leche entera recién ordeñada de los fructíferos cojones del señor de la mansión, su confidente y amigo más íntimo que nunca tuvo Estefanía… por tal motivo no le importaba que fuese tan mayor para follar y recibir su leche, para engendrar al legítimo heredero de todo aquel patrimonio. Don Fernando había sido un dandi en su juventud, guapo y elegante, un motivo más para acceder a la petición de ser el envase del heredero de tan vasta fortuna.

A los pocos días el servicio de la casa ya se dio por enterado de lo que ocurría entre Estefanía y don Fernando, y fueron menos precavidos en la hora de levantarse de la cama…follaban y como si oían llover, incluso se alegraban por señor de la casa… el hombre que tan bien los había tratado y defendido en sus puestos durante muchos años y los seguiría mientras le quedara vida, por eso solo había lealtad mutua. Cuando supieron que buscaban un heredero, el trato a Estefanía mejoró si eso era ya posible a esas alturas… era tratada como una hija o mejor… Como la señora del señor a quien bien servían, dándole los mejores cuidados personales.

Don Fernando no cejaba en su empeño de follar a pelo de manera periódica y sistemática a la damisela, inseminándola a conciencia… aquello debía de dar sus frutos si se realizaba con la metodología adecuada… buenos alimentos de calidad, buenos descansos y mejores folladas, como así ocurrió. El viejo aún tenía soldados poderosos que sabían conquistar plazas, servían lealmente a su capitán, más si dichas plazas eran tan accesibles como la del útero de una jovencita en plena efervescencia hormonal… fácil de inseminar y mucho mejor de fecundar.

Después de no más de cinco semanas, no le bajó la regla a Estefanía, no le tomó mucha importancia hasta pasados tres días de lo que era normal… había que recordar que el viejo no dejó de follarla inseminándole el útero en todas las ocasiones, con el fin de preñarla. Se hizo el test de la farmacia y luego uno clínico en un ginecólogo de confianza, amigo de don Fernando, con él el secreto de su descendencia quedaría sellado. Finalmente resultó que sería madre del primer bebé, y de otros que tenía previsto encargar don Fernando de Castellví de Gordon y Prendergast  descendiente de la familia de Antonio Nicolás de Castellví y Shelly casado con Mercedes Gordon Prendergast… un nombre aristocrático que heredarían para desazón de los sobrinos del viejo cascarrabias. 

Estefanía se mostraba lozana con la panza de 34 semanas cuando los sobrinos se presentaron en la casa de don Fernando… les anunció que tendría pronto un heredero y que empezaran a pensar en buscarse un buen trabajo que le durase el resto de sus vidas. Aún preñada, la chica ejercía de felatriz de don Fernando las más de las veces, otras era follada directamente a cuatro patas como una perra en celo, para no ejercer presión en la panza rellena…  en esta postura no tenían miedo de llegar al útero, y le daba unos buenos pollazos para que su libido se relajase. Don Fernando estaba pensando incluso en desposarla, hablaba con los abogados con la posibilidad, y cerrar el círculo que se abrió con el accidente que le dejó sin esposa e hijo primogénito… a lo que durante tantos años añoraba. Estefanía ya había cumplido los 18 años, solo era cuestión de echar una firma en el juzgado sin más permiso que el de su propia voluntad.



Si te ha gustado el relato, siempre agradezco un comentario al respecto.... TROVO DÉCIMO

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