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domingo, 19 de septiembre de 2021

La Sagrada Familia

 


La primera vez que Hugo sintió que algo raro le sucedía, fue cuando estaba haciendo el amor con su esposa la noche de su aniversario. Sofía y él eran una pareja recién casada con varios años de convivencia y una hija, llamada Lola. Una pequeña niña de cinco años a la que querían con toda su alma. Dado que vivían solos, porque los padres de ella siempre se opusieron a relación con un hombre que casi le doblaba la edad, sólo se tenían los tres…pasaban largas horas jugando y divirtiéndose como cualquier familia normal, se habían acostumbrado y no necesitaban a ninguna de sus familias.

Sin embargo, ese día de primavera, las cosas fueron distintas. Hugo llegó a casa del trabajo más caliente de lo normal después de que Lourdes le zorreara en la oficina con descaro, pero él era un hombre fiel a su mujer y además sabía que su esposa tenía preparado para él una noche de pasión desenfrenada. Le permitiría tener sexo anal con ella por primera vez, y sería el desvirgue para ella, este regalo lo usó a modo de recompensa porque Hugo se portaba muy bien con ella… era un gran esposo, responsable y cariñoso, de los que llegaban temprano todas las noches que sale con sus amigos y no se despista tras salir del trabajo.

Le encantaba su mujer, era bella y sexy… era una tortura para Hugo esperar tanto tiempo para penetrar a Sofía desde que salía temprano de casa, pero la promesa de desvirgarle analmente en su aniversario, venía siendo todo el día una tortura para sus testículos, pero la amaba y cumplía fielmente con su rol de macho y esposo cuando la mujer se lo permitía.

Al llegar a casa, llamó a su mujer y la encontró en la bañera dándose un baño con la pequeña Lola. Los sentidos del hombre se llenaron de amor y le sonrió a su esposa. Sofía le devolvió el gesto y cargó al bebé contra sus tetas para darle de comer, la niña se amorró a su pezón y mamó.

      Creí que llegarías tarde. ¿No tenías una junta?

      Les dije que me sentía mal. Ni por todo el dinero del mundo me perdería esta noche.

      Tonto – rio Sofía y se hizo a un lado para que Hugo entrara a la bañera con ellas.

El hombre se quitó la ropa, con su polla blanda aún, una verga larga para estar flácida, se acercó hacia ellas mientras que Sofía observaba la tranca de su marido balanceándose al entrar a la bañera. Era un hombre atractivo, delgado, fibroso y no excesivamente musculoso, con una cabeza rapada a lo Bruce Willis que le daba un encanto muy atractivo. Sofía también tenía lo suyo, pues si piel clara y ojos azules le daban el aspecto de una hermosa hada de cuento. Sus tetas eran grandes y coronadas por pezones rosados. Estaban llenas de leche por su periodo de lactancia que había prolongado artificialmente para seguir dándole leche a la nena y para tener más volumen, de tal forma que fuera atractiva para su esposo.

              Dame a Lola – pidió él y su esposa le entregó a la niña.

Hugo la alzó en brazos y le dio varios besitos en la cara y piquitos en los labios, estos más fuertes y ostentosos, la nena se alegraba mucho de ver a su papá en casa, y le abrazó del cuello dándole un beso prolongado en los labios. La sacudió en el aire arrebatándole algunas risitas que lo hicieron sentir como el hombre más feliz del mundo. Su esposa se abrió paso y se acomodó poniendo su espalda sobre el pecho de su esposo. Tomó a Lola y la colocó contra sus tetas para que siguiera bebiendo leche en el candor del agua tibia de la bañera, aquel relax era el placer sumo al que ambas aspiraban cada dos o tres días. Hugo, desde atrás, la abrazó por la cintura y empezó a darle besitos en el cuello. Su polla fue ganando tamaño y se restregó sobre su mujer, que sonrió divertida. Se sentía orgullosa de él por muchas razones, pero los más de 22 cm de verga gruesa siempre había sido la razón de desear a Hugo dentro de ella y permitirle que la preñase con solo 17 años… verle desnudo por primera vez, supuso saber que era su hombre.

      Cómo come –sonrió el marido– Le encanta tu leche…la tendrás así hasta la adolescencia.

      Ya sabes lo que dicen. Las mujeres tenemos el instinto de mamar desde pequeñas y esta nena nos ha salido bien mamona… ¡con cinco añitos y aún mamando! Pero espero que no llegue a la adolescencia mamando de mis tetas, para entonces ya mamará otras cosas…

Era una broma, pero con lo caliente que estaba Hugo hizo que se estremeciera al oírla hablar así. Su mujer giró el cuello para buscar sus labios y mientras se besaban, las manos de Hugo se fueron a las tetas de su esposa para amasarlas. Lo hizo con la teta donde estaba Lola, y provocó que la leche saliera en un gran chorro, así la niña se quejó al atragantarse y luego, buscando de nuevo el pezón de su mamá, dio con el dedo de su padre impregnado de leche y empezó a chuparlo sin parar hasta dejarlo limpio. Sofía se rio al ver esto y le pareció muy tierno. Exprimió su pezón para que saliera más leche y bañara los dedos de su esposo, mismos que Lola succionó mientras miraba a sus papás con sus ojos azules.

      Me tienes bien caliente –dijo Hugo–. Ya, vamos a la cama.

      Está bien –sonrió la joven Sofía y los tres salieron del agua.

Entre todos se secaron mutuamente, Hugo a Sofía y la madre a la niña en cadena. Cuando ella se secaba el coñito a Lola, Hugo se quedó observando y Sofía le miró cómplice, sabía cuánto le gustaba a la niña que su padre le acariciase el coñito, y al padre hacerlo. Apenas llegaron a su cuarto, recostaron a Lola en su camita y se prepararon para su noche del sexo de aniversario. Hugo se tiró sobre su mujer para besarla con pasión y ella enredó sus muslos alrededor de su cintura para atraerlo, y dejar que su verga se restregara contra su entrada. Bajó despacio por el cuello de ella y lamió sus tetas, aun embarradas de deliciosa leche materna. Siguió bajando hasta encontrar el coño lampiño y rosado. Se pegó ahí y siguió chupándolo con gran intensidad. A Hugo le encantaba el coño de su esposa, siempre tan apretado y estrecho… Sofía jadeó.

              Qué rico… si mi amor, sí. Cómeme el coño así… ay.

Llevó sus manos y se exprimió las tetas. De repente Lola irrumpió en el cuarto llamando la atención de sus padres. Hugo carraspeó, algo molesto por la interrupción. Se levantó con la polla erecta y fue hacia la niña. Alzó a Lola y la llevó a la cama para dársela a su mamá. Esta la sostuvo y la puso contra sus ubres lecheras, cuya leche brotaba derramándose por tales mamas. Sofía creyó que su esposo esperaría a que la niña estuviera satisfecha, pero no fue así…, él le abrió las piernas y reanudó su labor, devorándole la vulva con gran técnica. La mujer, de repente, empezó a sentir demasiado calor. Abrió los muslos todo lo que pudo y cargó más cerca a su hija, sujetándola de sus nalguitas rosadas porque Lola estaba desnuda. Se pasó la lengua por los labios al sentir dos bocas succionando de ella… su bebé en sus pezones y su marido en su clítoris… alguna vez había visto como su esposo también se comía el coñito de Lola, con la nena lo hacía con amor, a ella se lo forjaba con amor y lujuria castigándole el clítoris.

              ¡¡Dios, me vais a matar vosotros dos…sí, que rico me chupáis!!

Hugo rio y miró a su mujer, cuyos dedos acariciaban la espalda del bebé. Al principio le pareció algo rara la escena, pero luego le gustó. Se masturbó y notó que su polla estaba más dura de lo normal. Quizá porque estaba en la cama con su esposa y su pequeña hija. Su pecho empezó a latir más rápido. Así pues, Hugo se preparó para penetrar a su mujer…, pensó darle una primera follada por el coño, de tal modo, aguantaría mucho más dándole por el culo. Sin dilatar más la espera, dirigió la punta de su verga contra su raja ceñida de Sofía, le abrió los labios y frotó su glande a lo largo de la raja y sobre el clítoris endurecido… al final buscó y encontró la entrada. Sofía, con apenas veintitrés años, estaba muy apretada y humedecía a mares, se excitaba mogollón con los atributos de su macho… le ponía cachonda que fuese un hombre mayor. Sus jugos gelatinosos bañaron la polla de su esposo, permitiendo que entrara y saliera con mucha facilidad, volviéndose blanquecinos por la frotación. Se inclinó sobre ella, de modo que aplastó un poco al bebé entre ambos padres. Lola rio al igual que su mamá.

    Qué morbo –dijo Sofía–. Me estás follando con tu hija en mis brazos. Nunca se nos había ocurrido ¡Tienes a tus dos hembras en pelotas… y quiero que me folles duro! Me encantaría que te corrieras dentro de mí, con la nena mamando de mis tetas…

      ¡¿Entonces no quieres que pare?!

      No –se apresuró a responder–. Es como si hiciéramos el amor en familia. Lo mismo encargamos a su hermanito ¡¿No te parece entrañable?!



Algo en esas palabras le gustó al hombre, porque empezó a bombear más rápido. Entonces, Sofía atrajo a su niña más hacia su teta, y le acarició la cabecita en tanto la nena succionaba la leche y le reconfortaba con sus chupadas, descansó y Sofía le puso los labios en la boca para jugar con su pequeña lengua que tenía el sabor de la leche. Lola se agarró a su madre. Sin saber qué hacer, la boca de Hugo se paseó sobre la espalda de la niña hasta acabar en el culo, que chupó y beso en sus preciosas y tiernas nalguitas. Se sentía muy caliente y enternecido al mismo tiempo por estar encima de las dos chicas a las que más amaba en el mundo. Le enterraba la verga hasta los huevos con golpes secos, al tiempo que acariciaba a su niña. Sofía sonreía feliz de ser follada con tanta virilidad, y a la par tener a su niña alimentándose como participando del acto conyugal.

              Ven cariño, quiero chupártela –dijo su esposa.

Él así lo hizo, y se puso al lado de ella para ofrecerle su dura polla larga y gorda. La extrema rigidez del cipote formaba una curva pronunciada a modo de daba árabe, Sofía la tomó con cuidado y empezó a mamarla con la misma intensidad con la que su bebé le tragaba la leche de las tetas. La imagen le pareció a Hugo de lo más excitante y alargó la mano para acariciar a su hija, la mano se perdía en el culito de la niña e incluso los dedos lograban rozar el coñito. De pronto Lola dejó la teta y empezó a subir, hasta llegar a la boca de su mamá que chupaba con los ojos cerrados. Sofía se sorprendió cuando la mano de la niña tocó y agarró con su manita la gruesa polla de Hugo.

      Mira, parece que tiene curiosidad por ti –rio feliz–. Hola, nena. ¿Quieres tocar a papá?

      ¿Crees que esté bien? –Preguntó Hugo dudándolo un poco.

      Podemos probar –respondió con un brillo coqueto en los ojos–. No hay nada de malo que saboree a su papi, como lo estoy haciendo yo.

Aun sin estar seguro de lo que hacía, Hugo dejó que su bebé explorara su miembro…, las pequeñas manos recorrieron el glande hinchado llenó de la saliva de su mujer. Sofía miraba la escena con gran excitación y curiosidad por como trataba la verga de su padre. Tragó un nudo en la garganta y reanudó su mamada con un ojo abierto para ver lo que hacía su hija. Le dirigió una mirada cómplice a su hombre, y este le respondió de la misma manera.

      Le gustan las venas hinchadas, Hugo.

      Sí, eso parece…

      ¿Te gusta la polla de papá? – se dirigió a la nena acariciándole la mejilla.

      Sí mami, es muy grande… ¡¿Por qué Tú no tienes una como papá?!

    Porque papá y yo somos diferentes y por eso nos queremos tanto… Yo soy como tú con rajita para que entre la polla de papá.

    ¡¿Me la puedo meter yo….?!

     ¡Te gusta la polla de papá…! –Preguntó como si se tratase de una verdura preparada– Pero aun no puede ser… cuando seas mayor tal vez–. Ahora solo puedes chuparla.

La niña afirmó asintiendo con la cabeza, la madre le alzó la tranca para que sus huevos rozaran la nariz de la nena. El escaso vello de la bolsa hizo que Lola soltara un estornudo.

             Estos también se comen, querida… –sonrió Sofía.

Y para demostrarlo, jugó con los testículos de su hombre haciéndolos girar sobre su boca, los succionó tragándose las bolas una a una, ante la mirada atenta de ambos, y luego se zampó ambos huevos rellenando toda la boca con los testículos, los volvió a lamer para proseguir chupando el duro cipote, con su hija manoseando curiosa el endurecido tallo de su padre. Mamó durante un buen rato y luego sacó la polla de la boca de su esposa, para dirigirla a los labios de la nena de manera instintiva, Sofía no se lo impidió, más bien llevada por la lascivia, su madre ayudó, haciendo que el glande se rozara contra esos pequeños labios de la nena. Al mismo tiempo le acariciaba la espalda con gran ternura. Entonces Lola abrió los labios por instinto, y realizó un movimiento de succión con la boca, imitando lo observado por su madre. La cría logró meter todo el glande de su papá en la boca al mismo tiempo que asía con fuerza el tallo duro de su padre con ambas manos… se había hecho con el cetro con una conducta natural.

Sentir esa lengua sobre el orificio de su verga hizo que Hugo no pudiera aguantar mucho más. Sofía se excitaba con la escena viendo como su niña mamaba el glande a su padre, le sujetó la cabecita a la nena para que continuara mamando, y con la otra mano se castigaba el clítoris deseando llegar al orgasmo. La nena sujetaba bien decidida el enorme cipote de su padre, una verga desproporcionada frente a la pequeña. Luego fue el padre quien sujetaba la cabecita de Lola con delicadeza, dejando a la nena hacer sin forzarla, en tanto la madre recorría la dulce piel de la niña, sin dejar de pajearse el coño, un coño follado sin estar completamente satisfecho.

Solo pasaban dos minutos, cuando notó que su esposo estaba a punto de eyacular…pensó que la nena debía probar el néctar de los testículos paternos, de tal modo que no se oponía a que culminara su esposo dentro de la boquita de la cría…y de pronto soltó un largo y espeso chorro de lefa que llenó por completo la boquita de la niña…, la cría al verse desbordada se retiró de la verga justo cuando un tercer disparo de semen bañaba a las dos féminas. Sofía rio feliz y abrió la boca para beber lo más que pudo, el resto cayó en la boca y cara de Lola. La niña se tragó toda la leche que llenó su boca, mientras la madre dirigía el caño al rostro de la criatura…y un chorro cruzó sobre el ojo de la pequeña, haciéndola molestar, luego y otros dos más, para quedar por salir borbotones de engrudo que Sofía apuró con su lengua. Ambos padres se rieron viendo la cara de la nena llena de esperma, pero fue la madre quien se encargó, con mucho cariño, de limpiar el rostro de Lola con la lengua para recoger la leche esparcida de su semental. Luego tomó un poco con los dedos y se lo puso en el pezón izquierdo, colocó a Lola ahí y el bebé empezó a chupar esa delicada mezcla de leche materna y esperma paterno. Eran los jugos de sus padres juntos por primera vez, los que le dieron la vida y alimentaban cada día.

Hugo, excitado y al mismo tiempo conmovido, se acostó junto a su mujer y juntos observaban a su hija alimentarse hasta que se quedó dormida amorrada al pezón. Después, se miraron como traviesos adolescentes y se dieron un beso. Pensaron que aquello se volvería a repetir más veces, había sido excitante y morboso. Quién sabe lo que en el futuro les depararía siendo tan desinhibidos en el sexo familiar, a la niña no le había disgustado y dormía complacida sobre la madre, ahora olía a leche materna y especialmente a un rotundo aroma a leche paterna, un olor al que pronto se acostumbraría.

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miércoles, 15 de septiembre de 2021

Nacida para el sexo. Leche materna

 


Mi “esposo” y yo pasábamos por una mala racha. Le habían despedido del trabajo al implicarlo en error de logística, sin tener nada que ver, y yo aún continuaba en la clínica dental a media jornada. Acabábamos de empezar a vivir en nuestro bonito hogar recién arreglado con mucho esfuerzo y la niña con 17 meses y aún amamantándola, pese a mí embarazo de 22 semanas. No podíamos pagar la casa con mi medio sueldo. Ante la desesperación estaba dispuesta a cualquier cosa… pero nunca pensé en la suerte de ese día. Fui al trabajo hablé con mi jefe sobre mi situación… preñada, con una niña y con mi esposo en el paro, le pedí un aumento de horas para poder cubrir los gastos. Accedió a pagarme un 25% más, pero sabía que no era suficiente. Cuando preparaba a un paciente, este me dijo haber escuchado y que él estaba viudo en una casa demasiado grande, si quería podría trasladarme con mi familia a cambio de colaborar en las tareas domésticas. Tras mucha deliberación con Zigor, vimos que era la mejor salida.

Le dijimos que nos quedaríamos por un gran periodo de tiempo mínimo para encontrar un trabajo y poder irnos a nuestra casa, pero Tomás solo dijo que el tiempo que necesitáramos. Lo que observé, era que a pesar de ser un buen hombre, era algo pervertido. No me gustaba quedarme sola en su casa, porque le gustaba espiar y luego ponía excusas para decir que no se había dado cuenta que había alguien en la habitación. Según él, estaba acostumbrado a deambular por su casa libremente, y cuando tenía invitados lo olvidaba en ocasiones… Ahí fue donde me di cuenta que era un “viejo verde” (viejo verde se usa para un hombre mayor que le gusta seducir u hostigar a mujeres más jóvenes).

En ese tiempo, cuando me duchaba el subía por las escaleras del patio trasero que deban a una pequeña ventana del baño y me espiaba por ahí. Yo trataba de bañarme a espaldas de la ventana para que no pudiera verme, pero aun así mi trasero quedaba al aire con mi cuerpo mojado por la cálida lluvia que salía de la ducha. Incluso logré a escuchar ruidos detrás de la puerta de nuestra habitación cuando mi hija y yo hacíamos el amor. Yo estaba segura que el escuchaba detrás de la puerta mis gemidos y se excitaba con eso. Habíamos vuelto a aquel martirio de nuevo después de todo ese tiempo, cuando dejamos a mi familia.

Después de dejar nuestro hogar llegamos a la casa de Tomás. Mi esposo entró a la casa atiborrado de maletas pesadas y yo entré a la casa con mi hija en brazos. Tomás nos estaba esperando en el porche sentado en su mecedora. Era un viejo calvo. Le restaban algunos cabellos grises que rasuraba para quedar más agradable a la vista, y una barba que picaba al roce. Era muy delgado y fibroso… nada de la típica barriga de cervecera a esos años, pese a que le gustaba mucho tomar sus cervezas casi todos los días…, para mi sorpresa a pesar de su edad, nunca se había enfermado por eso. Su cuerpo funcionaba a la perfección y mi esposo me decía que aun salía con mujeres jóvenes… claro todo esto lo supimos después. La verdad no tenía ni idea de porque unas muchachas tan jóvenes les gustaría salir con alguien como él, si no fuera porque tuviera mucho dinero para encapricharlas. Su esposa había fallecido hace muchos años y él disfrutaba como un loco su vida de soltero.  Mi esposo bajó las maletas y yo le di a cargar el bebé. Tomás se acercó de inmediato a mí y me estrujó entre sus brazos con intensidad

      ¿Cómo estás Julia? – Preguntó Tomás mientras seguía apretando mi pecho lactante contra el suyo.

      Muy bien, muchas gracias Tomás. ¿Qué tal le ha ido?

      ¿A mí?, pues no me puedo quejar hija, me siento estupendamente, estoy hecho un chaval.

      Lee veo que estas muy bien de salud – dijo mi esposo mientras palmeaba el hombro de Tomás con una mano y con la otra sostenía a mi hija.

      Sí hija, estoy más sano que un toro, pero pasar, no os quedéis aquí afuera que hace demasiado calor.

Entramos a su casa y el lugar lucía muy limpio para un hombre anciano y solo.

      Su casa luce muy bonita señor, debe de cansarse mucho limpiando todo el lugar usted solo – dije mientras admiraba el lugar tan pulcro.

      Bueno es que tengo a una muchacha que me ayuda, se llama María, pero todavía no llega, hoy va a venir un poco más tarde.

Ya me imaginaba que el viejo verde no podía hacer todo eso él solo. Pobre de la muchacha que le ayudara, estaría sufriendo todo el día de los acosos y manoseos del anciano a solas con él.

Preparé algo para comer con lo poco que tenía Tomás en el refrigerador, y comimos muy tranquilamente poniéndonos al día con él…, fue una charla moderadamente amena. Después de la comida llegó María la chica que le ayudaba a Tomás con la limpieza de su casa. Era una muchacha joven, no podía pasar de más de 19 años y con una figura muy bonita. La cara de Tomás se transformó  al verla y la recibió con un beso. Pude percibir su incomodidad al instante, de acercarse a saludarla, pensé. Ella de inmediato se puso a los quehaceres del hogar y yo me senté en una mecedora de madera en el cuarto de las visitas.

Cuando tuve a mi primera hija, las tetas se me inflamaron mucho por la gran cantidad de leche que producían, aparte de lo grandes que las tengo. Constantemente me daban ganas de alimentarlo con tanta que leche que tenía, pero Zigor quedaba satisfecho con teta y media, y yo retenía toda esa leche acumulada en mis tetas. Cuando me duchaba solía ordeñarme yo sola para sacar aquella gran presión de mis ubres. Me senté en aquella mecedora tan cómoda y con mi hija en brazos me dispuse a darle de comer. Cuando terminé de hacerlo Tomás entró y me vio con el pecho de fuera. Yo puse en la cama a mi hija boca abajo y me guarde las mamas.

      El bebé ya ha crecido mucho – dijo mientras acariciaba su pequeña cabeza.

      Sí… ya está bastante grande – dije, bastante incómoda con la situación.

      Se ve que está muy bien alimentado, es bueno que le des pecho, eso los hace unos niños muy fuertes cuando crecen. La leche materna posee todos los nutrientes que necesita.

      Si claro –dije decididamente.

Mi hija comenzó a llorar, pero no soportaba las miradas pervertidas de Tomás sobre mi cuerpo así que ya no lo alimenté más…, mi hija lastimosamente tuvo que pagar las consecuencias. Lo arrullé un poco en el cuarto dándole palmaditas en la espalda hasta que eructó y se quedó completamente dormida. Mi Tomás no se separó de mí ni un solo instante. Mi esposo no quiso perder tiempo y se fue a buscar trabajo ese mismo día, a pesar de que se encontraba igual de cansado que yo. Se despidió de mí y se fue en el coche. Ahora tendría que pasar toda la tarde a solas con él.

      Estaba pensando Julia, que debes de estar muy dolorida del pecho.

      ¿Por qué lo dice señor Tomás? – Pregunté con curiosidad.

      Bueno he notado como te tocas los pechos aun después de amamantar a tu nena.

      Bueno si es que mis tetas producen mucha leche.

      ¡Lo sabía!, mi esposa tenía el mismo problema –dijo exaltado.

      No me diga, ¿Qué era lo que ella hacía para liberar la presión?

      Bueno, después de alimentar a mi hija me alimentaba a mí.

      ¿Usted bebía su leche materna? –pregunté sorprendida.

      Así es, la bebía hasta dejarla seca. Lo que mi hija no se tomaba lo hacía yo.

      Pues tal vez sirva, pero a mi esposo no le gusta la leche materna.

      Tal vez yo pueda ayudarte con eso Julia –dijo con una mirada profundamente pervertida.

      No creo señor, yo no podría dejarlo hacer eso, no es correcto –dije sabiendo que él iba a proponerme algo así de sucio.

      Anda Yuly, déjame ayudarte, yo sé que estas en un sufrimiento grande.

      Váyase por favor –dije rígidamente.

Mi Tomás se fue algo molesto y decepcionado por no haber logrado sus deseos. La presión de mis grandes tetas se hacía más grande conforme los minutos pasaban y me hacía pasar por un muy mal rato, la proposición absurda de aquel vejete ya no lo era tanto. María estaba en la lavandería en la parte de atrás de la casa tendiendo la ropa y algunas sabanas. Yo fui a tratar de ordeñarme en el baño pero la leche no salía parecía que mi pezón estaba obstruido, tal vez por algún calostro. Como una manera desesperada de remover mi dolor recurrí a Tomás. Fui a su habitación en la segunda planta de la casa y estaba viendo televisión mientras se fumaba un cigarrillo.

      ¿Qué es lo que necesitas Julia? – preguntó algo molesto.

      Necesito que me ayude con mi problema señor Tomás.

Le supliqué mientras sacaba lentamente cada una de mis pesadas tetas por encima de mi holgado escote. Al principio él no podía creer que eso realmente estuviera pasando. Lo digo porque se quedó inmóvil como por un minuto.

      ¿Me va a ayudar o no Tomás? – Espeté con muchos nervios.

      El resoplo con fuerza y se levantó de su cama… – No te preocupes Yuly, ahora hacemos que se quite ese dolor tan grande de pecho.

      ¿Qué era lo que usted hacía para ayudarle a su esposa? – Quise saber.

      Bueno primero, la masajeaba de esta forma – dijo mientras presionaba desde abajo mis tetas con ambas manos. Sus dedos pulgar e índice frotaban los pezones calentándolos

      ¡Uy, se siente muy bien, bastante relajante!

      Ya ves, tú déjame a mí, para eso está la familia, para cuidarnos entre nosotros.

Mi anfitrión se había convertido en parte de mi familia por arte de birlibirloque… y comenzó a darme un masaje muy terapéutico a la par que erótico. Sus delgados y arrugados dedos pasaban por encima de mis ubres hinchadas, haciéndome sentir los relieves de sus dedos con cada roce. Sus largas y esqueléticas manos se hundían entre la gran masa de mis tetas erizándome la piel con sus sensaciones viriles… ¡¡No podía evitar ser una adicta al sexo masculino!! Mordía un labio mientras él seguía frotando y acariciando mis tetas y pezones. Los apretaba y apretaba pero la leche no salía. Mi esposa también tenía calostros pero estos nada más salen chupándole fuerte, las succiones son lo más efectivo y rápido.

No me dio siquiera oportunidad de oponerme y comenzó a chuparme los pezones, lo hacía como un recién nacido sin clavarme la dentadura. A mí se me escapó un leve gemido mientras mordía mis labios para no volverlo a hacer. Tomás se dio cuenta de inmediato y apretó mis tetazas con ambas manos mientras se pasaba de succionar salvajemente uno y luego otro, y luego otro. Yo instintivamente lo tomé de su cabeza calva y lo acerqué con fuerza a mis ubres hinchadas de leche. El seguía succionando fuerte mis pezones, que ya se encontraban erectos y por fin salieron los calostros… los mamó de una y de la otra  teta. Él los comió sin ningún problema y parecía saborearlos con placer. Mi alivio era inconmensurable, como cuando meas después de retenerte.

      Ahora si ya vamos a lo bueno, hay que sacar toda esa leche.

      Está bien, confió en usted – dije con una voz pequeña.

      Acuéstate en mi cama Yuly, es más cómodo para ti si estas recostada.

      Muy bien, solo por favor tenga cuidado, estoy muy sensible del pecho.

      Tú déjalo en mis manos hijita y relájate por completo…

      De acuerdo.

Yo me recosté con mi pecho al aire por encima de mi blusa y él me puso las manos por detrás.

      Vamos a quitar esto del camino –dijo mientras levantaba mi blusa por encima de mis hombros dejando mi torso completamente desnudo.

Mi piel estaba bronceada por el sol de Roquetas y mis tetas se encontraban más blancas por la marca del sostén y la blusa. Tomás se recostó por encima de mí en la cama y pude sentir su camisa por encima de mi torso desnudo.

      Hace mucho calor aquí, me voy a quitar esto –dijo mientras se desabrochaba los botones de su camisa a cuadros

Cuando se la quitó pude sentir su piel sudorosa por encima de la mía y sin darme tiempo a reaccionar o sentir se abalanzó sobre mis tetas. Succionaba fuerte una tras otra haciéndome gemir… esta vez ya no podía contener los gemidos. – ¡Ahhhh, mmmm! – Dejaba salir sonidos de placer mientras el liberaba aquella pesada carga de mi ser. Pronto se empezaron a disparar grandes chorros por todos lados. Yo gemía por el placer de ser liberada de tanta presión mamaria, y el bebía cada gota como si fuera la más deliciosa bebida. Chupaba mi teta con la leche cayéndole por su barbilla, embadurnando su barba de tres días. Yo estaba experimentando como la sensibilidad de mis pezones llegaban a un terreno desconocido. El viejo sabía lo que se hacía y lo ejecutaba a las mil maravillas… lamio de arriba abajo mis tetas con su alocada lengua y pude sentir como de un segundo a otro me retorcía en un frenético y salvaje orgasmo.

Giré la cabeza a la derecha con ambos ojos cerrados, mientras arqueaba mi espalda y gruñía intensamente sujetando con mis manos fuertemente la cabeza de Tomás contra mis mamas satisfechas. Él pudo percatarse de mi pecado y sonrió mirándome a los ojos.

      Parece que tú necesitas otro tipo de ayuda Yuly…

Bajo mi falda mi coño estaba chorreando, y la levantó por completo, no llevaba ropa interior y el sonrió de nuevo al ver mi raja húmeda como una flor por el rocío de la mañana.



Después de succionar la leche materna de mis tetas, mi cuerpo demandaba, no, exigía sentir aún más placer. Tomás levantó mi falda y descubrió que mi ropa interior estaba ausente. No perdió tiempo y quitó de su camino lo más que pudo mi falda, para poder tener un panorama libre de lo que era mí pelada vulva. El vello lo había recortado un par de días antes y el olor de mi coño era sustancial debido a mi orgasmo. Sentí como Tomás olfateó a profundidad mi vagina extasiándose con tan erógeno olor, igual que un perro cazador tras su presa en la madriguera.

      No puedo creer lo rico que huele tu coñito – dijo mientras levantaba su cabeza por encima de la falda y me miraba saboreándose pasando la lengua entre sus arrugados labios.

      Por favor no se burle, estoy segura que debe de oler muy fuerte…

      Eso es imposible viniendo de una mujer tan hermosa… esa palabras son tonterías hijita, tienes todo el olor de una hembra en celo. ¡Como a los machos nos gusta!

      No diga esas cosas por favor, me da vergüenza con un hombre tan mayor…

      Ya sé que te gustan jovencitos como tu esposo, pero yo no soy tan mayor para follar a una buena hembra… Tengo un buen aguante y además conmigo puedes estar en confianza cariño, tu solo déjate llevar porque en esta casa te voy a consentir todo y más si quieres.

      Está bien, por favor hágame sentir bien… mi esposo con su situación está muy estresado y una tienes sus necesidades… con la niña y mis tetas súper productoras, con mi barriga llena de otro bebé y mi coño reclamando a un macho que lo riegue con su leche.

      No tienes que decírmelo dos veces querida… todos tu problemas se acabaron cuando entraste por la puerta de mi casa. Aquí tienes a tu macho

Volvió a meter su cabeza por debajo de mi falda y esta vez sus húmedos labios hicieron contacto con mi endurecido clítoris. Lo besó pellizcándolo con sus labios y estirándolo un poco, lo tengo tan grande que mis amantes gozan del clítoris muchísimo. Yo me mordí los labios mientras él seguía estirando levemente mis rosados labios vaginales. Lo suficiente para sentirlo y para no lastimarme. Mordía mis labios mientras el recorría con hábil y larga lengua cada rincón de mi vagina sin penetrarla. Mi cuerpo ansiaba ser perforada por su lengua, pero él me torturaba metiendo solo la punta, solo para provocarme. Su lengua se aproximaba peligrosamente a la entrada de mi túnel de placer pero no terminaba por atravesarlo, contorneaba la bocana sin hacer la incursión que mi lujuria esperaba.

      Por favor, no sea cruel, ya métamela señor – dije mientras le acariciaba la cabeza.

      ¡¿Yo sabía que te hacía tanta falta un hombre de verdad hijita?!

      Lo que pasa es que mi esposo no me satisface desde hace mucho tiempo, de hecho no creo que nunca me haya llegado a satisfacer por completo.

Mentí como una bellaca al tiempo que le pasaba mis dedos por su rostro, porque es lo que les pone a los machos, se sienten con derecho a colmar las necesidades de la hembra y te follan con más fuerza…y yo necesitaba a un semental poderoso que me atravesara con duros pollazos.

      ¿En enserio que mi hija no te llena? –Preguntó curioso Tomás.

      La verdad que tiene su polla muy chica y no dura mucho en la cama follándome. – Le aticé un poco más para que le subiera el nivel de testosterona hasta las nubes.

      No puede ser que un chico tan joven, no haya sabido ser un verdadero hombre con su esposa, y poder satisfacer a una verdadera hembra caliente como tú –dijo mientras volvía a bajar a mi vagina y esta vez metió su lengua dentro de mí.

Yo doblé mi espalda hacia atrás provocada por el inmenso placer que me dio al ser penetrada por aquella gran y húmeda lengua. Se movía como una serpiente curiosa dentro de una nueva cueva. Buscaba a su presa y yo me desvanecía y caía presa del placer hipnótico que aquella serpiente húmeda me provocaba. Elevé mi cintura para que tuviese mejor acceso a mi coño, y noté toda la lengua encajada en mi coño. Comencé a sentir la pasión que mi cuerpo hacia emerger de lo más profundo de mi ser. Aquella indomable pasión se desbordaba de mi piel, mis tetas, mi vagina y mi ano hacia Tomás. Aquel hombre tan mayor, me estaba haciendo sentir mujer después de mucho tiempo que no lo experimentaba con mi tío siendo una adolescente. Yo quería a mi hijo Zigor, pero la verdad, también me emocionaba mucho la idea de estar con otros machos como aquel. Nunca tenía la iniciativa de querer hacerme sexo oral, y cuando lo hacía era pésimo en ello. Hice las manos hacia atrás y quité el broché de mi falda. La retiré de mi cuerpo y la arrojé a un lado de la cama de Tomás. Esta vez lo tenía de frente y Tomás mamaba y mamaba mi coño mientras yo acariciaba dulcemente su cabeza sin dejar de morder mis labios y poner mis ojos en blanco.

      No pare por favor, no se detenga ahora que ya casi estoy llegando –dije mientras sacaba mi lengua y la saliva se escapaba de mi boca.

El no dijo nada y siguió succionando mis labios vaginales, mi clítoris cargado de deseo. Metió su dedo salvajemente en mi ano y yo grité.

      Dios mío que placer – Grité mientras encajaba las uñas en las sabanas casi a punto de desgarrarlas por completo.

Tomás introdujo su dedo en lo más profundo de mi esfínter y yo sentí como mi cuerpo era transportado al cielo. Su lengua giraba endemoniadamente en mi coño al mismo tiempo mientras yo subía como un ángel al cielo experimentando el más dulce y delicioso placer.

      Ya vi que te encanta que te coman el culo hijita, si lo hubiera salido antes me como tu mierdita desde el momento en que empecé a mamártela. – Dijo mientras se limpiaba los labios de los restos de su saliva y el jugo tan delicioso de mi vagina.

Yo lo sujete de nuevo de la cabeza…. – Dele rápido Tomás, quiero correrme ya.

El comenzó a penetrarme con su lengua en coño mientras metía sus dedos en mi ano hacia adentro y hacia arriba. Sus dedos eran mágicos y expertos. Los movía de una manera especial. Tocaba partes de mi interior que disfrutaban de su roce de una manera inigualable. Llevo sus dedos a la parte superior rugosa de mi conducto vaginal, y yo no podía creer el placer desplegado en esa situación. Pude sentir como mi coño se humedecía mucho más y todo mi cuerpo se estremecía… ya no pude contenerme.

      ¡Me voy a correr Tomás, no pare que me chorreo!

      Échame tu juguito en mi boca chiquilla –dijo mientras sacaba su lengua diciendo “ah”.

Yo sentí como mi cuerpo se retorcía y mis labios dejaban salir mi lengua de nuevo, en una expresión de completo abandono de mi cordura. Solo reflejaba el placer tan bestial que estaba experimentando con la maestría de aquel viejo… debía de replantearme lo de follar solo con jovencitos, estos maduros sabían encontrar el punto “G” con facilidad pasmosa.

      ¡Joda a su puta madre, tómeselo todo! – Dije mientras frotaba mi clítoris furiosamente y dejaba salir mi eyaculación en la boca de Tomás.

Abrió la boca muy grande para recibir aquel manantial de placer sellando mi coño con sus labios, y poder saborearlo llenando sus papilas gustativas de su erógeno sabor. Yo gruñía como un animal en celo mientras terminaba de eyacular convulsionando mi cuerpo como si fuera el cuerpo de una mujer exorcizándose. Completamente sin control sobre sus instintos. Mi orgasmo fluyo fuera de mi cuerpo, hasta la última gota lo abandono por completo. El viejo bebió todo lo que pudo caer en su boca y bufo levantándose y limpiándose la cara, los restos de mi orgasmo.

      Ahora si vas a saber lo que es un macho hijita… – dijo desabrochándose con mucho apuro su pantalón.

Su ropa interior descendió y la prisión de algodón que detenía a su bestia cedió enteramente. Una bestia gorda y salvaje salió de su ropa interior. No debía de medir más de 17 o 18 cm, pero de tan gorda parecía más corta… debía de ser tan gruesa como una lata de Coca-Cola.  

      Ven hijita, dale un besito a mi compadre….  – Dijo compadre refiriéndose a su polla.

Me acerqué a él lentamente mirándolo fijamente a los ojos y recorriendo la cama como una gata hambrienta de un macho. Él se masturbo un poco haciendo crecer aún más su polla, que para ser vieja no había necesitado de ninguna pastillita azul para llenar de sangre la gran cantidad de fibras cavernosas que tendría. Él estaba sentado en la cama y yo lo empujé para que se recostara.

      Le voy a dar una mamada cubana que la va a seguir disfrutando hasta que se muera –dije mientras tomaba su duro y grueso miembro sin poder cerrar completamente mi mano.

      Pues déjame ver que tal lo haces nena. Con tus grandes tetas y mi verga, estoy deseoso.

      No se vaya a correr rápido, cuando le doy mamadas a mi esposo no dura ni dos minutos.

      Tu marido es un poco hombre para ti, estas frente a un macho chiquilla, tu dale con todo que yo te aguanto bien firme.

      Conste que se lo advertí, eh.

      Tú no te detengas por nada.

Me acerqué a su ingle y mis tetas las dejé caer sobre su pollón erecto. El peso de ellos lo sintió y suaves como algodones acariciaron su mástil, haciéndolo retorcerse un poco. Sus huevos también eran enormes, eran dos grande bolas colgando de un escroto gigante… a los viejos les crece desmesuradamente los cojones y eso me gustaba… son suaves y duros a la vez.

      No se vaya a correr así de rápido señor –dije mientras me sonreía un poco.

      Eso no fue nada hijita.

Aprisione con mis grandes ubres su gran verga, y la hice desaparecer por completo. Mis enormes tetas apenas y dejaban salir su polla por encima de mi línea de escote. Su pollón era muy gordo pero no pasaba de los 18 cm. Podía sentir él puso de su tranca bombeando al horondo glande,  mientras yo apretaba mis glándulas mamarias haciéndolas subir y bajar despacio. A propósito veía sus reacciones al hacerlo. Tomás solo cerraba con fuerza sus ojos tratando se distraer la mente, pensando en otras cosas para poder soportar aquel dulce martirio que mis tetas le daban, ya calmadas por su boca de tan severa hinchazón láctea. Dejé caer un gran chorro de saliva en medio de mi escote y baño su pollón por completo cayendo primero en todo su glande. Después de haberlo liberado un poco para que la saliva recorriera todo el tronco, volví a atraparlo entre la suave prisión de mis gigantescas y voluminosas tetas. Volví a subir y bajar con ellos apasionadamente. Segundo a segundo incrementaba mi ritmo mientras el rechinaba sus dientes y apretaba las sábanas como si fuera a desgarrarlas.

Me agaché un poco y comencé a chuparle la cabeza del cipote al tiempo que subía y bajaba repetidamente mis tetas. La leche salía de mis pezones como dos pequeñas fuentes, la usaba como un dulce lubricante para su endurecido falo. Mi lengua esta vez, era la que se portaba traviesa recorriendo su glande salvajemente. Podía saborear su sabor acre y el dulzor del pre eyaculación que desesperadamente salía de la uretra anunciando la próxima venida de su cálida y espesa leche. De esas pesadas pelotas, debía de salir una gran cantidad de lefa.

      ¡Ya no puedo aguantar más hijita, me voy a correr! No pares PUTA…. – Dijo cerrando los ojos fuertes y dejando escapar gemidos pequeños.

      No han pasado ni cinco minutos, pensé que un viejo podía durar mucho más que mi esposo. – Dije burlándome un poco de él.

      Estoy un poco desentrenado… ¡¡Yo soy mucho más hombre que… él!! – Dijo mientras se le escapaba su leche involuntariamente bañando mis pechos por completo.

      ¡Puta perra de mierda! –gritó mientras su semen se derrochaba sobre mis tetas y cara.

      Vaya que se corrió Tomás, no aguantó mucho que digamos –dije mientras me reía pícaramente – Aunque hay que reconocer que sus huevos iban bien cargados…

      ¡¡Dios mío, Julia, que buena cubana me hiciste chiquilla, nunca había sentido algo así!!

      Bueno los hombres que me han disfrutado a parte de mi esposo, gozan muchísimo.

      ¿Cuántos hombres han disfrutado de tus bondades…? – Preguntó curioso. – Pensaba que eras más decente.

      ¡¿No entiendo por qué se molesta usted?! Está teniendo sexo conmigo sabiendo que estoy casada, con una niña y con otro de camino…. ¡¿Quién es aquí el pervertido?!

      Una cosa es que yo me folle a la hembra a quien le doy mi casa, y otra muy distinta que te entregues a otros como una puta. A parte de que los machos tenemos derecho de cubrir a las hembras que acogemos, y tú deberías saber que esto es en pago a mi generosidad.

Dijo mientras me abofeteaba de manera fuerte y humillante. Yo caí en la cama y él se masturbo un poco, me sentí más excitada que humillada, me gustaba el trato dominante de aquel macho.

      Te voy a enseñar a respetar a tu marido y a ser complaciente con tu hospitalario protector,   puta de mierda. A la hembras como tú sé cómo hay que tratarlas… mi esposa fue la mejor zorra sumisa que he tenido… la eduqué a base de pollazos, como haré contigo.

Dijo mientras ponía su polla erecta de nuevo. La furia y molestia podían verse reflejados en su rostro… ese tipo tenía la testosterona por las nubes y no se podía hacer nada por contenerla, a excepción de dejarte dominar sumisamente.

      No voy a dejar que una mujer tan hermosa, se comporte como una ramera asquerosa.

Tomás masturbaba su polla mientras bufaba de ira y de pasión. Se mezclaban en su ser como un coctel preparado por un barman. Con violencia y agitación se movían dentro de él. No dejaba de ver mi cuerpo y rechinar sus dientes deseando poder clavarlos en mis tetas…, que sudados parecían dos melones bañados en agua.

      Voy a enseñarte a respetar a tu marido cabrona, ya nunca te vas a acostar con nadie que no sea de tu familia, madre hija de tu puta.

      Usted está haciendo lo mismo, está traicionando a mi esposo de la misma manera.

      Todos saben que es deber de una huésped, servir a su anfitrión en todos aspectos, y mantenerlo satisfecho en la cama es uno de ellos.

      Eso no es verdad, tal cosa no existe – dije molesta. – Usted se ofreció generoso sin ningún tipo de condiciones de compartir la cama

      ¡¿Acaso no conoces el derecho de pernada…?! “…Todo señor tiene derecho sobre sus súbditas” Por eso Tú vas a hacer lo que yo te ordene cabrona, te callas la boca y obedeces. Y no grites, porque te va a escuchar la muchacha que me viene a ayudar, y vas a arruinar lo que tengo con esa putita – dijo furioso.

      ¡¿No puedo creer que se esté aprovechando de esa muchacha también de 17 años….?!

      Ella lo disfruta, además le doy dinero para que pueda ayudar a su madre con sus tratamientos médicos. En la vida todo servicio se paga de alguna manera…es un intercambio, este puede ser en dinero o en especie, y ella prefiere el dinero a cobrarme en especie…pero nunca es suficiente, por eso hacer trabajos extra en casa… ¡No te imaginas el gusto que da correrme dentro de su coño cada vez que me la follo!

Dejó de hablar y me dio otra bofetada. Yo traté de levantarme para irme de la habitación pero me agarró del cabello, casi haciéndome tropezar y caer.

      ¿A dónde crees que vas hijita? Tú me vas a satisfacer hasta que me canse… y ya te digo que tras la primer corrida, tengo mucho aguante ¡Mi nabo no está aún satisfecho del todo!

Se acercaba tanto a mí que podía sentir su aliento en mi mejilla. Se aproximó lo suficiente para lamer mi rostro asquerosamente y yo me quede inmóvil.

      Sabes delicioso, el sabor de tu sudor es increíblemente dulce.

      Ya déjeme ir por favor.

Me volvió a tomar del cabello y me arrojó de nuevo a la cama. Esta vez yo caí boca abajo y él se me echó encima rápidamente sin darme oportunidad siquiera de poder levantarme. Empujó mi cabeza hacia la colcha encima del colchón, elevó con sus brazos mi culo y finalmente quedé a cuatro patas sobre la cama… se posiciono detrás de mí trasero acomodándose de manera conveniente para poder clavarme hasta el último centímetro de su gruesa verga. Podía sentir su polla frotando ambos glúteos. Su pre eyaculación salía sin parar y dejaba muy húmedo mi culo. El bufaba dejando salir en cada respiración la lujuria contenida en su caliente masculinidad. Por fin pude sentir como me tomaba. – Mmmm – gimió Tomás mientras la cabeza de su glande hacia una entrada triunfal por mi coño. Yo gruñí por la molestia, y él con cada empujón que daba, golpeaba mi trasero haciéndolo sonar fuerte, y abría mi conducto uterino cada vez más. Notaba la paredes de mi vagina ceder ante el inmenso tronco de diámetro bestial, llenaba mi coño como nadie hasta entonces…pensé por un momento que me reventaría el útero.

      ¡De Puta madre Yuly, estás bien apretada! ¡Cómo se ve que tu marido no te da verga muy seguida!

      Él no, pero muchos otros me han dado mucho mejor que usted. Su polla es una miseria en comparación con los hombres con los que me he acostado – dije de manera retadora.

Me tomó del cabello y tiró hacia atrás brutalmente. Yo grité de dolor. Ambos sabíamos que era mentira, porque hay pocos que puedan tener una verga de unos 8 cm de diámetro

      ¡¿Te crees muy lista hija de tu puta?! Esta vez te vas a enterar de quien es tu puto dueño, hija de la gran puta… te voy a reventar el coño a pollazos y lo mismo te hago parir.

Empujó de manera violenta su polla entrando de lleno en mi vagina más profunda. Yo me tomé de las sábanas y también las mordí para no darle la satisfacción de un grito de dolor. La verdad fue muy difícil porque no me había lubricado bien y la metió a la fuerza cuando yo trataba de cerrar mi coño apretando el esfínter, para que no fuera más lejos. La sacaba casi al punto de dejar mi coño y luego la volvía a meter por completo hasta notar sus grandes huevazos golpearme duro.

          ¡¿Viejo…?! ¿Soy ahora un viejo?, pero bien que te estás comiendo mi polla por el coño  como una PUTA. Jamás has a tenido la boca de tu coño tan abierta… te la voy a dejar tan ancha, que cuando paras a tu hijo, no tendrá que hacer ningún esfuerzo para dilatar.



Yo me tomaba de las sábanas con fuerza y el viejo solo seguía su mete y saca sin parar. No se cansaba y no eyaculaba tampoco. La fuerza de sus embestidas me llenaba hasta el cérvix. Nunca había tenido el conducto vaginal tan atorado con una verga frotando todos y cada uno de los terminales nerviosos de cada pliegue de mis paredes, aun así no podía darle el gusto de soltar un gemido de placer. Aunque mis ojos ya comenzaban a llenarse de lágrimas y mi vagina había empezado a dejar salir fluidos de placer. Yo solo rogaba por que el viejo no se diera cuenta.

      ¡Uy, que es esto perra!, ya estas mojada, pensé que un viejo como yo te daba asco…, pero veo que te está gustando que te dé, lo que te hace falta ramera.

Me espetó sin parar de follarme duro… Los huevos me azotaban el clítoris que desprendía una descarga eléctrica en todo mi cuerpo en cada empellón, sus manos me agarraban de las tetas como si fueran las riendas de una yegua desbocada, de tal manera que de mis pezones brotaba leche de sus duros apretones. Era curioso que yo soltara leche por mis tetas, en tanto el macho semental me llenaba de la suya por el coño…, era el proceso de llenado y vaciado de la hembra.

      Usted nunca me va a satisfacer porque no es lo suficientemente hombre para una mujer como yo, como tampoco lo es mi esposo… ¿por qué cree que follo con otros machos?

Dije  mientras mi cuerpo y mi cabeza se movían violentamente  por sus embestidas. Él tomó con ambas manos mis largos cabellos y los tiró con fuerza hacia atrás. Yo grité de nuevo y las lágrimas brotaron de mis ojos. Placer y dolor, sumisión y dominio… todo me excitaba demasiado.

      Así, llora cabrona, así me gusta, que lloren cuando me las follo duro.

No podía creer lo que me estaba pasando. Sentía como mi coño se sentía más lubricado por la gran follada de Tomás. Yo había comenzado a excitarme demasiado y ya no podía ocultar mis gemidos. Salían involuntariamente y Tomás se daba cuenta. Reía descontroladamente mientras seguía llenado de verga el útero de una manera brutal. Mi cabeza estaba arqueada hacia atrás y mis ojos estaban mirando hacia adentro de mi cráneo. Mi lengua salía de mi boca y el placer invadía por completo mi cuerpo. El sudor de ambos, se combinaba en aquella cama…, provocando extraños sonidos al chocar nuestras carnes, la una con la otra.

      Ya no más por favor, ya déjeme ¡Me va hacer abortar a mi hijo…!

Supliqué mientras él seguía destrozando mi coño de una manera bestial. Jadeaba y gemía como un animal en celo, sin raciocinio alguno… lo único que podía hacer contra eso era abandonarme. Mi cuerpo ya reaccionaba por puro instinto básico. Solo quería que me dominara como una hembra dominada por un macho en lo salvaje de la jungla.

      No te preocupes chiquilla, ya me voy a correr de un momento a otro.

Dijo mientras se sujetaba con fuerza de mis caderas embistiéndome de manera furiosa una y otra vez haciendo aplaudir a mi trasero. Su clavadas eran incisivas, duras y a fondo. Acuchillaba mi coño deseando matar al hijo que engendraba en mi vientre. Sentí miedo y gozo a un tiempo.

      ¡Córrase de una vez, pero hágalo fuera! No quiero que se corra dentro de mi útero, sáquelo ya – dije de manera autoritaria. – ¡¡No deseo tener su lefa en mi vagina!!

      Tú no me vas a decir que hacer cabrona. La leche de mis huevos va directa a tu útero.

      Sáquelo ya, viejo cabrón.

El viejo me sujetó fuerte de las caderas y dejo salir su vieja semilla en mi vagina, la clavó bien adentro y allí se despojó de su esperma grumoso. Todo se fundió y mezclo dentro de mí. El sudor, el flujo vaginal, y el semen blanquecino que salía de su polla con fuerza como si fuera la eyaculación de un adolescente, sin contar con la fuerza de un gran semental por sus embestidas. Percibí chorro a chorro con potencia, hasta que terminó de vaciar sus testículos y cayo rendido en mi espalda pesadamente.

      Bájese de encima de mí, cabrón… – dije muy molesta. El hizo caso omiso y me abrazó de manera egoísta masajeando mis tetas, a las cuales les hizo brotar unos chorritos de leche.

      No te preocupes hijita, yo aun puedo seguir, después de todo aun me falta llenar tu culo de putita – dijo mientras se acercaba a lamer mi oído de manera pervertido.

Eso día me dejó en paz con la promesa de romperme el culo, pero no lo hizo hasta pasado unos días en los que me dejó recuperar mi ensanchamiento vaginal. Por temor fui al ginecólogo por si había sufrido daños en el feto, naturalmente a costa de Tomás y por suerte todo estaba yendo perfecto…me acompañó el viejo. En verdad se portaba con amor en todo momento, y demasiado respetuoso para como me follaba, solo que con el sexo era una animal en celo, dominante… todo un macho alfa. Valorando los pros y los contras, era evidente que ganaban los pros… tenía sexo del bueno, el bebé se desarrollaba bien en la panza, mi esposo encontró trabajo y con Tomás no nos faltaba de nada con un mínimo sacrificio… soportar las excitantes folladas de su gorda verga.

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La cosas estaban cambiando de carácter, para Tomás, los nuevos amigos que había acogido en su casa se estaban convirtiendo en algo mucho más especiales de lo que pensó en un primer momento. Se estaba enterneciendo con Julia y con la barriga que le iba creciendo, pero como todo macho alfa necesitaba follarse a todas las hembras, y quería que ella se rindiera a él en recompensa… – ¿Cómo me quieres? – Ahí, lo había dicho. A través de sus labios temblorosos y con una voz que apenas era la suya, finalmente había dicho las palabras que él quería que dijera.

Cómo me quieres. Una invitación, una sumisión. Y sin embargo, una declaración al mismo tiempo.

Dime cómo me quieres… y si tienes suerte, puedes tenerlo. Eso es lo que él había querido de ella, este increíble hombre. Esta nueva amante que tan rápidamente, tan fácilmente, desterró a todos los fantasmas de su pasado, había ahuyentado a todos los demonios que acechaban en su alma. Este hombre, que ahora quería que ella se deleitara con su máximo poder…, el poder de someterse a su lujuria, al agudo e intrusivo deseo que brillaba en sus ojos cuando la miraba.

Justo como lo estaba haciendo ahora. Solo que ahora, el calor en sus ojos era casi salvaje, el conjunto severo de su mandíbula resuelto. Como si sus palabras hubieran desbloqueado un poco de lujuria oculta que él solo había insinuado antes. Estaba de pie, gloriosamente desnudo, a un lado de la cama, mirando su cuerpo en pelotas mientras yacía, flexible, abierta, esperando que él decidiera qué hacer con ella… preñada e insatisfecha, lujuriosa nacida para el sexo como ninguna otra mujer había conocido aquel semental. Su polla surgió de sus palabras, más gruesas y más duras de lo que ella había visto, casi palpitando de necesidad. La anticipación se estremeció a través de ella, enfriando su piel desnuda pero calentando los pliegues húmedos de su sexo. Él no dijo nada, solo hacía tensar el gordo cipote haciéndolo cabecear.

Más bien, él habló solo con sus ojos y su gran rabo, mientras lentamente se acercaba a ella, su mano fuerte gentilmente se arrastró a lo largo de su mandíbula y bajó entre el valle de sus tetas embadurnadas de leche materna. Luego su caricia se convirtió en una orden, un agarre sutil de su cintura, y con un movimiento fluido y fácil, la guió sobre su estómago, con el pelo derramado en su rostro, un pequeño grito de sorpresa y deleite escapando de sus labios. Su boca contra la parte posterior de su cuello estaba caliente y sensual, besando su espina dorsal en un lento sendero tortuoso. Sus hombros, su espalda… besos lentos, con la boca abierta y abrasadores que encendieron sus sentidos dondequiera que cayeran. Como si la piel bajo sus labios vagabundos fuera el más decadente de los gustos. Sus pezones se endurecieron contra la manta debajo de ella y se retorció, tratando en vano de saciar el deseo húmedo que surgió entre sus piernas. Aún así, no dijo nada. Pero sus manos comenzaron a vagar a lo largo de ella, curvándose suavemente sobre su culo, apretando su carne en un agarre tan posesivo, tan firme e inflexible. Ella era suya. Cada lamida, cada beso, cada agarre de su carne lo decía, y él la tomaría, como quisiera.

Y como si no estuviera hecha de nada, nada más que aire y luz y un deseo embriagador que corría por sus venas, la colocó con manos seguras, la colocó a lo ancho a través de la cama y tiró de sus rodillas hasta el borde de la cama, sus terneros cayendo sin apoyo. Y con manos seguras él también la puso de rodillas, inclinando sus caderas hacia arriba y separando sus piernas. Una pizca de miedo la atravesó. Se sentía tan expuesta, tan vulnerable, cuando el aire fresco susurró sobre su coño e hizo que el calor líquido de su excitación se sintiera aún más caliente. Ella cerró los ojos y respiró temblorosamente cuando lo sintió caer de rodillas detrás de ella.

Sus manos vagaron sobre su culo, amasando provocativamente mientras besaba su piel, y luego ella sintió el sedoso rastro de su boca en la parte posterior de sus muslos. La lujuria se espesaba a través de su coño, haciendo que su clítoris hinchándose, temblara de necesidad. Él se demoró, la besó perezosamente, lánguidamente, lamiendo sus muslos con movimientos burlones de su lengua hasta que ella pensó que podría volverse loca. Enterró la cara en la manta y gimió, desesperada por no darse por vencida y rogarle que le comiera el coño… que la lamiera. Ya se había ofrecido a él, y se sometería, por mucho que le doliera el coño por la sensación de su verga.

Y luego, de repente, sus dedos se clavaron en la carne de sus muslos y se inclinó hacia delante para saborearla con un largo y erótico golpe de lengua. El placer se disparó a través de ella, tan feroz y agudo que levantó la cabeza y gritó. Su aliento se quedó sin aliento cuando él profundizó, mientras su lengua comenzaba a girar y dar vueltas, mientras sentía su aliento caliente contra su clítoris y su boca voraz comenzó a devastarla.

Él la lamió sensualmente su lengua contra su abertura mientras sus manos se aferraban a la parte posterior de sus muslos, facilitándola más para la boca. Él la lamió con largos, deliciosos y tortuosos movimientos de su lengua, provocando el calor húmedo de sus pliegues y sumergiéndose en su abertura para golpearla. Su lengua se deslizó dentro de ella, retirándose y penetrando una y otra vez en un ritmo sensual, follándola lentamente, invadiéndola en un acto tan íntimo, tan carnal, que sintió un calor líquido aún mayor para cubrir la lengua del proveedor de tan exquisitas lamidas. Gimió de aprobación mientras él la saboreaba, y hundió su lengua aún más profundamente en el coño, buscando más de su deseo húmedo y sedoso. – Cabrón…– susurró Julia, un sonido más que una palabra, una respiración más que un sonido.

El placer la recorría ahora en oleadas, reclamando cada parte de ella. Ella sintió que sus músculos internos se apretaban alrededor de su lengua, mientras él la follaba con un ritmo cada vez más urgente, mientras sus dedos se hundían en su carne y sus propios gemidos de placer se hacían más fuertes. Su lengua se deslizó fuera de ella para deslizarse a lo largo de sus pliegues carnosos de su vulva de nuevo, lamiéndola con una deliciosa lentitud que casi la empuja hacia el borde.

Él chupó sus labios, festejando, bromeando, mordiendo con suaves pellizcos que dispararon chispas de dolor a través de ella. Y luego, justo cuando ella pensó que podría venir de su exploración hambrienta de ella, él se hundió, se acercó más a ella, y su lengua se estiró para provocar su dolorido placer en su clítoris. Ella se sobresaltó cuando su lengua la alcanzó, el placer la desgarró mientras él agitaba la hinchada protuberancia.

Su rostro estaba presionado cerca de ella y ella podía sentir su aliento contra los pliegues que él había estado prodigando, pero era su lengua, su lengua fuerte, aterciopelada, voraz que enviaba ondas de choque de exquisita agonía a través de ella. Ella gritó, un gemido agudo flotando en el aire y llenando la habitación, su clítoris temblando impotente bajo su lengua. Agarró sus caderas, curvando sus brazos alrededor de ellos para que sus manos descansaran en su trasero, incluso cuando la inclinó hacia arriba, mejor para deslizar su lengua sobre su clítoris.

Su espalda se balanceó cuando se ajustó a la posición, sus caderas se inclinaron hacia arriba incluso cuando su barriga rozó la parte superior de la colcha, y cuando el placer la invadió comenzó a mover sus caderas, casi involuntariamente, girándolas lentamente, apretándolas contra su cuerpo. Su lengua como su aliento llegaba en pantalones desgarrados de pura necesidad primitiva. Él la lamió lentamente, deliciosamente, girando la protuberancia alrededor de su lengua mientras su respiración se aceleraba y él gimió ante la sensación. Fue enterrado en ella, su boca trabajaba con avidez mientras ella se movía contra él, gimiendo y gritando con cada nueva área que su lengua exploraba.

El placer era casi imposible de soportar. Agarrado por detrás, sus fuertes brazos inclinaron su sexo hacia él, su boca devorando su calor húmedo y torturándola en un torrente de lujuria sin mente. Y el giro lento y constante de sus caderas contra su boca la hizo casi sin hueso con éxtasis, disfrutando de cada lamida, cada succión, cada agonizante remolino contra su clítoris exquisitamente sensible. Dejó que sus dedos llegaran más abajo, alrededor de su muslo, las puntas de sus dedos jugando con su abertura mientras su lengua bailaba sobre su protuberancia hinchada. Y luego él estuvo dentro de ella, sus dedos se sumergieron en ella.

Ella podía sentir su humedad sedosa cubriendo sus dedos cuando él se lanzó y se retiró, bromeó y torturó. Su coño se agarró a sus dedos, agarrando, apretando mientras la follaba con deliberada lentitud, mientras él rozaba su punto g y se hundía más profundamente en su apretada funda. Luego la encontró con su mano izquierda, y metió un dedo en sus pliegues para empaparla en su excitación. Se arrastraba ligeramente hasta la pequeña y apretada abertura de su parte trasera y comenzó a acariciarla suavemente. Se enfrentó a él con la nueva sensación, el placer desconocido y de alguna manera prohibido de ser tocado tan íntimamente. Nuevas olas de placer la inundaron, e hicieron que su coño se apretara alrededor de los dedos que pulsaban dentro y fuera de ella. Ella sintió más que escuchó su propio gemido de placer cuando él le acarició el culo y le cogió el coño, y lamió lánguidamente, torturando su clítoris espasmódico. Ella gimió y se apoyó contra él en un éxtasis sin aliento, incapaz de evitar que sus caderas dieran vueltas más profundamente, empujando hacia atrás entre sus dedos, esforzándose para encontrar cada toque.

"Oh Dios mío… esto es imposible… No pares Tomás." gritó ella, mientras su boca comenzaba a trabajar febrilmente, su lengua se movía sobre ella mientras su propia respiración se aceleraba ante la forma en que su cuerpo le respondía. Sus dedos se adentraron más en sus dos aberturas y la cogió con un ritmo suave pero en constante aumento. Todos sus músculos, músculos que ni siquiera sabía que tenía, se apoderaron de él cuando él entró en ella con deliciosa intensidad, pulsando dentro de ella, estirándola, follándola con ternura. Y cuando él le chupó el clítoris con la boca, e introdujo ambos dedos profundamente en ella, ella se corrió gritando, en un gemido primitivo cuando el placer la atravesó, casi destrozándola. Apretó el edredón a su lado y hundió la cara en una almohada, montando la intensa ola de orgasmo que la atravesó e hizo que sus caderas se movieran.

Él la siguió, sin quitarle la boca ni las manos, solo cabalgó con ella a donde lo llevaban sus caderas. Cuando finalmente se estremeció y dejó escapar un último grito de liberación sin aliento, sintió que él se retiraba de ella, dejando su carne temblando y retorciéndose, su cuerpo débil y, de alguna manera, desesperado por más. Ella lo sintió levantarse, todavía detrás de ella, y pasar sus manos apreciativamente sobre la hinchazón de su culo y sus caderas. Agarró sus caderas y guió el cabezón de su polla, a la entrada de su coño empapado con un largo y delicioso golpe. Echó la cabeza hacia atrás y gimió, su coño se separó de su polla, cediendo a ella, abriéndose a su orden. La sensación de ser tomada así era tan nueva y tan extraña, pero tan maravillosamente primitiva, y ella se empujó contra él con avidez, tomando tanto de su enorme verga como ella podía acomodar. Él gimió mientras la llenaba poco a poco expandiendo el conducto que le llevaba al ancestral placer de llenar a la hembra. Al cabo de unos minutos percutando la experimentada vagina de Julia, logró hacer desaparecer todo el tallo, enterrándose completamente en ella, hasta que ella pudo sentir el peso sólido y pesado de su cuerpo presionando contra su culo. Era tan profundo, que la llenaba por completo, la poseía y reclamaba su cuerpo como si le perteneciera, porque en este momento, se encontraba sin aliento, en el espacio atemporal… lo hacía vivir en un mundo paralelo de placer que con nadie había experimentado.

Y luego él se retiró, y ella sintió que su vagina protestaba con un agarre firme y apretado. Se deslizó suavemente y luego volvió a entrar en ella, y la sensación de ello la encendió de nuevo. Agarró sus caderas y gimió…, ella pudo ver que su cabeza también estaba echada hacia atrás en éxtasis, sus ojos cerrados, su mente un tumulto de enajenación y lujuria. Como si lo guiara solo ese embeleso por gozar de lo más puro. Comenzó a empujar, cayendo en un ritmo profundo y contundente. Su polla gruesa y rígida estiraba la boca de su coño cada vez que entraba a fondo.

Ella gimió con cada golpe, sintiendo el poder de sus caderas mientras golpeaban contra ella, imaginando los fuertes músculos de los muslos flexionándose y esforzándose para empujar su polla dentro de ella cada vez más adentro y más fuerte. Se estrelló contra ella, sus respiraciones cortas coincidieron con su ritmo, sus gemidos de placer se dispararon cuando las palabras sin sentido se derramaron de sus labios. Sus manos le amasaron el culo posesivamente mientras la empujaba, manteniéndola inmóvil para su exigente polla. Su ritmo era rápido y frenético, invadiendo su coño sin descanso, hasta que él se desaceleró un poco y ella sintió que su mano derecha comenzaba a moverse.

Se inclinó hacia delante y le acarició los labios con un dedo, suavemente, casi con reverencia, y luego se deslizó suavemente dentro de su boca. Ella chupó su lengua con una necesidad casi instintiva, cerrando los ojos contra la sensación cruda de ello, chupándola ferozmente como si fuera su polla. Una invasión tan íntima, tan dominante y sin embargo tan suave, y ella comenzó a chupar al mismo ritmo de la gran polla la follaba, gimiendo descaradamente, saboreando cada parte de él que podía. Y luego él, sin llegar al retiro de su boca, llevó su dedo al lugar oportuno y necesario…, acarició en su abertura trasera en un lento y profundo remolino, y casi llegó. Ella gritó, sin prestar atención al sonido desesperado y suplicante que resonaba en la habitación.

Él masajeó la carne rosada apretada con su dedo, y la jodió aún más fuerte, entrando en ella con respiraciones jadeantes y gemidos guturales. – Que hermoso culo tan dulce. – gimió, deslizando su dedo más profundo en ella, imitando los empujes de su polla en su coño fundido. – ¡Qué sabes follarme, cabrón! Pronunció en una oleada de placer intenso alimentado a través de él. Su dedo pulsó dentro del culo de ella, invadiéndola en ese lugar desconocido, prohibido, follándola mientras su polla golpeaba contra la vulva y los huevos se quedaban fuera, despojados del placer de entrar en la cueva de los placeres… solo les quedaba golpear, para que le dejaran entrar, aporrearle el clítoris duro y erecto de la acogedora hembra, en rebeldía pura.



Julia era diferente a todo lo que ella había imaginado, y las sensaciones la recorrieron como fuego, calentando su sangre, haciéndola sentirse completamente poseída por él mejor amante que soñó tener amándola. Sus músculos se apretaron alrededor de él, alrededor de su dedo, alrededor de la rolliza verga de Tomás, agarrándolo y sin querer dejarlo ir. Cuando su dedo se deslizó fuera de ella y volvió a masajear su entrada, ella se estremeció, asombrada de lo mucho que extrañaba la sensación que acababa de comenzar a disfrutar. Pero pronto la agarró por las caderas con ambas manos, y la sostuvo mientras la conducía más y más rápido, y ella supo, sin saber cómo, que mientras él intentaba volverla loca con su exploración, había logrado conducirse a cerca de la locura. Se inclinó hacia delante y agarró su cabello, tirando de su cabeza hacia atrás ligeramente mientras la golpeaba con su pelvis, insertando el duro garrote que la naturaleza le había otorgando para hacer gozar a todas cuantas hembras se cruzasen en su vida.

Ella jadeó y tragó, permitiéndole que tirara de ella, temblando con la fuerza de sus empujes. Con la cabeza inclinada hacia arriba, se sumergió y besó su garganta y el pulso palpitante que encontró allí, y le pasó la lengua por el cuello hasta la oreja. Cuando su lengua bailaba a lo largo del lóbulo de su oreja, ella se estremeció y cuando él la metió dentro de su oreja, sollozó. Él le lamió el cuello, respirando con dificultad entre los empujes rítmicos de su polla mientras conducía hacia ella…. Juró con un placer explosivo mientras la follaba, y ella echó su culo hacia atrás para encontrarse con cada uno de sus empujes, para llevarlo más profundo. Ella balanceó su espalda tan lejos como pudo para que él pudiera hundirse más, más profundo, más duro. Y él hizo lo que ella le demandaba… Gruñó con aire entrecortado, tirando de su cabello y agarrando su cadera mientras la follaba salvajemente, la expansión de la vagina y la gran lubricación, hacían que la fornicación fuese delirante… – ¡¡Dime que eres mía!! – Le espoleo a la señora.

Sus palabras se dirigieron a su clítoris, a su coño salvaje, y ella sintió que el orgasmo aumentaba dentro de ella. No quería nada más que obedecerle, convulsionar su polla dentro de ella, retorcerse y gemir mientras la sujetaba por el pelo y la cadera… mientras le daba la gran follada. Él la miró y en silencio le exigió que no apartara la mirada y ella sabía que él quería ver su orgasmo en sus ojos, para ver el placer caer sobre ella. Jadeó y gimió mientras empujaba y se sacudía, y sus ojos se iluminaron con una especie de dolor de placer que ella nunca había visto antes. Él también estaba cerca, ella podía decir que ese viejo no era para nada lo que había imaginado. Ahora solo necesitaba su liberación, su rendición, y él detonaría. – ¡¡Eres mi dueño Julia…!! Quiero que ser el próximo en llenarte la panza con un hijo. Ella susurró….  – Este coño es tuyo. – Él soltó un grito gutural y se inclinó hacia delante, soltándola mientras sostenía sus brazos rígidamente a cada lado de ella. La cogió con un ritmo salvaje y animal, golpeando contra su culo, empujándola hacia abajo, hacia la cama con cada empuje poderoso. Como ella, se acercaba al borde, trepaba…, sus gemidos se convirtieron en agudos y desesperados gritos… – ¡Córrete dentro! – Gruñó, su voz casi rompiéndose… – Ahora lo voy hacer.  Noto como pasa por toda mi polla la leche… ¡Vamos puta… córrete por mí antes de que te bombee para llenarte de semen!

Y ante el desesperado gemido en su orden, ella lo hizo. Ella se rompió a su alrededor, explotando en un orgasmo convulsivo, su coño ordeñando su polla mientras gritaba clemencia. Él gritó y la inundó, rebotando y empujando mientras su coño lo drenaba. La clavada duro a fondo a cada convulsión a chorro de lefa espesa recién ordeñada de los suntuosos cojones del semental. Ambos rezumados por el sudor, se retorcieron juntos, sus voces resonaban juntas por la habitación, sus gritos y gemidos se mezclaban cuando ella lo ordeñaba, lo drenaba, chupaba cada gota de semen de su polla palpitante mientras se vaciaba completamente en ella.

Finalmente, su ritmo se ralentizó y cayó contra ella, todavía pulsando dentro de ella, luchando por recuperar el aliento cuando la última gota de su semilla se derramó impotente de su glande. Cada oleada de su polla se encontró con un agarre apretado por su coño, que también parecía indefenso, desesperado por reclamar cada gota del elixir de la vida, poseerlo tan completamente como ella había sido propiedad de ella. Los cofres des sus pechos se agitaban, las respiraciones entrecortadas escapaban de sus labios, su piel estaba húmeda y alimentada de la transpiración del otro, yacían allí por un momento, todavía unidos, aún perdidos en la euforia del abrazo eterno. Por fin, se apartó de ella, se retiró de ella a regañadientes y se acomodó a su lado, tomándola en sus brazos y encajándola cuidadosamente en la curva de su cuerpo. Ella se hundió en él con gratitud, acurrucada contra su polla gastada y la comodidad de su fuerte pecho. Ella tembló ligeramente, y él la atrajo hacia sí, besándola suavemente por el cuello hasta la oreja.

      ¿Estás bien?  – Susurró, con voz soñolienta y baja, lo suficientemente seductor incluso ahora para agitar un pequeño aleteo de deseo dentro de ella.

      Más que bien.

Ella sonrió, mordiéndose el labio y cerrando los ojos mientras las olas de paz dormida la envolvían. Entonces un pensamiento hizo que sus ojos se abrieran.

      Entonces fue… ¿obtuviste lo que querías?

      . murmuró, el sueño amenazaba con alcanzarlo… la dura batalla se prolongó 40 minutos.

Él se frotó contra su cuello y presionó sus labios contra su piel, durmió abrazada a ese hombre como acostumbraba hacerlo con su “marido”. Zigor seguía siendo su dios terrenal, pero no podía pasar sin los semi dioses que le otorgan la calidad de vida sexual que ella necesitaba. Ya pasaba de las 33 semanas de embarazo y pronto descubriría que era un mulato quien engendraba en su vientre… su hijo era de ascendencia mulata, de aquellos negros que los españoles llevaron a las plantaciones de plátanos en el Caribe, así que no transcendería más que la sorpresa del momento del parto. Sin embargo, su anfitrión no se quedaría con las ganas de hacer un nuevo heredero en la panza de Julia… ella se estaba enamorando del viejo, ya no lo veía como un pervertido sino como un hombre cariñoso y generoso con ella en especial. ¡No había tenido sexo con amor más sugestivo que con Tomás! Solo había una pega… debían de cumplir con un protocolo de dilatación previa, para que la maza del viejo pudiera quedar alojada en el interior de su vagina.

 Si te ha gustado el relato, no olvides dejar tu impresión en un comentario...  TROVO DÉCIMO


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